domingo, 7 de abril de 2019

E67 En torno a Braga


5 de Abril.  San Vicente.

                Amanece bonito, pero algo presagia que vendrá una nube y se estropeará. Tengo un montón de direcciones de bares o sitios que he de conocer, que me dice mi casera y que leo en los papeles; me siento agobiado. No tengo que conocerlos todos, pero me gustaría; me voy a buscar y ver, hasta las seis que tengo Concierto.
               
                Entre Aliados, una plaza muy alargada y ancha, que sería el Centro, donde está el Ayuntamiento con buenos edificios, un gran hotel y todo a su alrededor, y la Iglesia y Torre de Clérigos, están el meollo de la Movida Nocturna, los desayunos de la mañana, muchas tiendas y buen ambiente.  Pues por allí de tres cafés que llevaba apuntados, lo tomé en el cuarto, pero vi dos de los otros, el tercero era una tienda de ropas mona. También descubrí una tienda de cosas curiosas y casi inútiles, que uno compraría todas. También está allí una librería, como Art Nouveau, que tiene algo que ver con Harry Potter, se llama Irmaos Lello, y que cuesta cuatro euros entrar a verla; si compras algo te lo descuentan. Yo no entré, me reservo para cuando tenga visita.

                Si entré en las iglesias de los Carmelitas y de el Carmo. Aquí las iglesias son muy llamativas por fuera, pero luego por dentro son tan igualmente aburridas y barrocas que ninguna llama la atención.  Entre las dos iglesias, que se citan, quedaba un espacio de un metro o poco más de ancho, y alguien construyó en él La Casa Más Estrecha del Mundo, yo no entré por que me la imaginaba, y además se entrará de uno en uno. También hay allí una torre que no se sabe con cuál de las dos iglesias va.

En portugués a la anchura nuestra le llaman “largura”, a la gracia (de gracioso) le llaman grasa (y escriben graça), y a la grasa (tocinosa, lipídica) le llaman ”gordura”, mientras que  a los gordos les llaman “grandes”,  en vez de regalar dicen “ofrecer” y a estar fofo le dice “estar folhado” con la “h” sonando a “L” en vez de muda. Parece que el portugués es fácil, pero tiene sus sutilidades, muchísimas, lo que pasa es que a mi se me olvida acordarme. Todo esto viene porque iba a decir que las casa entre las dos iglesias, tiene ‘una largura muy estrecha’.

                Hay en esa zona, junto a la Torre de los Clérigos (siglo XVIII, Nassoni, 75 m, 225 escalones estrechos y una joya del barroco bonito, ex libris de la ciudad que dicen aquí. Hay, decía, una plaza que se llama Praça de Lisboa, que lo más moderno, urbanísticamente, de Porto, y además de ser indescriptible tiene un ambientazo fenomenal. Me encanta la palabra indescriptible; me ahorra mucho.

                También, y porque estaba allí, visité el Rectorado de la Universidad, y en una exposición de Ibros, donde no había nadie, me debí de entusiasmar viendo uno, apoyado no sé donde,  a un encargado o vigilante debí darle lástima y me llevó una silla. El libro, era un librazo, sobre Darwin, y no me pude resistir.

                Al lado, Oporto es muy pequeño, estaba el Centro de Fotografía de Portugal, y tuve que entrar por lo de mi hijo Jóse. Había muchas fotos buenas, había al menos un ejemplar de cada una de las máquinas de fotos que en el Mundo ha habido y había gentecilla, pero sobre todo el edificio. Era una antigua cárcel, y yo nunca he visto ni más grandes sillares y ni más grandes las losas de piedra, ni rejas más poderosas; no creo que intentara  serrar una.

                El Mosteiro de Sao Bento de Vitoria, que llevaba en mi plan, tiene horarios raros y tendré que volver; si cuadra. Tenía buena pinta.

                Cuando me di cuenta, no había comido ni ya era hora. Vi el único Miradouro que se anuncia en Porto, me perdí en calles estrechas y tuertas del Casco Antiguo y acabé tomándome  un calzone de prochiutto y mozarella, que me sirvió de comida y de merienda, y de alimento.

