miércoles, 24 de abril de 2019

E72 Guerreros 2.2


Sábado 20

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                  Aviso a navegantes:

                Ya lo dije, pero lo confirmo: el día 5 de Mayo domingo, en San Rafael, en Huéscar, nos vamos a juntar a comernos un arroz de marisco portugués, todos los que puedan de mi familia, de mis amigos y de los que habéis resistido leyendo esta bitácora.
Así que quedáis invitados, y esté prohibido llevar nada, quiero decir: prohibido llevar algo.
                Lo único que se exige es avisar de algún modo para echar más o menos puñados de arroz y de mariscos.
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                Se me olvidó decir algo de la cena de ayer en Braga. La cosa estaba difícil por estar Braga a tope, pero como casi siempre, nos acompañó la suerte y recalamos en un sitio que nos llamó la atención, resultó ser ‘un japonés’ distinto. Había como una mesa o barra larguísima y en forma de T mayúscula, por cuyo centro corrían los platos por arte de magia a lo largo de la enorme barra, cada uno cogía los platos que quería, según su aspecto, conocimiento o capacidad adivinatoria, pero todo estaba bueno. Cada plato tenía un precio según fuese el color de la cenefa del plato, que a su vez dependería de lo que el plato contuviera. Y la magia debía estar en una ‘cinta magnética’ que corría por debajo de la mesa. Lo que no tengo muy claro es si puede existir una cinta magnética, y en ese caso donde están los polos magnéticos, a propósito tengo más oscuridades, pero dejémoslo; más bien debía ser una cinta con imanes, pero .. Lo que si es verdad es que aquello era “cosa de imanes  y de japoneses; además de cosa bonita.

                Ya en Sábado, inventamos irnos en un bus urbano pero con dos pisos, y en la primera fila del piso segundo, al extremo de Porto, a 10 km, a lo largo del Duero primero y después a lo largo de la orilla del Océano Atlántico, todo lleno de riberas con jardines, playas doradas e infinitas llenas de bañistas impacientes y zonas de rocas retorcidas donde se deshacían las olas en espumas blancas. ¿A que suena bonito?

                Pues ahí se acabó lo bonito y empezó lo aciago. Esperamos al autocarro una hora, pillamos el mejor sitio, pero el Sol y el calor nos castigó de plano, el tráfico se nos puso en contra y en vez de 40 minutos tardamos una hora y cuarenta; y a la vuelta fue peor.  Comimos bien y en un buen sitio, pero no nos lució.


Domingo de Ramos

                En la Catedral el Obispo nos dijo un trozo de Misa de Pascua y un coro de ángeles nos deleitó con música sacra. La Catedral por dentro nos gustó mucho, tanto que hemos de volver, además no vimos un claustro que tiene ella. La Sé está en la colina más alta y casi sobre el Duero, es románica y vuelve a parecer una fortaleza, pero por dentro parece una iglesia-catedral y está como muy nueva, debe ser muy remozada.

                El Duero no parte a Oporto en dos, aunque lo parece, lo que hay al otro lado parece la otra mitad de Porto, pero no, ni mucho menos. Es otra cosa que llaman Vilanova de Gaia y de la que los porteños, o triperos, hablan mal y miran peor, dicen ellos que lo único que merece la pena de aquello es la vista de Oporto. Yo en secreto, ya he ido varías veces, pero siempre a hurtadillas, temiendo que me vean los de aquí. Debe ser otra vez, el ‘espíritu de la tribu’ que tantas manías atávicas o no atávicas explica.

                Pero la economía, la organización económica de las cuestiones, no sabe de tribus y de espíritus, y ha construido cinco puentes que unen sus orillas, sus gentes y sus negocios. Uno de ellos, el más próximo a la catedral, por eso estamos con él ahora, es de hierros, como la Torre Eifel, igualito, y con dos tableros, uno por encima y otro a por los pies del arco. Ahora pienso que ya hablé de él; siento repetirme. El caso es que pasear sobre sus tableros, son dos deliciosos paseos, en el de abajo hay que compartir con coches y es más incómodo, pero por el superior sólo pasa un tranvía de vez en cuando y tiene más altas perspectivas. Si te gustan los puentes, los ríos y las grandes panorámicas urbanas, este es tu sitio.

