miércoles, 12 de diciembre de 2018

E28 9-11 del 12


             9 de Dic

            Yo pienso que se hace en muchos sitios, y aquí en Lisboa también, en estos tiempos  de navidad, se multiplican las actividades culturales más o menos navideñas: belenes, conciertos, exposiciones, corales y más,  en torno al festejo.

            En la Igreja de Sao Pedro em Alcântara, cerca del Puente 25, tocaba la Camerata Atlântica tocaba un programa tan bonito que mi cuñada Celia me había dicho que no  me lo podía perder, así que tuve que ir. Y valió la pena, una orquesta de cuerda y algo de viento, creo, y una soprano interpretaron piezas preciosas y muchas conocidas, que  la música conocida a los que conocemos menos nos gusta más. El grupo se veía como si fuese un montón de amigos y vecinos que se lo pasaban en grande tocando y mejor aún cuando ensayaran.

           Y con eso y dos buenas caminatas fui recuperando mi soledad lisbona.


10          Lunes y  Cascáis

En Lisboa hay cinco estaciones de trenes, comboios llaman aquí, una de ellas, Cais de Sodré que está junto al río, muy cerca de la Praça do Comercio y de mi casa, tiene ocho andenes y lo demás en proporción, y sólo es para los comboios que van y vienen de Cascáis, que está a 28 km y tendrá unos 30.000 habitantes. A mí siempre me parecía mucho peo para la burra, pero resulta que salen trenes de ocho vagones cada veinte minutos, y a veces y a ratos va bastante gente de pie. Es verdad que hay otros pueblecillos y playas por en medio, pero …

            Yo llevaba tiempo queriendo irme un día bueno de Sol a pasear la zona y mirar el recorrido, y me fui. El comboio para mucho, pero a mi no me importaba, va casi siempre junto al río que va ensanchándose hasta que casi si darte cuenta, aunque no has dejado de mirar, ha dejado de ser río para ser océano y además Atlántico. Otra día a lo mejor me dedico a ir y venir; si no te salieras de los andenes es como el metro. Ahora tengo dudas, aquí en Lisboa con una tarjeta puedes estar subiendo a los autobuses durante una hora por el precio de un solo viaje, no sé qué pasaría en el Metro o en el Comboio. Otra diferencia curiosa e inexplicable es que con una tarjeta no pueden viajar dos, pero ellos no saben porqué.

            Cascáis es una ciudad que parece de veraneo y de turistas, pegada a la playa y llena de tiendas, restaurantes, jardines, macetas, casas bonitas, y terrazas. Yo recorrí la zona costera, la costanera decían en Argentina, recorrí una fortaleza que allí quedó y un parque-jardín precioso de verdad que allí tienen, aparte de un puerto con montones enormes de nasas, las nasas son una especie de jaulas de cuerda o alambre que colocan en el lecho marino atadas por una cuerda a una boya, luego tiran de la cuerda y dentro de la nasa hay langostas, bogavantes, bueyes de mar, y un montón de cosas de esas que meten en unas peceras que hay en el escaparate de algunos restaurantes.

Anda que te anda, me salí de la ciudad y llegué a una zona de acantilados que llaman La Boca del Infierno. A mi me cuesta ver que un riachuelo haya hecho un valle enorme, aun sabiendo que ese riachuelo en alguna época geológica fuese mas río que riachuelo, más me cuesta creer que un glaciar deslizándose haya hecho un valle en U enorme, pero sin embargo me cuesta menos creer que el Mar haga los acantilados por grandes que estos sean, todo el puto día, ola tras ola, y a veces muy grandes, pegándole golpetazos a la costa, embates dicen, no es de extrañar que se la coma. A veces es que se ve como las ondas socavan la base del acantilado y van ahuecando hasta que un día se descuelgue lo de arriba. No entiendo como los ecologicistas no hacen algo por esto, y luego por la posibilidad de que el mar ascienda unos centímetros arman la que arman. El caso es que los acantilados son muy bonitos, interesantes y entretenidos de ver; y si uno fuese sujeto por un arnés, mejor.

            Allí, en la Boca, había dos sitios para comer, en uno el menú lo anunciaban a 140 euros, y yo comí en el pobre por seis. Es la proporción que hay entre los filetes de porco y las langostas. El de las langostas debía de ser también más esmerado en manteles y menajes, pero de vistas y aires era mejor el mío. Tiene que haber de todo. Con tanto Cascáis me perdí el concierto de los lunes en el Palacio Foz.


10     del 12.  Península de Setúbal

Al otro lado del Tajo, pensando desde Lisboa, está el Alentejo, como su nombre indica y mas concretamente está la Península de Setúbal que la bordean el estuario del Tajo, el Océano y el estuario del Rio Sado al Sur, y que mida 60x60 km.  Allí hay muchas cosas, y yo decidí ir por conocer las ciudades de Setúbal y Sesimbra, la Sierra de la Arrábida, que es parque natural y la Costa de Caparica que debe tener las mejores playas de por aquí y es donde les gusta ir a los de Lisboa. También viene bien ir por un puente y volver por el otro. Hay mas cosas, pero para un día, era buen plan.

