lunes, 18 de febrero de 2019

E49 Dias sin Desamparo 3/3


8 de Feb Viernes

            Las iglesias y más la Sé, son atracciones turísticas de primera, además son gratis y a veces con horario amplio, para colmo desde esta casa que Lucia me dio, pilla casi al paso. La de aquí ya sabéis que no es una preciosidad, al menos para mi, pero hay que verla. Y la vimos.

            Luego por la rua Concepçao, Comercio y la calle Arenal, vimos el Ayuntamiento, perdón, La Municipalidad, y por otras calles acabamos tomando café en el Mercado da Ribera, más de una vez nombrado.

            Decidimos, como incesantes andarines, ir andando hasta la Torre de Belem, unos seis kilómetros yendo. Empezamos a ir por calles interiores evitando el río (¡) lleno de zonas portuarias e industriales en ese tramo, hasta poco antes de llegar al 25 de Abril, que allí estaba, majestuoso, sin parar ni un momento de cruzar el Tajo. Siempre me pregunto como sería el asunto antes de los años 60 en que Oliveira Salazar mandara hacer La Puente. Ahora cruzan el gran río seis ferrys, parando sólo para vaciarse y rellenarse de 500 pasajeros cada viaje si va a tope, el puente que lleva tres filas de coches y trae otras tantas, pero con distintos coches, y por debajo, en un doble tablero, lleva un tren y trae otro al mismo tiempo. ¿Qué pasaba antes?

            El día era radiante, como de encargo, y la orilla del río, ahí, se pone fenomenal, paseo más que agradable, siempre con gente, patines y bicis, pero siendo viernes menos que en domingo, el agua azul, la marea subiendo y bajando y las olas siempre viniendo, deben de irse por debajo y no se ven. El Maat lo vimos por fuera y lo paseamos por encima, el Museo Eléctrico por fuera, la cerveza por dentro, el Padrao de los Descubrimientos desde abajo, el Museo de Carruajes desde enfrente, el Mapa del Imperio desde encima y el CCB desde lejos. Y así nos dio la hora de comer en Vela Latina, siempre acabo en el mismo sitio. La Torre de Belem siempre gusta y casi siempre marca el final de ese paseo, mas allá quedan más cosas, pero hay que dejar algo; motivos para volver.

            A todo no se puede entrar, pero al Monasterio de los Jerónimos y su Iglesia si. Dicen que es el Monumento más visitado de Portugal y no me extraña, el estilo Manuelino, gótico brillante o como se le llame es realmente digno de ser visto. Para los auténticos pasteles de Belém hay que hacer una buena cola, y a mi me da vergüenza.

Volvimos de allí en Bus o tranvía y paseamos un rato por la Ribera viendo un crucero enorme que acaba de arribar, 15 pisos de crucero y gente, un disparate. Y acabamos volviendo a la calle Adiça, para descansar un poco, que esa noche teníamos Fados en “La Fama de Alfama”


8         del II y sábado.

Otro día radiante. Y además con Feria de Ladra, como el rastro de Lisboa que hay dos veces por semana, y fuimos. Allí, además, esta la Iglesia y el Mosterio de San Vicente de Fora con su Panteón de Reyes, que aquí cuidan mucho a pesar de ser republicanos y haber matado a tiros al último rey, Don Carlos I, y su descendiente, Y casi al lado el imponente Panteón de Hombres Ilustres, también hay mujeres, que nadie se enfade.

            Bajando de allí conocimos, un bar, café, restaurante, pub, aquí va todo muy mezclado, realmente bonito y curioso, Cheia de Graça”, Llena de Gracia, se traduciría, pero sin connotaciones, no iba por ahí. Para comer habíamos decidido hacerlo en “Martinho de Arcada” que últimamente tanto sale aquí, el café mas antiguo de Lisboa, donde ya comía Teodoro, personaje de Eça de Queiros. Estuvo muy bien y muy clásico, no como Cheia de Graça.

