miércoles, 13 de febrero de 2019

E Días sin desAmparo 1/3


Del 6 al 13. Días sin DesAmparo

            Después de tanto tiempo sin bitácora, veremos cómo me va recordar y resumir siete días de asueto. Como poco puede haber nuevo me imagino que resultará una lista larga y hueca de los sitos y el estilo en qué estuvimos.

            Amparo llegó al Aeropuerto Humberto Delgado con un poco de retraso, los aviones siempre lo hacen, y un buen vuelo.
            Tras pasar por la calle Adiça nos salimos como posesos a las calles de la Alfama, y ya es un clásico empezar por los Miradores; de Santa Lucia y das Portas do Sol, a esas horas con las luces de las calles y de África encendidas. En ellos sólo quedaba la música del último grupo, los vendedores de collares estaban y el quiosco nos dio la últimas cervezas del día.
            Hace poco me enteré que el famoso Castello de San Jorge lo levantaron en los años cuarenta del pasado siglo de apenas unas ruinas esparcidas, y ni siquiera intentando recuperar lo poco que se supiera del Castello Velho, ex novo. Pero para un no entendido, como ella y yo, sus murallas, puertas, almenas y merlones dan el pego, y para colmo estas calles de Lisboa de adoquines y adoquinillos, negros los uno y blancos los otros cuando están mojados quedan preciosos; y no resbalan. Un buen paseo, con un cierto aspecto medieval y solitario.
            Chapito es un sitio un poco raro, yo no había entrado todavía. Es una especie de tienda, restaurante, circo y teatro con un aspecto de ONG, y de precios extrañamente caros. Hay que conocerlo todo, pero no volver siempre. Entre la tensión de Ulises y el síndrome del aeropuerto, enseguida se hizo la hora de descansar, y nos volvimos a casa por las Escadinhas de San Crispín, que ya no sé si es Alfama o es Sao Cristovao, pero bonito al fin y a la postre. Los días de vuelo siempre terminan días cansados. Mañana será más largo; o no.


7 y Jueves

            Habíamos decidido, como Amparo es cocinera, ex novo, cocinar en casa un buen pescado al horno y así yo aprendía algo útil. En la  Alfama próxima hay una pescadería  que por lo visto conozco solamente yo. A cualquiera con `pinta de aborigen que preguetes te dirá que aquí no hay de eso, que hay que ir a Santa Apolonia; y allí nos fuimos, pero no encontramos pescado que nos gustara, media vuelta y buscando un poco más, dimos con la Pescadería escondida y el pescado deseado.

            Ya podíamos bajarnos al Largo de Saramago,lo que por esta parte queda entre la Alfama y el Tejo. Tomamos café de media mañana, que ya va siendo costumbre sagrada y buena y visitamos la Casa de Saramago o de los Bicos, sus ruinas de muralla romana, su factoría de Garum y los libros y cosas del escritor Castrileño, y otra vez con el bibliotecario la frase perdida.
            Vistamos el aparcamiento das Cebolas, que sigue siendo el más moderno de los parkings, una joya que todos han de ver, Y Amparo vio y convino.
            La Terraza de la esquina SudEste de la Plaza Comercio es un sitio tan bueno como cualquier otro, o mejor, para la primera cerveza con tapa propia, nuestra: aquí no hay. Hacía un día estupendo y todo brillaba como si le hubiese pasado la mano la Rae. El Monumento a Pedro I en su caballo y todos los personajes que adornan el gran Arco Triunfal, que no repito para no cansar, pero que siguen allí
            Visitamos el Café Martinho de Arcada, de 1880 y que me habían enseñado entre Queirós, Pessoa, Reis y Saramago, ni más ni menos. Como nos esperaba en Adiça nuestro Asado de Merluza no pudimos quedarnos a comer; volveremos.

            El asado estaba fantástico, quizá más cebolla de la cuenta, para el que no la ama,  pero riquísimo. Como un turista que se precie no puede perder el tiempo en siestas ni descansos, nosotros nos fuimos a recorrer la Baixa, a subir por las escaleras del metro al Largo de Chiado, el corazón del barrio, saludamos a nuestros autores preferidos, que allí seguían, visitamos, para ver, dos librerías, vimos por gusto un par de teatros, saludamos a Camoens, que se me había olvidado y entraríamos a alguna Iglesia, Y nos llamó la cerveza del Palacio del Chiado, un sitio estupendo para echar un rato y para restaurar fuerzas.
            En la Iglesia de San Roque había misa, entrada interdita. Pero el Mirador de Alcámtara no cierra nunca, no puede, y enseña Lisboa de otro modo por que mira al Castello y la colina de Alfama. Por allí sube y baja el Elevador de Gloria, dos tranvías atados entre si que suben y baja unos 200 m por una cuesta de un 30%; un treinta por ciento es más de lo que muchos creen, las pendientes no estamos acostumbrados a medirlas, pero mi teléfono sabe hacerlo, y siempre me sorprende.
            Desde que los de la Volteruela estuvieron aquí, siempre que pase cerca me acercaré a la Cervecería Trindade. Fue por vosotros. Bajar del barrio alto por la Escadinñas del Duque, es un gustazo, me recuerda Atenas, me recuerda MontMatre, y me recuerda mas sitios que recordar no puedo. Para colmo, casi al final, un viejecillo con aspecto de vagabundo tocaba una vieja guitarra y parecía que cantaba un fado. Esta noche he de volver y si está dejarle mejor peculio, proporcional al regusto que nos dejara.

            Bajamos al Rossio con otro rey encolumnado, y estaban regando. Lisboa siempre húmeda. Y otra vez por la Baixa y el Cais do Vinho, donde ya habían terminado el jazz y los clientes, nos tuvimos que acercar a casa, a esas horas ya no nos quedaban sitios y además  al día siguiente había que continuar con la impenitente y estupenda marcha.

PD       Escribo a las 6.30 de la tarde, hora local, y todavía está claro el cielo de Lisboa, por Navidad a las 5.45 ya era oscuro. Imparable el ciclo de las estrellas, y sobretodo del Sol y su eclíptica. Desde hace unos 4.000.000.000 años haciendo lo mismo ¡ Maravilla !

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