viernes, 5 de abril de 2019

2-4 de Abril

Martes, 2 de Abril    7.30 pm

                Ayer, parecía que se iba a terminar la primavera, es más, cuando salí a la tarde con el cielo cubierto pero las nubes claras, se oscurecieron en un ratillo y cerca de la Catedral me pilló la lluvia, me guarecí y resultó ser poco. Junto a la Catedral, la Sé, hay un barrio más antiguo y más intrincado de lo normal, con casa vistosas y muchas de azulejos en calles que se estrechan y me lían. Está el Palacio de la Bolsa que hay que ver, y la Praça del Infante Don Enrique delante de un antiguo mercado de abastos y de hierro,  Mercado Ferreira Borges, que aún no he visto de cerca, La Iglesia de San Francisco, etc. Creo que no me podré aprender Oporto.

                Yo iba buscando un  Palacio de Cristal que había leído en un mapa y pasado cerca la noche anterior. Antes dí con una especie de parque mirador casi sobre el río que era bonito, y con un tío raro que se lío a hablar conmigo de la humanidad y de su música, tenía buen aspecto  y algo raro, yo que no tenía que decirle y lo fui dejando; se llamaba Pedro Correa, si yo fuese de Factbook.  Y mirador y parque era la Calzada das Virtudes.

                El Palacio de Cristal, era un parque de los que se cierra por la noche, ya he visto varios en Porto,  era muy muy bonito, tenía un estanque y un edificio normal y biblioteca, una avenida de tilos espectácular y el Sol se ponía sobre el Douro, muy bonito. Pero el Palacio de Cristal no estaba. Hoy en los papeles de de lacasa de mi casera, he aclarado que hubo uno precioso, como son esos palacios, en el Retiro lo hay, y lo que no sé es porque desapareció, pero allí no está. Había una especie de semiesfera enorme con muchas claraboyas de cristal que resultó ser un pabellón de deportes. Al Jardín tengo que volver, por bonito yb porque no lo pude ver todo, cerraban.

                Conocí una chica, que resultó llamarse Celia y ser actriz, muy maja ella y con buena conversación, estaba aquí en unos días y trabajaba con niños de colegios, hablamos un buen rato, nos tomamos dos cafés y luego ella a Boston y yo a California, No le pude regalar un costurero, ni contar, por mi memoria, las cosas que ella me dijo.

                Al volver a casa los sitios que antes de anoche se derramaban de gentío, estaban más tranquilos, un lunes no es sábado ni es domingo. Cerca de casa hay un bar que por Isabel sabía que era muy bueno en bocadillos, Güenes se llama, la noche anterior tenía una cola que se perdía, anoche no, y me pedí uno de jamón asado y pan caliente que te dan en un sobre casi térmico e impermeable,  me lo cené en casa, estaba estupendo; yo que pensaba no cenar.

                Hoy martes también amaneció sin primavera. Había quedado con Isa, la llamaré cada vez de una manera, para no liarme ni repetir pronombres. Es mi único conocimiento aquí y ella conoce mucho, y como fue profesora le gusta enseñar y sabe. Me ha llevado a La Serrana, junto a Sao Bento, café antiguo, pequeño, precioso, familiar y bonito; cinco adjetivos para un café solo. Me ha dicho mucho y me ha/he sacado la tarjeta de transportes. Tengo que procurar vernos, siempre que la veo aprendo; y hablo.

                Yo me había hecho la idea de que esta ciudad se aglomeraba junto al Duero como a unos 4 ò 5 kilómetros antes de que este llegase al mar, lo mismo que pasaba en Lisboa. Aquí la desembocadura se llama La Foz, será porque una barra de arena estrecha y cierra el final del río. Pues resulta que no, que Oporto sigue hasta la Foz, se tuerce hacia el Norte y llega hasta un paraje que llaman Mathosinhos. Pueden ser diez o doce kilómetros de costa o más, entre el mar y el río. Me cuesta explicarme. Todo eso para decir que he ido desde Sao Bento, estación de ferrocarril y centro de Lisboa, hasta Matosinhos en la primera fila del segundo piso del auto carro 500. Un viaje panorámico, también para repetirlo; y más en ese sitio.

                Al final de, no quiero repetir el nombre, hay una playa magnífica, y en todo el camino, pero la del final la mejor, ancha muy ancha y de polvo fino , con las casa lejos y un paseo marítimo de 90 m de ancho, decía un letrero. Hay una terminal de cruceros, yo no sé como deben ser estas terminales, pero esta se parece al Gugenheim.  En un chiringuito me he pedido un cerveza mediana, 40 cl, y me han llevado una bandejita con cuatro empanadillas pequeñas y un tarrito de salsa, me han preguntado que si quería tapa, ¡qué preguntas! Y para colmo la cerveza, las empanadillas, el sitio y el paisaje por cuatro coma cinco euros.

