jueves, 28 de febrero de 2019

E53 Vuelta de Sevilla


V27   Vuelta Sevillana

            Hola Bitácora, mucho tiempo sin ti.

Como decía aquella película famosa y bonita: “La vida en Sevilla es una maravilla”, he pasado allí cinco noches y casi seis días y ha sido fenomenal; no es cuestión de hablar aquí de mis hijos, nietos y hermano, pero os daría envidia.

            Aquí los que nos trae es la vida ambulante. Yo andaba tan contento de Lisboa, y sigo, pero reconozco que Sevilla es mucho Sevilla. Algunas cosas de Sevilla: También la define el río Guadalquivir, o mejor su dársena, que a la vista es lo mismo; sus orillas son un encanto y un espacio enorme. Por fin he tenido la oportunidad de visitar el Palacio de San Telmo, en él viví yo algún tiempo mientras estudiaba en la Tabacalera de al lado, He de reconocer que viví en él como si hubiese vivido en otra parte, además de estar ahora totalmente remozado entonces debió de estar prácticamente cerrado, o es que en aquellas edades no nos interesaban las cosas o se fijaba uno menos. Me atravesé Sevilla de San Telmo a la Alameda y si algún defecto tenía es que había más que muchísima gente.

Hay en Sevilla ahora una torre enorme que se llama precisamente Torre Sevilla, mientra la hacían le llamaban torre Pelli, por su arquitecto, es bonita e imponente, hay quien protesta por que es más alta que La Giralda, 180 frente a 100 m y consideran sacrilegio tamaño atrevimiento, verdad que juntas o cerca hubiesen quedado feas las dos, pero ni se ven, cada una está en su lado. El Parque del Alamillo es un parque enorme lleno de familias de merienda los domingos, pero como es tan grande y el día era tan bonito no importaba. Visité una Exposición de Los hermanos Machado; demasiado manuscrito y casi solo eso, pero Antonio Machado siempre te recuerda tantas cosas, que …. Además se va y se viene junto al río, se pasa por el paseo de las Delicias, por el de la Palmera, por el parque de María Luisa que fue parte del Palacio de San Telmo, etc. Todo bonito.

Aunque solo fuese para pasear y tapear por Sevilla, vale la pena ir allí. Me fui en BlaBlacar y me he vuelto en autocarro, los dos viajes estupendos; Sevilla está hasta cerca. Fuimos por Badajoz y obscureció pronto, he vuelto en bus por El Algarve, y me ha gustado, Portugal está verde que te quiero verde y es llano o de colinas suaves, mucha encina y alcornoque, y solo un campo de almendros que haya visto, se me han tenido que pasar algunos, y también me ha parecido ver pocas poblaciones, salvo en el Sur

Estando en Lisboa, muchas veces la conversación recae en dónde es la vida más cara o más barata, cuestión difícil de medir sin tener una escala de Mohs, y además yo me fijo poco y olvido mucho, pero esta vez me he fijado más: Los taxis, los pisos, las copas, las comidas, los bares, el bus, significativamente más caros en Lisboa. Pib per capita 2018 España/Portugal 32.400 / 23.100 €; curioso.

            He llegado por el Puente Vasco de Gama hasta la estación de Oriente, y de allí en autocarro al centro de Lisboa, ha tardado 40 minutos, pero no me ha importado. Eloy: habrías visto varias Lisboas desconocidas y que hacían falta, no precisamente bonitas, pero si curiosas: muy grandes, muy altas, muy disparejas; nada bonitas. Todo no puede ser La Lisboa Imperial y Pombalina

            Y ahora otra vez aquí. Como si tal cosa. La capacidad y la velocidad de adaptación del ser humano, o por lo menos la mía, no para de asombrarme. Creo que todavía no he olvidado nada de estos cinco hermosos días ni la hermosura de Sevilla, y estoy aquí en la Alfama como si no me hubiese ido.

            Si estoy con una sensación extraña, con el sentimiento de que Lisboa se me termina, se me va. Y es que me queda justo un mes y un día frente a casi cinco meses que aquí llevo. me consuela que, para el día 3 vienen Antonio y Lola, para el 6 Gregorio P y para el 15 ó 16 Luis Zurita et al. Y el 1 de Abril me voy yo, a Porto, por ahora. Si alguien quería a provechar este Erasmus en Lisboa, ha de aligerarse. Yo dispuesto



jueves, 21 de febrero de 2019


Martes y Miercoles, 19/20   Y solo

            Llevé al Metro a mis amigos y despedirlos. Siempre se queda uno raro cuando se van los otros. Di un paseo por las calles de mi Alfama, puse en orden las cosas de mi casa y decidí irme al otro lado del Tajo, al Alentejo.

            Al pasar por el Cais das Colunas, camino de mi barco, “los rinocerontes ya no estaban allí”. Me explico, en un tramo de playa que allí queda, alguien hace castillos de arena enormes, en este caso con forma de dos rinocerontes, y los rodea con una barrera, un ribazo, de arena para que el agua, cuando suba la marea, no se los lleve. Pero la marea alta de la marea viva los debió engullir la noche anterior. La marea puede esta alta o baja, pleamar o bajamar, cada seis horas, más o menos, y de vez en cuando, quizá cada mes, hay mareas vivas, esto es cuando la posición del Sol, de la Luna y de la Tierra, confluyen de modo que el efecto marea se aumenta, las mareas son más grandes que antes y que después. Y si se saltan la barrera que protegía los castillos de arena, en una o dos arremetidas se tragan barrera y elefantes.

