jueves, 29 de noviembre de 2018

E22 27 Nov de Viaje 1/2


27 de Nov  Días de viaje 1
           
            Como el plan es ir conociendo Portugal, en dos días buenos que anunció el Tiempo quería ir un sitio llamado Batalha ciento treinta km al Norte de Lisboa y ver unas cuantas cosas de ida y de vuelta. Aquí falla el transporte público, muchas paradas para él. Así pues pensé alquilar un coche que fuese y parase donde yo dijera. Alquilar un coche es muy sencillo y muy barato, un rato y 13 euros dos días y algo más que le añadieron, 20. Hice bien en no traerme coche.

            En 30 km había salido de Lisboa capital y algo más y tomaba café en Mafra, pasado el stress alquilatorio y circulatorio. Mafra es un pueblo-ciudad muy grande y dormitorio, pero lo que yo buscaba es un palacio _monasterio-convento_cuartel enorme que mandó construir Don Joao V a principios del XVIII y por tanto  barroco perdío. Aquí sucedía la trama que cuenta Saramago en su novela “Memorial del convento” que yo recuerdo mal, solo me suena una pareja de gente pobre de la que ella tenía el poder de ver la gente por dentro y de un fraile que en aquel tiempo estaba construyendo un avión, y poco mas. No sé para que leo.  También de ese convento o de ese libro vino el nombre de aquel festival de música étnica tan bueno que todos los veranos había en Castril, y otras siete capitales europeas, que se llamaba Sete Sóis Sete Luas.

            Estaba cerrado. Todavía no se han puesto todos de acuerdo en que Monumentos que cierran cierren los lunes. Así es que hay que volver, que podría ser en Bus desde Lisboa y echar casi el día. Para abrir boca dice Wikipedia que ocupa 4 Ha, como cuatro campos de fútbol y tiene 1,200 habitaciones, 4.700 entre puertas y ventanas y 29 patios. Otra vez será. La verdad es que se veía enorme y llamativo.

            El punto siguiente era Batalha, unos 100 km más arriba, parte de autovías de peaje que son magníficas y parte de carreteras que están muy bien. Batalha se llama así por que por allí fue la Batalla de Aljubarrota, que yo conocí cuando empecé a leer para este viaje, pero que los niños portugueses aprenden al nacer. La tarde del 14 de Agosto de 1385 el ejército portugués formado por   muy pocos hombres y dirigido por D. Nuño Álvarez Pereira destrozó en 3 ó 4 horas al ejército castellano de D. Juan I de Castlla, formado por muchísimos muchísimos hombres. Total, que ahí empezó el Portugal moderno, grande y libre hasta Salazar, y por eso los niños portugueses se lo aprenden desde chiquitillos; es el símbolo y el signo de la puta identidad que tanto  gusta a tantos. Hay un Centro de Interpretación en el mismo campo de San jorge donde fue la batalla y hoy recrean con técnicas audiovisuales, 3D y multimedia, total una película, lo que pasó entonces. Yo allí siempre hablaba en francés o inglés para que no sospechasen mi identidad. Un enemigo es siempre un enemigo.

            Muy cerca está la Basílica o Mosteiro de Batalha, antes del laicismo,  de Santa María de la Victoria. SuperImpresionante es la única palabra que se me ocurre, supergótico y supergrande. Tiene muchas partes que recorrer y me declaro incapaz de contarlo. Lo mejor es Wikipedia y un buen rato.

            A pesar del buen coche y las buenas carreteras, el día iba todavía más rápido que el coche y yo, y en cuanto se hace de noche, antes de las seis de la tarde, se acaban el día y las cosas. Podía llegar y justo, ya de vuelta para dormir en Óbidos, para ver la fachada del Monasterio de Alcobaca. Que también tiene todos los títulos hasta el de Patrimonio de la Humanidad e incluso el de las Siete Maravillas Portuguesas (SMP). No sé nada de Alcobaca pero la portada de la fachada principal era soberbia también, se ve gótico pero muy distinto que el de Batalha, como mucho mas temprano. La parte del pueblo que rodea la fachada, también se veía atractiva, pero tenía el coche en prohibido y fuera de mi vista. Sólo pude quedarme con la idea y con las ganas de volver.

            Por fin Óbidos y final de viaje. Es una ciudad totalmente amurallada y para colmo la zona de almenas y merlones estaba con una franja de malla de luces blancas que tanto abundan en Navidad. La verdad es que quedaba llamativo y sobretodo vistoso. Alrededor de la muralla crece el pueblo me imagino que moderno, feo y cómodo, yo ni lo vi; yo iba mirando la muralla.

            No quiero acabar el día sin mi homenaje repetido al GPS, mejor dicho Navegador, ¡qué maravilla!, sabe tanto o más que Gugle, aunque sea de un tema muy concreto. Qué vayas donde vayas, del mundo mundial, él te vaya diciendo por donde, cuanto falta, donde la próxima maniobra, y donde no debes correr, tiene tela. Encima te equivocas y en vez de decir “te lo dije”, “”si es que no te fijas”, como dicen otras, él dice “recalculando” sin más y te sigue orientando. Y como decía mi amigo Carlos Novillo, antes de irse: “y encima gratis”. ¿Cuánto pagaríamos por algo así si nos cobraran?  “Salve GPS, duceri te saludant”, más o menos, habrá que cambiarle algo, pero suena bien. Es mi homenaje.

            Volví a dormir en un hospedaje que se llamaba la Casa del Reloj” como en MolinaSeca (CdS). Pero antes recorrí el pueblo. Endiablado. El único llano debía ser el suelo de la Iglesia, como la cocina de Don Matías en Tudanca de Peñas Arriba, el que no la haya leído que la lea. El pueblo empedrado, inclinado y solo, pero cuando te das cuenta estás en el Castello que hoy es Pousada;  no entendí cómo llegarán los pocos clientes que allí caben. El camino del adarve se puede recorrer pero a esas horas ni subir. Yo di vueltas en una soledad casi medieval y cuando de milagro vi un sitio de cenar, entré y lo hice, creo que no había comido. Había una pareja y enseguida me quedé solo, y en cuanto salí cerraron. Encontré mi casa, extramuros, pero inmediata, y me encontré en mi habitación más temprano que nunca. Repasé los papeles y el día; y dormime.

lunes, 26 de noviembre de 2018

E21 Cualquier día


Cualquier día

            Voy a tratar de contar hoy algunas cosas de mi vida en Lisboa quitando la parte turística o viajera.

