jueves, 21 de febrero de 2019


Martes y Miercoles, 19/20   Y solo

            Llevé al Metro a mis amigos y despedirlos. Siempre se queda uno raro cuando se van los otros. Di un paseo por las calles de mi Alfama, puse en orden las cosas de mi casa y decidí irme al otro lado del Tajo, al Alentejo.

            Al pasar por el Cais das Colunas, camino de mi barco, “los rinocerontes ya no estaban allí”. Me explico, en un tramo de playa que allí queda, alguien hace castillos de arena enormes, en este caso con forma de dos rinocerontes, y los rodea con una barrera, un ribazo, de arena para que el agua, cuando suba la marea, no se los lleve. Pero la marea alta de la marea viva los debió engullir la noche anterior. La marea puede esta alta o baja, pleamar o bajamar, cada seis horas, más o menos, y de vez en cuando, quizá cada mes, hay mareas vivas, esto es cuando la posición del Sol, de la Luna y de la Tierra, confluyen de modo que el efecto marea se aumenta, las mareas son más grandes que antes y que después. Y si se saltan la barrera que protegía los castillos de arena, en una o dos arremetidas se tragan barrera y elefantes.

            Crucé el río, para buscar un camino que un día perdí, para disfrutar el magnifico día que se habían dejado Rafa y Mara, y que llevaría al Monumento a Cristo Rey que hay en Almada, casi marcando el principio del Puente. Pero el sendero, el trilho, tampoco estaba allí; mas fue bonito. Hube de recorrer un caminillo estrecho que discurre entre paredes y el agua, que luego se convierte en una zona muy bonita de arbolado y césped que llaman el Jardín del Mar y llega hasta una especie de Museo Marítimo (de Almada), donde cuenta de los astilleros que allí hubo. La entrada al museo cuesta 32 céntimos, treintidos. Y luego ya el caminillo se hace calle y vienen coches.

Antes de llegar tan lejos, antes del Jardín del Mar hay un elevador, otro, que por una columna artificial y exenta sube próximo a un acantilado cincuenta metros, mas de 15 pisos. Por otra vez que fui, creía saber que desde allí salía un sendero que llevaba a Cristo Rey, pero lo busqué, lo pregunté, y no. No existe ese sendero. O ya no estaba allí.  Entonces me volví.

            Se me olvidaba, en ese camino estrecho que lleva al elevador, hay un restaurantillo que se llama “Tira`te al río” o algo así; en vez de tirarme, comí allí


            El Miércoles no pasó nada digno de bitacorear. Cuando no tengo/sé qué hacer me voy a dar un paseo, procurando sitios mas o  menos nuevos, pero, ya, enseguida acabo repitiendo sitios y descubriendo menos. Ayer iba por un sitio extraño, ni bares, ni tiendas, ni gente, casi ni carros, pero resultó estar lleno de embajadas, desde USA a China, todas muy discretas y con hermosos jardines hacia dentro.

            Nunca he hablado de los quioscos y terrazas de Lisboa, me parece. Pues hay muchos, los hay de dos o tres tipos y tamaños, pero todos se parecen algo. Tienen mesas con mantas para el frío y suelen ser autoservidos, y a pesar de lo pequeños tienen muchas cosas, en algunos sorprende que les quepa tanto, en el de parque/jardín de Estrela, creo que tiene otro nombre, me tomé un par de cervezas con unos dulces salados y me sirvió de cena.

            Cuando llegué a Meroña, no había nadie, fechado, que quiere decir cerrado; yo que volvía con ganas de conversar.

            Este viernes me voy a Sevilla a pasar unos días con hijo, hija, nieta y nieto; intensa vida familiar, me apetece. Vacaciones de bitácora.

1 comentario:

  1. Estoy intentando desearte un buen fin de semana familiar. A ver si tu blog me deja esta vez. Que te diviertas en Sevila, no todo va a ser Lisboa.

    ResponderEliminar