lunes, 12 de noviembre de 2018

E15 10 y 11 de nov


10 y 11 de Nov    Os vinhos alentejanos

Hace unos un amigo, José Antonio, de Huéscar me dice en un mensaje que si me iba  con él el sábado de vinos, le digo que yo estoy en Portugal, y me contesta que por eso. Resulta que el venía con su sobrino Alfredo a Cuba, un pueblo en el Alentejo, a 140 km de Lisboa, a una finca de vinos a celebrar La Festa do Vinho Novo” cuando sacan y empiezan a beber y vender el Vino que hicieron en septiembre u octubre pasado.

            No sé por donde empezar a contar.

El Alentejo es la región plana como la palma de la mano, que queda al otro lado (allende) del Tejo y entre corcho, aceite, jamones, mijo, el canto y alguna industria también, le dan también al vino. Y ahora se ha revivido una tradición que es hacer y beber “vino de tinaja” que ellos llaman “vinho de  talha”, siempre el eterno retorno.

            Cuba, a más de una isla americana, es un pueblo del Alentejo, de unos 3.000 habitantes donde los naturales se arrogan ser la patria de Colón, no sé con qué credenciales, pero ellos lo dicen y Colón tiene dos o tres monumentos. En un pueblo de al lado, Vidigueira, nació Vasco de Gama, primer navegante a India (1497) y el que inició el gran Imperio Portugués. De cualquier manera Cuba resulta ser un pueblo precioso, con muchos servicios  y bien puesto

            Pigarça, es el nombre del vino que hacen, y de la finca en donde, el amigo del sobrino de mi amigo. En esa finca nos han proporcionado un apartamento donde hemos dormido los cuatro del Altiplano. Hemos comido, desayunado y vuelto a comer. Hemos asistido a un par de horas de conferencia sobre vinos y tinajas con unos ponentes en inglés, portugués y español, que lo han hecho, dicho, la mar de bien. Y hemos asistido a la cata en la bodega del primer vino de Talha del año. Allí había más de cien personas y el ambiente era extraordinario, con cualquiera se hablaba y te contaba, y casi sin saber quién era el otro. La verdad es que el ambiente no podía ser más hospitalario. También hemos ayudado en muchas tareas de la finca y de la fiesta: encorchar, etiquetar y encajar botellas para su venta hoy, limpieza en general, montar las mesas redondas de diez plazas para la comida de cien invitados hoy, etc. Todo estupendo y en un ambiente extraordinario.
           
            A mi fueron a recogerme a la estación de ferrocarril que estaba a dos o tres kilómetros del pueblo, y de allí directamente a las tabernas, bajo la dirección de Alfredo de España y JoseManuel de Portugal, que se las conocían todas, y eran muchas. Las tabernas, se podían haber llamado “Vinos”, había de todo tipo y condición, y abundantes. En ellas siempre había gente y se bebía vino servido en jarra, medio litro a 1.5 €, una vez que me dí cuenta, las tapas no se ven de donde salen y se comparten como la conversación. Solían ser fruta; membrillo, pera, nabos, manzanas, etc, convenía llevar navaja. Hartos de vino nos fuimos a la Pigarça a comer.

            En una mesa larga y bien puesta comimos unos cuarenta o cincuenta: un aperitivo de jamón, quesos, chorizo y algo más, y luego, como no, Cocido Alentejano: garbanzos, patatas, tocino, oreja, zanahoria, algo de carne y un toque de pimentón, se le podía añadir picante. Y de postre (sobremesa) y café, cada un se levantaba y en una mesa grande había muchos cosas dulces echas allí y te servías. Los que terminaban y querían ayudaban a recoger e incluso a fregar, el que no, a la bodega a preparar para vender, o se perdía por algún sitio. Total, inmejorable.

            A las cinco, a los del altiplano y alguno más, nos habían apuntado a “A rota de tabernas”, Habiendo pagado diez euros te unías a un grupo de unos cincuenta paisanos para recorrer 6 ó 7 tabernas: vino y tapas, y acabar cenado “Carne” en la última. Yo pensé que aquello sería un invento para turistas solos, pero resultó que los únicos turistas éramos nosotros, los demás todos del pueblo y de toda edad y condición. El vino siempre alentejano y en jarras y sin tasa, y las tapas: chorizo braseado en las mismas mesas, quesos y algún embutido; la verdad que las tapas demasiado repetidas, pero el vino, el ambiente y la conversación muy bien. Al final “la Carne” o cena esperada y ya deseada, resultó ser un cacerolón de de 70 cm de diámetro y 30 de alto lleno de cocido alentejano; igual de bueno que el de mediodía.
Se me olvidaba: La Unesco declaró hace poco el Canto Alentejano como Patrimonio Inmaterial e la Humanidad; es un canto de hombres, con voz honda, que cantan a capela y en soledad o en compañía, no sabría explicar cómo es pero sonaba bien y en algunos momentos a mi quería recordarme a “Grandola, vila morena”. Bien, pues dicho canto dejó de sonar poco en esa noche de tabernas, se lo toman muy a pecho. Finalmente sucios de vino y de besos nos fuimos a descansar, mientra la gente joven preparaba los altavoces para una noche de baile. Al principio de la ruta, y en los mismos diez euros, te daban una especie de collar con la credencial de rutero y una jarrita de barro que se colgaba y descolgaba del cuello para beberse el vino.

            El segundo día se acabó de preparar la Finca para la recepción de asistentes y visitantes. Hubo las conferencias que antes he citado, se visitaba la Bodega llena de Talhas (tinajas) y se cataba el vino nuevo en medio de mucha conversación internacional e interesante y las felicitaciones correspondientes. Después cien invitados comimos en unas mesas estupendas y volvimos a comer una vez mas Cocido alentejano, graos de bico, garbanzos otra vez y otra vez buenos, Poco después me llevaron a la estación y retorné a Lisboa.

Poco antes dos aviones caza y muy ruidosos y un avión comercial con altura y dirección extraña volaban sobre La Pigarça, se dirigían al aeropuerto militar de Beja, a 5 km de Cuba. En el tren leí la noticia de que un avión comercial brasileño había perdido el control estando sobre el aeropuerto de Lisboa y dos aviones militares habían conseguido llevarlo y aterrizarlo en Beja. No explicaban cómo.

            Me temo que no haya muchos ni más fines de semana como este. Si se diera el caso lo haré notar. Muito obrigado: Alfredo y JoseAntonio. No dejéis de avisadme para la próxima.

1 comentario:

  1. Esto te servirá para conocer mejor Lisboa.
    Como sabes, a mí lo de los bares es una cosa que me apasiona.
    He leido en un periódioco que los mejores cinco bares para comer en Lisboa en plan barato y bien son los siguientes:
    1°.La Tentadora en CAMPO de Ourique. Caldo verde entre 6 y 2o €.

    2°. Sé da Guarda en Algés, cerca de Belén con café y postre 12€.

    3•. La Confitería Marquéz de Pombal en Avda de Liberdade, menú del dia 12 €.

    4•. Último Porto, en Alcántara, patatas con grelos
    y bacalao sobre 20€.

    5°. El pollo de Rio de Mel , en el barrio de Alvalade .Es una churras quería y está sobre unos 9 €.

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