            Jesús Reverte, que escribe y cuenta los mejores libros de viajes que yo he leído, ¡ y qué viajes ! Nunca cuenta los pormenores o pormayores, nada que no sea el recorrido. No sé si viaja con maleta o con bolsa, cómo duerme o cómo paga, qué come, cómo se lava la ropa o si tira y compra, si toma café o si no cena, si oye música o canta él solo. Y yo siempre me quedo con las ganas de saberlo. Mi madre me enseñó que cuando se enseña una casa, porque al otro le interese, los cuartos de baño no se enseñan nunca. no sé si será el caso. Por cierto que cuarto de baño, retrete, vater y esas cosas en Portugal se dice “casa do baño

            A mi me encantaría madrugar, es decir levantarme antes de cuando me levanto, pero soy de los que segregan la espabilina tarde, y aunque me despierte pronto, me levanto tarde; así es que sobre las nueve me pongo en pie y me asomo a ver qué día hace, cosa que es traicionera por que es frecuente en Lisboa que los días empiecen llenos de Sol y más de una vez se estropeen mas tarde.

            En España a mi me gustaba desayunar en la calle, y aquí parece que me ha cambiado el metabolismo, casi seguro que es porque aquí no hay churros, y el pan tampoco es el de Cúllar, total que casi siempre desayuno en casa. Junto al balcón me pongo mi bandeja, leche con nescafé y  tostada con mantequilla y mermelada, y las mas de las veces fruta. Y si no tengo prisa me quedo sentado al Sol o a la luz del balcón, me acabo de espabilar, leo y pienso en mi plan del día, etc.

            Lo normal es irme a la calle a dar un paseo o un paseazo, y si me quedo en casa, pues pongo orden, leo o escribo, esta bitácora se lleva más tiempo del que pareciera.

            A media mañana si estoy en la calle me gusta tomarme un café, a veces parece que lo necesito. En Portugal, por lo que sea, quizá por Brasil, se toma mucho café, y además al mismo precio que le gustaba a Zapatero, desde sesenta céntimos. A medio día he perdido la costumbre de ir al Café X, no tengo a Bruno, ni a Abelardo, tampoco a Jesús Pedro, Eloy menos, y aunque yo soy de los que van solos por los bares, tiene que ser por sed, por descansar o esperar, o por hacer algo. Total que lo de “Copa 10 se acabó-

            Lo de comer, según me pille, si estoy cerca de casa me hago aquí mis cosas, que ya puestos a contar cuento: patatas fritas, huevos, un filete de cerdo, bifé, un pescao a la plancha, canelones, ensaladas, y pocas cosas más. Cuando vuelva de España me he de traer latas de fabada, están riquísimas y muy fáciles de tomar; también sé hacer cocido, pero aquí no he hecho; de postre siempre fruta. Si estoy en la calle, en Portugal hay sitios para comer cada 20 metros, de media, y muchos parecidos. Anuncian platos del día a diez euros o menos, pero luego entre el pan, las aceitunas, la cerveza, la sobremesa (postre) las servilletas y todo eso se acerca a los 20 €, o se pasa, si no controlas. Aquí se suele ofrecer y pedir siempre un plato, pero lo ponen con mucho acompañamiento y parecen dos.

Si he comido en casa, o estoy cerca es difícil eludir la siesta. Y vuelvo a hacerla en el sillón del Sol, suelen ser cortas pero con un espabilar largo. Si estoy lejos de casa ni me acuerdo que es la hora de siesta.

            Entre siete y ocho de la tarde, parece que el tiempo pasase mas despacio, todas las tarde se me hacen lentas en esas horas, luego se pasa y el tiempo transcurre normal.

            Al recogerme tampoco paso por El Caballo ni por El Patri ni por los bares de Martínez Campos, ya me he explicado antes. A lo mas, a veces, pocas, un par de cervezas en Ginginha da Sé o en La Madroña, con mis amigas.

            La cena, como no hay bares, soy más formal que era, pero ceno poco, puede que una sopa y poco más, o me preparo una cerveza o un vino y un poco de tapas.

            Como las tardes son largas lo anterior puede haber pasado a las nueve, y entonces otra vez al sillón, y viene el teléfono, los mensajes, los planes, la lectura de los panfletos turísticos, estudio de recorridos futuros, fin del periódico, etc.  Y me tomo mi yogur, Conchi; mejor mi gintonic, que nunca está tan bien como los de la calle, pero es lo que hay.

            Para las doce casi siempre estoy acostado y casi siempre solo, podíamos casi quitar el casi. A modo de somnífero me pongo las grabaciones (podcast, dicen ellos) de RNE que hablen de las noticias del día, o me pongo, si las noticias me deprimen mucho, una conferencia de la Fundación Juan March. Y así poco a poco me duermo y cambio de día. A veces sueño. Una noche soñé que soñaba.

domingo, 25 de noviembre de 2018

E20 Días 23, 24 y 25


23 Viernes,   MNAA y El Chiado

            Serían las nueve y media de la mañana y yo estoy pensando qué hacer con esta mañana tan azul de Lisboa cuando me llama Eloy desde el Perla que está tomándose un chocolate con churros y pensando en cosas de los dos; yo he desayunado así muchos jueves con él, con los mismos churros y la misma conversación; los churros se repiten mucho. Me cuesta mucho trabajo imaginar que Eloy en el Perla y yo en la Alfama estamos en el mismo tiempo y tan distinto todo, habiendo sido tantas veces lo mismo. No sé explicarme, no sé decirlo, pero si sé lo que me pienso.

            Decidí recorrer un poco del Chiado, o Barrio alto, que tengo un poco dejado. Empiezo por lo bajo, por la calle San Luis con el propósito de seguir por las Rua Janelas Verdes (ventanas color de pelo lorquiano) donde está el Museo de Arte Antigua, anterior a 1850 quiere decir antigua, Yo estoy algo harto de los museos de siempre, luego si me acuerdo me explico; pero camino de cualquier museo hay muchas cosas dignas en una ciudad como Lisboa, que para mi es tan nueva.  Por ejemplo;

            El edificio de la Empresa de Electricidad Portuguesa, que no se llama así, pero en Lisboa no hay letreros, cuesta mucho saber lo que estas viendo, o de qué es una tienda hasta que no estás comprando. No sabría describir el edificio, pero es para mí de lo más moderno de Lisboa y a la vez bonito. También descubro, aparte de plazas y mercados, el Teatro La Barraca, donde han estrenado o estrenarán “Mariana Pineda”, pero no se aclaran y como está cerrado tampoco me aclaro yo. También paso por el Museo de Comunicaciones, que no es de los clásicos que decía antes. Y que me propongo ver de vuelta.

