Sábado 20
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Aviso
a navegantes:
Ya
lo dije, pero lo confirmo: el día 5 de Mayo domingo, en San Rafael, en Huéscar,
nos vamos a juntar a comernos un arroz de marisco
portugués, todos los que puedan de mi
familia, de mis amigos y de los que habéis resistido leyendo esta bitácora.
Así que quedáis invitados, y esté
prohibido llevar nada, quiero decir: prohibido llevar algo.
Lo
único que se exige es avisar de algún modo para echar más o menos puñados de
arroz y de mariscos.
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Se me olvidó decir algo de la
cena de ayer en Braga. La cosa
estaba difícil por estar Braga a tope, pero como casi siempre, nos acompañó la
suerte y recalamos en un sitio que nos llamó la atención, resultó ser ‘un japonés’ distinto. Había como una
mesa o barra larguísima y en forma de T mayúscula, por cuyo centro corrían los
platos por arte de magia a lo largo de la enorme barra, cada uno cogía los
platos que quería, según su aspecto, conocimiento o capacidad adivinatoria,
pero todo estaba bueno. Cada plato tenía un precio según fuese el color de la
cenefa del plato, que a su vez dependería de lo que el plato contuviera. Y la
magia debía estar en una ‘cinta magnética’ que corría por debajo de la mesa. Lo
que no tengo muy claro es si puede existir una cinta magnética, y en ese caso
donde están los polos magnéticos, a propósito tengo más oscuridades, pero
dejémoslo; más bien debía ser una cinta con imanes, pero .. Lo que si es verdad
es que aquello era “cosa de imanes” y de japoneses; además de cosa bonita.
Ya en Sábado, inventamos irnos
en un bus urbano pero con dos pisos, y en la primera fila del piso segundo, al
extremo de Porto, a 10 km,
a lo largo del Duero primero y después a lo largo de la orilla del Océano Atlántico,
todo lleno de riberas con jardines, playas doradas e infinitas llenas de
bañistas impacientes y zonas de rocas retorcidas donde se deshacían las olas en
espumas blancas. ¿A que suena bonito?
Pues ahí se acabó lo bonito y
empezó lo aciago. Esperamos al autocarro una hora, pillamos el mejor sitio,
pero el Sol y el calor nos castigó de plano, el tráfico se nos puso en contra y
en vez de 40 minutos tardamos una hora y cuarenta; y a la vuelta fue peor. Comimos bien y en un buen sitio, pero no nos
lució.
Domingo de Ramos
En la
Catedral el Obispo nos dijo un trozo de Misa de Pascua y
un coro de ángeles nos deleitó con música sacra. La Catedral por dentro nos
gustó mucho, tanto que hemos de volver, además no vimos un claustro que tiene
ella. La Sé está
en la colina más alta y casi sobre el Duero, es románica y vuelve a parecer una
fortaleza, pero por dentro parece una iglesia-catedral y está como muy nueva,
debe ser muy remozada.
El Duero no parte a Oporto en
dos, aunque lo parece, lo que hay al otro lado parece la otra mitad de Porto,
pero no, ni mucho menos. Es otra cosa que llaman Vilanova de Gaia y de la
que los porteños, o triperos, hablan mal y miran peor, dicen ellos que lo único
que merece la pena de aquello es la vista de Oporto. Yo en secreto, ya he ido
varías veces, pero siempre a hurtadillas, temiendo que me vean los de aquí. Debe
ser otra vez, el ‘espíritu de la tribu’
que tantas manías atávicas o no atávicas explica.
Pero la economía, la organización
económica de las cuestiones, no sabe de tribus y de espíritus, y ha construido
cinco puentes que unen sus orillas, sus gentes y sus negocios. Uno de ellos, el
más próximo a la catedral, por eso estamos con él ahora, es de hierros, como la Torre Eifel, igualito, y con
dos tableros, uno por encima y otro a por los pies del arco. Ahora pienso que
ya hablé de él; siento repetirme. El caso es que pasear sobre sus tableros, son
dos deliciosos paseos, en el de abajo hay que compartir con coches y es más incómodo,
pero por el superior sólo pasa un tranvía de vez en cuando y tiene más altas
perspectivas. Si te gustan los puentes, los ríos y las grandes panorámicas
urbanas, este es tu sitio.
