Martes, 2 de Abril 7.30 pm
Ayer, parecía que se iba a
terminar la primavera, es más, cuando salí a la tarde con el cielo cubierto
pero las nubes claras, se oscurecieron en un ratillo y cerca de la Catedral me pilló la
lluvia, me guarecí y resultó ser poco. Junto
a la Catedral ,
la Sé , hay un
barrio más antiguo y más intrincado de lo normal, con casa vistosas y muchas de
azulejos en calles que se estrechan y me lían. Está el Palacio de la Bolsa
que hay que ver, y la Praça del Infante Don Enrique delante de un
antiguo mercado de abastos y de hierro, Mercado Ferreira Borges, que aún no he
visto de cerca, La Iglesia
de San Francisco, etc. Creo que no
me podré aprender Oporto.
Yo iba buscando un Palacio de
Cristal que había leído en un mapa y pasado cerca la noche anterior. Antes dí
con una especie de parque mirador casi sobre el río que era bonito, y con un
tío raro que se lío a hablar conmigo de la humanidad y de su música, tenía buen
aspecto y algo raro, yo que no tenía que
decirle y lo fui dejando; se llamaba Pedro Correa, si yo fuese de Factbook. Y mirador y parque era la Calzada das
Virtudes.
El Palacio de Cristal, era un parque de los que se cierra por la
noche, ya he visto varios en Porto, era
muy muy bonito, tenía un estanque y un edificio normal y biblioteca, una avenida
de tilos espectácular y el Sol se ponía sobre el Douro, muy bonito. Pero el
Palacio de Cristal no estaba. Hoy en los papeles de de lacasa de mi casera, he
aclarado que hubo uno precioso, como son esos palacios, en el Retiro lo hay, y
lo que no sé es porque desapareció, pero allí no está. Había una especie de
semiesfera enorme con muchas claraboyas de cristal que resultó ser un pabellón
de deportes. Al Jardín tengo que volver, por bonito yb porque no lo pude ver
todo, cerraban.
Conocí una chica, que resultó llamarse Celia y ser actriz, muy maja
ella y con buena conversación, estaba aquí en unos días y trabajaba con niños
de colegios, hablamos un buen rato, nos tomamos dos cafés y luego ella a Boston
y yo a California, No le pude regalar un
costurero, ni contar, por mi memoria, las cosas que ella me dijo.
Al volver a casa los sitios que
antes de anoche se derramaban de gentío, estaban más tranquilos, un lunes no es
sábado ni es domingo. Cerca de casa hay un bar que por Isabel sabía que era muy
bueno en bocadillos, Güenes se llama, la noche anterior
tenía una cola que se perdía, anoche no, y me pedí uno de jamón asado y pan
caliente que te dan en un sobre casi térmico e impermeable, me lo cené en casa, estaba estupendo; yo que
pensaba no cenar.
Hoy martes también amaneció sin
primavera. Había quedado con Isa, la
llamaré cada vez de una manera, para no liarme ni repetir pronombres. Es mi
único conocimiento aquí y ella conoce mucho, y como fue profesora le gusta
enseñar y sabe. Me ha llevado a La Serrana , junto a
Sao Bento, café antiguo, pequeño, precioso, familiar y bonito; cinco adjetivos
para un café solo. Me ha dicho mucho y me ha/he sacado la tarjeta de transportes.
Tengo que procurar vernos, siempre que la veo aprendo; y hablo.
Yo me había hecho la idea de que
esta ciudad se aglomeraba junto al Duero como a unos 4 ò 5 kilómetros antes de
que este llegase al mar, lo mismo que pasaba en Lisboa. Aquí la desembocadura
se llama La Foz ,
será porque una barra de arena estrecha y cierra el final del río. Pues resulta
que no, que Oporto sigue hasta la
Foz , se tuerce hacia el Norte y llega hasta un paraje que
llaman Mathosinhos. Pueden ser diez o doce kilómetros de costa o más,
entre el mar y el río. Me cuesta explicarme. Todo eso para decir que he ido
desde Sao Bento, estación de ferrocarril
y centro de Lisboa, hasta Matosinhos
en la primera fila del segundo piso del auto
carro 500. Un viaje panorámico, también para repetirlo; y más en ese sitio.
Al final de, no quiero repetir
el nombre, hay una playa magnífica,
y en todo el camino, pero la del final la mejor, ancha muy ancha y de polvo
fino , con las casa lejos y un paseo marítimo de 90 m de ancho, decía un
letrero. Hay una terminal de cruceros,
yo no sé como deben ser estas terminales, pero esta se parece al Gugenheim. En un chiringuito
me he pedido un cerveza mediana, 40 cl, y me han llevado una bandejita con
cuatro empanadillas pequeñas y un tarrito de salsa, me han preguntado que si
quería tapa, ¡qué preguntas! Y para colmo la cerveza, las empanadillas, el
sitio y el paisaje por cuatro coma cinco euros.