            Por mucho que se coma, a un turista no le cabe la siesta, así es que nos fuimos a espabilarnos a Ribera das Nauss que estaba a tope de y Sol y soleados. Inventamos irnos a Cascais, y así algo sestearíamos en el tren que nos llevara. Cascais en una ciudad de mar y de verano bonita y agradable. Dimos con la Ciudadela y además de preciosamente arreglada estaba chiena de galerías de arte, tiendas bonitas y esas cosas.

            Cuando volvíamos por la Alfama y cerca de la Sé, cenamos un poco en “Caso Sé-rio”, ¿se ve dónde está la gracia?. Al lado de la Sé hay 5 ó 6 tascas que están todas muy bien, y esta es una. Después, ya no me acuerdo qué pasara.


9         Feb y Domingo

Ahora tengo un problema grave. Me he puesto a buscar donde vivir en Porto (Oporto) y el tema está difícil, tanto piso de alquilar como los que tienen en la página de El Idealista como los que ofrecen en AirB&B, que son de particular a particular  (P2P) por unas noches, están fuera de madre. Tienen unos precios exorbitantes. El piso mínimo se pasa de 1.500 €/mes, y me parece además de mucho, casi indecente. Así que una parte de la mañana se pasó en indagar pisos en Porto. La cosa está fea.

            Un lugar estupendo de Lisboa es la Fundación Gulbenkian, que ya ha salido por aquí varias veces, y que vale la pena ver y oír. Habíamos buscado entradas para algún concierto, que hay muchos, pero todo estaban agotado; parece que estas cosas hay que hacerlo con meses. Pero este domingo había Jornada de Puertas Abiertas, y nos fuimos para allá, algo pillaríamos

            Nos acercamos en Metro hasta medio Parque de Fernando VII, y desde allí seguimos andando por ellos y por los Jardines de Amalia Rodrigues para verlos y para tomar un Pingado (café cortado), en el Café del Lago. Después pasando por el Corte Inglés, lo más español de Lisboa después de la embajada, que también está por allí, llegamos al Gulbenkian. Los Jardines estaban estupendos y con gente, pero no llenos, siempre están vacíos. Nos regalaron una entrada para e un Concierto de Arpa en el gran auditorium, también vimos un Documentario (documental) sobre como suenan algunos instrumentos de la Orquesta, muy interesante, entramos gratis a ver las colecciones de arte que son dos, la Colección de Don Calouste y otra de Arte Moderno_Moderno, que yo todavía no disfruto bien. Y como era hora de ir comiendo vimos que podíamos comer allí, pagando por supuesto, y comimos muy bien y muy cómodos

            Al salir, llovía sin deber. Así que cogimos un taxi y por caminos desconocidos, yo que creía conocer Lisboa, nos llevó hasta el Museo del Azulejo, que recorrió, vio y disfrutó Amparo mientras yo sesteaba y vigilaba puertas. Le gustó mucho. A cualquiera

            Al volver a Alfama había oscurecido y también cesado la lluvia. Así que seguimos andando para completar kilómetros y sitios. Subimos a los Miradores, y paseando llegamos al Mirador de La Andersen, por los Largos de Graça, San Vicente y otras calles mojadas salimos al Mirado de Nostra Senhora do Monte, que mira cosas parecidas pero no iguales. Y ya bajando por donde baja el 28 E, llegamos a la Avenida de Almirante Reis, al Largo del Intendente y a la Plaza de Martin Monitz. Digo tantos nombres porque son bonitos y suenan bien, y si alguien es capar podría seguir en GogleMap el recorrido, que sería una tontería, pero ya paro.

            Hicimos la colación en Tapas & Friends, junto a la Sé. Y al llegar a casa no tenía la llave, que siempre que salgo cuido de llevarla o ponerla al cuello, pero hoy no. Y eran las doce y media.


10     Lunes

Hay un aspecto de los viajes que esta bitácora descuida, junto a muchos otros, que es la cosa del comer. Pues olvidé que haríamos en esta mañana, pero no olvidaré que a mediodía aprendí a hacer Rissoto de (o con?) Gurgumelos, mi amiga Amparo a más de saber enseña. Y nos salieron bastante bien.