            Museo de Arte Antigua. Decía que a mi estos museos me gustan hasta cierto punto, me aburren un poco y me abruman. Pero hace años descubrí, una vez que entré en el Louvre sin ganas o sin querer, que pasearse por un gran museo es muchísimo mejor que pasearse por la calle, es otra dimensión. En la calle hay de todo, edificios bonitos y feos, mujeres guapas y no tanto, jardines ordenados o no, ruido grande o infernal. Sin embargo un museo es un remanso de paz, rodeado de las cosas mas bonitas que ha hecho el hombre y que han sobrevivido para ganarse el sitio, silencioso, limpio, sin caber más orden. Y tú paseas sin mirar y viendo, cosas todas hermosas, cuando quieres te paras, te acercas, lees, reconoces, recuerdas, sigues, te paras, miras, te vuelves y sigues paseando en el silencio solo en el que suelen estar los museos. Sí, ir a ver un museo de arte sin objetivo definido, o verlo en general queriendo aprenderte todo, me cansa, pero pasear por un museo como el que pasea por un bosque pero algo mas despacio, es una experiencia religiosa. Hay que procurar que no se entere de esto mucha gente, para que el silencio de los museos siga estando solo. Yo os lo digo a vosotros porque sé que sois pocos.
            El museo además tenía cafetería, restaurante y unos jardines, supongo que para los empleados, que valía la pena quedarse.

            El Museo de Comunicaciones es otra cosa, casi como un museo etnológico, todo se entiende y te suena: el coche de postas, la cornetilla del cartero, los teléfonos a magneto, los de disco, las telefonistas, el Morse, los telégrafos visuales, y el lenguaje de banderas; no pude evitar un nudo muy grande en la garganta, recordando a mi amigo Manuel Velázquez Elvira, cabo señalero, “con quien tanto quería”, y que también “se nos ha ido como el Rayo”. Un beso muy apretao Luisa.

            Y a pesar de todo, la vida sigue… Como el Chiado se llama también Barrio Alto, hay 3 ó 5 elevadores que ayudan a subir. Por aquí descubrí el elevador de la Bica, resultó ser como un tranvía de tres raíles (¡!) que sube y baja una cuesta de un 25 % , calculo que no medí, y te lleva del mar a la Plaza de Camoens, pero como costaba casi 4 eurazos, y yo aquí estoy a ver si se me pone el culo prieto y para ahorrar dinero, me lo subí por escaleras,

            Antes del final, descubrí porque lo buscaba, el Mirador de Santa Catarina, la ultima colina quizá. Precioso el mirador, para ir, por el sitio y por las vistas. Mira hacia el Tejo y hacia, iba a decir África. También descubrí una biblioteca, pregunté si podía, y me dijeron que si sabía leer si. En una especie de pecera mirando a África me leí dos números de un periódico que se llama Público. Leí y entendí, estoy contentísimo, es una lástima que lea y no hable, portugués me refiero, preferiría ser como mis nietos que hablan perfectamente y no leen, ya aprenderán.

            Le dí una vuelta a algunas calles que no conocía, descubrí dos teatros nuevos, en el Chiado hay muchos, y me metí en unos enormes almacenes para bajar 4 ó 5 pisos en descensor. Comprendí porque los museos, los bosques y las cinematecas están vacías. Lo están porque no venden cosas, en esos almacenes la gente se amontonaban para pagar las compras que llevaban, y eso que decían que ayer (atroz viernes) había que pagar menos.

            Mira que me gusta la calle, es que vivo en ella, pero cuando llego a casa, y a pesar de que esta no ni mía ni la mía, creo que llego a uno de los mejores sitios de la vida, o del día. El sillón, la música, el periódico, las zapatillas. ¡ Qué invento, las zapatillas ¡

            En el camino había comprado unas cuantas cosas, aquí además de pasear, descubrir y disfrutar también se consume. Había comprado una especie de bizcocho con fruta glaseada, o como se diga. Me preparé un café con leche y con el bizcocho, la música, el periódico, el sillón y las zapatillas, qué queréis que os cuente.


Sábado y 24,  MontSanto

            Hay días que empiezan mal. El planazo de hoy era ir con un grupo de gente en MontSanto a plantar un bosque, yo estaba citado a las 9.30 allí, cuando llegaba a las 9.25 se iba un autocarro con la gente que fuera; en las oficinas, no supieron mas que disculparse un poquito y encogerse de hombros. Me quedé compuesto y sin novia. Para colmo a la noche había una marcha vietnamita, excursión nocturna, pero yo no llevaba mi frontal y aunque era noche de luna … , todavía quedaba mucho día.

            Como lo que yo quería era conocer MontSanto, me fui a recorrerlo por donde me diese. Allí hay muchas pistas, caminos y veredas, muy pocos letreros y por ser domingo algunas personas. Y yo ya tenía planos en papel, digitales y una idea de aquello. Estuve toda la mañana dando curvas y llegando donde quería. Aquello esta lindo, mucha vegetación y muy variada, relieve fácil, y distancias relativamente cortas y los animales irracionales escondidos. La verdad que anduve bastante y vi mucho. Muchas cosas llamativas, una: parece que hay muchas canteras, que aquí llaman pedrerías, abandonadas ya hace bastantes años, pues cuesta trabajo verlas de vegetación que tienen. La frondosidad de Montsanto me la explicará alguien algún día, toda su vida se dedicó al cereal hasta que se abandonó por improductivo, la lluvia no llega a 900 mm anuales, el terrero es calizo y por lo tanto con mucho drenaje y hace 80 años aquello era un erial. Se tiran 10 años plantando árboles foráneos que luego no cuidaron mucho y ahora es aquello una selva. Me cuesta creerlo. Hay allí muchos miradouros anunciados, los prepararon en los inicios del Parque, y hoy ya no sirven, la vegetación es mucho más alta que los ojos.

            Como había atravesado prácticamente el parque decidí comer en la tercera y última AR por la que pasaría, mi gozo en un pozo, cerrado el bar si es que alguna vez abre. Una cosa mala de este parque es que los atraviesan varias carreteras y hasta una autopista, pero por las carreteras pasan buses y uno me trajo a casa.

            Gran desilusión; mi teléfono, que es muchísimo más que  un teléfono, tiene una aplicación Samsung Heath, que en realidad cuenta los pasos que doy desde las doce de la noche 
            Y luego el los pasos los pasa a kilómetros, suponiendo un paso medio sin preguntar quién pasea. Yo estoy asombrado de lo que ando en Lisboa, algunos días más de 20 km y en las dos primeras semanas 120 km, ¿a qué está bien? Pues también es falso, ayer puse en marcha al mismo tiempo un navegador con GPS y marcó justo las dos terceras partes, es decir que de lo marchado hay que dividir por tres y multiplicar por dos. Es decir que los 120 km se pronto se quedaron en 80. No podía ser que yo anduviese tanto y estuviese tan fresco. Desde que deje de creer en cosas grandes tiendo a no creerme ni lo que yo digo, y razón no me falta.

