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de Feb Viernes
Las
iglesias y más la Sé , son atracciones turísticas de primera,
además son gratis y a veces con horario amplio, para colmo desde esta casa que
Lucia me dio, pilla casi al paso. La de aquí ya sabéis que no es una
preciosidad, al menos para mi, pero hay que verla. Y la vimos.
Luego por
la rua Concepçao, Comercio y la calle
Arenal, vimos el Ayuntamiento, perdón, La
Municipalidad , y por otras calles acabamos tomando café
en el Mercado da Ribera, más de una vez nombrado.
Decidimos,
como incesantes andarines, ir andando hasta la Torre de Belem, unos seis kilómetros yendo.
Empezamos a ir por calles interiores evitando el río (¡) lleno de zonas portuarias
e industriales en ese tramo, hasta poco antes de llegar al 25 de Abril, que allí estaba, majestuoso, sin parar ni un momento de
cruzar el Tajo. Siempre me pregunto como sería el asunto antes de los años 60
en que Oliveira Salazar mandara hacer La
Puente. Ahora cruzan el gran río seis ferrys, parando
sólo para vaciarse y rellenarse de 500 pasajeros cada viaje si va a tope, el
puente que lleva tres filas de coches y trae otras tantas, pero con distintos
coches, y por debajo, en un doble tablero, lleva un tren y trae otro al mismo
tiempo. ¿Qué pasaba antes?
El día era
radiante, como de encargo, y la orilla del río, ahí, se pone fenomenal, paseo
más que agradable, siempre con gente, patines y bicis, pero siendo viernes
menos que en domingo, el agua azul, la marea subiendo y bajando y las olas
siempre viniendo, deben de irse por debajo y no se ven. El Maat lo vimos por fuera y lo paseamos por encima, el Museo Eléctrico por fuera, la cerveza por
dentro, el Padrao de los Descubrimientos
desde abajo, el Museo de Carruajes desde
enfrente, el Mapa del Imperio desde
encima y el CCB desde lejos. Y así
nos dio la hora de comer en Vela Latina,
siempre acabo en el mismo sitio. La Torre de Belem siempre gusta y casi siempre
marca el final de ese paseo, mas allá quedan más cosas, pero hay que dejar
algo; motivos para volver.
A todo no
se puede entrar, pero al Monasterio de
los Jerónimos y su Iglesia si. Dicen que es el Monumento más visitado de
Portugal y no me extraña, el estilo Manuelino, gótico brillante o como se le
llame es realmente digno de ser visto. Para los auténticos pasteles de Belém hay que hacer una buena cola, y a mi me da
vergüenza.
Volvimos de allí en
Bus o tranvía y paseamos un rato por la Ribera viendo un crucero enorme que acaba de arribar, 15 pisos de crucero y gente,
un disparate. Y acabamos volviendo a la calle Adiça, para descansar un poco, que esa noche teníamos Fados en “La Fama de Alfama”
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del II y sábado.
Otro día radiante. Y
además con Feria de Ladra, como el
rastro de Lisboa que hay dos veces por semana, y fuimos. Allí, además, esta la
Iglesia y el
Mosterio de San Vicente de Fora con su Panteón
de Reyes, que aquí cuidan mucho a pesar de ser republicanos y haber matado
a tiros al último rey, Don Carlos I,
y su descendiente, Y casi al lado el imponente Panteón de Hombres Ilustres, también hay mujeres, que nadie se
enfade.
Bajando de
allí conocimos, un bar, café, restaurante, pub, aquí va todo muy mezclado,
realmente bonito y curioso, “Cheia de Graça”, Llena de Gracia, se
traduciría, pero sin connotaciones, no iba por ahí. Para comer habíamos
decidido hacerlo en “Martinho de Arcada” que últimamente
tanto sale aquí, el café mas antiguo de Lisboa, donde ya comía Teodoro,
personaje de Eça de Queiros. Estuvo
muy bien y muy clásico, no como Cheia de
Graça.