            Como lunes que era había concierto en el Cuarto Dorado del Palacio Foz, debía de ser tan bueno que cuando llegamos, la cola era de los que no podían entrar. Nuestra música como si fuera un gozo acabó en el pozo.

            Pero Lisboa es muy grande, a mas de antigua y señorial y aprovechamos para dar un gran paseo. Recorrimos los hermosos bulevares de la Avenida de las Liberdades, llena de grandes edificios y de las más grandes marcas, hasta Marqué de Pombal que es de las rotondas hermosas de aquí , y allí tomamos a la derecha la Av Algo da Melo da Silva, para enfilar tras pasar la Glorieta de Saldaña, la avenida de la República.

            La zona de Saldaña me parece a mi que fuese, en cierto modo,  lo más moderno y europeo de Lisboa. La calzada está alquitranada, desadoquinada, los edificios llegan a las 20 plantas o más, las tiendas se parecen a las del Barrio de la Opera de París y las cafeterías y hoteles parecen de mañana. La gente también se ve muy moderna. Y para colmo en muchas esquinas y en mitad de las manzanas quedan palacetes de finales del siglo XIX que hablan de que esa avenida ya fue grande, larga y hermosa hace dos siglos. Ya Pessoa la ponderaba debidamente en sus guía de 1920. Habrá quien opine que esa transformación fue una lástima, que habría quedado mejor como estaba, a mi me ha gustado nueva y con los palacetes testigo, más. Como decían que decía la francesa, ‘los tiempos evoluyen’.



11     Martes en Coimbra

Todo el mundo ha oído hablar de Coimbra, y nosotros además de oír queríamos ver, así que desde la Estacion de Santa Apolonia, casi desde casa, tomamos un tren pendular que nos llevó para allá. Pero nos llevó tan rápido que nos pasamos la Estación de Coimbra A/B y nos bajó a la de Aveiro.

            A Aveiro le llaman las guías La Venecia Portuguesa porque tiene tres canales de agua que recorren unas grandes barcazas de colores, nada de negro brillante con dorados, ni forma, ni gondoliero. El parecido es breve. Sin embargo es un pueblo bonito, buenas calles y casas, algunas modernistas, algunas plazas y también jardines. Te dan un paseo en las barcazas, la verdad es que solo en una, y una chica mona y fina te explica unas cuantas cosas de la vida y del agua. Las barcas tienen música y el paseo es de una hora; muy bien.

            Por fin llegamos a nuestra Coimbra. El lío fue que hay dos estaciones Coimbra A y Coimbra B, el comboio para en la B, que está fuera y la A está dentro y el tren nuestro ni pasa, es para para otras cosas.

            Con Coimbra tengo la sensación de no haberla visto, y si vi lo que había que ver, no es una ciudad para molestarse en ir. Debimos perdernos algo. Tiene una ciudad universitaria con edificios sosos y nulo ambiente, el edificio mas central tenía un buen patio y algunas portadas llamativas; total poco. Ah! Y estaba tan alta que subir después de comer nos costó lo nuestro.

            También nos costó bajar,por lo empinado. Y bonito fue abajo, dimos con un Café que estaba en una antigua iglesia, y encima empezaron a cantar fados oficialmente, que aunque son tristes y a mi me aburren algo, la sorpresa, el ambiente y lo poco, los hacen amigables.

            Después nuestro comboio nos volvió a Lisboa y dimos con “Chiesa de Graça”, aquel bar bonito, del otro día y allí entre vinos y petiscos casi rematamos la faena.



12     y Martes

Todo lo que empieza acaba; casi siempre. Y la visita Soriana ha llegado a su fin. Hemos pasado unos buenos días, hablado mucho, repasado algo y un poco de nuevo también ha habido. Lisboa como siempre ha sido acogedora, se ha portado, y el tiempo meteorológico (la intemperie, que también se llama) ha sido magnífica. No podíamos pedir más. Hasta la próxima Amparo.

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