            Total que comí en las Tascas de la Sé, que estaba esperando a ir con alguien, y volví a mi casa. Chispeaba suavemente sobre la Alfama y casi seguro sobre MontSanto. Y así siguió toda la tarde. Así es que la marcha vietnamita por allí, ni lo intenté yo, ni creo que la hiciera nadie, tarde de camilla y de té con pastas.


Domingo 25,  Casa

            Y hoy estamos igual, amaneció contra el teléfono, una mañana esplendida mientas el teléfono decía que llovía en Lisboa. Son casi las siete de la tarde, una hora ya de noche, y desde media mañana no para de lloviznear y de parar. Salir apetece poco, nada. Dice el programa mentiroso que hoy he andado ya 150 m en 206 pasos. Tendré que salir un poco, me da casi vergüenza; aunque llueva

            He sido capaz hace un rato de alquilar un coche por teléfono, dos días 15 euros. Debo haberme equivocado. Los próximos  martes y miércoles me voy a hacer un viajecillo por aquí cerca; Mafra, Batalha y Óbidos, más lo que caiga al paso que parece que hay sitios bonitos. Hoy mi plan era, se me había olvidado, irme en convoio (tren) a Évora que es bonita y cercana. Otro día saldrá el Sol.

           Otra vez estoy al día son las 7 de la tarde en la Bitácora y en el día y es domingo en los dos sitios

jueves, 22 de noviembre de 2018

E19 Martes y Miércoles


20 Martes

            Día de lluvia, día de casa. E incluso en esta casa que además de nos ser mía es de paso, siempre hay que hacer, aparte de que hacer nada ya es algo. Total que casi no salí

            Comí en un restaurantillo, se llama “Al Margen” cerca de mi casa y de la Sé, que descubrí (¡) el otro día; el sitio está bien, sin pretensiones, como tantos otros, menú completo a 8.50, la comida bien, el servicio personal; pues creo que ese día comí yo solo. Me dieron ganas de comer otra vez seguido, pero no tenía ganas.

Aprovechando un rato de Sol, me di un paseo por la orilla del mar. Aquí es muy fácil creerte en el Mar cuando es un río. Es muy fácil confundirse, como la paloma de Serrat. Aquí no saben el nombre de ese ensanche del río, y le dicen estuario, pero cuando yo iba a las Monjas Nuevas, Huéscar las conoce, este ensanche se llamaba el Mar de la Paja, así que paseé por la orilla del mar.

            A la noche bajé a los bares a ver a mis amigas, y las vi. Han estad una semana de vacaciones y de viaje y me han dejado muy solo. Stephany cierra su chiringuito para fin de año. Lástima.

            Estoy planeando un viaje estupendo, por Portugal me refiero, alquilaré un coche y pasaré por ahí un par de días o tres, viendo sitios y pueblos. Ya contaré.


21 Miércoles

            A mi de entrada hay muchas cosas que no me gustan, o no me gustan mucho, por ejemplo las tiendas y en general las compras. Yo todavía no he entrado en el Hipercor de Granada, que cuando abrieron fue toda una revolución comercial y social. Yo me dije de no entrar en aquello, y fue un gran acierto, largo de contar. La verdad, por si alguien me ha visto, es que creo que últimamente he entrado tres veces, fue inevitable, pero apenas si miré.

            Cuento esta digresión, porque ayer tras media hora de viaje, llegué al Corte Inglés de Lisboa y entré. Me explicaré. Yo a veces me desoriento como  la paloma de antes, creo ir al Norte y es Sur, total que necesitaba una brújula y la quería pequeña, por mi Lisboa no encontraba y me dijeron que eso en Decathlón y Decathlón esta en el Corte Inglés en Lisboa. La encontré y la compré.

            A mi tampoco me gusta comprar ropa, hoy va de confesiones, pero metido en gastos y en esa tienda, que es un primor, y siendo Miércoles Negro, me compré unos pantalones de campo,  una especie de forro polar que dicen esta hecho con botellas de plástico recicladas, aunque no se nota, una cantimplora y una mochila de ataque muy pequeña y verde; me parece que demasiado pequeña y demasiado el verde.

            Siguen las confesiones. A mi tampoco me gusta mucho la tele, en realidad tan poco que todavía no tengo. Cuando iba a casa a ver a mi madre, debía quedarme mochuelo mirándola, la tele, y mi madre decía que para no gustarme bien que me fijaba, yo le explicaba que por eso no tenía. Con las tiendas y con las compras debe pasarme algo parecido.

            Ya con la brújula, compass o bruxula en la mano, me equivoqué a la primera, vi un restaurante, que se llamaba Eleven, que me gustó. Menos mal que miré antes de sentarme. Había tres menús, uno de 85, otro de 120 y el tercero ni lo miré, tampoco vi la carta.

            Con la brújula en la mano y sabiendo donde estaba, llegué a la Estufa Fria, es un recinto donde se amontonan o sobreponen cantidad de especies botánicas de los climas fríos. Yo sabia que hay también una Estufa Caliente para la vegetación de los sistemas cálidos, ya había preguntado y ni los taxistas sabían, incluso Google cuando le pregunta por la estufa calida te cuenta lo de la fría. Misterio aclarado: la Estufa Quente (caliente) está dentro de la fría, no se ve desde fuera, y por eso ni Google ni los taxistas la conocían. Aquello es interesante, pero lo hubiera sido más con Paco V. que tanto sabe, o con Pedro G. que se lo podía haber inventado. Aprendí, pero no es seguro, que estufa significa invernadero, y no vi, pero busqué, pingüicolas; pingüicolas son plantas carnívoras que Pedro G y yo aprendimos junto a la Laguna de la Mosca y luego me repasó Paco. Por eso los eché de menos. Por allí anduve casi solo. Un día contaré porqué creo que soy raro, y me preocupa un poco.

            A la salida en un quiosco de un parque, sin nadie, me comí uma tosta de presunto y queijo con una cerveza. Me ahorré con esa comida unos 120 €, y probablemente estuviese tan a gusto como en Eleven, o más.