                Volviendo por el Paseo marítimo ancho, he visto una cosa extrañísima, era como una red de maya roja que flotaba en el aire con formas voluptuosas y unos 40 m de diámetro.  Yo dando y dándole vueltas, he pensado yo solo que era un extraño monumento a las medusas; casi casi, resulta que representa una anémona. A mi no m e ha convencido mucho, la verdad. Pero llamativo eslo.

                En la medusa empieza y viene hacia el centro una finca llamada O Parque da Cidade. Podíamos pensar, como no, en MontSanto de Lisboa o en la casa  de Campo de Madrid, pero esta es otra dimensión, otra categoría, son 80 hectáreas de jardín supercuidado, caminos,  caminitos, lagos, flores, especies de plantas y de árboles en cantidad, y un sin numero de detalles que enumerar no puedo; si, un jardín de categoría.  Allí he comido y por allí he paseado casi solo.

                La vida del turista a veces es muy dura. Tras comer he seguido andando, podría, debería,  haber(me) tumbado un rato en el césped. Por cierto a media mañana había salido el Sol de primavera, se me olvidaba decirlo y, hacia falta. Decía que he seguido andando por ciudad y avenidas modernas y bonitas camino de la Fundación Serralves, que dicen que es cosa de mérito, pero en vez de visitarla que era mi plan, cansado y derrotado he sabido coger un autocarro que me ha traído a la plaza de Batalha, casi en casa. Y aquí estoy, escrito y descansando.

               Ahora y descansado, oscureció hace un rato, me voy a la calle, voy al Río, al puente de de Luis I, y desde el veré Oporto a la derecha, y Vilanova de Gaia a la izquierda, cruzaré el río, andaré por la otra orilla cuanto sea y después me las apañaré para volver y no morir en el intento. Oporto de noche me espera.

                Así ha sido, la noche estaba fría y sola, en el Puente me he cruzado con unas diez persona, es muy largo; todas eran de ‘raza amarilla’ y menos otro y yo, todos mujeres. En el próximo 8 de marzo y alrededores nos eliminan. Al final me he vuelto en Metro hasta Sao Bento. San Benito. Además de santo es estación de Metro y de tren, puede considerarse un centro de aquí, junto a una plaza alargada que se llama Los Aliados, al que se une por una esquina. Desde Sao Bento a la Plaza de la Alegría, vuestra casa y mía, hay varios recorridos cortos.

 En un de ellos tuve la suerte de ver recoger la basura de esos depósitos que hacen soterrados en las aceras. Sen llevan de golpe 2 ó 3 metros cúbicos de mierda, son relativamente rápidos, pero van tres personas, manipulan demasiado y dejan aquello muy sucio. Pero curioso de ver si que es si uno se acuerda de aquellos carros que venían de Armilla para llevarse los desperdicios de Granada. También funciona una ‘Carchet’, que es un camión cisterna enorme; lo que no esperé fue a ver con qué criterio y donde la usan. Más noches tendrá Porto.

Curioso el Duero envuelto en y reflejando luminarias. No sé si os disteis cuenta. En la manifestación de “la España vaciada”, alguien llevaba una pancarta diciendo: “Río Duero, río Duero, / nadie a acompañarte baja, / nadie se detiene a oír / tu eterna estrofa de agua. //  [Indiferente o cobarde, / la ciudad vuelve la espalda. /  No quiere ver en tu espejo / su muralla desdentada.]” Pues bien, Oporto no es tan desdeñosa como entonces era Soria; esta ciudad, si se mira en su río y casi se lo bebe y, hasta los chinos “se acercan a reflejarse y verse/ y a oírlo, / siempre con el mismo verso, / pero con distinta agua”. Gerardo Diego, Machado, Heráclito, muy mezclada viene la noche, y la marea; y bonitas.

 Pepe, tu si recuerdas aquel viaje, y el camino!?
                También me acuerdo, y algunos también habéis de recordar conmigo, aquel día que estuvimos con él mientras nacía, él solo, allí, poco más arriba de la Laguna Negra y de Machado, en los mismísimos Picos del Urbión. ¿Hacéis memoria?
 Viajar, a veces, sirve.


Miércoles 3 de Abril

                En la Plaza donde moro, a las mañanas se pone una señora con pinta de pueblo, para vender las cosas que le da su tierra, y algo más, en su puesto vende hortalizas, frutas, huevos al montón y flores, y yo le compré. Ahora se me pudrirá una parte, pero no me pude resistir.

                Mi plan era, volver, y esta vez entrar a la Fundación Serralves. Esta Fundación es muy reciente, 20 años, y nació como colaboración entre Instituciones, Gobierno y Particulares, y sobre todo de Álvaro Siza. Este arquitecto, premio Pricker, como el nóbel de aquitectura, es el que estuvo en Castril viendo para diseñar la sede de la Fundación Saramago, que como los de Castril son tan pleitosos, provocaron que se la llevasen a Lisboa. Además de pleitosos, listos.

