12 de Nov Lunes
He perdido un poco el ritmo, ahora
no sé ni como seguir. Me concentraré.
El lunes pasado, hace nada, llegaron
mis amigos Ángel y María del Mar y entonces la vida cambió, antes sólo hablaba
conmigo mismo a los largo del día, hasta que llegaba a Ginginha de Sé, ahora
sólo callamos cuando estamos en Ginginha. Sí, es una vida diferente, y muy
buena. Pero lo que importa en esta bitácora son las cosas que pasan cada día, y
estos días un poco ellos.
Han traído el buen tiempo y Lisboa
se pone más bonita con el Sol. Así que tras dejar las cosas en su casa, vivirán
en el 3º izquierda de mi misma escalera, nos subimos escaleras de la calle
arriba al Mirador de Santa Luzía que estaba en su esplendor y con la
música (mujer que hace sonar sonidos bonitos) del otro día, rozamos el Castello de Sao Jorge y fuimos a comer a
Solar
do Mouros que tiene unas terraza fabulosas sobre la Alfama y el Tejo. Y maravilláronse.
Descansamos un rato en las casas, un
viaje aunque sea en avión, también cansa. Pero no tanto como para impedir un
paseo por el Campo de Cebolas y la
Baixa , calle Augusta y do Ouro. Yo todavía
no sé decir, ni pensar, cuál es el Centro de Lisboa. Digamos que recorrimos uno
de los muchos centros lisboetas. Y como hacía un cierto fresco nos fuimos
viniendo para casa por el método del E28, el tranvía más típico de
Lisboa, que nos deja cerca y por encima de lo nuestro. Y cenamos un poco en el Largo
de Sao Rafael, debajo de casa
Ni que decir tiene que cuando llegó
el avión de Málaga en Lisboa se me acabó el silencio. Esta pareja habla mucho y
yo les sigo. Sólo la separación devuelve el silencio a su sitio de siempre.
Está bien. La visita había empezado muy bien y se presentía que iría mejorando
aún.
13 y Martes
Todavía hay sitios de Lisboa por
donde no había ido y ésta era una buena ocasión. Hacia el Oeste, hacia donde desemboca
el Tajo hay un barrio importante con sitios imprescindibles que es Belem, aquí pronuncian “belaim”, y eso despista. Cuando un bus o
tranvía viene tarde es normal que venga a tope, valdría la pena esperar al
siguiente que vendrá vacío, pero da miedo que al siguiente también tarde. El
caso es que fuimos a Belaim en un tranvía
moderno y a tope, sin el encanto de los tranvías que mis viajeros imaginaban.
En Belem como decía, hay muchas
cosas que ver, de las más es el Monasterio de
Los Jerónimos, monumento manuelino sin desperdicio y con esa decoración
exuberante que le gustaba al Rey Manuel, pero también le gusta a todos los
orientales y americanos que vienen a Lisboa, y la cola era tan larga como el Monasterio.
Así que acaba y vámonos, nos tomamos un café, que todas las mañanas está buenísimo
y fuimos al Monumento (Padrao) a Los Descubridores, ese que
es como la proa de un barco formado por muchos personajes que siguen a Vasco de
Gama que hace como si fuese la
Victoria de Samotracia, pero con una carabela en la mano. También tiene por
dentro un ascensor que sube a unos 40 metros y te proporciona unas vistas del
Tajo, de Lisboa y del Atlántico, que imagínate. También vimos la Torre de Belén, por fuera, y en general la
ribera del Tajo a la altura en que estábamos.
Allí se quedó mucho por ver, a más de
los Jerónimos. Hay un Centro Cultural
que dicen es el mejor de Europa, un museo de Arquitectura, MAAT, muy moderno, que tiene una forma casi de almeja lisa, se
quedó también el Museo de Carruajes y algo más. También se quedaron allí los
famosísimos pasteles de Belén, pero es que esos pasteles están en todos las
cafeterías y pastelería de Lisboa y no puede haber mucha diferencia, así es que
a pesar del lo que dicen las guías, nos los dejamos; además a mis amigos no les
gusta el dulce. La mañana siguió de sol espléndido, que ya tenía yo ganas
Un taxi nos dejó al paso en el Mercado de Rivera o Time Out. Yo no sabía siquiera si
era una cosa o dos, resultó ser un antiguo mercado de abastos transformado en
un restaurante inmenso donde miles de personas comían lo que compraban en
cientos de puestos de comida que había alrededor. Estaba bien, se comía bien,
pero había mucha gente.
Andando, y hablando de lo divino y
de lo humano volvimos paseando a casa y descansamos hasta no recuerdo cuando.
He descubierto que tres personas se cansan mucho más que una, lo que es lógico
si se aplica la regla de tres. Preparamos un buen aperitivo en casa y allí
seguimos hablando hasta que no pudimos más.
14.11 Sintra y Cascais.
Son
dos pueblos grandes próximos a Lisboa de los que ya hablé un día, e incluso fui
a ellos. La verdead es que si alguien viene varios días a Lisboa tiene que ir.
Pero allí hay muchas cosas que ver y hay que organizarse bien.
Esta vez tomamos un taxi que estaría
todo el día con nosotros, nos llevaría a los sitios y nos esperaría en las
puertas, aparte, un taxista sabe mucho y casi todo lo que un viajero ignora. Y
en este caso a cambio de 150 € nos ahorramos unos cuantos transportes, vamos
derechos donde queríamos, quitamos tiempos de espera y evitamos errores. Para
tres o cinco vale la pena.
El Castillo da Pena, Palacio de la Peña , como tantos castillos
está en lo alto de un Picu. Es como un castillo de hadas y de colores, muy
llamativo de formas, y por dentro un palacio como decíamos el otro día que son
los palacios reales.
Conociendo ya aquello la próxima vez
será de otra manera, billete sólo para el Parque que que rodea el Palacio y que
te permite acercarte y entrar un poco en el Palacio y luego ir andando entre
bosques de diseño a La Cruz Alta y al Castillo de Mouros, más auténtico; y
llegar a Sintra y a La
Regaleira andando. Menos turismo y más excursioneo.
Nosotros visitamos Pena, luego
paseamos por Sintra que en su centro es una ciudad turística y bonita llena de
tiendas, de cafés y de turistas. Después visitamos por dentro la Quinta de la Regaleira que fue el sueño delirante de un
señor llevado a la realidad, el sueño. A más de otro buen bosque con todo tipo
de especies traídas de los confines del Imperio portugués.
Camino de Cabo de Roca el taxista, Antonio,
nos llevó a comer a una especie de mesón autentico portugués y para portugueses
que como es natural estaba lleno de turistas, pero estuvo bien, y como es
natural con comida de aquí. El sitio en español se llamaría “la madriguera de
Julio” y en portugués no me acuerdo.
Cabo
de Roca es el punto más occidental de Europa, lo que antes era Finisterre; pero ahora parece que Finisterre ya no lo es, y parece ser que Cabo de Roca también
dejará de ser el punto más occidental de Europa cuando llegues a Irlanda o Islandia, la Geografía también es una
cuestión variable, parece, pero la verdad es que como uno va por la vida sin brújula y con la vista corta, esas
sutilezas no se aprecian, y te lo crees. El paisaje era enorme, la vegetación rastrera
por el viento y bonita por lo mismo, con acantilados magníficos y haciéndose y
la mar Océana ocupando la mitad del
horizonte.
Más adelante hay una zona de playa
muy grande que se llama Guincho llena de dunas que se mueven
y de surfistas que no. Nunca he conseguido ver surfear, siempre están esperando
la ola que no llega; pero la playa era muy bonita.
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