jueves, 21 de febrero de 2019

E51 Días con Rafa y Mara 2/2


Domingo 17

            En Lisboa hubo muchas murallas y quedan muchos trozos cortos y escondidos, vimos uno muy bonitamente recuperado junto a casa y nos fuimos a ver y tomar el Metro, que en Lisboa es bastante más ancho que un metro. No tiene nada que ver, pero en portugués a la anchura se la llama largura y a la largura comprimento, con lo claro que está largo y ancho.

            Recorrimos los Jardines de Eduardo VII y los de Amalia Rodrígues para tomar el café de media mañana en el Café del Lago. ¡que bonita quedaría esta bitácora con fotografías! Y de allí a unos de mis destinos preferidos: Gulbenkian Fundatión. La verdad es que aparte de estar muy bien y ofrecer bastante el recorrido anterior a la ida o la vuelta lo perfecciona. Vimos las dos Colecciones de Arte y una exposición temporal y buena de Eça de Queirós; hace poco apenas si lo conocía y ahora estamos juntos a diario, un día se me aparece. Y otra vez, como el domingo pasado, nos vino bien comer allí dentro, estupendo. Comimos en la misma Fundación, ya se va haciendo costumbre de domingo y allí nos echamos un amigo que nos contó algunas cosas portuguesas.

            Se me olvida hablar de la intemperie, magnífica. Aquí ha llegado la primavera, no la veo en las plantas ni en los árboles, pero se nota en el aire y los termómetros, y es estupendo. Aún así, y también como el domingo pasado nos intentó llover estando en la Fundación, pero esta vez fue nada, apenas una señal de amago de chispeo.

            Esta pareja no se arredra ante nada, es destemida, y entre volver a motor o a sangre, eligió volver andando por el camino más largo, así que avenida Bernia, Plaza do Touros do Campo Pequenho. Avenida da República, Glorieta Saldaña, Av Fontes Pereira do Melo, Marqués de Pombal, av das Liberdades, Elevador do Castelo, San Cristovao, rua do Barao, Balnearios de Alfama y cerveza por aquí. Luego cenilla y más conversación en casa. Que la conversación no pare hasta que empiece el sueño.

            El tiempo esta siendo bondadoso, o mas bien magnánimo, parece como si quisiese llegar la primavera. Y desde luego lo que si ha llegado es mas gente o ha salido la que había, las calles y restaurantes empiezan a verse mas llenos que en dias pasados. Y siguen las castañeras con sus asados de castañas.


PD       Raro es el viaje donde no se diga pronto aquello de que “la vida del Turista es muy dura”, es curioso, pero aquí no la he oído en van ya varios viajes compartidos, y es raro porque hacer y ver, vemos y hacemos, aunque esto no se puede medir, pero los kilómetros que hacen nuestras piernas si, podómetros tenemos. Aquí he sacado relación de las últimas kilometradas y no me resisto a reseñarlas:

Con la Volteruela:   8  12.4    11.5 kilómetros.                             Total   32 km en 3 días.
Con Amparo           11   16.7   12.2   12    22.5   10 kilómetros   Total:  84 km en 6 días,
Con R y M              9.4,   12.2,   13.9   11.8 kilómetros                Total   47 km en 4 días
Con Gregorio M      tanto y como que se le arregló una prótesis de rodilla que traía jodida.



Lunes 18. Otra vez por Chiado

            Hoy teníamos la intención e pasear y ver Belém, Tejo abajo, pero primero nos atrancamos con Saramago, en su casa, Fundación que ya he explicado varias veces, pero que quien viene tiene que ver al menos una, al menos las ruinas de la Planta Baja y si hay ganas las de arriba con libros, frases, fotos y eso de Don José. Y Pilar no estaba allí.

            También se nos había ido parte de la mañana y todo el Sol, y nos apetecía menos ir hasta Belém para pasear junto al río con el cielo sin Sol y decidimos pasear y buscar por el Chiado. Buscamos el Museo Nacional de Arte Contemporáneo, que está muy bien, pero era lunes. Vimos los Teatros de San Carlos y de San Luis, la casa donde nació Pessoa, que siempre gusta imaginárselo de chiquitín y chico jugando por allí sin saber lo que iba a ser de él.

            Desentrañamos el “misterio de los huevos moles” que para nada se parecen a los que hacen otros. Resultan ser yemas con azúcar mas o menos endurecidas y con distintas formas o presentaciones. Los más famosos son los de Aveiro y se diferencian a que vienen encerrados en una cubierta de oblea, (h)ostia llaman aquí. Se parecen mucho a las Yemas de Santa Teresa o las de Caravaca de antes.

            Terminamos dando con la Iglesia do Carmo, que en efecto significa del Carmen, como tú decías, Pedro, que ellos vieron y yo repasé. Viendo el ábside y los arcos al aire, así como la parte alta del elevador de Santa Justa, descubrimos para comer un restaurante estupendo, con las vistas del elevador, un poco menos, y con un aspecto, menú, servicio y precio estupendos. Se llama BelaVista y hay que volver.

            A las seis teníamos el Concierto de los Lunes en el Palacio Foz, y allí nos vimos para oír un Concierto de Piano a Cuatro Manos, que nos sonó estupendo. A Lisboa se le iba viendo venir el fin, tanto que no se me ocurrió ir mas que a la Cinemáteca, que estaba Av de Las Liberdades arriba. No es un monumento nacional ni un museo, pero se deja ver, tiene sus cosas allí puestas, y tiene una cafetería muy agradable y con sillones donde beber y comer, y por supuesto hablar de cine.  

            Y ya bien tarde, para casa, 30 o 40 minutos más andando; ya los últimos. Por última vez el Rossio, La Baixa, la Sé de perfil, el Arco, Comercio, Largo Saramago y las calles bajas de la Alfama.

            En resumen unos buenos días, buenos amigos y buena conversación, sin conflictos, sin vacíos; todo como debe ser, como suele ser.

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