            Crucé el río, para buscar un camino que un día perdí, para disfrutar el magnifico día que se habían dejado Rafa y Mara, y que llevaría al Monumento a Cristo Rey que hay en Almada, casi marcando el principio del Puente. Pero el sendero, el trilho, tampoco estaba allí; mas fue bonito. Hube de recorrer un caminillo estrecho que discurre entre paredes y el agua, que luego se convierte en una zona muy bonita de arbolado y césped que llaman el Jardín del Mar y llega hasta una especie de Museo Marítimo (de Almada), donde cuenta de los astilleros que allí hubo. La entrada al museo cuesta 32 céntimos, treintidos. Y luego ya el caminillo se hace calle y vienen coches.

Antes de llegar tan lejos, antes del Jardín del Mar hay un elevador, otro, que por una columna artificial y exenta sube próximo a un acantilado cincuenta metros, mas de 15 pisos. Por otra vez que fui, creía saber que desde allí salía un sendero que llevaba a Cristo Rey, pero lo busqué, lo pregunté, y no. No existe ese sendero. O ya no estaba allí.  Entonces me volví.

            Se me olvidaba, en ese camino estrecho que lleva al elevador, hay un restaurantillo que se llama “Tira`te al río” o algo así; en vez de tirarme, comí allí


            El Miércoles no pasó nada digno de bitacorear. Cuando no tengo/sé qué hacer me voy a dar un paseo, procurando sitios mas o  menos nuevos, pero, ya, enseguida acabo repitiendo sitios y descubriendo menos. Ayer iba por un sitio extraño, ni bares, ni tiendas, ni gente, casi ni carros, pero resultó estar lleno de embajadas, desde USA a China, todas muy discretas y con hermosos jardines hacia dentro.

            Nunca he hablado de los quioscos y terrazas de Lisboa, me parece. Pues hay muchos, los hay de dos o tres tipos y tamaños, pero todos se parecen algo. Tienen mesas con mantas para el frío y suelen ser autoservidos, y a pesar de lo pequeños tienen muchas cosas, en algunos sorprende que les quepa tanto, en el de parque/jardín de Estrela, creo que tiene otro nombre, me tomé un par de cervezas con unos dulces salados y me sirvió de cena.

            Cuando llegué a Meroña, no había nadie, fechado, que quiere decir cerrado; yo que volvía con ganas de conversar.

            Este viernes me voy a Sevilla a pasar unos días con hijo, hija, nieta y nieto; intensa vida familiar, me apetece. Vacaciones de bitácora.

E51 Días con Rafa y Mara 2/2


Domingo 17

            En Lisboa hubo muchas murallas y quedan muchos trozos cortos y escondidos, vimos uno muy bonitamente recuperado junto a casa y nos fuimos a ver y tomar el Metro, que en Lisboa es bastante más ancho que un metro. No tiene nada que ver, pero en portugués a la anchura se la llama largura y a la largura comprimento, con lo claro que está largo y ancho.

            Recorrimos los Jardines de Eduardo VII y los de Amalia Rodrígues para tomar el café de media mañana en el Café del Lago. ¡que bonita quedaría esta bitácora con fotografías! Y de allí a unos de mis destinos preferidos: Gulbenkian Fundatión. La verdad es que aparte de estar muy bien y ofrecer bastante el recorrido anterior a la ida o la vuelta lo perfecciona. Vimos las dos Colecciones de Arte y una exposición temporal y buena de Eça de Queirós; hace poco apenas si lo conocía y ahora estamos juntos a diario, un día se me aparece. Y otra vez, como el domingo pasado, nos vino bien comer allí dentro, estupendo. Comimos en la misma Fundación, ya se va haciendo costumbre de domingo y allí nos echamos un amigo que nos contó algunas cosas portuguesas.

            Se me olvida hablar de la intemperie, magnífica. Aquí ha llegado la primavera, no la veo en las plantas ni en los árboles, pero se nota en el aire y los termómetros, y es estupendo. Aún así, y también como el domingo pasado nos intentó llover estando en la Fundación, pero esta vez fue nada, apenas una señal de amago de chispeo.

            Esta pareja no se arredra ante nada, es destemida, y entre volver a motor o a sangre, eligió volver andando por el camino más largo, así que avenida Bernia, Plaza do Touros do Campo Pequenho. Avenida da República, Glorieta Saldaña, Av Fontes Pereira do Melo, Marqués de Pombal, av das Liberdades, Elevador do Castelo, San Cristovao, rua do Barao, Balnearios de Alfama y cerveza por aquí. Luego cenilla y más conversación en casa. Que la conversación no pare hasta que empiece el sueño.

            El tiempo esta siendo bondadoso, o mas bien magnánimo, parece como si quisiese llegar la primavera. Y desde luego lo que si ha llegado es mas gente o ha salido la que había, las calles y restaurantes empiezan a verse mas llenos que en dias pasados. Y siguen las castañeras con sus asados de castañas.


