domingo, 28 de abril de 2019

E74 La Mata de Bussaco


Viernes 26

Por si algún lector se saltó sin querer una entrega, aquí repito lo que propuse hace unos días:
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Aviso a navegantes:

                Ya lo dije, pero lo confirmo: el día 5 de Mayo domingo, en San Rafael, en Huéscar, nos vamos a juntar a comernos un arroz de marisco portugués, todos los que puedan de mi familia, de mis amigos y de los que habéis resistido leyendo esta bitácora.
Así que quedáis invitados, y está prohibido llevar nada, quiero decir: prohibido llevar algo.
                Lo único que se exige es avisar de algún modo para echar más o menos puñados de arroz y de mariscos.   Mi teléfono:   647 507 611
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                Tras la resaca el 25 de abril y sus claveles rojos, rubicundos, decidimos irnos a las montañas de Bussaco. Como recomendóme mi amigo Jesús Pedro. La Mata (el bosque) de Bussaco es una finca situada a unos 80 km al sur de Porto y un poco al interior. Hace mucho tiempo los carmelitas crearon (otra vez lo mismo) un bosque sembrando cantidad de especies y rodeando la finca con una tapia que englobaba unas 100 hectáreas, y construyeron dentro un convento que hoy está reducido y no es visitable.

                Años después de la desamortización, el último rey de Portugal inició las obras para un palacio, que no pudo terminar por culpa de que llegó la República , 1910 más  o menos, y la República terminó el Palacio en Hotel de Lujo, en el más puro estilo neomanuelino. Pues allí nos hospedamos, vivir allí es como vivir en los Jerónimos de Belém.  También vale la pena buscarlo en LaRed.

Aquello es más fantástico que en las fotos, y lo rodea un bosque más fantástico aún, algo viejo, lo que no importa, y está lleno de senderos que suben, bajan, van y vienen, salpicado de ermitas, fuentes, vías crucis, cascadas y barro. Realmente estupendo. Para colmo como el teléfono de Isabel prometiera, volvió el Sol y las buenas temperaturas; buenas para mí, claro.

La vida allí es pasear aquellos senderos que parecen no acabarse nunca y que se retuercen tanto que en seguida pierdes la orientación debida, pero que como está rodeado de una tapia sabes que no te puedes perder ni alejar mucho. Hay también una especie de quiosco de bebidas, sándwich, que aquí se le tiene mucha afición, y cafés, a los que la querencia es aún mayor, por el que sube gentecilla; y luego, los salones del hotel que son de palacio manuelino también te frecen un sitio ideal, para leer, estar y oír la música que ponen, aparte de lo distraído que puede ser ver los viajeros recién llegados con la cabeza hacia techos y paredes maravillándose de lo mismo que tu te maravillaste hace un rato.

            El día siguiente sábado, amaneció todavía mejor que lo fue el día anterior. Y vuelta al bosque, quizá adolezca este de un poco más de letreros discretos para saber cómo se llaman los árboles que miras o las flores, e indicaciones para los punto singulares; hay algunas, pero yo eché de menos más. Hay cantidad de ejemplares singulares, muchos enormes, y a mí siempre me gustaría saber sus nombres y sus años, casi como pasa con  las personas; cuando sabes el nombre de alguien y sus edad parece que es un poco más amigo tuyo. Hay muchos árboles caídos y otras veces un gran montón de troncos recortados y amontonados para llevar; parece que últimamente hubo dos ventoleras enormes que tumbaron, apearon, centenares de árboles; se ven los árboles caídos y cortados, pero no se notan los huecos que dejaron.

            Aquello es realmente hermoso, pero como con tantas cosas pasa en esta vida, tras tres o cuatro paseos y dos ratos más se acaba poniendo repetido. Así que nos fuimos a Coimbra, a treinta kilómetros, y así disfrutamos de más sitios que es lo que gusta a turistas y a viajeros. Coimbra es una ciudad que suena y resuena estupendamente, yo ya estuve y visitamos la parte alta que es donde está la famosa Ciudad Universitaria, y nos resultó rara y fea, sin nada digno de mirar, salvo algún patio, aquello era raro. Esta vez nos quedamos en la parte bajo, junto al río Mondego que estaba precioso, aunque yo creo que represado, un río que nace en Portugal y vaya de Este a Oeste no tiene tiempo ni sitio para hacerse tan grande, y de Norte a Sur o viceversa, no puede ir por razones obvias. También tenía Coimbra calles y cafeterías bonitas, pero recorrimos pocas por estar cansadillos, ambiente era dominguero y no se oía español por sus calles terrazas.

            Más tarde un tren nos tajo a casa. Ya lo he dicho, pero me llaman la atención las comunicaciones en Portugal, siempre a mano, buenas y baratas, y además llenos los medios, no es que haya de más a costa de CE, es que se llenan. Viajar en tren, como yo lo hago poco, es delicioso; espacioso por dentro e infinito por fuera. Los campos están preciosos y este verdor del Norte no deja de atraer por los ojos a alguien que, como yo, se crió en el Altiplano, rodeado de yesos y espartos por tantos sitios. Que también tienen su hermosura, pero que es menos verde.

            Ayer estuvimos reflexionando un poco y hoy estaremos esperando mucho. A mi me gustaría hacer un pronóstico; que sería lo que yo quiero. Y también me gustaría que se cumpliera lo que yo pronosticara, pero un hombre es solo un voto.

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