                El Concierto, que no se me olvidó, fue en la Iglesia de la Misericordia, y lo interpretaba una orquesta de cuerda joven, jóvenes los músicos. Ya no me acuerdo que interpretó, pero si de pasar allí un buen rato. En Portugal hay una institución que se llama La Casa de Misericordia, debe ser una institución benéfica y enorme propietaria de casas y palacios, que se vean; me imagino que se dedicará a lo que se llamaba antes Caridad. A mi me recuerda a la Conferencia de san Vicente de Paul, si hubiese seguido y recibido más herencias.

                El río Douro, está muy cerca, pero no tanto como estaba el Tejo allá en Lisboa; a mi casi se me olvida que está aquí. Por eso después del concierto me bajé donde está él, lo paseé un rato, y como hacia mucho frío me subí pronto por unas escaleras que aun no conocía. No puedo tener tan abandonado el Duero, aunque aquí no se oigan su versos, siempre con el mismo ritmo, pero con distinta agua.


                6 de Abril, Sábado y Braga

                Amanece feísimo, y me dice el teléfono que va a llover todo el día y toda la semana. Pienso que me da igual que me llueva un día o el siguiente, y me voy a Braga, como tenía planeado.

                Braga está como 40 km al Norte de Porto, tiene casi 200.000 habitantes, la ponen como bonita en los papeles y además, es la única ciudad de Portugal donde se celebra la Semana Santa al estilo nuestro. Puede que en algún sitio haya algo más, pero la gente no lo sabe. Se va y se viene en comboio, que tarda algo más de una hora, para entre estación y estación, y solo cuesta 4 ó 5 euros ir y venir, también por ser mayor.

                Braga es una ciudad magnífica, antigua y moderna al mismo tiempo, llamativamente ajardinada y florida, con grandes espacios abiertos y muchos monumentos, iglesias, palacios, castillo, arcos, murallas, y esas cosas. Y además es llana, horizontal, que ya no me acordaba como eran las calles sin cuestas.

                Yo quiero ir con mis hermanos que vienen para SS. Haremos una ruta guiada por Las Sete Igrejas, que representan no sé qué, veremos un Auto do Paisao  y la Procissao do Enterro do Senhor. Nos perderemos “Las Tres Caídas” y “La Procesión del Sepulcro” de todos los años, pero qué le vamos a hacer nos acordaremos.

                En Braga hay un sitio que se llama O Bom Jesús do Monte.  Braga es una ciudad muy religiosa, en Portugal que ya lo es, hay también un Vía Crucis con unos altares-hornacinas por  las calles dignos de ser vistos. Pues bien, el Monte citado, queda fuera de la ciudad, te llevan en Bus, y es un Santuario para el que hay que ascender 116 m mediante unos 600 escalones altos. O bien en una cosa que llaman funicular, como dos tranvías unidos por un cable, el que baja lo cargan de agua suficiente, hay mucha, y el que sube frena al que baja cargado; más ecológico no cabe.   El Santuario otra vez barroco, pero más feo, pero el monte que lo rodea es sublime, o más que sublime. No sé si también es artificial, pero ya acostumbrado, creo que si.

                Cuando ya me volvía para Porto, me llamó Isabel para decirme que un amigo suyo escultor inauguraba una exposición, que si quería o podía. Pude, era una exposición de crucificados pequeños, pero tengo que decir que de mérito y que muy modernos. El escultor y su mujer muy amables cuando les dije quien era, me tomé una copa y unas tapas y vi el palacio donde era la exposición, Palacio Raio. Al salir del Palacio, llovía a mares. Me esperé, paró y salí,

                Cuando me bajé del tren, mis rodillas no podían andar. Los escalones.


Día 7. Domingo y lloviendo

                Hoy las rodillas habían mejorado algo, pero el tiempo no. Ni un rayo de sol, ni un rato sin agua.

                Aun así, me he ido en Metro, casi de puerta a puerta, a la Casa da Música, y me oído por una gran orquesta “La Novena Sinfonía de Schubert”; soberbia, magnífica.  Y el Auditorium buenísimo, y si raro por fuera, más por dentro.  Las superficies que se veían eran acero inoxidable, cristal y metacrilato, salvo el techo y alguna pared que eran de madera, y los asientos; la absorción debía estar muy bien calculada porque sonaba muy bien, pero al verlo me pareció demasiado atrevido, acústicamente. Comí allí y me vine a casa.

Y aquí estoy toda la tarde: “repiqueteo de la lluvia en los cristales”.

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