PD       Raro es el viaje donde no se diga pronto aquello de que “la vida del Turista es muy dura”, es curioso, pero aquí no la he oído en van ya varios viajes compartidos, y es raro porque hacer y ver, vemos y hacemos, aunque esto no se puede medir, pero los kilómetros que hacen nuestras piernas si, podómetros tenemos. Aquí he sacado relación de las últimas kilometradas y no me resisto a reseñarlas:

Con la Volteruela:   8  12.4    11.5 kilómetros.                             Total   32 km en 3 días.
Con Amparo           11   16.7   12.2   12    22.5   10 kilómetros   Total:  84 km en 6 días,
Con R y M              9.4,   12.2,   13.9   11.8 kilómetros                Total   47 km en 4 días
Con Gregorio M      tanto y como que se le arregló una prótesis de rodilla que traía jodida.



Lunes 18. Otra vez por Chiado

            Hoy teníamos la intención e pasear y ver Belém, Tejo abajo, pero primero nos atrancamos con Saramago, en su casa, Fundación que ya he explicado varias veces, pero que quien viene tiene que ver al menos una, al menos las ruinas de la Planta Baja y si hay ganas las de arriba con libros, frases, fotos y eso de Don José. Y Pilar no estaba allí.

            También se nos había ido parte de la mañana y todo el Sol, y nos apetecía menos ir hasta Belém para pasear junto al río con el cielo sin Sol y decidimos pasear y buscar por el Chiado. Buscamos el Museo Nacional de Arte Contemporáneo, que está muy bien, pero era lunes. Vimos los Teatros de San Carlos y de San Luis, la casa donde nació Pessoa, que siempre gusta imaginárselo de chiquitín y chico jugando por allí sin saber lo que iba a ser de él.

            Desentrañamos el “misterio de los huevos moles” que para nada se parecen a los que hacen otros. Resultan ser yemas con azúcar mas o menos endurecidas y con distintas formas o presentaciones. Los más famosos son los de Aveiro y se diferencian a que vienen encerrados en una cubierta de oblea, (h)ostia llaman aquí. Se parecen mucho a las Yemas de Santa Teresa o las de Caravaca de antes.

            Terminamos dando con la Iglesia do Carmo, que en efecto significa del Carmen, como tú decías, Pedro, que ellos vieron y yo repasé. Viendo el ábside y los arcos al aire, así como la parte alta del elevador de Santa Justa, descubrimos para comer un restaurante estupendo, con las vistas del elevador, un poco menos, y con un aspecto, menú, servicio y precio estupendos. Se llama BelaVista y hay que volver.

            A las seis teníamos el Concierto de los Lunes en el Palacio Foz, y allí nos vimos para oír un Concierto de Piano a Cuatro Manos, que nos sonó estupendo. A Lisboa se le iba viendo venir el fin, tanto que no se me ocurrió ir mas que a la Cinemáteca, que estaba Av de Las Liberdades arriba. No es un monumento nacional ni un museo, pero se deja ver, tiene sus cosas allí puestas, y tiene una cafetería muy agradable y con sillones donde beber y comer, y por supuesto hablar de cine.  

            Y ya bien tarde, para casa, 30 o 40 minutos más andando; ya los últimos. Por última vez el Rossio, La Baixa, la Sé de perfil, el Arco, Comercio, Largo Saramago y las calles bajas de la Alfama.

            En resumen unos buenos días, buenos amigos y buena conversación, sin conflictos, sin vacíos; todo como debe ser, como suele ser.

martes, 19 de febrero de 2019

E50 Días con Rafa y Mara 1/2


Viernes 15

            Mis amigos Rafael y Mara aterrizan a media mañana en el Humberto Delgado y empezamos a visitar Lisboa, que estaba esperándolos.

            Lo habré dicho ya, el recién nombrado Largo do Saramago, entre la Alfama y el Tejo es de los sitios modernos, bonitos e interesantes de Lisboa y con muchos restaurantes intermedios, allí comimos, Bacalau los que llegan y Porco Alentejano el que aquí está. Allí mismo hay un Aparcamiento que es de lujo y tan fácil de ver que hay que verlo. Un turista ve y visita muchas iglesias, algún palacio, más iglesias, algunos bares y algunas otras cosas. Aunque no sea frecuente, un buen aparcamiento puede valer la pena ser visto, como en este caso. Como obra civiel, claro. Después nos acercamos un poco a la orilla del mar y nos vinimos a descansar un poco de vuelo y madrugada.

            Ya repuestos, empezamos la ruta de los cuatro miradores: Santa Luzía, Portas do Sol, el de la Anderseen o de Graça, y N.S. do Monte. Dimos una gran vuelta para ver un poco más de la Lisboa Profunda y acabamos en una parte de Lisboa Recuperada (de perriflautas y olor a maria), el Largo do Intendente, Pretendiendo ver la Tienda Más Bonita de Lisboa (TMBDL) pero habían cerrado sin esperarnos. A cambio nos tomamos una de “Bacalao Espiritual” (sic) en un bar tan bonito como la tienda “TMBDL”. Tener visita me da la oportunidad de conocer más los bares, entre que ir sin nadie es beber solo, además de solla cerveza, noto que bareo menos que en España. Lo del Bacalao Espiritual es auténtico, buenísimo e indescríptible.

            Y por las escaleras mecánicas de Martín Monitz, aquel hombre destemido que le ganó el Castello a la morisma, paseamos un poco por San Cristovao, barrio bueno que tengo algo dejado, y volvimos para casa, que las siesta no quita durmienda.