            Y seguí con mi brújula nueva hasta dar con La Madre de las Aguas Libres que vi el otro día. Es el punto, construcción, a la que llega un acueducto famoso y desde donde se distribuían las aguas para Lisboa y sus chafarizes (fuentes). Es un sitio llamativo y raro. Vendían allí entre otras cosas una jarra para agua, yo por deformación fraternal (¿te das cuenta Pedro?) pensé para vino, era curiosa y muy sólida y valía 5 €, dudé si comprarla y me acordé de Eloy vs Barcelona, decidí volver a mirarla después de ver Las Aguas. Cuando la remiré me gustó más, resultó que era un diseño de Alvaro Siza y que donde vi un 5 era un 50; pensé que pesaba demasiado y la casa estaba lejana.

            Y ya, brújula en ristre, si es que en el ristre puede ponerse una brújula, me fui yendo para casa dejando algunas cosas para otro día. En un momento decidí tomar un tranvía y fue interesante. A veces, las vías de los tranvías se bifurcan, como los hermanos Molina saben las bifurcaciones hay que tomarlas, pero el tranvía no es como ellos, el tranvía tiene que elegir para dónde, es decir el tranvía tiene voluntad; pero no tiene volante. Yo ya había pensado en este problema, pero no. Descubrimiento: el tranvía para ante la bifurcación, el tranviario se baja con una especie de bastón de yerro, lo introduce en un agujero del suelo y pone las agujas, el extremo de la vía de la bifurcación, como le interesa, si es que no estaban a su placer; elemental.

            Lo del tranvía que venía atestado, no terminó ahí. Al tranvía le pasaba algo raro, y en efecto, al rato se para y dice el que conduce que hay que a bajarse y montarse en otro que venía detrás, habíamos hecho rechoncha. Yo estaba deseando ver como el de atrás adelantaba al de delante averiado, era mi día. Pero no fue tanto. El de delante siguió andando despacio y en un cruce, se para, echa marcha atrás, se mete en otra vía, para eso las agujas, y nosotros lo adelantamos. Del tranvía roto pude saber más. Me bajé en los Miradores, miré y me recogí

A veces pienso que esta bitácora puede resulta a más de uno prolija y ajena, pero no sé escribirla de otro modo y además quedamos en que era para mí, principalmente. Aunque la de hoy está dedicada a Eloy G., que dice que cómo me quedan cosas nuevas todavía en Lisboa.

NB
Ristre: pieza soporte con bisagra en el pecho de una armadura donde se apoyaba la lanza para entrar a matar.
Prolijo: pues eso, minucioso, extenso, farragoso, redundante, pesado.
Bitácora: especie de armarito redondo junto al timón del barco donde estaba la brújula o compás, y dos bolas de hiero móviles para que la brújula no se influyese por el hierro del barco. Debajo tenía una puerta donde se guardaba un libro en el que se escribía lo que pasaba a diario; de hay lo del libro de bitácora, bitácora y bloog.  [creo que esto ya los expliqué otro año]                        +
                Aguja para marear cultos es un soneto de Quevedo o de Paco V, no sé, que hoy vendría al caso.

martes, 20 de noviembre de 2018

E18 Un día completo


19.11  L   Un día completo

            El día se despertó semicubierto pero mi teléfono decía que de llover sería poco y me fui directo a mi particular conquista de MontSanto.  Mr. Google sabe mucho, es mi ejemplo de hombre sabio, pero algo no va; a mi no siempre me dice lo mismo y una vez encuentro lo que busco y otras creo buscar lo mismo y ya no está, o aparece luego. Pero no conozco nadie mejor a quien preguntarle cosas.

            Ahora me propuso otra forma de ir a MontSanto y me fui con él. Yo quería llegar al Centro de interpretación de MontSanto. Por si alguien se ha perdido, MontSanto, en Lisboa, es como la Casa de Campo en Madrid, pero plantada en los años 40 del s. XX. Debe tener muchos paseos, senderos, vías de bicis, áreas recreativas, miradouros, y muchos tesoros  y recursos naturales. Un bus me dejó sabe dios donde, y aquello era un bosque húmedo, húmedo por la lluvia, no por las especies, que ya hablaremos. Yo me puse a andar por senderos nunca vistos, de buen andar la mayoría y rodeado de una vegetación lujuriosa, se decía antes, para mí que aquello era vegetación mediterránea: alcornoques, pinus pinea, pincarrasco, majoletos, encinas, algún olivo, lentiscos y mucho arbusto y herbácea de nombre ignoto. Podías imaginarte en Cazorla, aunque con la vegetación más viva y espesa. Y digo yo que estando aquello entre el Tajo y el Atlántico, que se ven los dos, cómo es aquello tan mediterráneo; y casi lo mismo pasa con el clima. A lo peor Mediterráneo es una palabra sin tanto significado como yo quiero. También es una canción preciosa, por ejemplo.

            Mientras buscaba el C.I. debí de equivocarme unas cuantas veces, pero no me importaba siempre me volvía a encontrar, aquello puede medir 6x6 km como máximo, no puede tener mucha perdera, yo seguía andando, viendo, y preguntando a los pocos que me encontré. Y disfruté. Y por fin dí con el rebuscado Centro interpretativo.

            Allí encontré el mapa deseado, actividades programadas, el próximo sábado me apunté para participar en un plantación de árboles, me traje el calendario de actividades programadas y me indicaron por donde seguir. Además (para além, se dice en portugues) comí allí.

            Seguí por el Parque, vi una zona infantil estupendamente preparada, seguí y encontré el Palacio da Fronteira, del que pude visitar los jardines, monumentales, y después fui buscando una salida peatonal del Parque, que llevaría por un corredor verde hasta la estatua del Marqués de Pombal en pleno centro. Me costó tanto encontrarla que cuando la hallé tomé un autocarro que me llevó a lo mío.

           
            Lo mío era un concierto. El autocarro pasó por una zona que le tenía ganas: “Las Amoreiras” y bajéme. Debía de haber habido un miradouro de 360º en lo alto de un edificio de 20 ó 30 plantas, pero está cerrado hasta Diciembre. Hay allí también un enorme Centro Comercial, aquí si había gente, y me compré una pluma estilográfica preciosa (caneta amoro preciosa); Yo siempre escribí con estilográfica. Se celebraba allí una cosa que debe llamarse “Lunes Negro” que equivale a nuestras rebajas. Como serán esas cosas que por poco me compro una mochila, unos pantalones, un forro polar y una brújula, pero al final no, no me hacían falta, la pluma tampoco, pero me hizo ilusión.

            Saliendo de allí y por tirar por una calle nueva me dí de bruces con “La Madre de las Aguas Libres” que andaba buscando; estaba cerrado, volveré. Se debe tratar del sistema de distribución de las aguas para Lisboa que antes traía el Acueducto de las Agua Libres de la Sierra de Sintra y muchas fuentes. Este acueducto es muy vistoso, pero no tan romano como el de Segovia, se ve raro. no secayó cuando el terremoto, y ya estaba hecho.