Isabel, de vez en cuando, me mensajea, me manda recados, con ideas
para la vida de aquí. En uno decía que la Iglesia más bonita de Portugal estaba en Válega,
viene en LaRed, y parecía realmente llamativa. Había que ir, y más siendo
Domingo de Pascua, que aquí se felicita como si fuese Navidad. Fuimos en
tren-suburbano; las comunicaciones de aquí me maravillan, siempre que quiero ir
a un sitio, que me parece raro, hay forma sencilla, rápida y barata de hacerlo.
El tren nos dejó en un apeaderos
desierto y casi en un desierto, allí no había ni iglesia, ni indicación, ni
indicio, y lo peor, ni nadie; pero “Gogle locuta, causa finita”. Antes
decían lo mismo de Roma, pero Roma ya no habla, ahora es Google quien dilucida.
Anduvimos por una carreterilla entre dos hileras de casas deshabitadas, pero en
buen estado, hacía sol de Domingo de Pascua y por suerte un viento suave que lo
mitigaba. Al buen rato vimos muy lejos una iglesia de colores, como la de la
foto que nos condujo allí.
En las puertas de algunas casas
o chalets veíamos como una especie de caminos de flores o de hierbas que
invitaban a entrar, pero no nos atrevíamos, luego supimos que eran invitaciones
a que una comisión de la parroquia entrase en visita pascual.
Por fin llegamos a la Iglesia. Por dentro y por fuera estaba forrada de azulejos, y los azulejos todos
pintados; eso se lleva aquí muchísimo, pero casi siempre de color azul. Allí todos
eran de vivos colores, la mayoría eran escenas marianas y más en concreto de Fátima,
el estilo era más moderno de lo que aquí es normal, y en verdad todo quedaba un
poco kitch. Pero nos gustó; como para no gustarnos después de haber creído que
estábamos perdidos.
Eras las dos y medias, y teníamos hambre y sed, seguimos andando
y dimos con lo que parecía el único bar del pueblo, pero allí sólo tenían cerveza
y nada para nuestra hambre, mitigamos la sed y nos dijeron que quizá poco más allá
nos pusiesen algo de comer. Tras dificultosa búsqueda dimos con donde y comimos
los últimos del día, y además muy bien, aunque sin elegir mucho, dada la hora.
Menos mal. Luego la vuelta fue más fácil y se nos hizo mucho más corta; ya no
había intriga, ni sed, ni hambre.
Todavía nos quedó tiempo para
bajar a La Ribeira,
que es de los sitios que pasear en Oporto, pero hay que procurar cuando haya
menos gente, allí se acumulan como las abejas en sus sitios. La noche anterior Eloy
y yo andábamos con dificultad, aquí hay mucho turismo, o esto es muy chico. Nos
tomamos una cerveza por la Rua de las Flores, que es la primera calle
recta que se hizo en Oporto tirando muchas torcidas que pasaban por donde está
ahora ella.
“Duas a Letras” es una frase hecha portuguesa que no sé bien como se
traduciría, pero más o menos significa “Darle a la lengua”, que es otra frase,
o metáfora, nuestra. También es el nombre de un café-cafetería-restaurante en la Praça dos Poveiros, cerca de casa, que me
recomendó mi dueña, y allí nos vinimos a cenar, pero estaba cerrado, y resultó
estar fechado casi todo en este
barrio, debió de ser por tanta gente el sábado. Ya no recuerdo como acabamos el
domingo de Pascua, pero seguro que bien.
Lunes de Pascua. Bajarán Las Santas de la Sierra, y nosotros aquí.
Mi hermano Eloy se vuelve mañana
a las Españas y hay que procurar saber que nos queda para que no se vaya falto.