Sábado 16

            Como era sábado, dimos un paseillo por La Alfama que rodea mi casa que tiene muchas escadinhas (escaleras), becos (callejones) y fotografías bonitas. Y nos fuimos viendo calles, a la Praçá do Comercio, al Cais das Colunas que es por donde se entraba y se iba uno de Lisboa si lo hacia en barco, que era lo normal, cuando no había ni puentes, ni autovías ni autos. Parece que con la edad el café de media mañana además de caer tan bien se va haciendo vicio, y lo tomamos en el Mercado da Rivera.

            Decidimos subir al Chiado para saludar a Eça de Queirós y a Luis de Camoes, y ya seguimos para ver la Iglesia de Loreto, las iglesias de Lisboa cada vez se parecen más entre si: de salón, un buen tabernáculo, neoclásicas, muchas pinturas y muchas trampantojos, y la bancada hendida y rodeada de una balaustrada. Cumplida la parte de turismo religioso, visitamos una Barbería de Lujo, aquí en Portugal son muy especiales con ellas, después la Cervejaría, Trindade que es preciosa, enorme y con algo de convento. En San Roque había misa y no pudimos entrar, pero como San Pedro Alcántara es un mirador, pudimos. Dejamos solo el Elevador da Gloria  y volvimos a San Roque y ya sí, En la cervecería Brasileira nos juntamos con Fernando Nogueira Pessoa y El Chiado, poetas los dos, de letras difíciles, y nostomamos unas cervezas con ellos y unos frutos secos que llevábamos en los bolsillos.

            Y ya cumplidos, pero dejando cosas, nos fuimos a comer al Palacio del Chiado, sitio de verdadero lujo, portentoso arranque de escaleras y mejor todavía relación Calidad/Precio, que medirían algunos. Para más barato nos tomamos el café y postre helado en Armonium de la rua Garret. Tuvimos que tomar el tranvía, para volver a casa, por Santa Lucía, y descansar un poco

            En Lisboa no hay quien se libra de La Baixa, ¡como está en medio! También es la Lisboa que diseñó Pombal tras el famoso Terremoto de Lisboa de 1755. No sé si algún día hemos hablado de él, Murieron 100.000 personas y se cayó la  torre de la Iglesia de Huéscar, entre otras mil catástrofes la mañana del día de todos los Santos del año dicho. El rey, José I, preguntó abrumado a su ministro: ¿Qué hacemos ahora? Y el ministro le dijo aquella frase que pasaría a la Historia: “Enterrar a los muertos y ayudar a los vivos, Majestad”. El ministro se llamaba Pombal y también reconstruyó Lisboa, rediseñándola al paso.

            Antes, de llegar a la Baixa, tuvimos que resolver el problema de cómo un tranvía de Lisboa toma una bifurcación, porque tomarla, tiene. Hubo que esperar que pasasen seguidos dos tranvías que la tomasen para distinto sitio y que ningún coche nos tapase la vía en su punto crítico; mientras nosotros hipotetizábamos, vaya verbo si es que existe. Por fin lo vimos. Cuando viene un tranvía que va a tomar la bifurcación de distinto modo  que el anterior, las agujas de los raíles, se desvían milagrosamente, o por acción de un mando a distancia, y le pone al tranvía el camino, el rail, a modo. Yo ya lo había visto hacer a mano, pero Rafael se había interesado por el tema, y descubrimos lo de la distancia, Mara también estaba ya intrigadilla. No sé si se habrá entendido la explicación, pero es que nada mas que con palabras, con las manos atrás, me es muy difícil explicar según que cosas.

            Encarrilado ya el tranvía por buen camino, nosotros seguimos viendo ruas, pastelarias, mimos, restaurantes, tiendas y escaparates, y oyendo las músicas que ambulan en Lisboa. Llegamos hasta el Rossio y vimos de lejos y desde abajo el ábside de la Igresa del Carmo, que sigue rota allí.

            Y nos volvimos para “la Fama de Alfama” llamémosle garito, mezcla de restaurante, café, cine y pub, donde esa noche cenamos y oímos una chica cantar bonitos y casi alegres fados, pocos pero intensos; quizá mejor así.

            Y ya tarde, después de casi todo el día hablando y viendo, menos el ratillo de la siesta, nos fuimos yendo a la casa de Addiça, a esperar que la noche pasara suave  y nos descansara un poco.

lunes, 18 de febrero de 2019

E49 Dias sin Desamparo 3/3


8 de Feb Viernes

            Las iglesias y más la Sé, son atracciones turísticas de primera, además son gratis y a veces con horario amplio, para colmo desde esta casa que Lucia me dio, pilla casi al paso. La de aquí ya sabéis que no es una preciosidad, al menos para mi, pero hay que verla. Y la vimos.

            Luego por la rua Concepçao, Comercio y la calle Arenal, vimos el Ayuntamiento, perdón, La Municipalidad, y por otras calles acabamos tomando café en el Mercado da Ribera, más de una vez nombrado.

            Decidimos, como incesantes andarines, ir andando hasta la Torre de Belem, unos seis kilómetros yendo. Empezamos a ir por calles interiores evitando el río (¡) lleno de zonas portuarias e industriales en ese tramo, hasta poco antes de llegar al 25 de Abril, que allí estaba, majestuoso, sin parar ni un momento de cruzar el Tajo. Siempre me pregunto como sería el asunto antes de los años 60 en que Oliveira Salazar mandara hacer La Puente. Ahora cruzan el gran río seis ferrys, parando sólo para vaciarse y rellenarse de 500 pasajeros cada viaje si va a tope, el puente que lleva tres filas de coches y trae otras tantas, pero con distintos coches, y por debajo, en un doble tablero, lleva un tren y trae otro al mismo tiempo. ¿Qué pasaba antes?

