Martes
y Miercoles, 19/20 Y solo
Llevé al
Metro a mis amigos y despedirlos. Siempre se queda uno raro cuando se van los
otros. Di un paseo por las calles de mi Alfama, puse en orden las cosas de mi
casa y decidí irme al otro lado del Tajo, al Alentejo.
Al pasar
por el Cais das Colunas, camino de mi barco, “los rinocerontes ya no estaban allí”. Me explico, en un tramo de playa
que allí queda, alguien hace castillos de arena enormes, en este caso con forma
de dos rinocerontes, y los rodea con una barrera, un ribazo, de arena para que
el agua, cuando suba la marea, no se los lleve. Pero la marea alta de la marea
viva los debió engullir la noche anterior. La marea puede esta alta o baja,
pleamar o bajamar, cada seis horas, más o menos, y de vez en cuando, quizá cada
mes, hay mareas vivas, esto es
cuando la posición del Sol, de la
Luna y de la
Tierra , confluyen de modo que el efecto marea se aumenta, las
mareas son más grandes que antes y que después. Y si se saltan la barrera que
protegía los castillos de arena, en una o dos arremetidas se tragan barrera y
elefantes.
Crucé el río,
para buscar un camino que un día
perdí, para disfrutar el magnifico día que se habían dejado Rafa y Mara, y que
llevaría al Monumento a Cristo Rey que hay en Almada, casi marcando el principio
del Puente. Pero el sendero, el trilho,
tampoco estaba allí; mas fue bonito. Hube de recorrer un caminillo estrecho
que discurre entre paredes y el agua, que luego se convierte en una zona muy
bonita de arbolado y césped que llaman el Jardín
del Mar y llega hasta una especie de Museo
Marítimo (de Almada), donde cuenta de los astilleros que allí hubo. La entrada
al museo cuesta 32 céntimos, treintidos. Y luego ya el caminillo se hace calle
y vienen coches.
Antes de llegar tan lejos,
antes del Jardín del Mar hay un elevador,
otro, que por una columna artificial y exenta sube próximo a un acantilado cincuenta
metros, mas de 15 pisos. Por otra vez que fui, creía saber que desde allí salía
un sendero que llevaba a Cristo Rey, pero lo busqué, lo pregunté, y no. No
existe ese sendero. O ya no estaba allí. Entonces me volví.
Se me
olvidaba, en ese camino estrecho que lleva al elevador, hay un restaurantillo
que se llama “Tira`te al río” o algo
así; en vez de tirarme, comí allí
El Miércoles no pasó nada digno de
bitacorear. Cuando no tengo/sé qué hacer me voy a dar un paseo, procurando
sitios mas o menos nuevos, pero, ya, enseguida acabo repitiendo sitios y descubriendo menos. Ayer iba por un sitio
extraño, ni bares, ni tiendas, ni gente, casi ni carros, pero resultó estar
lleno de embajadas, desde USA a China,
todas muy discretas y con hermosos jardines hacia dentro.
Nunca he
hablado de los quioscos y terrazas
de Lisboa, me parece. Pues hay muchos, los hay de dos o tres tipos y tamaños,
pero todos se parecen algo. Tienen mesas con mantas para el frío y suelen ser
autoservidos, y a pesar de lo pequeños tienen muchas cosas, en algunos sorprende
que les quepa tanto, en el de parque/jardín
de Estrela, creo que tiene otro nombre, me tomé un par de cervezas con unos
dulces salados y me sirvió de cena.
Cuando
llegué a Meroña, no había nadie, fechado, que quiere decir cerrado; yo
que volvía con ganas de conversar.
Este viernes me voy a Sevilla a pasar
unos días con hijo, hija, nieta y nieto; intensa vida familiar, me apetece. Vacaciones de bitácora.
Estoy intentando desearte un buen fin de semana familiar. A ver si tu blog me deja esta vez. Que te diviertas en Sevila, no todo va a ser Lisboa.
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