Viernes 26
Por si
algún lector se saltó sin querer una entrega, aquí repito lo que propuse hace
unos días:
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Aviso a navegantes:
Ya
lo dije, pero lo confirmo: el día 5 de Mayo domingo, en San Rafael, en Huéscar,
nos vamos a juntar a comernos un arroz de marisco
portugués, todos los que puedan de mi
familia, de mis amigos y de los que habéis resistido leyendo esta bitácora.
Así que quedáis invitados, y está
prohibido llevar nada, quiero decir: prohibido llevar algo.
Lo
único que se exige es avisar de algún modo para echar más o menos puñados de
arroz y de mariscos. Mi teléfono: 647 507 611
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Tras la resaca el 25 de abril y
sus claveles rojos, rubicundos, decidimos irnos a las montañas de Bussaco. Como recomendóme mi amigo Jesús Pedro. La Mata (el
bosque) de Bussaco es una finca
situada a unos 80 km
al sur de Porto y un poco al interior. Hace mucho tiempo los carmelitas crearon
(otra vez lo mismo) un bosque sembrando cantidad de especies y rodeando la
finca con una tapia que englobaba unas 100 hectáreas , y
construyeron dentro un convento que hoy está reducido y no es visitable.
Años después de la
desamortización, el último rey de Portugal inició las obras para un palacio,
que no pudo terminar por culpa de que llegó la República , 1910
más o menos, y la República terminó el
Palacio en Hotel de Lujo, en el más puro estilo neomanuelino. Pues allí nos
hospedamos, vivir allí es como vivir en los Jerónimos de Belém. También vale la pena buscarlo en LaRed.
Aquello
es más fantástico que en las fotos, y lo rodea un bosque más fantástico aún, algo viejo, lo que no importa, y está
lleno de senderos que suben, bajan, van y vienen, salpicado de ermitas,
fuentes, vías crucis, cascadas y barro. Realmente estupendo. Para colmo como el
teléfono de Isabel prometiera, volvió el Sol y las buenas temperaturas; buenas
para mí, claro.
La vida allí es pasear aquellos
senderos que parecen no acabarse
nunca y que se retuercen tanto que en seguida pierdes la orientación debida,
pero que como está rodeado de una tapia sabes que no te puedes perder ni alejar
mucho. Hay también una especie de quiosco de bebidas, sándwich, que aquí se le
tiene mucha afición, y cafés, a los que la querencia es aún mayor, por el que
sube gentecilla; y luego, los salones del
hotel que son de palacio manuelino también te frecen un sitio ideal, para
leer, estar y oír la música que ponen, aparte de lo distraído que puede ser ver
los viajeros recién llegados con la cabeza hacia techos y paredes maravillándose
de lo mismo que tu te maravillaste hace un rato.
El día siguiente sábado, amaneció todavía mejor que lo
fue el día anterior. Y vuelta al bosque, quizá adolezca este de un poco más de letreros
discretos para saber cómo se llaman los árboles que miras o las flores, e
indicaciones para los punto singulares; hay algunas, pero yo eché de menos más.
Hay cantidad de ejemplares singulares, muchos enormes, y a mí siempre me
gustaría saber sus nombres y sus años, casi como pasa con las personas; cuando sabes el nombre de
alguien y sus edad parece que es un poco más amigo tuyo. Hay muchos árboles
caídos y otras veces un gran montón de troncos recortados y amontonados para
llevar; parece que últimamente hubo dos ventoleras enormes que tumbaron,
apearon, centenares de árboles; se ven los árboles caídos y cortados, pero no
se notan los huecos que dejaron.
Aquello es realmente hermoso, pero como con tantas cosas
pasa en esta vida, tras tres o cuatro paseos y dos ratos más se acaba poniendo
repetido. Así que nos fuimos a Coimbra,
a treinta kilómetros, y así disfrutamos de más sitios que es lo que gusta a
turistas y a viajeros. Coimbra es una ciudad que suena y resuena
estupendamente, yo ya estuve y visitamos la parte alta que es donde está la
famosa Ciudad Universitaria, y nos resultó rara y fea, sin nada digno de mirar,
salvo algún patio, aquello era raro. Esta vez nos quedamos en la parte bajo, junto al río Mondego que estaba precioso,
aunque yo creo que represado, un río que nace en Portugal y vaya de Este a
Oeste no tiene tiempo ni sitio para hacerse tan grande, y de Norte a Sur o
viceversa, no puede ir por razones obvias. También tenía Coimbra calles y
cafeterías bonitas, pero recorrimos pocas por estar cansadillos, ambiente era
dominguero y no se oía español por sus calles terrazas.
Más tarde un tren
nos tajo a casa. Ya lo he dicho, pero me llaman la atención las comunicaciones
en Portugal, siempre a mano, buenas y baratas, y además llenos los medios, no
es que haya de más a costa de CE, es que se llenan. Viajar en tren, como yo lo
hago poco, es delicioso; espacioso por dentro e infinito por fuera. Los campos
están preciosos y este verdor del Norte no deja de atraer por los ojos a
alguien que, como yo, se crió en el
Altiplano, rodeado de yesos y espartos por tantos sitios. Que también
tienen su hermosura, pero que es menos verde.
Ayer estuvimos reflexionando un poco y hoy estaremos
esperando mucho. A mi me gustaría hacer un pronóstico; que sería lo que yo
quiero. Y también me gustaría que se cumpliera lo que yo pronosticara, pero un
hombre es solo un voto.
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