            El día era radiante, como de encargo, y la orilla del río, ahí, se pone fenomenal, paseo más que agradable, siempre con gente, patines y bicis, pero siendo viernes menos que en domingo, el agua azul, la marea subiendo y bajando y las olas siempre viniendo, deben de irse por debajo y no se ven. El Maat lo vimos por fuera y lo paseamos por encima, el Museo Eléctrico por fuera, la cerveza por dentro, el Padrao de los Descubrimientos desde abajo, el Museo de Carruajes desde enfrente, el Mapa del Imperio desde encima y el CCB desde lejos. Y así nos dio la hora de comer en Vela Latina, siempre acabo en el mismo sitio. La Torre de Belem siempre gusta y casi siempre marca el final de ese paseo, mas allá quedan más cosas, pero hay que dejar algo; motivos para volver.

            A todo no se puede entrar, pero al Monasterio de los Jerónimos y su Iglesia si. Dicen que es el Monumento más visitado de Portugal y no me extraña, el estilo Manuelino, gótico brillante o como se le llame es realmente digno de ser visto. Para los auténticos pasteles de Belém hay que hacer una buena cola, y a mi me da vergüenza.

Volvimos de allí en Bus o tranvía y paseamos un rato por la Ribera viendo un crucero enorme que acaba de arribar, 15 pisos de crucero y gente, un disparate. Y acabamos volviendo a la calle Adiça, para descansar un poco, que esa noche teníamos Fados en “La Fama de Alfama”


8         del II y sábado.

Otro día radiante. Y además con Feria de Ladra, como el rastro de Lisboa que hay dos veces por semana, y fuimos. Allí, además, esta la Iglesia y el Mosterio de San Vicente de Fora con su Panteón de Reyes, que aquí cuidan mucho a pesar de ser republicanos y haber matado a tiros al último rey, Don Carlos I, y su descendiente, Y casi al lado el imponente Panteón de Hombres Ilustres, también hay mujeres, que nadie se enfade.

            Bajando de allí conocimos, un bar, café, restaurante, pub, aquí va todo muy mezclado, realmente bonito y curioso, Cheia de Graça”, Llena de Gracia, se traduciría, pero sin connotaciones, no iba por ahí. Para comer habíamos decidido hacerlo en “Martinho de Arcada” que últimamente tanto sale aquí, el café mas antiguo de Lisboa, donde ya comía Teodoro, personaje de Eça de Queiros. Estuvo muy bien y muy clásico, no como Cheia de Graça.

            Por mucho que se coma, a un turista no le cabe la siesta, así es que nos fuimos a espabilarnos a Ribera das Nauss que estaba a tope de y Sol y soleados. Inventamos irnos a Cascais, y así algo sestearíamos en el tren que nos llevara. Cascais en una ciudad de mar y de verano bonita y agradable. Dimos con la Ciudadela y además de preciosamente arreglada estaba chiena de galerías de arte, tiendas bonitas y esas cosas.

            Cuando volvíamos por la Alfama y cerca de la Sé, cenamos un poco en “Caso Sé-rio”, ¿se ve dónde está la gracia?. Al lado de la Sé hay 5 ó 6 tascas que están todas muy bien, y esta es una. Después, ya no me acuerdo qué pasara.


9         Feb y Domingo

Ahora tengo un problema grave. Me he puesto a buscar donde vivir en Porto (Oporto) y el tema está difícil, tanto piso de alquilar como los que tienen en la página de El Idealista como los que ofrecen en AirB&B, que son de particular a particular  (P2P) por unas noches, están fuera de madre. Tienen unos precios exorbitantes. El piso mínimo se pasa de 1.500 €/mes, y me parece además de mucho, casi indecente. Así que una parte de la mañana se pasó en indagar pisos en Porto. La cosa está fea.

            Un lugar estupendo de Lisboa es la Fundación Gulbenkian, que ya ha salido por aquí varias veces, y que vale la pena ver y oír. Habíamos buscado entradas para algún concierto, que hay muchos, pero todo estaban agotado; parece que estas cosas hay que hacerlo con meses. Pero este domingo había Jornada de Puertas Abiertas, y nos fuimos para allá, algo pillaríamos

            Nos acercamos en Metro hasta medio Parque de Fernando VII, y desde allí seguimos andando por ellos y por los Jardines de Amalia Rodrigues para verlos y para tomar un Pingado (café cortado), en el Café del Lago. Después pasando por el Corte Inglés, lo más español de Lisboa después de la embajada, que también está por allí, llegamos al Gulbenkian. Los Jardines estaban estupendos y con gente, pero no llenos, siempre están vacíos. Nos regalaron una entrada para e un Concierto de Arpa en el gran auditorium, también vimos un Documentario (documental) sobre como suenan algunos instrumentos de la Orquesta, muy interesante, entramos gratis a ver las colecciones de arte que son dos, la Colección de Don Calouste y otra de Arte Moderno_Moderno, que yo todavía no disfruto bien. Y como era hora de ir comiendo vimos que podíamos comer allí, pagando por supuesto, y comimos muy bien y muy cómodos

            Al salir, llovía sin deber. Así que cogimos un taxi y por caminos desconocidos, yo que creía conocer Lisboa, nos llevó hasta el Museo del Azulejo, que recorrió, vio y disfrutó Amparo mientras yo sesteaba y vigilaba puertas. Le gustó mucho. A cualquiera

            Al volver a Alfama había oscurecido y también cesado la lluvia. Así que seguimos andando para completar kilómetros y sitios. Subimos a los Miradores, y paseando llegamos al Mirador de La Andersen, por los Largos de Graça, San Vicente y otras calles mojadas salimos al Mirado de Nostra Senhora do Monte, que mira cosas parecidas pero no iguales. Y ya bajando por donde baja el 28 E, llegamos a la Avenida de Almirante Reis, al Largo del Intendente y a la Plaza de Martin Monitz. Digo tantos nombres porque son bonitos y suenan bien, y si alguien es capar podría seguir en GogleMap el recorrido, que sería una tontería, pero ya paro.