            Creo que he contado que en el Palacio de Foz, todos los lunes hay un concierto; para mí que muy bueno, en una sala preciosa y gratuito. Llegué por los pelos y además con asiento. Una hora oyendo un piano en el que sonaba Debussy. Estupendo, muy descansado y relajante.

            Había quedado en la Cinemateca para ver con mi amigo Rui “El Sol del Membrillo” de Víctor Erice a la noche y aunque faltaba bastante me fui allí. La dicha Cinemateca tiene unas instalaciones bonitas y estupendas, me senté en un sillón cómodo, leí un libro que había comprado de MontSanto, cené y mi amigo no llegó. De la película de Erice me gustó mucho la primera mitad, y de la segunda solo el color y la fotografía. A veces el cine bueno es difícil.

            A las doce de la noche, había salido de casa a las diez, llevaba 14 horas en la calle y 22 kilómetros de andar en el cuerpo. A pesar de mi manía andariega tomé un Metro y llegué a casa contento del día, de un día completo;  que es lo que he contado más todo aquello que se me olvida en el momento de la escritura.

domingo, 18 de noviembre de 2018

E17 Días de Visita 1b


15 Jueves

            De paso por el Campo de Cebolas, Alfandenga, Bacolhoeiros o el Llano, ya nosé como llamar a ese sitio, para ir a Pilar 7, entramos a ver La Casa de  los Bicos, donde D. José Saramago, vemos la parte de abajo que va de ruinas romanas muy bien recuperadas y nos informan que doña Pilar del Rio estará allí al día siguiente porque hay un concierto en Homenaje por un aniversario de Saramago y Pessoa, que aquí van muy unidos. Por fin.

            Pilar 7, es el séptimo pilar del renombrado puente de 25 de Abril y hace de Centro de Interpretación de dicho puente; desde hace unos años hay centros de interpretación de todo, yo estoy por llamar a mi casa “CdI de la Minha casa”. El caso es que allí te interpretan el puente, otra vez un espacio grande, muy moderno, y bastante personal empleado, para casi nadie. Todo el puente principal, 2400 m, con seis vías para coches y dos vías para trenes, cuelga de cuatro cables, dos muy gordos y otros dos menos, que se apoyan en dos ‘pilares’ de hormigón en el agua y armadura de acero en el aire. Pues bien allí hay un trozo de cable del fino, salvaje, medirá 50 cm de diámetro y esta formado por otros cables que están formado por otros cables, y por otros, y estos por otros que al final son hilos, con lo que ese pedazo de cable es más flexible, más fuerte y más seguro, Del cable gordo no debió sobrarles ningún trozo, o no lo enseñan. Lo mejor es subir en un ascensor hasta el nivel de los tableros y ver todo aquello en su verdadera dimensión, y ver cuanto rodea a vista de pájaro, o de constructor de puentes altos ¡Y qué altura! Luego, ya en el suelo de la Tierra hay en el suelo unas placas enormes de acero corten con muchos números del puente y las fórmulas matemáticas para su construcción: el teorema de Pitágoras, la ecuación de segundo grado, el cálculo del momento de inercia y poco más. Para mí que han simplificado un poco, que hacen falta más fórmulas

            Cerca del Puente había una zona antigua de pequeñas industrias y almacenes abandonadas que han transformado en tiendas y bares y le han puesto de nombre LX Factory, está bonito si gusta lo alternativo, parece que estás en otro mundo, por decirlo de alguna manera.

            Otro amigo portugués: Paolo de Pigarça. En aquella Finca de vinos que estuve hace una semana, Joao ,el dueño y facedor del vino de tinaja, me presentó a un tal Paolo que tenía un restaurante en Alfama, y que me podría venir bien.
            En efecto, hemos ido a su restaurante estos días, y ha resultado buenísimo, tiene un restaurante pequeño pero muy agradable, se llama La Muralla porque la Muralla de Lisboa hace de pared en el comedor. Está muy cerca de casa, pero no es tan turístico como los demás, parece más para portugueses, Paolo se preocupa mucho por sus clientes y a nosotros nos trató como si fuésemos especiales. En dos días hemos ido más de tres veces y siempre magnífico; a más del restaurante, al lado tiene una tasca demasiado parecido a lo que podía ser en España, pero el servicio y el trato especial. El que venga por aquí acabará más de una vez allí.

            Hoy hemos comido allí, y en efecto vale la pena. Y para la noche nos invitó a una sesión de fados que había en su restaurante.

            A mí el Fado no acaba de gustarme, los oigo al paso por los muchos locales que aquí hay en la Alfama, me parecen demasiado sentidos, desgarradores y repetidos, salvo en algún tramo. Me gusta más María la Portuguesa de Carlos Cano o un fado lindo que no sé si canta Pastora Vega, o así. Pero la noche de Fados en el restaurante La Muralla de Paolo era otra cosa, nos contó y entendimos que aquello era una reunión de gente de una especie de Academia y de gente importante en ese mundillo. Estaríamos allí unos cincuenta y la gente se veía de otra manera, abundaban las corbatas y parecían portugueses. A las guitarras había cinco músicos que dominaban lo suyo y de los que estábamos allí muchos salieron en su turno y cantaban dos fados cada uno, que por las guitarras y el ambiente nos parecía distintos y mejor de lo que se oye en los sitios de la calle.


16 Viernes

            Hoy tocaba separarse de la Ribera del Tejo, que Lisboa es más grande de  lo que parece. De la Plaza de Comercio y perpendicular al río y mas o menos casi recto se recorre la calle Augusta, se llega al Rossío, se pasa por Restauradores y comienza la av de las Liberdades, se llega al Monumento a Pombal y empiezan a subir los Jardines de Eduardo VII hasta llegar al Los Jardines de Amalia Rodríguez en lo alto, y de allí se baja al Corte Inglés.

            Nosotros en taxi que es como nos gusta movernos fuimos hasta la Fundación Gubelkian que no sé qué es pero tiene unos jardines preciosos, hasta ahora los mejores de Lisboa, y entre ellos un edificio enorme de oficinas (¡), dos museos estupendos y algo más. Nosotros empezamos por los jardines, que repito son especiales, acabamos mezclados con un curso de algo que allí había cuando estaban desayunando y nos tomamos, como si fuéramos de ellos, nuestro café con un pastel de nata. Y como somos los que prefieren lo real a lo pintado seguimos jardineando y dejamos las exposiciones, que algún día tendré que ver, y nos cambiamos al lago que hay en los Jardines de Amalia Rodrigues, donde echamos un descanso para seguir bajando luego por más jardines.

