Del SEGUNDO LIBRO de las DIFERENCIAS 2.1
“Nunca
se parecerán algo y lo siguiente, aunque sean casi lo mismo”.
Heráclito, Panta Rei. Ephesios, 500 aC
En
Oporto ventanas y puertas no se
enmarcan siempre de la misma forma, cuestión que en Lisboa era ineludible.
En
los bares, cafés y restaurantes, en algunos, hay que pedir la vez en la cola en la que has de esperar luego un
buen rato. Si es que te vale la pena hacer cola para tomarte un café solo en el
Majestic, o cenar en algún sitio que
diga alguna guía famosa.
Oporto es más retorcido, tuerto, que Lisboa. No sé si será porque ningún terremoto
enderezó sus calles medievales o por la orografía.
En
los bares de portuenses, no siempre ni todos los bares están preparados para comer de dos en dos, aunque se puede.
Aunque
sigo echando en falta, la
Escala de Mohs para saber que es más caro que qué, me da la
sensación de que, como alguien me dijo, más al Norte es más barato; no mucho, pero a veces te llama la atención
algún detalle, algún precio digo.
Tampoco
el Douro se parece al Tejo, salvo en
que fluye el agua y tiene orillas, este es más estrecho y más hondo, no parece
el mar. Y además es mucho más atravesado por puentes y surcado por naves llenas
de turistas. Tampoco se parecen en nada sus riberas.
Las iglesias de aquí son más llamativas
por fuera e igual de aburridas por dentro. Las iglesias de aquí tienen más azulejos
por fuera y las casas menos.
Aquí
hay muchos más parques, plazas y
jardines que en la capital; recordando bien, allí había pocos.
Las
calles siguen siendo de adoquines,
pero a veces traicionan la norma y están alquitranadas, y las aceras casi
siempre de adoquinillos blancos y
negros pero con grecas más variadas, y a veces son de grandes losas de granito
o grandes losas de hormigón especial, que las hace bonitas.
Los taxis, se pongan Heráclito como se
ponga, son igualicos que en Lisboa, de los mismos colores digo, aunque la
carrera mínima es más baja. De los taxistas, como sólo he cogido un taxi, puedo
decir bien poco; aun no los conozco a todos.
Aquí
el bacalahu
y las sardinas son menos insistentes, y de las francesinhas, en Lisboa, no tenían idea, y mucho menos en Huéscar.
También
la gente, ellos y ellas, no fuman con el
tesón que allí le echaban. Aquí no he visto aún un grupo de fumadores en
una acera, ni a nadie chupando de un cigarrillo electrónico.
Aquí
hay muy pocas calles que no estén empinadas
en algún sentido, en mayor o menor grado sexagesimal. Sin embardo calles y
aceras tienen menos bultos, están menos alabeadas.
En
Oporto de las cinco líneas de Metro,
cuatro van juntas, en verdad una
encima de otra, por la misma vía quiero decir, en los extremos se separan y
cada una sigue sola un buen rato, pero una buena parte de la zona céntrica
discurren juntas, menos una que va perpendicular. Además el Metro parece muy
reciente y está muy bien
Tampoco
hay que atravesar un torno cuando
validas el billete, ni cuando sales de la estación, simplemente se valida, si
quieres, y sigues. Y de la misma manera sales.
También
aquí, en Porto, los negocios, se anuncian más que en Lisboa, no mucho más, y a
veces nada, pero si hay más letreros
y a veces se ven de lejos.
En
las puertas de bares y restaurantes no hay camareros
metiéndote la bulla para que entres, aquí la gente entra sola.
El tiempo parece más lluvioso y frío,
pero ya se sabe que el tiempo, el cronológico y el meteorológico, es una algo
muy personal, y circunstancial.
El piso donde moro ni se parece al que
moraba. Ni tampoco la hospedera.
El cementerio de Praceres, en Lisboa, y el
de Prado do Reposo, de aquí, son dos
mundos; aquel no tenía ni flores ni gente el día de Todos los Santos, que fui
yo a ver a Pessoa, y el de aquí es para pasearse, es un jardín, esta rodeado de
tiendas de flores y siempre hay gente arreglando tumbas, jacifos, dicen ellos.
Repasando
lo que escribo para eso de que vayan menos faltas, parece que me gustase más
Oporto que Lisboa, pero no. Yo por lo menos no sé qué me gusta más.
Aunque no venga a cuento: aquí va un relato corto, 18 palabras, 20.000 € de premio. El premiso literario mejor dotado
del mundo; Fundación César Egido Serrano,
Toledo. Dice el PAÏS.
“Llueve a cantaros y el gato se ha comido el último brillo que nos
mantenía despiertos”
No nombran a la autora, pero
dicen que vivía en la selva amazónica.
Este año se han presentado
43.185 pretendientes de 172 países. ¡Qué de cosas contarían!
En Oporto hay también
tranvías, pero solo quedan tres circuitos en uso y parece que solo turísticos.
Son menos frecuentes y las vías que son mucho más anchas, van por donde quieren,
se suben y van por la aceras como si tal cosa, y cruzan a placer plazas y
jardines si precisan de ello.
En Lisboa llamaban la atención
los rascacielos-hoteles y aquí su
ausencia.
Tampoco hay una calle parecida a
la Avda. de
las Liberdades llenas de grandes marcas y grandes edificios parisinos.
Hay mucho arbolado en las
calles, castaños, camelias y muchas marcas, pero no hay jacarandas, que tanto abundaban en Lisboa y que ya mismo
florecen de morado.
Tampoco hay miradouros en
Porto, y los pocos que hay, recuerdo dos, responden verdaderamente a su nombre:
miran al Douro, y de ahí miradouros. Que
en Lisboa se hubiesen llamado MiraTejos, habría sonado muy fuerte.
Otra cosa que echo en falta son
patinetas, bicicletas, segway y toda
esa clase de vehículos para la movilidad,
que allí estorbaban tanto. También hay menos guardias, o están entrenando para
algún otro desfile.
Aquí a las casas do banho le llaman WC,
o al menos así lo escriben en las puertas o en las indicaciones para
encontrarlos.
En Porto, o no hay Ginginha, o al
menos no se vende por las calles para endulzar y alegrar la vida del que pasea
y bebe.
Y así podíamos continuar ad infinitum, pero como muestra aquí van
los botones que he encontrado a bote pronto y no he olvidado mientra llegaba a
donde escribo.
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