domingo, 21 de abril de 2019

Guerreros 2.1


Miécoles 17

Como decía aquel, que se dedicaba a pensar, yo soy Oporto y mis circunstancias.  Oporto sigue siendo parecido pero mi circunstancia son Conchita y Eloy, Guerreros ambos, que han venido a Oporto unos días y eso cambia mucho las cosas de la vida. Para distinto y para mejor. Hay que reconocer que el Erasmus portuense ha sido menos exitoso que el de Lisboa.

                Encima empezó lloviendo. Por culpa de un chaparrón pudimos entrar en el Majestic. El Majestic es uno de los cafés más antiguos de Lisboa, el estilo es art-decó y será por tanto de principios del XX, digo yo. Este es un sitio difícil e entrar, porque siempre tiene una gran cola de espera, como la librería Lello y como muchos bares-restaurante de aquí; Oporto es así.

                El café es tan bonito, como elegante y antiguo, y si difícil es entrar, creo yo que más difícil será volver; siete euros una cerveza es demasiado para querer ir con frecuencia, o ir dos veces. Pero también es verdad que nos libró de empaparnos hasta el tuétano. Siguiendo viendo calles, casas, plazas y garitos acabamos en uno llamado como la calles donde está : Galerías de Paris, alguien que tenía muchos juguetes y muchos amigos con más de lo  mismo, decidieron librarse de tanto tarro y rellenaron paredes y techos de este sitio, queda bonito. También hacía bonito una orquesta de dos cubanos que cantaban sin parar música de la de ellos. Ir a un bar más de uno o de dos, tiene además de más conversación y más motivo,  que  a falta de las añoradas tapas, se pueden suplir pidiendo lo que aquí llamas petiscos o incluso tapas, y que entre varios tienen mejor reparto y compartición.

                La Torre de los Clérigos tiene mejor vista de día, pero de noche sigue siendo una vista notable, a la vez que un Exlibris de la Ciudad. Y así viendo fachadas y perfiles nos llegamos hasta el descanso merecido.

Jueves 18 y Santo

                Él tiempo sigue siendo amenazante y hay que salir prevenidos, luego lloverá más o nada, pero si te pilla que si, malo.
               
                Desayunamos en La Serrana, que ya es un clásico, y luego entramos a ver los mosaicos de la estación de San Bento. Son unos murales enormes de azulejos históricos los más, y costumbristas los más pequeños, que son dignos de ver. También hay buenos azulejos de los que no son azules, que son menos frecuentes y más bonitos

                Mi patrona, Isabel, que sale aquí de vez en cuando, ese día salió a vernos, a conocer a mis hermanos digo. No sé qué edad tiene pero algo más joven que nosotros y es muy maja ella, muy preocupada por que los viajeros que hospeda estén a gusto e informados.  Echamos el resto de la mañana juntos y paseamos por la rua das Flores y un poco de la Ribeira, pero la lluvia nos obligó a un refugio y acabamos en el Mercado FerreiraBorges. Antiguo mercado hecho de hierro y transformado en restaurante bonito y mercado de colgantes, bonitos también.

                Como buenos turistas a más de bares también visitamos las Iglesias, para que no nos regañen como pasó en Compostela, y vimos por dentro y por fuera San Ildefonso, Los Encomendados, Clérigos, El Carmo, Los Carmelitas y San Bento de Vitoria, los tres últimos sólo por fuera. Con Conchi se ven mejor estas cosas, ella distingue mucho y observa detalles que yo no vería, hasta aprecia cuando algo es manierista, o si un capitel es compuesto, y distingue las cúpulas barrocas. Otra cosa del día es que con tanta Iglesia casi nos oímos/asistimos a los Oficios del Jueves Santo, no vimos el Labatorio y el Monumento eucarístico no era tal, digo, el monumento

                Tomamos algo en un kebab raro, como de cristianos, y luego una botella de vino en El Guaraní, un café antiguo, que está en Aliados, y donde había cena con espectáculo. Nosotros llegamos cuando los postres y nos dio tiempo a un poco de Fado que cantaba una chica muy mona y muy bien trajeada, de negro oscuro. Aquí al color negro le dicen prieto, pues ella iba de prieto y prieta.

                A la noche y tarde Oporto seguía aún repleta de turistas; y más de la mitad españoles.

                Viernes Santo

                Guimaraes es una ciudad, creíamos que pueblo, digna de ver. Ellos dicen que es allí donde nació Portugal, pero esa es una historia complicada y difícil de recordar para mí. El caso es que su casco histórico y entorno inmediato son una preciosidad. Además de Portugal, parece que allí hubiese nacido el granito. Las casa son mitad de granito, y calles y aceras, de granito enteras. También hay un Palacio de los Braganza y hoy del Presidente de la República, y un castillo antiguo que parece nuevo. Por supuesto todo precioso y todo de granito, salvo los jardines y las flores.

                Lo malo de ser un pueblo tan bonito, es que todo el mundo lo sabe, y había ido a verlo, aquello estaba a reventar, pero se cabía. Por tener suerte hasta  tuvimos la de pillar sitio en una terraza de La Plaza de Dentro y comer cosas buenas.

                Guimaraes también tiene un teleférico que sube a la gente a una Iglesia, que está en un monte con un gran bosque y muchos bolos enorme de granito, incluso piedras caballeras, enormes. Y mucha gente.

                En Portugal, que tanto se parece a España, y viceversa, la Semana Santa no se celebra con procesiones como las nuestras. Pero en Braga, gran ciudad y Arzobispado u Obispado de todas las Hispanias, si que se celebra; y allí nos fuimos.

                En la puerta de la Iglesia de la Santa Cruz hacian una representación de la Pasión. Muchos figurantes bien vestidos, música, megafonía y la historia de la Pasión. Estas cosas siempre quedad rarillas, pero aquella no estaba tan mal. Otro acto semanasantero fue la procesión del Santo Entierro que salió de la Catedral. Delante iba una banda de música y aquí se acaban los parecidos con lo nuestro, detrás venían cientos de desfilantes, grupo vestidos de distinta e irreconocibles maneras, en una especie de trono, o mejor andas, con una cruz de madera sola, más desfilantes, otro trono donde iba el Cuerpo Yacente, más desfilantes y una Virgen de los Dolores en otras andas, y todo en u silencio absoluto, mejor dicho sepulcral, y en semioscuridad. Era muy tarde, aquello seguí y hasta aquí aguantamos. Aquello era tan distinto de lo nuestro como lo nuestro de lo suyo.

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