                Isabel, de vez en cuando, me mensajea, me manda recados, con ideas para la vida de aquí. En uno decía que la Iglesia más bonita de Portugal estaba en Válega, viene en LaRed, y parecía realmente llamativa. Había que ir, y más siendo Domingo de Pascua, que aquí se felicita como si fuese Navidad. Fuimos en tren-suburbano; las comunicaciones de aquí me maravillan, siempre que quiero ir a un sitio, que me parece raro, hay forma sencilla, rápida y barata de hacerlo.

                El tren nos dejó en un apeaderos desierto y casi en un desierto, allí no había ni iglesia, ni indicación, ni indicio, y lo peor, ni nadie; pero “Gogle locuta, causa finita”. Antes decían lo mismo de Roma, pero Roma ya no habla, ahora es Google quien dilucida. Anduvimos por una carreterilla entre dos hileras de casas deshabitadas, pero en buen estado, hacía sol de Domingo de Pascua y por suerte un viento suave que lo mitigaba. Al buen rato vimos muy lejos una iglesia de colores, como la de la foto que nos condujo allí.

                En las puertas de algunas casas o chalets veíamos como una especie de caminos de flores o de hierbas que invitaban a entrar, pero no nos atrevíamos, luego supimos que eran invitaciones a que una comisión de la parroquia entrase en visita pascual.

                Por fin llegamos a la Iglesia. Por dentro y por fuera estaba forrada de azulejos, y los azulejos todos pintados; eso se lleva aquí muchísimo, pero casi siempre de color azul. Allí todos eran de vivos colores, la mayoría eran escenas marianas y más en concreto de Fátima, el estilo era más moderno de lo que aquí es normal, y en verdad todo quedaba un poco kitch. Pero nos gustó; como para no gustarnos después de haber creído que estábamos perdidos.

                Eras las dos y medias, y teníamos hambre y sed, seguimos andando y dimos con lo que parecía el único bar del pueblo, pero allí sólo tenían cerveza y nada para nuestra hambre, mitigamos la sed y nos dijeron que quizá poco más allá nos pusiesen algo de comer. Tras dificultosa búsqueda dimos con donde y comimos los últimos del día, y además muy bien, aunque sin elegir mucho, dada la hora. Menos mal. Luego la vuelta fue más fácil y se nos hizo mucho más corta; ya no había intriga, ni sed, ni hambre.

                Todavía nos quedó tiempo para bajar a La Ribeira, que es de los sitios que pasear en Oporto, pero hay que procurar cuando haya menos gente, allí se acumulan como las abejas en sus sitios. La noche anterior Eloy y yo andábamos con dificultad, aquí hay mucho turismo, o esto es muy chico. Nos tomamos una cerveza por la Rua de las Flores, que es la primera calle recta que se hizo en Oporto tirando muchas torcidas que pasaban por donde está ahora ella.

                Duas a Letras” es una frase hecha portuguesa que no sé bien como se traduciría, pero más o menos significa “Darle a la lengua”, que es otra frase, o metáfora, nuestra. También es el nombre de un café-cafetería-restaurante en la Praça dos Poveiros, cerca de casa, que me recomendó mi dueña, y allí nos vinimos a cenar, pero estaba cerrado, y resultó estar fechado casi todo en este barrio, debió de ser por tanta gente el sábado. Ya no recuerdo como acabamos el domingo de Pascua, pero seguro que bien.



Lunes de Pascua.   Bajarán Las Santas de la Sierra, y nosotros aquí.

                Mi hermano Eloy se vuelve mañana a las Españas y hay que procurar saber que nos queda para que no se vaya falto.