            Cuando nos cansamos de jardines y paseo, en coche fuimos al Chiado, que es un barrio poco citado por mí, pero muy citado en Lisboa, buenas casas y muchas cuestas, mucha gente y muchos sitios, aquí, hay mucha vida y mucho movimiento, si es que no es lo mismo. Y allí entre todo aquello y las estatuas de Camoens, lo más grande de las letras portuguesas, s. XVI,  la de Chiado, tabernero y fraile a mas de poeta muy antiguo que da nombre al barrio y la estatua de Fernando Antonio Nogueira Pessoa, poeta de la primera parte del S. XX que sale con frecuencia en esta bitácora; su estatua lo representa en bronce y sentado en un velador con una silla vacía que permite que la gente se le siente y se fotografíe como si con él estuviese. Hay una cervecería muy bonita, muy de guías, que se llama Brasileira y allí hicimos lo propio, mientras llegaban las gana de comer.
            Comimos en un Palacio, el del Chiado, que yo había visto y me quedado con ganas. El sitio está palaciego y la cocina al menos por mi parte muy bien. Vale la pena ir.

            A la tarde teníamos casi cita con Pilar del Río, viuda de José Saramago y natural de Castril como la familia de mi madre. Y nos fuimos a por ella a La Casa de los Bicos, donde había un concierto y la presentación de un libro, en conmemoración de algo de Pessoa/Saramago, que ahora que ninguno está son muy amigos. Entre concierto y libro conocimos Pilar, la saludé me presenté como casi paisano, y aunque estaba ocupada nos enseñó un poco La Fundación, nos contó detalles y la dejamos porque sabíamos que tenía deberes y cosas que atender. Quedamos en que a lo mejor nos veíamos otro día. 


           El concierto fue una cosa rara: dos guitarras y una batería que tocaban muy bien pero muy fuerte para una chica joven de pelo corto y gesto duro, muy duro,  que cantaba casi siempre en español, canciones protesta gritándole a cada uno del público como si fuésemos los responsables del mundo malo que ella veía no sé dónde, la chica parecía que viniese de los años sesenta sin saberlo ella, aun así la gente, que éramos de años y de corbata aplaudía con gusto. Hasta la canción aquella de Amanda que cantaba Víctor Jara, la cantó desagradable. Una cosa rara, allí.

            Como La Muralla de Paolo está en la misma acera y nos había gustado no pudimos evitar irnos hacia ella a picar algo mientras se hacía la hora del Hot Club. Dicho club se considera como uno de los mejores clubs de Jazz de Europa, pero no era así, el local no tiene ninguna gracia, el escenario no tiene sitio, apenas para el piano. Y para colmo el grupo de esa noche, que eran dos, hacían un Jazz, si es que lo era, muy raro y coñazo. Se lo dijimos al dueño y nos salimos. Con un gran paseo por el Centro y en la noche tibia de Lisboa volvimos donde siempre.




17 Sábado

            Séptimo día de visita, y muy bien. La verdad es que como ya he dicho en varias ocasiones, me ha cambiado la vida, y para bien. Mis amigos son fáciles de ‘llevar’, enseguida consensuamos qué hacer, todo gusta y de todo disfrutamos. Hoy hemos recorrido el Mercado de Ladra, una especie de Rastro, con un día sin Sol y sin frío. Hemos visto muchas cosas y hemos comprado nada.

            En el tranvía 28 hemos pillado asiento y nos ha llevado hasta La Asamblea Nacional, atravesando barrios clásicos y subiendo y bajando cuestas increíbles para un tranvía, que es como las Cortes de aquí, la Asamblea Nacional digo, un palacio neoclásico, muy grande y también con leones en las escaleras que acceden.

            Hemos comido como les gusta a los turistas comer, en un sitio donde no hay otros turistas que ellos. Se llama “OTaxi” y en verdad que donde está, poco turistas pasan; yo había pasado pero sin saberlo. Nos lo enseñó un día un taxista de los muchos que hemos conocido esta semana, y en verdad que ha sido bueno, algo lejano y algo cutre, pero allí todos eran paisanos, mucho pescado para elegir y algo de carne y todo servido de forma rápida, amable, barata y buenísima.

            Un taxista nos había dicho que a la noche encendían la Navidad en Lisboa, pero no era verdad, hay muchas iluminaciones puestas pero estaban apagadas. Fue motivo para dar un paseo y despedirnos de Lisboa, que debía saber que mis amigos se iban y se había puesto triste, fría y vacía. Dimos con un bar donde hacían música y cenas, y allí acabamos nuestros días de visita, conversación y compañía en Lisboa. Mañana otra vez callado y solo, que tampoco está mal. 



18 Domingo

         Toda la noche ha estado lloviendo, o llorando. A las 6.15 mientras yo dormía los recogió el taxi y se fueron para España. Yo en señal de luto e impedido, o impelido,  por la lluvia que está cayendo todo el día, no salgo de casa, Si el día se me hace enorme daré una vuelta como sea pero creo que no.









viernes, 16 de noviembre de 2018

E 16 Días de Visita 1a

12 de Nov  Lunes


              He perdido un poco el ritmo, ahora no sé ni como seguir. Me concentraré.
            El lunes pasado, hace nada, llegaron mis amigos Ángel y María del Mar y entonces la vida cambió, antes sólo hablaba conmigo mismo a los largo del día, hasta que llegaba a Ginginha de Sé, ahora sólo callamos cuando estamos en Ginginha. Sí, es una vida diferente, y muy buena. Pero lo que importa en esta bitácora son las cosas que pasan cada día, y estos días un poco ellos.

            Han traído el buen tiempo y Lisboa se pone más bonita con el Sol. Así que tras dejar las cosas en su casa, vivirán en el 3º izquierda de mi misma escalera, nos subimos escaleras de la calle arriba al Mirador de Santa Luzía que estaba en su esplendor y con la música (mujer que hace sonar sonidos bonitos) del otro día, rozamos el Castello de Sao Jorge y fuimos a comer a Solar do Mouros que tiene unas terraza fabulosas sobre la Alfama y el Tejo. Y maravilláronse.

