viernes, 16 de noviembre de 2018

E 16 Días de Visita 1a

12 de Nov  Lunes


              He perdido un poco el ritmo, ahora no sé ni como seguir. Me concentraré.
            El lunes pasado, hace nada, llegaron mis amigos Ángel y María del Mar y entonces la vida cambió, antes sólo hablaba conmigo mismo a los largo del día, hasta que llegaba a Ginginha de Sé, ahora sólo callamos cuando estamos en Ginginha. Sí, es una vida diferente, y muy buena. Pero lo que importa en esta bitácora son las cosas que pasan cada día, y estos días un poco ellos.

            Han traído el buen tiempo y Lisboa se pone más bonita con el Sol. Así que tras dejar las cosas en su casa, vivirán en el 3º izquierda de mi misma escalera, nos subimos escaleras de la calle arriba al Mirador de Santa Luzía que estaba en su esplendor y con la música (mujer que hace sonar sonidos bonitos) del otro día, rozamos el Castello de Sao Jorge y fuimos a comer a Solar do Mouros que tiene unas terraza fabulosas sobre la Alfama y el Tejo. Y maravilláronse.

            Descansamos un rato en las casas, un viaje aunque sea en avión, también cansa. Pero no tanto como para impedir un paseo por el Campo de Cebolas y la Baixa, calle Augusta y do Ouro. Yo todavía no sé decir, ni pensar, cuál es el Centro de Lisboa. Digamos que recorrimos uno de los muchos centros lisboetas. Y como hacía un cierto fresco nos fuimos viniendo para casa por el método del E28, el tranvía más típico de Lisboa, que nos deja cerca y por encima de lo nuestro. Y cenamos un poco en el Largo de Sao Rafael, debajo de casa

            Ni que decir tiene que cuando llegó el avión de Málaga en Lisboa se me acabó el silencio. Esta pareja habla mucho y yo les sigo. Sólo la separación devuelve el silencio a su sitio de siempre. Está bien. La visita había empezado muy bien y se presentía que iría mejorando aún.



13 y Martes

            Todavía hay sitios de Lisboa por donde no había ido y ésta era una buena ocasión. Hacia el Oeste, hacia donde desemboca el Tajo hay un barrio importante con sitios imprescindibles que es Belem, aquí pronuncian “belaim”, y eso despista. Cuando un bus o tranvía viene tarde es normal que venga a tope, valdría la pena esperar al siguiente que vendrá vacío, pero da miedo que al siguiente también tarde. El caso es que fuimos a Belaim en un tranvía moderno y a tope, sin el encanto de los tranvías que mis viajeros imaginaban.

            En Belem como decía, hay muchas cosas que ver, de las más es el Monasterio de Los Jerónimos, monumento manuelino sin desperdicio y con esa decoración exuberante que le gustaba al Rey Manuel, pero también le gusta a todos los orientales y americanos que vienen a Lisboa, y la cola era tan larga como el Monasterio. Así que acaba y vámonos, nos tomamos un café, que todas las mañanas está buenísimo y fuimos al Monumento (Padrao) a Los Descubridores, ese que es como la proa de un barco formado por muchos personajes que siguen a Vasco de Gama que hace como si fuese la Victoria de Samotracia, pero con  una carabela en la mano. También tiene por dentro un ascensor que sube a unos 40 metros y te proporciona unas vistas del Tajo, de Lisboa y del Atlántico, que imagínate. También vimos la Torre de Belén, por fuera, y en general la ribera del Tajo a la altura en que estábamos.

            Allí se quedó mucho por ver, a más de los Jerónimos. Hay un Centro Cultural que dicen es el mejor de Europa, un museo de Arquitectura, MAAT, muy moderno, que tiene una forma casi de almeja lisa, se quedó también el Museo de Carruajes y algo más. También se quedaron allí los famosísimos pasteles de Belén, pero es que esos pasteles están en todos las cafeterías y pastelería de Lisboa y no puede haber mucha diferencia, así es que a pesar del lo que dicen las guías, nos los dejamos; además a mis amigos no les gusta el dulce. La mañana siguió de sol espléndido, que ya tenía yo ganas

            Un taxi nos dejó al paso en el Mercado de Rivera o Time Out. Yo no sabía siquiera si era una cosa o dos, resultó ser un antiguo mercado de abastos transformado en un restaurante inmenso donde miles de personas comían lo que compraban en cientos de puestos de comida que había alrededor. Estaba bien, se comía bien, pero había mucha gente.