            Hicimos la colación en Tapas & Friends, junto a la Sé. Y al llegar a casa no tenía la llave, que siempre que salgo cuido de llevarla o ponerla al cuello, pero hoy no. Y eran las doce y media.


10     Lunes

Hay un aspecto de los viajes que esta bitácora descuida, junto a muchos otros, que es la cosa del comer. Pues olvidé que haríamos en esta mañana, pero no olvidaré que a mediodía aprendí a hacer Rissoto de (o con?) Gurgumelos, mi amiga Amparo a más de saber enseña. Y nos salieron bastante bien.

            Como lunes que era había concierto en el Cuarto Dorado del Palacio Foz, debía de ser tan bueno que cuando llegamos, la cola era de los que no podían entrar. Nuestra música como si fuera un gozo acabó en el pozo.

            Pero Lisboa es muy grande, a mas de antigua y señorial y aprovechamos para dar un gran paseo. Recorrimos los hermosos bulevares de la Avenida de las Liberdades, llena de grandes edificios y de las más grandes marcas, hasta Marqué de Pombal que es de las rotondas hermosas de aquí , y allí tomamos a la derecha la Av Algo da Melo da Silva, para enfilar tras pasar la Glorieta de Saldaña, la avenida de la República.

            La zona de Saldaña me parece a mi que fuese, en cierto modo,  lo más moderno y europeo de Lisboa. La calzada está alquitranada, desadoquinada, los edificios llegan a las 20 plantas o más, las tiendas se parecen a las del Barrio de la Opera de París y las cafeterías y hoteles parecen de mañana. La gente también se ve muy moderna. Y para colmo en muchas esquinas y en mitad de las manzanas quedan palacetes de finales del siglo XIX que hablan de que esa avenida ya fue grande, larga y hermosa hace dos siglos. Ya Pessoa la ponderaba debidamente en sus guía de 1920. Habrá quien opine que esa transformación fue una lástima, que habría quedado mejor como estaba, a mi me ha gustado nueva y con los palacetes testigo, más. Como decían que decía la francesa, ‘los tiempos evoluyen’.



11     Martes en Coimbra

Todo el mundo ha oído hablar de Coimbra, y nosotros además de oír queríamos ver, así que desde la Estacion de Santa Apolonia, casi desde casa, tomamos un tren pendular que nos llevó para allá. Pero nos llevó tan rápido que nos pasamos la Estación de Coimbra A/B y nos bajó a la de Aveiro.

            A Aveiro le llaman las guías La Venecia Portuguesa porque tiene tres canales de agua que recorren unas grandes barcazas de colores, nada de negro brillante con dorados, ni forma, ni gondoliero. El parecido es breve. Sin embargo es un pueblo bonito, buenas calles y casas, algunas modernistas, algunas plazas y también jardines. Te dan un paseo en las barcazas, la verdad es que solo en una, y una chica mona y fina te explica unas cuantas cosas de la vida y del agua. Las barcas tienen música y el paseo es de una hora; muy bien.

            Por fin llegamos a nuestra Coimbra. El lío fue que hay dos estaciones Coimbra A y Coimbra B, el comboio para en la B, que está fuera y la A está dentro y el tren nuestro ni pasa, es para para otras cosas.

            Con Coimbra tengo la sensación de no haberla visto, y si vi lo que había que ver, no es una ciudad para molestarse en ir. Debimos perdernos algo. Tiene una ciudad universitaria con edificios sosos y nulo ambiente, el edificio mas central tenía un buen patio y algunas portadas llamativas; total poco. Ah! Y estaba tan alta que subir después de comer nos costó lo nuestro.

            También nos costó bajar,por lo empinado. Y bonito fue abajo, dimos con un Café que estaba en una antigua iglesia, y encima empezaron a cantar fados oficialmente, que aunque son tristes y a mi me aburren algo, la sorpresa, el ambiente y lo poco, los hacen amigables.

            Después nuestro comboio nos volvió a Lisboa y dimos con “Chiesa de Graça”, aquel bar bonito, del otro día y allí entre vinos y petiscos casi rematamos la faena.



