lunes, 15 de abril de 2019

E71 Segundo Libro de las Diferencias


Del   SEGUNDO LIBRO de las DIFERENCIAS  2.1

                Nunca se parecerán algo y lo siguiente, aunque sean casi lo mismo. Heráclito, Panta Rei.  Ephesios, 500 aC

                En Oporto ventanas y puertas no se enmarcan siempre de la misma forma, cuestión que en Lisboa era ineludible.

                En los bares, cafés y restaurantes, en algunos, hay que pedir la vez en la cola en la que has de esperar luego un buen rato. Si es que te vale la pena hacer cola para tomarte un café solo en el Majestic, o cenar en algún sitio que diga alguna guía famosa.

Oporto es más retorcido, tuerto, que Lisboa. No sé si será porque ningún terremoto enderezó sus calles medievales o por la orografía.

                En los bares de portuenses, no siempre ni todos los bares están preparados para comer de dos en dos, aunque se puede.

                Aunque sigo echando en falta, la Escala de Mohs para saber que es más caro que qué, me da la sensación de que, como alguien me dijo, más al Norte es más barato; no mucho, pero a veces te llama la atención algún detalle, algún precio digo.

                Tampoco el Douro se parece al Tejo, salvo en que fluye el agua y tiene orillas, este es más estrecho y más hondo, no parece el mar. Y además es mucho más atravesado por puentes y surcado por naves llenas de turistas. Tampoco se parecen en nada sus riberas.

                Las iglesias de aquí son más llamativas por fuera e igual de aburridas por dentro. Las iglesias de aquí tienen más azulejos por fuera y las casas menos.

                Aquí hay muchos más parques, plazas y jardines que en la capital; recordando bien, allí había pocos.

                Las calles siguen siendo de adoquines, pero a veces traicionan la norma y están alquitranadas, y las aceras casi siempre de adoquinillos blancos y negros pero con grecas más variadas, y a veces son de grandes losas de granito o grandes losas de hormigón especial, que las hace bonitas.

                Los taxis, se pongan Heráclito como se ponga, son igualicos que en Lisboa, de los mismos colores digo, aunque la carrera mínima es más baja. De los taxistas, como sólo he cogido un taxi, puedo decir bien poco; aun no los conozco a todos.

                Aquí el bacalahu y las sardinas son menos insistentes, y de las francesinhas, en Lisboa, no tenían idea, y mucho menos en Huéscar.

                También la gente, ellos y ellas, no fuman con el tesón que allí le echaban. Aquí no he visto aún un grupo de fumadores en una acera, ni a nadie chupando de un cigarrillo electrónico.

                Aquí hay muy pocas calles que no estén empinadas en algún sentido, en mayor o menor grado sexagesimal. Sin embardo calles y aceras tienen menos bultos, están menos alabeadas.

                En Oporto de las cinco líneas de Metro, cuatro van juntas, en verdad una encima de otra, por la misma vía quiero decir, en los extremos se separan y cada una sigue sola un buen rato, pero una buena parte de la zona céntrica discurren juntas, menos una que va perpendicular. Además el Metro parece muy reciente y está muy bien

                Tampoco hay que atravesar un torno cuando validas el billete, ni cuando sales de la estación, simplemente se valida, si quieres, y sigues. Y de la misma manera sales.

                También aquí, en Porto, los negocios, se anuncian más que en Lisboa, no mucho más, y a veces nada, pero si hay más letreros y a veces se ven de lejos.

                En las puertas de bares y restaurantes no hay camareros metiéndote la bulla para que entres, aquí la gente entra sola.

                El tiempo parece más lluvioso y frío, pero ya se sabe que el tiempo, el cronológico y el meteorológico, es una algo muy personal, y circunstancial.

                El piso donde moro ni se parece al que moraba. Ni tampoco la hospedera.

                El cementerio de Praceres, en Lisboa, y el de Prado do Reposo, de aquí, son dos mundos; aquel no tenía ni flores ni gente el día de Todos los Santos, que fui yo a ver a Pessoa, y el de aquí es para pasearse, es un jardín, esta rodeado de tiendas de flores y siempre hay gente arreglando tumbas, jacifos, dicen ellos.

                Repasando lo que escribo para eso de que vayan menos faltas, parece que me gustase más Oporto que Lisboa, pero no. Yo por lo menos no sé qué me gusta más.


               
Aunque no venga a cuento: aquí va un relato corto, 18 palabras, 20.000 €  de premio. El premiso literario mejor dotado del mundo; Fundación César Egido Serrano, Toledo. Dice el PAÏS.

                “Llueve a cantaros y el gato se ha comido el último brillo que nos mantenía despiertos”
                No nombran a la autora, pero dicen que vivía en la selva amazónica.
                Este año se han presentado 43.185 pretendientes de 172 países. ¡Qué de cosas contarían!

En Oporto hay también tranvías, pero solo quedan tres circuitos en uso y parece que solo turísticos. Son menos frecuentes y las vías que son mucho más anchas, van por donde quieren, se suben y van por la aceras como si tal cosa, y cruzan a placer plazas y jardines si precisan de ello.

                En Lisboa llamaban la atención los rascacielos-hoteles y aquí su ausencia.

                Tampoco hay una calle parecida a la Avda. de las Liberdades llenas de grandes marcas y grandes edificios parisinos.

                Hay mucho arbolado en las calles, castaños, camelias y muchas marcas, pero no hay jacarandas, que tanto abundaban en Lisboa y que ya mismo florecen de morado.

                Tampoco hay miradouros en Porto, y los pocos que hay, recuerdo dos, responden verdaderamente a su nombre: miran al  Douro, y de ahí miradouros. Que en Lisboa se hubiesen llamado MiraTejos, habría sonado muy fuerte.

                Otra cosa que echo en falta son patinetas, bicicletas, segway y toda esa clase de vehículos para la movilidad, que allí estorbaban tanto. También hay menos guardias, o están entrenando para algún otro desfile.

                Aquí a las casas do banho le llaman WC, o al menos así lo escriben en las puertas o en las indicaciones para encontrarlos.

                En Porto, o no hay Ginginha, o al menos no se vende por las calles para endulzar y alegrar la vida del que pasea y bebe.

                Y así podíamos continuar ad infinitum, pero como muestra aquí van los botones que he encontrado a bote pronto y no he olvidado mientra llegaba a donde escribo.

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