            Andando, y hablando de lo divino y de lo humano volvimos paseando a casa y descansamos hasta no recuerdo cuando. He descubierto que tres personas se cansan mucho más que una, lo que es lógico si se aplica la regla de tres. Preparamos un buen aperitivo en casa y allí seguimos hablando hasta que no pudimos más. 


14.11  Sintra y Cascais.

Son dos pueblos grandes próximos a Lisboa de los que ya hablé un día, e incluso fui a ellos. La verdead es que si alguien viene varios días a Lisboa tiene que ir. Pero allí hay muchas cosas que ver y hay que organizarse bien.

            Esta vez tomamos un taxi que estaría todo el día con nosotros, nos llevaría a los sitios y nos esperaría en las puertas, aparte, un taxista sabe mucho y casi todo lo que un viajero ignora. Y en este caso a cambio de 150 € nos ahorramos unos cuantos transportes, vamos derechos donde queríamos, quitamos tiempos de espera y evitamos errores. Para tres o cinco vale la pena.

            El Castillo da Pena, Palacio de la Peña, como tantos castillos está en lo alto de un Picu. Es como un castillo de hadas y de colores, muy llamativo de formas, y por dentro un palacio como decíamos el otro día que son los palacios reales.
            Conociendo ya aquello la próxima vez será de otra manera, billete sólo para el Parque que que rodea el Palacio y que te permite acercarte y entrar un poco en el Palacio y luego ir andando entre bosques de diseño a La Cruz Alta y al Castillo de Mouros, más auténtico; y llegar a Sintra y a La Regaleira andando. Menos turismo y más excursioneo.
            Nosotros visitamos Pena, luego paseamos por Sintra que en su centro es una ciudad turística y bonita llena de tiendas, de cafés y de turistas. Después visitamos por dentro la Quinta de la Regaleira que fue el sueño delirante de un señor llevado a la realidad, el sueño. A más de otro buen bosque con todo tipo de especies traídas de los confines del Imperio portugués.

            Camino de Cabo de Roca el taxista, Antonio, nos llevó a comer a una especie de mesón autentico portugués y para portugueses que como es natural estaba lleno de turistas, pero estuvo bien, y como es natural con comida de aquí. El sitio en español se llamaría “la madriguera de Julio” y en portugués no me acuerdo.

            Cabo de Roca es el punto más occidental de Europa, lo que antes era Finisterre; pero ahora parece que Finisterre ya no lo es, y parece ser que Cabo de Roca también dejará de ser el punto más occidental  de Europa cuando llegues a Irlanda o Islandia, la Geografía también es una cuestión variable, parece, pero la verdad es que como uno va por  la vida sin brújula y con la vista corta, esas sutilezas no se aprecian, y te lo crees. El paisaje era enorme, la vegetación rastrera por el viento y bonita por lo mismo, con acantilados magníficos y haciéndose y la mar Océana ocupando  la mitad del horizonte.

            Más adelante hay una zona de playa muy grande que se llama Guincho llena de dunas que se mueven y de surfistas que no. Nunca he conseguido ver surfear, siempre están esperando la ola que no llega; pero la playa era muy bonita.

            Cascais es otra ciudad grande y bien, que recuerda a los sitios de veraneo y en algún momento a Marbella. Vimos La Boca del Infierno y  a esas alturas ya estábamos algo cansadiños, recuerdo que éramos tres y que tres se cansan más que uno, y le dijimos a Antonio nuestro chófer que mejor nos volviese a la Alfama. Ya oscurecía a pesar de estar tan occidentales. La vida del turista, incluso en Lisboa, a ratos se hace dura. Y también se está a gusto en la casa de uno, aunque en verdad sea de otro. Descansamos un rato y más tarde seguimos en el 3º izquierda bebiendo, comiendo y hablando.

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