12     y Martes

Todo lo que empieza acaba; casi siempre. Y la visita Soriana ha llegado a su fin. Hemos pasado unos buenos días, hablado mucho, repasado algo y un poco de nuevo también ha habido. Lisboa como siempre ha sido acogedora, se ha portado, y el tiempo meteorológico (la intemperie, que también se llama) ha sido magnífica. No podíamos pedir más. Hasta la próxima Amparo.

jueves, 14 de febrero de 2019

E48 Dias sin desAmparo 2/3


                 8 Feb Viernes

            Las iglesias, y más la Sé, son atracciones turísticas de primera, además son gratis y a veces con horario amplio, para colmo, desde esta casa que Lucia me dio, pilla casi al paso. La de aquí ya sabéis que no es una preciosidad, al menos para mi, pero hay que verla. Y la vimos.
            Luego por la rua Concepçao, Pr. Comercio y la calle Arenal, vimos el Ayuntamiento, perdón, La Municipalidad, y por otras calles acabamos tomando café en el Mercado da Ribera, más de una vez nombrado.
            Decidimos, como incesantes andarines, ir andando hasta la Torre de Belem, unos seis kilómetros yendo. Fuimos más bien por calles interiores evitando el río (¡) lleno de zonas portuarias e industriales en ese tramo, hasta poco antes de llegar al 25 de Abril. Allí estaba, majestuoso, sin parar ni un momento de cruzar el Tajo. Siempre me pregunto cómo sería el asunto antes de los años 60 en que Oliveira Salazar mandara hacer el puente. Ahora cruzan el gran río seis ferris, parando sólo para vaciarse y rellenarse de 500 pasajeros cada viaje, si va a tope, el puente que lleva tres filas de coches y trae otras tantas, pero con distintos coches, y por debajo, en un doble tablero, lleva un tren y trae otro al mismo tiempo. ¿Qué pasaba antes? ¿Por donde cruzaba tanata gente el tajo? ¿O es que no se movían?

            El día era radiante, como de encargo, y la orilla del río ahí se pone fenomenal, paseo más que agradable, siempre con gente, patines y bicicletas, pero siendo viernes menos que en domingo, también con menos barcos de vela, el agua azul, la marea subiendo y bajando y las olas siempre viniendo, deben de irse por debajo y no se ven. El Maat lo vimos por fuera y lo paseamos por encima, el Museo Eléctrico por fuera, la cerveza por dentro, el Padrao de los Decubrimientos desde abajo, el Museo de Carruajes desde enfrente, el Mapa del Imperio desde encima y el CCB desde la otra orilla de la calle. Y así nos dio la hora de comer en Vela Latina, siempre acabo en el mismo sitio. La Torre de Belem siempre gusta y casi siempre marca el final de ese paseo, mas allá quedan más cosas, pero hay que dejar algo, motivos para volver.

            A todo no se puede entrar, pero al Monasterio de los Jerónimos y su Iglesia si. Dicen que es el Monumento más visitado de Portugal y no me extraña, el estilo Manuelino, gótico radiante o como se le llame es realmente digno de ser visto, a mi no me cansa. Para los auténticos pasteles de Belém hay que hacer una buena cola, y como a mi me da vergüenza, no hubo pasteles de los auténticos, de los falsos, que son iguales, hay en cualquier esquina. Volvimos de allí en Bus o tranvía y paseamos un rato por la Ribera viendo un crucero enorme que acaba de arribar, 15 pisos de crucero, un disparate. Y acabamos volviendo a la calle Adiça, para descansar un poco, que esa noche teníamos Fados en “La Fama de Alfama”.


         8 del II y sábado.

Otro día radiante. Y además con Feria de Ladra, como el rastro de Lisboa que hay dos veces por semana, y fuimos. Allí, además, esta la Iglesia y Mosterio de San Vicente de Fora con su Panteón de Reyes, que aquí cuidan mucho a pesar de ser republicanos y haber matado a tiros al último rey, Don Carlos I y su descendiente, y el Panteón de Hombres Ilustres, también hay mujeres, que nadie se enfade.

            Bajando de allí conocimos,un bar, café, restaurante, pub, aquí va todo muy mezclado, realmente bonito y curioso, “Cheia de Graça”, Llena de Gracia, se traduciría, pero sin connotaciones, no va por ahí. Para comer habíamos decidido hacerlo en “Martinho de Arcada” que últimamente tanto sale aquí. Estuvo muy bien y muy clásico, no como Cheia de Graça.

            Por mucho que se coma, a un turista no le cabe la siesta, así es que nos fuimos a espabilarnos a Ribera das Nauss que estaba a tope de y Sol y de soleados. Inventamos irnos a Cascais, y así algo sestearíamos en el tren que nos llevara. Cascais en una ciudad de mar y de verano bonita y agradable. Dimos con la Ciudadela y además de preciosamente arreglada, estaba Chiena de galerías de arte, tiendas bonitas y esas cosas.
            Cuando volvíamos por la Alfama y cerca de la Sé, cenamos un poco en “Caso Sé-rio”, ¿se ve dónde esta la gracia?. Al lado de la Sé hay 5 ó 6 tascas que están todas muy bien, y esta es una. Después, ya no me acuerdo qué pasara.






miércoles, 13 de febrero de 2019

E Días sin desAmparo 1/3


Del 6 al 13. Días sin DesAmparo

            Después de tanto tiempo sin bitácora, veremos cómo me va recordar y resumir siete días de asueto. Como poco puede haber nuevo me imagino que resultará una lista larga y hueca de los sitos y el estilo en qué estuvimos.