Por mucho
que se coma, a un turista no le cabe la siesta, así es que nos fuimos a
espabilarnos a Ribera das Nauss que
estaba a tope de y Sol y soleados. Inventamos irnos a Cascais, y así algo sestearíamos en el tren que nos llevara. Cascais
en una ciudad de mar y de verano bonita y agradable. Dimos con la Ciudadela
y además de preciosamente arreglada estaba chiena
de galerías de arte, tiendas bonitas y esas cosas.
Cuando
volvíamos por la Alfama
y cerca de la Sé ,
cenamos un poco en “Caso Sé-rio”,
¿se ve dónde está la gracia?. Al lado de la Sé hay 5 ó 6 tascas que están todas muy bien, y
esta es una. Después, ya no me acuerdo qué pasara.
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Feb y Domingo
Ahora tengo un
problema grave. Me he puesto a buscar donde
vivir en Porto (Oporto) y el tema
está difícil, tanto piso de alquilar como los que tienen en la página de El
Idealista como los que ofrecen en AirB&B, que son de particular a
particular (P2P) por unas noches, están
fuera de madre. Tienen unos precios exorbitantes. El piso mínimo se pasa de
1.500 €/mes, y me parece además de mucho, casi indecente. Así que una parte de
la mañana se pasó en indagar pisos en Porto. La cosa está fea.
Un lugar
estupendo de Lisboa es la Fundación Gulbenkian ,
que ya ha salido por aquí varias veces, y que vale la pena ver y oír. Habíamos
buscado entradas para algún concierto, que hay muchos, pero todo estaban
agotado; parece que estas cosas hay que hacerlo con meses. Pero este domingo
había Jornada de Puertas Abiertas, y nos fuimos para allá, algo pillaríamos
Nos
acercamos en Metro hasta medio Parque de
Fernando VII, y desde allí seguimos andando por ellos y por los Jardines de Amalia Rodrigues para
verlos y para tomar un Pingado (café
cortado), en el Café del Lago. Después
pasando por el Corte Inglés, lo más
español de Lisboa después de la embajada, que también está por allí, llegamos
al Gulbenkian. Los Jardines estaban
estupendos y con gente, pero no llenos, siempre están vacíos. Nos regalaron una
entrada para e un Concierto de Arpa
en el gran auditorium, también vimos un Documentario (documental) sobre como
suenan algunos instrumentos de la
Orquesta , muy interesante, entramos gratis a ver las
colecciones de arte que son dos, la Colección de Don Calouste
y otra de Arte Moderno_Moderno, que
yo todavía no disfruto bien. Y como era hora de ir comiendo vimos que podíamos
comer allí, pagando por supuesto, y comimos muy bien y muy cómodos
Al salir,
llovía sin deber. Así que cogimos un taxi y por caminos desconocidos, yo que
creía conocer Lisboa, nos llevó hasta el Museo
del Azulejo, que recorrió, vio y disfrutó Amparo mientras yo sesteaba y
vigilaba puertas. Le gustó mucho. A cualquiera
Al volver a Alfama había oscurecido y también cesado la
lluvia. Así que seguimos andando para completar kilómetros y sitios. Subimos a
los Miradores, y paseando llegamos
al Mirador de La Andersen , por los Largos de Graça, San Vicente y otras calles
mojadas salimos al Mirado de Nostra
Senhora do Monte, que mira cosas parecidas pero no iguales. Y ya bajando
por donde baja el 28 E, llegamos a la Avenida de Almirante Reis,
al Largo del Intendente y a la Plaza de Martin Monitz.
Digo tantos nombres porque son bonitos y suenan bien, y si alguien es capar
podría seguir en GogleMap el recorrido, que sería una tontería, pero ya paro.
Hicimos la colación en Tapas & Friends, junto a la
Sé. Y al llegar a casa no tenía la llave,
que siempre que salgo cuido de llevarla o ponerla al cuello, pero hoy no. Y
eran las doce y media.
10 Lunes
Hay un aspecto de los
viajes que esta bitácora descuida, junto a muchos otros, que es la cosa del
comer. Pues olvidé que haríamos en esta mañana, pero no olvidaré que a mediodía
aprendí a hacer Rissoto de (o con?) Gurgumelos, mi amiga Amparo a más de saber
enseña. Y nos salieron bastante bien.
