Domingo
17
En Lisboa
hubo muchas murallas y quedan muchos trozos cortos y escondidos, vimos uno muy
bonitamente recuperado junto a casa y nos fuimos a ver y tomar el Metro, que en
Lisboa es bastante más ancho que un metro. No tiene nada que ver, pero en
portugués a la anchura se la llama largura y a la largura comprimento,
con lo claro que está largo y ancho.
Recorrimos
los Jardines de Eduardo VII y los de Amalia Rodrígues para tomar el café de
media mañana en el Café del Lago. ¡que bonita quedaría esta bitácora con fotografías!
Y de allí a unos de mis destinos preferidos: Gulbenkian Fundatión. La verdad es
que aparte de estar muy bien y ofrecer bastante el recorrido anterior a la ida
o la vuelta lo perfecciona. Vimos las dos Colecciones de Arte y una exposición
temporal y buena de Eça de Queirós; hace poco apenas si lo conocía y ahora
estamos juntos a diario, un día se me aparece. Y otra vez, como el domingo
pasado, nos vino bien comer allí dentro, estupendo. Comimos en la misma Fundación, ya se va haciendo costumbre de domingo y allí nos echamos un amigo que nos contó algunas cosas portuguesas.
Se me
olvida hablar de la intemperie, magnífica. Aquí ha llegado la primavera, no la
veo en las plantas ni en los árboles, pero se nota en el aire y los termómetros,
y es estupendo. Aún así, y también como el domingo pasado nos intentó llover
estando en la Fundación ,
pero esta vez fue nada, apenas una señal de amago de chispeo.
Esta pareja
no se arredra ante nada, es destemida,
y entre volver a motor o a sangre, eligió volver andando por el camino más
largo, así que avenida Bernia, Plaza do
Touros do Campo Pequenho. Avenida da República, Glorieta Saldaña, Av Fontes
Pereira do Melo, Marqués de Pombal, av das Liberdades, Elevador do Castelo, San
Cristovao, rua do Barao, Balnearios de Alfama y cerveza por aquí. Luego
cenilla y más conversación en casa. Que la conversación no pare hasta que
empiece el sueño.
El tiempo
esta siendo bondadoso, o mas bien magnánimo, parece como si quisiese llegar la
primavera. Y desde luego lo que si ha llegado es mas gente o ha salido la que
había, las calles y restaurantes empiezan a verse mas llenos que en dias
pasados. Y siguen las castañeras con sus asados de castañas.
PD Raro es el viaje donde no se diga pronto
aquello de que “la vida del Turista es muy dura”, es curioso, pero aquí no la
he oído en van ya varios viajes compartidos, y es raro porque hacer y ver,
vemos y hacemos, aunque esto no se puede medir, pero los kilómetros que hacen nuestras
piernas si, podómetros tenemos. Aquí he sacado relación de las últimas
kilometradas y no me resisto a reseñarlas:
Con la
Volteruela : 8 12.4
11.5 kilómetros .
Total 32 km en 3 días.
Con Amparo 11
16.7 12.2 12
22.5 10 kilómetros Total: 84 km en 6 días,
Con R y M 9.4,
12.2, 13.9 11.8 kilómetros Total 47 km en 4 días
Con Gregorio M
tanto y como que se le arregló una prótesis de rodilla que traía jodida.
Lunes
18. Otra vez por Chiado
Hoy teníamos la intención e pasear y ver Belém, Tejo abajo, pero primero nos
atrancamos con Saramago, en su casa, Fundación que ya he explicado varias
veces, pero que quien viene tiene que ver al menos una, al menos las ruinas de la Planta Baja y si hay ganas las
de arriba con libros, frases, fotos y eso de Don José. Y Pilar no estaba allí.
También se
nos había ido parte de la mañana y todo el Sol, y nos apetecía menos ir hasta
Belém para pasear junto al río con el cielo sin Sol y decidimos pasear y buscar
por el Chiado. Buscamos el Museo Nacional de Arte Contemporáneo, que está muy
bien, pero era lunes. Vimos los Teatros de San Carlos y de San Luis, la casa
donde nació Pessoa, que siempre gusta imaginárselo de chiquitín y chico jugando
por allí sin saber lo que iba a ser de él.
Desentrañamos
el “misterio de los huevos moles” que para nada se parecen a los que hacen
otros. Resultan ser yemas con azúcar mas o menos endurecidas y con distintas
formas o presentaciones. Los más famosos son los de Aveiro y se diferencian a
que vienen encerrados en una cubierta de oblea, (h)ostia llaman aquí. Se
parecen mucho a las Yemas de Santa Teresa o las de Caravaca de antes.
Terminamos dando
con la Iglesia
do Carmo, que en efecto significa del Carmen, como tú decías, Pedro, que ellos vieron y yo repasé. Viendo
el ábside y los arcos al aire, así como la parte alta del elevador de Santa
Justa, descubrimos para comer un restaurante estupendo, con las vistas del
elevador, un poco menos, y con un aspecto, menú, servicio y precio estupendos. Se
llama BelaVista y hay que volver.
A las seis
teníamos el Concierto de los Lunes en el Palacio Foz, y allí nos vimos para oír un Concierto de Piano a Cuatro Manos, que nos sonó estupendo. A Lisboa se le
iba viendo venir el fin, tanto que no se me ocurrió ir mas que a la Cinemáteca , que estaba
Av de Las Liberdades arriba. No es un monumento nacional ni un museo, pero se
deja ver, tiene sus cosas allí puestas, y tiene una cafetería muy agradable y
con sillones donde beber y comer, y por supuesto hablar de cine.
Y ya bien
tarde, para casa, 30 o 40 minutos más andando; ya los últimos. Por última vez
el Rossio, La Baixa ,
la Sé de perfil, el
Arco, Comercio, Largo Saramago y las calles bajas de la Alfama.
En resumen
unos buenos días, buenos amigos y buena conversación, sin conflictos, sin vacíos;
todo como debe ser, como suele ser.
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