            Amparo llegó al Aeropuerto Humberto Delgado con un poco de retraso, los aviones siempre lo hacen, y un buen vuelo.
            Tras pasar por la calle Adiça nos salimos como posesos a las calles de la Alfama, y ya es un clásico empezar por los Miradores; de Santa Lucia y das Portas do Sol, a esas horas con las luces de las calles y de África encendidas. En ellos sólo quedaba la música del último grupo, los vendedores de collares estaban y el quiosco nos dio la últimas cervezas del día.
            Hace poco me enteré que el famoso Castello de San Jorge lo levantaron en los años cuarenta del pasado siglo de apenas unas ruinas esparcidas, y ni siquiera intentando recuperar lo poco que se supiera del Castello Velho, ex novo. Pero para un no entendido, como ella y yo, sus murallas, puertas, almenas y merlones dan el pego, y para colmo estas calles de Lisboa de adoquines y adoquinillos, negros los uno y blancos los otros cuando están mojados quedan preciosos; y no resbalan. Un buen paseo, con un cierto aspecto medieval y solitario.
            Chapito es un sitio un poco raro, yo no había entrado todavía. Es una especie de tienda, restaurante, circo y teatro con un aspecto de ONG, y de precios extrañamente caros. Hay que conocerlo todo, pero no volver siempre. Entre la tensión de Ulises y el síndrome del aeropuerto, enseguida se hizo la hora de descansar, y nos volvimos a casa por las Escadinhas de San Crispín, que ya no sé si es Alfama o es Sao Cristovao, pero bonito al fin y a la postre. Los días de vuelo siempre terminan días cansados. Mañana será más largo; o no.


7 y Jueves

            Habíamos decidido, como Amparo es cocinera, ex novo, cocinar en casa un buen pescado al horno y así yo aprendía algo útil. En la  Alfama próxima hay una pescadería  que por lo visto conozco solamente yo. A cualquiera con `pinta de aborigen que preguetes te dirá que aquí no hay de eso, que hay que ir a Santa Apolonia; y allí nos fuimos, pero no encontramos pescado que nos gustara, media vuelta y buscando un poco más, dimos con la Pescadería escondida y el pescado deseado.

            Ya podíamos bajarnos al Largo de Saramago,lo que por esta parte queda entre la Alfama y el Tejo. Tomamos café de media mañana, que ya va siendo costumbre sagrada y buena y visitamos la Casa de Saramago o de los Bicos, sus ruinas de muralla romana, su factoría de Garum y los libros y cosas del escritor Castrileño, y otra vez con el bibliotecario la frase perdida.
            Vistamos el aparcamiento das Cebolas, que sigue siendo el más moderno de los parkings, una joya que todos han de ver, Y Amparo vio y convino.
            La Terraza de la esquina SudEste de la Plaza Comercio es un sitio tan bueno como cualquier otro, o mejor, para la primera cerveza con tapa propia, nuestra: aquí no hay. Hacía un día estupendo y todo brillaba como si le hubiese pasado la mano la Rae. El Monumento a Pedro I en su caballo y todos los personajes que adornan el gran Arco Triunfal, que no repito para no cansar, pero que siguen allí
            Visitamos el Café Martinho de Arcada, de 1880 y que me habían enseñado entre Queirós, Pessoa, Reis y Saramago, ni más ni menos. Como nos esperaba en Adiça nuestro Asado de Merluza no pudimos quedarnos a comer; volveremos.

            El asado estaba fantástico, quizá más cebolla de la cuenta, para el que no la ama,  pero riquísimo. Como un turista que se precie no puede perder el tiempo en siestas ni descansos, nosotros nos fuimos a recorrer la Baixa, a subir por las escaleras del metro al Largo de Chiado, el corazón del barrio, saludamos a nuestros autores preferidos, que allí seguían, visitamos, para ver, dos librerías, vimos por gusto un par de teatros, saludamos a Camoens, que se me había olvidado y entraríamos a alguna Iglesia, Y nos llamó la cerveza del Palacio del Chiado, un sitio estupendo para echar un rato y para restaurar fuerzas.
            En la Iglesia de San Roque había misa, entrada interdita. Pero el Mirador de Alcámtara no cierra nunca, no puede, y enseña Lisboa de otro modo por que mira al Castello y la colina de Alfama. Por allí sube y baja el Elevador de Gloria, dos tranvías atados entre si que suben y baja unos 200 m por una cuesta de un 30%; un treinta por ciento es más de lo que muchos creen, las pendientes no estamos acostumbrados a medirlas, pero mi teléfono sabe hacerlo, y siempre me sorprende.
            Desde que los de la Volteruela estuvieron aquí, siempre que pase cerca me acercaré a la Cervecería Trindade. Fue por vosotros. Bajar del barrio alto por la Escadinñas del Duque, es un gustazo, me recuerda Atenas, me recuerda MontMatre, y me recuerda mas sitios que recordar no puedo. Para colmo, casi al final, un viejecillo con aspecto de vagabundo tocaba una vieja guitarra y parecía que cantaba un fado. Esta noche he de volver y si está dejarle mejor peculio, proporcional al regusto que nos dejara.

            Bajamos al Rossio con otro rey encolumnado, y estaban regando. Lisboa siempre húmeda. Y otra vez por la Baixa y el Cais do Vinho, donde ya habían terminado el jazz y los clientes, nos tuvimos que acercar a casa, a esas horas ya no nos quedaban sitios y además  al día siguiente había que continuar con la impenitente y estupenda marcha.

PD       Escribo a las 6.30 de la tarde, hora local, y todavía está claro el cielo de Lisboa, por Navidad a las 5.45 ya era oscuro. Imparable el ciclo de las estrellas, y sobretodo del Sol y su eclíptica. Desde hace unos 4.000.000.000 años haciendo lo mismo ¡ Maravilla !