                En Oporto hay una Librería: Irmaos Lello o simplemente Lello, que dicen es de las tres librerías más bonitas del Mundo mundial,  es como estilo Art Nouveau, la recomiendan todas las guías que en el mundo han sido y para colmo tiene no sé que relación con un personaje muy mediático que llaman Harry Potter. Había que ir. Pero como lo anterior lo sabe todo el mundo que viene aquí, resultó que a las diez y media de la mañana, los primeros de la cola dijeron que llevarían hora y cuarto en ella. No puede haber casi nada y menos una librería en Oporto que merezca hacer semejante cola a tres guerreros solos.  Hace unos años, cuentan, decidieron cobrar cinco euros por entrar, que luego eran canjeables si hacías alguna compra; no sólo aumentaron las colas, sino que el negocio triplico las ventas, nadie iba a perder los cinco euros; aunque te costase más.

                A lado y sin cola había una tienda preciosa, no sé qué lugar ocupará en el ‘ranking’ mundial de bonitas tiendas. Era una antigua tienda de tejidos reconvertida en tienda de todo, sobre todo adornos, perchas, juguetes de madera, camisetas, coches de pedales y juegos de té, muy variada y muy bonita. Y sin cola, y sin pagar entrada. La tienda se llama Los Carmelitas

                Entre la Torre de los Clérigos y los carmelitas está la Plaza de Lisboa, la más moderna de Portugal, hoy vamos de: ”todo lo más”. Sobre un terreno inclinado y triangular hay un aparcamiento semisubterráneo, encima un laberinto de modernas tiendas de marca, más encima aún, una pradera ondulada de césped y olivos viejos con una cafetería que tiene una camarera de mérito corporal y fácico, como para pagar entrada. También tenia en el césped, como tirados por la hierba, algo que parecían esos sacos blancos grandes para escombros o arena, pero que te sentabas encima y adoptaban forma de sillón-tumbona comodísimos, donde la camarera de antes nos llevó un café de media mañana.

                El Convento de Sao Bento de Vitoria, no tenía cola, pero tampoco tenía hora oportuna de visita; por tercera vez se queda en la lista, donde posiblemente se quede para siempre.

                En Vilanova de Gaia a más de una vista de Oporto, están todas las bodegas donde manipulan, envejecen, embotellan y venden todos los vino des Oporto que se beben en este mundo. Por trece euros te enseñan todo el proceso vínico y te dan a probarlos. Todo un montaje. La verdad es que te recorren un poco de una bodega con aspecto añejo, llena de tinas y toneles y te cuentan cuatro cosillas, a más de un video bonito donde tampoco dicen ni enseñan tanto. La chica provocaba las preguntas, pero luego esquivaba, y decía que en esa bodega se manipulaba y procesaba el vino que traían de arriba del río, pero no podía ser, casi no olía a vino la bodega, y estaba impoluta, ni herramientas, ni tubos, ni sitio para tanto vino. Todo mentira, estoy seguro. Y Luego en la cata: dos culines. La bodegas se llamaban Sandeman, y cualquiera no va, pero habría que no ir. Un engaño para turistas, y trece euracos por persona.

                Nos quedaba también, un sitio que yo había descubierto yo para comer hacía tiempo y esperaba la ocasión de ir acompañado.  En el Mercado de Buensuceso te venden la comida ya hecha en muchos puestos donde tú ves como lo hacen y te llevas a tu mesa una cosa de aquí y otra de allí. Muchas cosas bonitas y buenas.

                Después siesta y lluvia. En un claro nos fuimos a “Duas de letras” y allí pasamos nuestra última tarde noche dándole a la lengua. Mientras, en Televisión Española se peleaban los que nos dirigirán un día.

                Mientras tanto y durante todo el día, Nuestras Santas Alodía y Nunilón habrían ido bajando de la Sierra, visitando vados y cortijos. Luego en la Plaza todos sus devotos le cantarían aquellos de los claveles rubicundos de martirio y le pedirían que pusieran en nuestras vidas por cada abrojo un lirio. [Esto son cosas de Huéscar]
 Alodía si te vas, Nunilón aquí te espero.

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