Viernes
15
Mis amigos
Rafael y Mara aterrizan a media mañana en el Humberto Delgado y empezamos a
visitar Lisboa, que estaba esperándolos.
Lo habré
dicho ya, el recién nombrado Largo do
Saramago, entre la Alfama
y el Tejo es de los sitios modernos,
bonitos e interesantes de Lisboa y con muchos restaurantes intermedios, allí
comimos, Bacalau los que llegan y Porco Alentejano el que aquí está. Allí mismo
hay un Aparcamiento que es de lujo y
tan fácil de ver que hay que verlo. Un turista ve y visita muchas iglesias, algún
palacio, más iglesias, algunos bares y algunas otras cosas. Aunque no sea frecuente, un buen aparcamiento puede valer
la pena ser visto, como en este caso. Como obra civiel, claro. Después nos acercamos un poco a la orilla
del mar y nos vinimos a descansar un poco de vuelo y madrugada.
Ya repuestos,
empezamos la ruta de los cuatro miradores: Santa Luzía, Portas do Sol, el de la Anderseen o de Graça,
y N.S.
do Monte. Dimos una gran vuelta para ver un poco más de la Lisboa Profunda y acabamos en
una parte de Lisboa Recuperada (de perriflautas y olor a maria), el Largo
do Intendente, Pretendiendo ver la Tienda Más Bonita de Lisboa (TMBDL) pero habían cerrado sin
esperarnos. A cambio nos tomamos una de “Bacalao
Espiritual” (sic) en un bar tan bonito como la tienda “TMBDL”. Tener visita
me da la oportunidad de conocer más
los bares, entre que ir sin nadie es beber solo, además de solla cerveza, noto que bareo menos que en España. Lo del
Bacalao Espiritual es auténtico, buenísimo e indescríptible.
Y por las
escaleras mecánicas de Martín Monitz, aquel hombre
destemido que le ganó el Castello a
la morisma, paseamos un poco por San Cristovao, barrio bueno que
tengo algo dejado, y volvimos para casa, que las siesta no quita durmienda.
Sábado
16
Como era sábado, dimos un paseillo por La Alfama que rodea mi casa
que tiene muchas escadinhas (escaleras), becos (callejones) y fotografías
bonitas. Y nos fuimos viendo calles, a la Praçá
do Comercio, al Cais das Colunas que es por donde se entraba y se iba uno de
Lisboa si lo hacia en barco, que era lo normal, cuando no había ni puentes, ni
autovías ni autos. Parece que con la edad el café de media mañana además de
caer tan bien se va haciendo vicio, y lo tomamos en el Mercado da Rivera.
Decidimos
subir al Chiado para saludar a Eça de Queirós y a Luis de Camoes, y ya seguimos para ver la Iglesia de Loreto, las iglesias de Lisboa cada
vez se parecen más entre si: de salón, un buen tabernáculo, neoclásicas, muchas
pinturas y muchas trampantojos, y la bancada hendida y rodeada de una
balaustrada. Cumplida la parte de turismo religioso, visitamos una Barbería de Lujo, aquí en Portugal son
muy especiales con ellas, después la Cervejaría , Trindade que es
preciosa, enorme y con algo de convento. En San Roque había misa y no pudimos entrar,
pero como San Pedro Alcántara es un
mirador, pudimos. Dejamos solo el Elevador da Gloria y volvimos a San Roque y ya sí, En la cervecería Brasileira nos juntamos
con Fernando Nogueira Pessoa y El Chiado, poetas los
dos, de letras difíciles, y nostomamos unas cervezas con ellos y unos frutos secos que llevábamos en los bolsillos.
Y ya
cumplidos, pero dejando cosas, nos fuimos a comer al Palacio del Chiado, sitio de verdadero lujo, portentoso arranque de
escaleras y mejor todavía relación Calidad/Precio, que medirían algunos. Para más barato nos tomamos el café y postre
helado en Armonium de la rua Garret.
Tuvimos que tomar el tranvía, para
volver a casa, por Santa Lucía, y descansar un poco
En Lisboa
no hay quien se libra de La Baixa , ¡como está
en medio! También es la Lisboa
que diseñó Pombal tras el famoso Terremoto de Lisboa de 1755. No sé si algún día
hemos hablado de él, Murieron 100.000 personas y se cayó la torre
de la Iglesia
de Huéscar, entre otras mil catástrofes la mañana del día de todos los
Santos del año dicho. El rey, José I, preguntó abrumado a su ministro: ¿Qué
hacemos ahora? Y el ministro le dijo aquella frase que pasaría a la Historia : “Enterrar a los
muertos y ayudar a los vivos, Majestad”. El ministro se llamaba Pombal y también
reconstruyó Lisboa, rediseñándola al paso.
Antes, de
llegar a la Baixa ,
tuvimos que resolver el problema de cómo
un tranvía de Lisboa toma una bifurcación, porque tomarla, tiene. Hubo que esperar que pasasen seguidos dos tranvías que la tomasen para distinto sitio y que ningún coche nos
tapase la vía en su punto crítico; mientras nosotros hipotetizábamos, vaya
verbo si es que existe. Por fin lo vimos. Cuando viene un tranvía que va a
tomar la bifurcación de distinto modo que el anterior, las agujas de los raíles, se
desvían milagrosamente, o por acción de un mando a distancia, y le pone al
tranvía el camino, el rail, a modo. Yo ya lo había visto hacer a mano, pero
Rafael se había interesado por el tema, y descubrimos lo de la distancia, Mara también estaba ya intrigadilla. No
sé si se habrá entendido la explicación, pero es que nada mas que con palabras,
con las manos atrás, me es muy difícil explicar según que cosas.
Encarrilado ya el
tranvía por buen camino, nosotros seguimos viendo ruas, pastelarias, mimos,
restaurantes, tiendas y escaparates, y oyendo las músicas que ambulan en
Lisboa. Llegamos hasta el Rossio y vimos de lejos y desde abajo
el ábside de la Igresa del Carmo, que sigue rota allí.
Y nos
volvimos para “la Fama de Alfama” llamémosle garito, mezcla
de restaurante, café, cine y pub, donde esa noche cenamos y oímos una chica cantar bonitos
y casi alegres fados, pocos pero intensos; quizá mejor así.
Y ya tarde,
después de casi todo el día hablando y viendo, menos el ratillo de la siesta,
nos fuimos yendo a la casa de Addiça, a esperar que la noche pasara suave y nos descansara un poco.
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