En Oporto hay una Librería: Irmaos Lello o simplemente
Lello, que dicen es de las tres librerías más bonitas del Mundo mundial, es como estilo Art Nouveau, la recomiendan todas las guías que en el mundo han
sido y para colmo tiene no sé que relación con un personaje muy mediático que
llaman Harry Potter. Había que ir.
Pero como lo anterior lo sabe todo el mundo que viene aquí, resultó que a las
diez y media de la mañana, los primeros de la cola dijeron que llevarían hora y
cuarto en ella. No puede haber casi nada y menos una librería en Oporto que
merezca hacer semejante cola a tres guerreros solos. Hace unos años, cuentan, decidieron cobrar
cinco euros por entrar, que luego eran canjeables si hacías alguna compra; no sólo
aumentaron las colas, sino que el negocio triplico las ventas, nadie iba a
perder los cinco euros; aunque te costase más.
A lado y sin cola había una
tienda preciosa, no sé qué lugar ocupará en el ‘ranking’ mundial de bonitas
tiendas. Era una antigua tienda de tejidos reconvertida en tienda de todo,
sobre todo adornos, perchas, juguetes de madera, camisetas, coches de pedales y
juegos de té, muy variada y muy bonita. Y sin cola, y sin pagar entrada. La tienda
se llama Los Carmelitas
Entre la Torre de los Clérigos y los
carmelitas está la Plaza de Lisboa, la más moderna de Portugal,
hoy vamos de: ”todo lo más”. Sobre un terreno inclinado y triangular hay un
aparcamiento semisubterráneo, encima un laberinto de modernas tiendas de marca,
más encima aún, una pradera ondulada de césped y olivos viejos con una cafetería
que tiene una camarera de mérito corporal y fácico, como para pagar entrada. También
tenia en el césped, como tirados por la hierba, algo que parecían esos sacos blancos
grandes para escombros o arena, pero que te sentabas encima y adoptaban forma
de sillón-tumbona comodísimos, donde la camarera de antes nos llevó un café de
media mañana.
El Convento de Sao Bento de Vitoria, no tenía cola, pero tampoco tenía
hora oportuna de visita; por tercera vez se queda en la lista, donde
posiblemente se quede para siempre.
En Vilanova de Gaia a más de una
vista de Oporto, están todas las bodegas
donde manipulan, envejecen, embotellan y venden todos los vino des Oporto que
se beben en este mundo. Por trece euros te enseñan todo el proceso vínico y te
dan a probarlos. Todo un montaje. La verdad es que te recorren un poco de una
bodega con aspecto añejo, llena de tinas y toneles y te cuentan cuatro
cosillas, a más de un video bonito donde tampoco dicen ni enseñan tanto. La
chica provocaba las preguntas, pero luego esquivaba, y decía que en esa bodega
se manipulaba y procesaba el vino que traían de arriba del río, pero no podía
ser, casi no olía a vino la bodega, y estaba impoluta, ni herramientas, ni
tubos, ni sitio para tanto vino. Todo mentira, estoy seguro. Y Luego en la cata:
dos culines. La bodegas se llamaban Sandeman,
y cualquiera no va, pero habría que no ir. Un engaño para turistas, y trece
euracos por persona.
Nos quedaba también, un sitio
que yo había descubierto yo para comer hacía tiempo y esperaba la ocasión de ir
acompañado. En el Mercado de Buensuceso te venden la comida ya hecha en muchos
puestos donde tú ves como lo hacen y te llevas a tu mesa una cosa de aquí y
otra de allí. Muchas cosas bonitas y buenas.
Después siesta y lluvia. En un
claro nos fuimos a “Duas de letras”
y allí pasamos nuestra última tarde noche dándole a la lengua. Mientras, en Televisión
Española se peleaban los que nos dirigirán un día.
Mientras tanto y durante todo el
día, Nuestras Santas Alodía y Nunilón
habrían ido bajando de la Sierra,
visitando vados y cortijos. Luego en la Plaza todos sus devotos le cantarían aquellos de
los claveles rubicundos de martirio y le pedirían que pusieran en nuestras
vidas por cada abrojo un lirio. [Esto son cosas de Huéscar]
Alodía si te vas, Nunilón
aquí te espero.