jueves, 1 de noviembre de 2018

E10 1 de Nov


31 X     Llueve en Lisboa

            Tercer día lloviendo, no es que llueva un disparate, entre chirimiri, chispeo y a veces más, pero parando poco. Suficiente para estar a gusto en casa, y ver y oír el repiqueteo de la lluvia en los cristales. Así que hoy acabamos pronto.


1 de Noviembre

            Esta mañana perdí el tren y me quedé sin mi primer viaje a los pueblos de por aquí, perdí el tren por casi nada; si el tío me vende el billete yo creo que lo pillo, pero parece que el andén quedaba retirado y no me lo quiso vender. Ha amanecido un día magnífico.

            Hay que cambiar el plan: Museo del Azulejo, un cementerio portugués y el Jardín Botánico, y si sale algo más, pues veremos.

            El Museo del Azulejo está relativamente cerca de la estación donde perdí el tren, y la estación relativamente cerca de la calle Adiça. Iba sin mucha ilusión, pensaba que no me gustaría mucho, pero vale la pena verlo, estos portugueses hacen y pintan con los azulejos lo que quieren, reconocen que las técnicas y el origen  está en los musulmanes, en Sevilla y en Valencia, pero ellos lo superan. Hay muchos azulejos, desde muy antiguos hasta del año pasado. Muy llamativa una panorámica de Lisboa vista desde el Tejo donde representan en 23 metros de azulejos 13 km de ribera lisboeta, y eso hecho antes del terremoto (1755) con lo que se ve todo lo que luego desapareció, lo que quedó en pie. Y debajo lo explican un poco.

            En Portugal usan el azulejo para revestir cuanto se les pongan por delante, las fachadas de las casas desde la acera hasta el alero, y el comedor de mi casa desde suelo a media altura, y por todas partes. En la película de El perro del Hortelano enseguida te dabas cuenta que estaba rodada en Portugal con tanto azulejo azul, (azul y azul-ejo, curioso)

            El estilo de los cementerios suele ser diferente de un pueblo a otro, a poca distancia que haya en medio). El de Lisboa todo son templetes, y si logras ver uno abierto resulta que tienen cuatro repisas a cada lado y en algunas repisas un féretro de madera, que imagino con su cadáver. Y de flores nada, todo limpio, ordenado y arbolado, pero flores ninguna, ni hoy con el día que es mañana.

            Ayer, precisamente, leía que había llegado de Brasil Ricardo Reis, heterónimo de Fernando Antonio Nogueira Pessoa escritor y poeta portugués más que famoso, muerto pocos días antes de su llegada, de Pessoa. Va a verlo al cementerio de Prazeres, al que yo he ido, y el vigilante del cementerio le explica a  Ricardo Reis como dar con la tumba de Pessoa, y va y se está allí un rato pensando sus cosas. Pues yo he intentado encontrar la tumba con las mismas instrucciones, y no he dado con ella, le he preguntado a quien veía, y no sabían; hasta que un joven ha echado mano del móvil y ha visto que el cadáver de Pessoa lo trasladaron hace años al Monasterio de los Jerónimos. Esto está un poco liado con un libro de Saramago que estoy leyendo que se llama El año de la muerte de Ricardo Reis”. También me ha dicho el joven que lo que si estaba allí cerca es la casa donde vivió Pessoa. Me fui a verla y me gustó.

            El Botánico también gustoso, muy céntrico, bien dotado y crecido, un remanso de paz y selva para pasar un buen rato como si estuvieses al otro lado del mundo.

            Volver a casa ha sido como un paseo por la música, en este caso de Música Ambulante, La Baixa y el Chiado estaban tomados por los músicos, ambulantes como los de Radio Futura, y la verdad que a mi me gustan casi siempre estos músicos, esta tarde todos; me van a arruinar.

            Para colmo, oigo música saliendo de una Iglesia, entro y había  una  misa  solemne con un coro de voces buenísimo, exageradamente buenos. Me he sentado y he oído hasta el sermón. Por la Liturgia y por la música habría sido el súmmum para don Juan Luis, que dios tenga en La Marina muchos años.

            Poco después tras once horas de calle, casi sin sentarme, y 17 kilómetros de andar, estaba en casa. El tiempo ha estado todo el día magnífico. Por cierto esta tarde el Centro de Lisboa hablaba español, de una forma sorprendente, todo lo que se oía era español, cuando estos días lo había echado de menos, el segundo o tercer idioma del mundo y el más cercano a Portugal no se oía en las calles. Dice Stephany que en los puentes y sobretodo en Navidad es así, una invasión.

             [He logrado terminar la bitácora del día 31 antes que termine el día. Me adelanté a mi mismo]



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