Volviendo por el Paseo marítimo
ancho, he visto una cosa extrañísima, era como una red de maya roja que flotaba
en el aire con formas voluptuosas y unos 40 m de diámetro. Yo dando y dándole vueltas, he pensado yo
solo que era un extraño monumento a las
medusas; casi casi, resulta que representa una anémona. A mi no m e ha
convencido mucho, la verdad. Pero llamativo eslo.
En la medusa empieza y viene
hacia el centro una finca llamada O Parque da Cidade. Podíamos pensar,
como no, en MontSanto de Lisboa o en la casa
de Campo de Madrid, pero esta es otra dimensión, otra categoría, son 80 hectáreas de jardín
supercuidado, caminos, caminitos, lagos,
flores, especies de plantas y de árboles en cantidad, y un sin numero de
detalles que enumerar no puedo; si, un jardín de categoría. Allí he comido y por allí he paseado casi
solo.
La vida
del turista a veces es muy dura. Tras comer he seguido andando, podría, debería,
haber(me) tumbado un rato en el césped.
Por cierto a media mañana había salido el Sol de primavera, se me olvidaba
decirlo y, hacia falta. Decía que he seguido andando por ciudad y avenidas
modernas y bonitas camino de la Fundación Serralves, que dicen que es cosa de mérito,
pero en vez de visitarla que era mi plan, cansado y derrotado he sabido coger
un autocarro que me ha traído a la plaza
de Batalha, casi en casa. Y aquí estoy, escrito y descansando.
Ahora y
descansado, oscureció hace un rato, me voy a la calle, voy al Río, al puente de de Luis I, y desde el veré
Oporto a la derecha, y Vilanova de Gaia a la izquierda, cruzaré
el río, andaré por la otra orilla cuanto sea y después me las apañaré para
volver y no morir en el intento. Oporto de noche me espera.
Así ha sido, la noche estaba
fría y sola, en el Puente me he cruzado con unas diez persona, es muy largo; todas eran de ‘raza amarilla’ y menos otro
y yo, todos mujeres. En el próximo 8 de marzo y alrededores nos eliminan. Al
final me he vuelto en Metro hasta Sao Bento. San Benito. Además de
santo es estación de Metro y de tren, puede considerarse un centro de aquí,
junto a una plaza alargada que se llama Los Aliados, al que se une por una
esquina. Desde Sao Bento a la Plaza de la Alegría , vuestra casa y
mía, hay varios recorridos cortos.
En un de ellos tuve
la suerte de ver recoger la basura de esos depósitos que hacen soterrados en
las aceras. Sen llevan de golpe 2 ó 3 metros cúbicos de
mierda, son relativamente rápidos, pero van tres personas, manipulan demasiado
y dejan aquello muy sucio. Pero curioso de ver si que es si uno se acuerda de
aquellos carros que venían de Armilla para llevarse los desperdicios de
Granada. También funciona una ‘Carchet’, que es un camión cisterna enorme; lo
que no esperé fue a ver con qué criterio y donde la usan. Más noches tendrá
Porto.
Curioso el Duero envuelto en y reflejando luminarias. No
sé si os disteis cuenta. En la manifestación de “la España vaciada”, alguien
llevaba una pancarta diciendo: “Río
Duero, río Duero, / nadie a acompañarte baja, / nadie se detiene a oír / tu
eterna estrofa de agua. // [Indiferente
o cobarde, / la ciudad vuelve la espalda. /
No quiere ver en tu espejo / su muralla desdentada.]” Pues bien,
Oporto no es tan desdeñosa como entonces era Soria; esta ciudad, si se mira en
su río y casi se lo bebe y, hasta los chinos “se acercan a reflejarse y verse/ y
a oírlo, / siempre con el mismo verso, / pero con distinta agua”. Gerardo
Diego, Machado, Heráclito, muy mezclada viene la noche, y la marea; y bonitas.
Pepe, tu si
recuerdas aquel viaje, y el camino!?
También me acuerdo, y algunos
también habéis de recordar conmigo, aquel día que estuvimos con él mientras nacía,
él solo, allí, poco más arriba de la Laguna
Negra y de Machado, en los mismísimos Picos del Urbión. ¿Hacéis
memoria?
Viajar, a veces,
sirve.
Miércoles
3 de Abril
En la Plaza
donde moro, a las mañanas se pone una señora con pinta de pueblo, para vender
las cosas que le da su tierra, y algo más, en su puesto vende hortalizas,
frutas, huevos al montón y flores, y yo le compré. Ahora se me pudrirá una
parte, pero no me pude resistir.
Mi
plan era, volver, y esta vez entrar a la Fundación Serralves. Esta
Fundación es muy reciente, 20 años, y nació como colaboración entre Instituciones,
Gobierno y Particulares, y sobre todo de Álvaro
Siza. Este arquitecto, premio Pricker, como el nóbel de aquitectura, es el
que estuvo en Castril viendo para diseñar la sede de la Fundación Saramago ,
que como los de Castril son tan pleitosos, provocaron que se la llevasen a
Lisboa. Además de pleitosos, listos.