Como lunes que era había concierto
en el Cuarto Dorado del Palacio Foz,
debía de ser tan bueno que cuando llegamos, la cola era de los que no podían
entrar. Nuestra música como si fuera un gozo acabó en el pozo.
Pero Lisboa es muy grande, a mas de
antigua y señorial y aprovechamos para dar un gran paseo. Recorrimos los
hermosos bulevares de la Avenida de
las Liberdades, llena de grandes edificios y de las más grandes marcas,
hasta Marqué de Pombal que es de las rotondas hermosas de aquí , y
allí tomamos a la derecha la Av Algo da Melo da Silva, para enfilar tras
pasar la Glorieta
de Saldaña, la avenida de la República.
La zona de Saldaña me parece a mi que fuese, en cierto modo, lo más moderno y europeo de Lisboa. La
calzada está alquitranada, desadoquinada, los edificios llegan a las 20 plantas
o más, las tiendas se parecen a las del Barrio de la Opera de París y las
cafeterías y hoteles parecen de mañana. La gente también se ve muy moderna. Y
para colmo en muchas esquinas y en mitad de las manzanas quedan palacetes de
finales del siglo XIX que hablan de que esa avenida ya fue grande, larga y
hermosa hace dos siglos. Ya Pessoa la ponderaba debidamente en sus guía de
1920. Habrá quien opine que esa transformación fue una lástima, que habría
quedado mejor como estaba, a mi me ha gustado nueva y con los palacetes
testigo, más. Como decían que decía la francesa, ‘los tiempos evoluyen’.
11
Martes en Coimbra
Todo el mundo ha oído
hablar de Coimbra, y nosotros además de oír queríamos ver, así que desde la Estacion de Santa Apolonia, casi desde casa,
tomamos un tren pendular que nos llevó para allá. Pero nos llevó tan rápido que
nos pasamos la Estación
de Coimbra A/B y nos bajó a la de Aveiro.
A Aveiro
le llaman las guías La Venecia Portuguesa
porque tiene tres canales de agua que recorren unas grandes barcazas de
colores, nada de negro brillante con dorados, ni forma, ni gondoliero. El
parecido es breve. Sin embargo es un pueblo bonito, buenas calles y casas,
algunas modernistas, algunas plazas y también jardines. Te dan un paseo en las
barcazas, la verdad es que solo en una, y una chica mona y fina te explica unas
cuantas cosas de la vida y del agua. Las barcas tienen música y el paseo es de
una hora; muy bien.
Por fin
llegamos a nuestra Coimbra. El lío
fue que hay dos estaciones Coimbra A y Coimbra B, el comboio para en la B ,
que está fuera y la A
está dentro y el tren nuestro ni pasa, es para para otras cosas.
Con Coimbra
tengo la sensación de no haberla visto, y si vi lo que había que ver, no es una
ciudad para molestarse en ir. Debimos perdernos algo. Tiene una ciudad
universitaria con edificios sosos y nulo ambiente, el edificio mas central
tenía un buen patio y algunas portadas llamativas; total poco. Ah! Y estaba tan
alta que subir después de comer nos costó lo nuestro.
También nos
costó bajar,por lo empinado. Y bonito fue abajo, dimos con un Café que estaba
en una antigua iglesia, y encima empezaron a cantar fados oficialmente, que
aunque son tristes y a mi me aburren algo, la sorpresa, el ambiente y lo poco,
los hacen amigables.
Después
nuestro comboio nos volvió a Lisboa y
dimos con “Chiesa de Graça”, aquel bar bonito, del otro día y allí entre vinos
y petiscos casi rematamos la faena.
12
y
Martes
Todo lo que empieza
acaba; casi siempre. Y la visita Soriana ha llegado a su fin. Hemos pasado unos
buenos días, hablado mucho, repasado algo y un poco de nuevo también ha habido.
Lisboa como siempre ha sido acogedora, se ha portado, y el tiempo meteorológico
(la intemperie, que también se llama) ha sido magnífica. No podíamos pedir más.
Hasta la próxima Amparo.
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