            Me parece que no vale la pena tener coche si no se tiene que utilizar a diario. Alquilar un coche más moderno, más nuevo y más limpio que el de uno cuesta 7 € al día, quizá que tomarlo y dejarlo según qué sitio sea lo más costoso. Yo a lo mejor vendo el mío cuando vuelva. Total que crucé el Puente Vasco de Gama, 13 km de puente, en un Opel Mokka; puedes elegir modelo y características cada vez, y llegué directo a Setúbal. Las carreteras de Portugal, ¡chapeau!

            Setúbal es una ciudad grande e industrial que se ensancha cuanto quiere, pero yo fui a dar al Puerto y su ribera. Antiguamente estos pueblos vivían de pescar y vender sardinas, también pasaba en La Alfama y en Asturias y sabe dios en cuántos sitios. Si ahora en esos sitios ya ni se pescan ni se envasan, las sardinas, me pregunto yo ¿de dónde son las que comemos? y qué superabundancia habrá ahora en esos caladeros donde antes se pescaba tanto y ahora nada. Creo que debe ser por la Globalización.

            Hay en Setúbal un Museo do Trabalho, donde se refleja como era el enlatar sardinas, cuenta en un momento que el trabajo era a destajo y sin espera, cuando llegaba un barco lleno de sardinas había que ir a envasarlo fuese día o noche, y allí estaban siempre listas los hombres y sobretodo las mujeres de Setúbal, sin importar qué hora. Las callejuelas que quedan cerca del puerto forman un enrejado de calles estrechas, limpias y torcidas, con alguna plaza sobre todo la del poeta Bocage,  de muy buen ver. Lo que sería el Paseo Marítimo es estupendo de casas y jardines, tiene kiosco de música, una escuela de hostelería y muchas  casas buenas, modernas y antiguas, el puerto también se merece un rato y tiene cierto .
movimiento y muchos navíos.

            A mi me encantó el Forte de Sao Felipe que mandara levantar nuestro Felipe II, que era también rey portugués pero con el nombre de Felipe I, como su padre, también tuvo dos números. El Castillo dice que se hizo para defenderse de los corsarios ingleses y también de los ‘desleales’ portugueses, tiene una estructura muy complicada, muros muy anchos, todo muy anguloso y muchos niveles, a más de muchas vistas; dicen que por tratarse de un castillo artillero y antiartillero, donde las dan las toman. Tiene una capilla muy linda y recubierta de azulejos bonitos hasta en el techo, una oficina de turismo atendida por una chica muy maja y un bar y restaurante estupendos, y con terraza que mira a la bahía de Setúbal y a la subpenínsula de Troia, y todo eso con 4 ó 5 empleados,  para mi solo.

            Allí empieza el P.N. de la Arrábida, con carreteras y caminos que lo cruzan, yo elegí caminos, aunque no dejaba de pensar que pincharía, y yo iba con el seguro básico,. ¿Os acordáis alguno de estas trances?, no hay escarmiento que dure. No pinché, menos mal. A este Parque, y al Fuerte, hay que volver siempre que se pueda. O será que yo metido en las calles de la Alfama y de la Baixa, veo una sierra verde y me pone. Quizá le falten más miradores y senderos, pero es que la vegetación es tanto que se los comerían; y que yo no los vería. Yo me dejé muchas cosas por ver y parar, pero iba en plan de avanzadilla y el día corría más de la cuenta.

            Una carreterucha, estrecha, pendiente y con semáforo baja a Portinho da Arrábida, junto a una playa magnífica. Dicen las guías escritas que Portugal sigue horarios ingleses y es fácil quedarse sin comer por llegar tarde. Mentira, a cualquier hora del día hay alguien desayunando, almorzando, tomando té y cenando, aquí no hay horas. Así que yo casi a las cuatro en un restaurante mirando al mar y otra vez casi solo me comí mi Choco frito que es lo típico de Setúbal, me había dicho la chica maja del castillo,. El choco frito son calamares cortados de forma rara y gordos fritos  a la romana, más que buenísimos, y encima el sitio.

            Si de los acantilados decía antes lo que gusta verlos, si además forman un cabo y en la punta hay faro, solo faltaría algún barco de vela surcando los mares, o que no hubiera barcos y hubiese galerna. Siempre que me acerco a un cabo, desde los tiempos de Cabo Mayor con mis hijos chicos, estoy seguro que llegará la galerna a la vez que yo, pero los cielos y los vientos no me son propicios. En Asturias hubo algo, pero poco. El cabo de hoy se llama Espichel.

            Sesimbra, apenas si la veo, había empezado a ponerse el Sol cuando andaba por el Cabo Espichel y llegaba tarde. Tiene un Castello y un Forte, pero yo no los distinguí ni pude acercarme, altos, lejos y tarde. El pueblo también de pescadores y en laderas, me resultó enrevesado. Y se hizo noche.

        Caparica y toda su costa se tuvieron que quedar a solas, sin mi; en Diciembre el Sol se va malditamente pronto; para otro día. Cruzar los puentes siempre emociona pero cruzar el Vasco de Gama o el 25 de Abril es otra dimensión. Y los crucé.


NB  Me gustan los comentarios en la Bitácora, pero me cuesta verlos, y tampoco es caso de entrar en conversación, de cualquier manera muchas gracias a quien se tome la molestia.

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