Creo
que me perdí cosas por ser aquello tan grande, pero lo fundamental es un gran
museo de Arte super Contemporáneos, con exposiciones permanentes (¿) y
temporales, y un jardín-bosque enorme, estupendo y mejor que el museo. El Arte
contemporáneo es muy duro, como decía aquel, me desasosiega. Pero una tal Vaconcellos tenía allí expuestas cosas
rarísimas, grandísimas. Escribid en Google: “Vasconcellos en Serralves” y luego
pulsáis en imágenes, no sé escribir
el enlace. Será casi como si hubieseis estado conmigo. Muy llamativo, y cuanto
más se mira más te gusta, por contemporáneo que sea. La verdad es que allí se
veía más grande. He llegado a la conclusión de que en los museos es donde mejor
se come de Portugal.
Volví
a la Caja de
Música, puede que sea casa de, no sé podía ver nada salvo la cafetería.
Tomé un café y me hice con el programa del mes de Abril, que parece abundante e
interesante, y con buenas relaciones cualidad/precio.
Siguiendo
con autobuses, que ya me muevo como en Granada, volví Aliados, el centrísimo de
Porto, y subí a la Torre de los Clérigos. Como dicen en
Portugal el “Ex libris” de la ciudad, aquí dicen Ex Libris, como nosotros
diríamos lo más emblemático, el símbolo por antonomasia, lo más representativo,
etc etc,
La
torre de los Clérigos la hizo un tal Nicolay
Nassoni, que aquí hizo todo, en el s. XVIII, tiene 75 m y 240 escalones, y desde
arriba se ve “Toronto entero”. Aquí en Lisboa cada vez que entro a algún monumento salgo diciendo que son de mejor ver por fuera que por dentro.
El
día amaneció nublado, pero Isabel me dijo que mejoraría, y mejoró total. Pero la noche ya no es primavera, esto se ha
vuelto un poco para atrás, el calentamiento global no ha durado tanto.
Jueves 4
Tras
mis tareas de hogar, me propongo tomar café
en la Serrana ,
para que no se me olvide y porque me gustó, y me sigue gustando, pero tomado el
café empezó a chispear, y yo desprotegido del todo. Hube de volver sobre mis
pasos a por chubasqueiro y gorro, sabía que eso provocaría el efecto avioneta, y así fue. Cuando había
perdido casi una hora y ya estaba protegido, las nubes se enteraron y funcionó
como las avionetas de Huéscar, se cortó la lluvia. Luego a lo largo del día
dicho efecto perdió efecto, y llovía y paraba a su querer más que al mío.
Voy a
procurar llamar Casco Antiguo (CA) a
la parte que queda entorno a la
Catedral y entre Clérigos y el río que son calles más retorcidas,
más antiguas y en cuesta. Y Centro Histórico
a la parte que la rodea sin alejarse mucho, y con menos cuesta; mi casa quedaría
al borde del CH, no sé si dentro o fuera, por ahí.
Pues
bien yo hoy quería conocer y reconocer CH
(centro histórico). He visitado la
Ig. de Santa Clara, pequeña, barroca y de oro. El
Horror vacui elevado al cubo, ni
un centímetro cuadrado sin decoración exuberante, excesivo. La Ig. de San Francisco también famosa, era larga de visitar, hasta catacumbas
tiene, y la he dejado para cuando tenga visita, lo mismo que el Palacio
de la Bolsa
y la Catedral. El
efecto avioneta había desaparecido totalmente junto al viejo Mercado de Ferreria Borges, que ya no
es mercado, sino un restaurante muy grande y muy bonito, pero sigue siendo de
hierro al rojo.
Tras
comer y sin siesta ni lluvia, me fui a Alfándega,
la antigua aduana, hoy convertida en Sitio Enorme de Usos Múltiples (SEUM). Yo
iba a una exposición sobre Escher y otra sobre Transportes Públicos.
Lo de
Escher
es para venir a verlo. Ese hombre está loco y además tiene poderes, es
imposible imaginarse y dibujar lo que había allí y que él había hecho. Si no lo
conocéis, buscar en LaRed, bastaría exhibir su nombre, y si salen unos dibujos
extrañísimos, preparaos para pasar un buen rato.
Lo de
los Transportes no fue capaz de encontrarlo,
aquello era muy grande. Si había una exposición sobre el Cuerpo Humano, que debía
ser muy buena y aquello estaba llenos de Humanos pequeños, no me interesabas. También
había una exposición con los coches de los presidentes de la República ; me los
imagine todos “Haigas”, no tenía
tiempo de verla y era fácil. Había también, y era lo peor, una muchedumbre de millones de universitarios
en una especie de congreso que llamaban ICPC
2019, ni idea, pero lo invadían todo; me echaron.
Cuando
salí, el dios de la lluvia caía
sobre Alfándega. Menos mal que supe tomar allí mismo un autocarro y empalmar con otro, que por el precio de uno,
1.20 €, me trajeron casi a casa. Y en casa hube de encender un radiador porque la Primavera ya no estaba
aquí. Y llovió mucho sobre Oporto.
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