            Descansamos un rato en las casas, un viaje aunque sea en avión, también cansa. Pero no tanto como para impedir un paseo por el Campo de Cebolas y la Baixa, calle Augusta y do Ouro. Yo todavía no sé decir, ni pensar, cuál es el Centro de Lisboa. Digamos que recorrimos uno de los muchos centros lisboetas. Y como hacía un cierto fresco nos fuimos viniendo para casa por el método del E28, el tranvía más típico de Lisboa, que nos deja cerca y por encima de lo nuestro. Y cenamos un poco en el Largo de Sao Rafael, debajo de casa

            Ni que decir tiene que cuando llegó el avión de Málaga en Lisboa se me acabó el silencio. Esta pareja habla mucho y yo les sigo. Sólo la separación devuelve el silencio a su sitio de siempre. Está bien. La visita había empezado muy bien y se presentía que iría mejorando aún.



13 y Martes

            Todavía hay sitios de Lisboa por donde no había ido y ésta era una buena ocasión. Hacia el Oeste, hacia donde desemboca el Tajo hay un barrio importante con sitios imprescindibles que es Belem, aquí pronuncian “belaim”, y eso despista. Cuando un bus o tranvía viene tarde es normal que venga a tope, valdría la pena esperar al siguiente que vendrá vacío, pero da miedo que al siguiente también tarde. El caso es que fuimos a Belaim en un tranvía moderno y a tope, sin el encanto de los tranvías que mis viajeros imaginaban.

            En Belem como decía, hay muchas cosas que ver, de las más es el Monasterio de Los Jerónimos, monumento manuelino sin desperdicio y con esa decoración exuberante que le gustaba al Rey Manuel, pero también le gusta a todos los orientales y americanos que vienen a Lisboa, y la cola era tan larga como el Monasterio. Así que acaba y vámonos, nos tomamos un café, que todas las mañanas está buenísimo y fuimos al Monumento (Padrao) a Los Descubridores, ese que es como la proa de un barco formado por muchos personajes que siguen a Vasco de Gama que hace como si fuese la Victoria de Samotracia, pero con  una carabela en la mano. También tiene por dentro un ascensor que sube a unos 40 metros y te proporciona unas vistas del Tajo, de Lisboa y del Atlántico, que imagínate. También vimos la Torre de Belén, por fuera, y en general la ribera del Tajo a la altura en que estábamos.

            Allí se quedó mucho por ver, a más de los Jerónimos. Hay un Centro Cultural que dicen es el mejor de Europa, un museo de Arquitectura, MAAT, muy moderno, que tiene una forma casi de almeja lisa, se quedó también el Museo de Carruajes y algo más. También se quedaron allí los famosísimos pasteles de Belén, pero es que esos pasteles están en todos las cafeterías y pastelería de Lisboa y no puede haber mucha diferencia, así es que a pesar del lo que dicen las guías, nos los dejamos; además a mis amigos no les gusta el dulce. La mañana siguió de sol espléndido, que ya tenía yo ganas

            Un taxi nos dejó al paso en el Mercado de Rivera o Time Out. Yo no sabía siquiera si era una cosa o dos, resultó ser un antiguo mercado de abastos transformado en un restaurante inmenso donde miles de personas comían lo que compraban en cientos de puestos de comida que había alrededor. Estaba bien, se comía bien, pero había mucha gente.

            Andando, y hablando de lo divino y de lo humano volvimos paseando a casa y descansamos hasta no recuerdo cuando. He descubierto que tres personas se cansan mucho más que una, lo que es lógico si se aplica la regla de tres. Preparamos un buen aperitivo en casa y allí seguimos hablando hasta que no pudimos más. 


14.11  Sintra y Cascais.

Son dos pueblos grandes próximos a Lisboa de los que ya hablé un día, e incluso fui a ellos. La verdead es que si alguien viene varios días a Lisboa tiene que ir. Pero allí hay muchas cosas que ver y hay que organizarse bien.

            Esta vez tomamos un taxi que estaría todo el día con nosotros, nos llevaría a los sitios y nos esperaría en las puertas, aparte, un taxista sabe mucho y casi todo lo que un viajero ignora. Y en este caso a cambio de 150 € nos ahorramos unos cuantos transportes, vamos derechos donde queríamos, quitamos tiempos de espera y evitamos errores. Para tres o cinco vale la pena.

            El Castillo da Pena, Palacio de la Peña, como tantos castillos está en lo alto de un Picu. Es como un castillo de hadas y de colores, muy llamativo de formas, y por dentro un palacio como decíamos el otro día que son los palacios reales.
            Conociendo ya aquello la próxima vez será de otra manera, billete sólo para el Parque que que rodea el Palacio y que te permite acercarte y entrar un poco en el Palacio y luego ir andando entre bosques de diseño a La Cruz Alta y al Castillo de Mouros, más auténtico; y llegar a Sintra y a La Regaleira andando. Menos turismo y más excursioneo.
            Nosotros visitamos Pena, luego paseamos por Sintra que en su centro es una ciudad turística y bonita llena de tiendas, de cafés y de turistas. Después visitamos por dentro la Quinta de la Regaleira que fue el sueño delirante de un señor llevado a la realidad, el sueño. A más de otro buen bosque con todo tipo de especies traídas de los confines del Imperio portugués.

            Camino de Cabo de Roca el taxista, Antonio, nos llevó a comer a una especie de mesón autentico portugués y para portugueses que como es natural estaba lleno de turistas, pero estuvo bien, y como es natural con comida de aquí. El sitio en español se llamaría “la madriguera de Julio” y en portugués no me acuerdo.

            Cabo de Roca es el punto más occidental de Europa, lo que antes era Finisterre; pero ahora parece que Finisterre ya no lo es, y parece ser que Cabo de Roca también dejará de ser el punto más occidental  de Europa cuando llegues a Irlanda o Islandia, la Geografía también es una cuestión variable, parece, pero la verdad es que como uno va por  la vida sin brújula y con la vista corta, esas sutilezas no se aprecian, y te lo crees. El paisaje era enorme, la vegetación rastrera por el viento y bonita por lo mismo, con acantilados magníficos y haciéndose y la mar Océana ocupando  la mitad del horizonte.

            Más adelante hay una zona de playa muy grande que se llama Guincho llena de dunas que se mueven y de surfistas que no. Nunca he conseguido ver surfear, siempre están esperando la ola que no llega; pero la playa era muy bonita.

            Cascais es otra ciudad grande y bien, que recuerda a los sitios de veraneo y en algún momento a Marbella. Vimos La Boca del Infierno y  a esas alturas ya estábamos algo cansadiños, recuerdo que éramos tres y que tres se cansan más que uno, y le dijimos a Antonio nuestro chófer que mejor nos volviese a la Alfama. Ya oscurecía a pesar de estar tan occidentales. La vida del turista, incluso en Lisboa, a ratos se hace dura. Y también se está a gusto en la casa de uno, aunque en verdad sea de otro. Descansamos un rato y más tarde seguimos en el 3º izquierda bebiendo, comiendo y hablando.