                Creo que me perdí cosas por ser aquello tan grande, pero lo fundamental es un gran museo de Arte super Contemporáneos, con exposiciones permanentes (¿) y temporales, y un jardín-bosque enorme, estupendo y mejor que el museo. El Arte contemporáneo es muy duro, como decía aquel, me desasosiega. Pero una tal Vaconcellos tenía allí expuestas cosas rarísimas, grandísimas. Escribid en Google: “Vasconcellos en Serralves” y luego pulsáis en imágenes, no sé escribir el enlace. Será casi como si hubieseis estado conmigo. Muy llamativo, y cuanto más se mira más te gusta, por contemporáneo que sea. La verdad es que allí se veía más grande. He llegado a la conclusión de que en los museos es donde mejor se come de Portugal.

                Volví a la Caja de Música, puede que sea casa de, no sé podía ver nada salvo la cafetería. Tomé un café y me hice con el programa del mes de Abril, que parece abundante e interesante, y con buenas relaciones cualidad/precio.

                Siguiendo con autobuses, que ya me muevo como en Granada, volví Aliados, el centrísimo de Porto, y subí a la  Torre de los Clérigos. Como dicen en Portugal el “Ex libris” de la ciudad, aquí dicen Ex Libris, como nosotros diríamos lo más emblemático, el símbolo por antonomasia, lo más representativo, etc etc,

                La torre de los Clérigos la hizo un tal Nicolay Nassoni, que aquí hizo todo, en el s. XVIII, tiene 75 m y 240 escalones, y desde arriba se ve “Toronto entero”. Aquí en Lisboa cada vez que entro a algún monumento salgo diciendo que son de mejor ver por fuera que por dentro.

                El día amaneció nublado, pero Isabel me dijo que mejoraría, y mejoró total.  Pero la noche ya no es primavera, esto se ha vuelto un poco para atrás, el calentamiento global no ha durado tanto.


Jueves 4

                Tras mis tareas de hogar, me propongo tomar café en la Serrana, para que no se me olvide y porque me gustó, y me sigue gustando, pero tomado el café empezó a chispear, y yo desprotegido del todo. Hube de volver sobre mis pasos a por chubasqueiro y gorro, sabía que eso provocaría el efecto avioneta, y así fue. Cuando había perdido casi una hora y ya estaba protegido, las nubes se enteraron y funcionó como las avionetas de Huéscar, se cortó la lluvia. Luego a lo largo del día dicho efecto perdió efecto, y llovía y paraba a su querer más que al mío.

                Voy a procurar llamar Casco Antiguo (CA) a la parte que queda entorno a la Catedral y entre Clérigos y el río que son calles más retorcidas,  más antiguas y en cuesta. Y Centro Histórico a la parte que la rodea sin alejarse mucho, y con menos cuesta; mi casa quedaría al borde del CH, no sé si dentro o fuera, por ahí.

                Pues bien yo hoy quería conocer  y reconocer CH (centro histórico). He visitado la Ig. de Santa Clara, pequeña, barroca y de oro. El Horror  vacui elevado al cubo, ni un centímetro cuadrado sin decoración exuberante, excesivo. La Ig. de San Francisco también famosa, era larga de visitar, hasta catacumbas tiene, y la he dejado para cuando tenga visita, lo mismo que el  Palacio de la Bolsa y la Catedral. El efecto avioneta había desaparecido totalmente junto al viejo Mercado de Ferreria Borges, que ya no es mercado, sino un restaurante muy grande y muy bonito, pero sigue siendo de hierro al rojo.

                Tras comer y sin siesta ni lluvia, me fui a Alfándega, la antigua aduana, hoy convertida en Sitio Enorme de Usos Múltiples (SEUM). Yo iba a una exposición sobre Escher y otra sobre Transportes Públicos.
                Lo de Escher es para venir a verlo. Ese hombre está loco y además tiene poderes, es imposible imaginarse y dibujar lo que había allí y que él había hecho. Si no lo conocéis, buscar en LaRed, bastaría exhibir su nombre, y si salen unos dibujos extrañísimos, preparaos para pasar un buen rato.
                Lo de los Transportes no fue capaz de encontrarlo, aquello era muy grande. Si había una exposición sobre el Cuerpo Humano, que debía ser muy buena y aquello estaba llenos de Humanos pequeños, no me interesabas. También había una exposición con los coches de los presidentes de la República; me los imagine todos “Haigas”, no tenía tiempo de verla y era fácil. Había también, y era lo peor,  una muchedumbre de millones de universitarios en una especie de congreso que llamaban ICPC 2019, ni idea, pero lo invadían todo; me echaron.

                Cuando salí, el dios de la lluvia caía sobre Alfándega. Menos mal que supe tomar allí mismo un autocarro  y empalmar con otro, que por el precio de uno, 1.20 €, me trajeron casi a casa. Y en casa hube de encender un radiador porque la Primavera ya no estaba aquí.  Y llovió mucho sobre Oporto.





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