30 Martes. Décimo
quinto día en Lisboa.
Llevo quince días en Lisboa y parece que llegué ayer, aún recuerdo mis
primeros pasos y mis primeras sensaciones. Tras aquellos primeros pasos, he
mirado y visto, que he recorrido 125
km (mi teléfono lo mide) por las calles de Lisboa, y que
sigo teniendo muchas sensaciones. También pienso que con 125 km recorridos sería para
haberlo visto todo, teniendo en cuenta que evito repetir, como no he visto
tanto será que no siempre miro a donde debo, que me distraigo. Pero la cosa va
bien. Y Lisboa es muy grande.
Ha estado toda la noche lloviendo en
la rua Adiça, suave pero parando
poco. Otro día casero, y van dos. He
aprovechado para dedicarme a las tareas
impropias de mi sexo; mi casera se ofreció a que cada quince días viniera
ella o alguien a hacer estas cuestiones, pero he pensado en probar yo. Ha sido fácil, la lavadora ha funcionado, con
un fallillo: no había forma de abrirla, cuando estaba a punto de romperla o
llamar a un bombero, con uno pensaba que bastaría, he visto que tenía un botón
para abrir, que no era cuestión de tirar. Limpiar de polvo ha sido otra cosa
curiosa: no encontraba un plumero, para cambiar el polvo de sitio, pero he dado
con un guante, mas bien manopla, con mucha superficie para atraer el polvo, te
lo pones y vas pasando la mano por toda superficie que lo reclame, y el polvo
se le pega a tal manopla. Casi mágico. La ropa se secó bien a pesar de la
lluvia y la humedad, tendí dentro, y ahora espero a ver si se plancha sola. En portugués
planchar se dice “pasar a roupa ao ferro”
, ¡que bonitas son las lenguas!, y más si se comparan.
En casa seguí toda la mañana y algo
más, pero ya con cosas mas propias. Luego a la tarde, antes de que
se fuera la luz del día, me cambié de zapatos y me fui a la calle. Pasear por
una ciudad o pueblo bajo la lluvia ligera es una gozada. Recuerdo con enorme gusto,
cuando mi hijo Jose ,
muy pequeño, si llovía se empeñaba en que saliésemos a la calle a sentir la
lluvia. También recuerdo una noche en Vetusta,
la ciudad heroica que dormía la siesta, paseando mientras llovía casi la
noche entera con tres estudiantes de las Olimpiadas de Física y ninguno de los
cuatro queríamos recogernos. Sí, pasear bajo una lluvia suave por una ciudad
bonita y mojada es un placer,; que no disfrutamos más porque no queremos.
El centro comercial de Lisboa a esas
horas llenas de lluvia y de tiendas estaba para verla, las tiendas tienen otra
luz y hasta otras cosas, las pastelarias
dan ganas de comérselas, las calles y las aceras no pueden estar mas limpios ni
más brillantes, y los coches y la gente, anoche al menos, no molestaban, al
contrario, las luces aumentaban los brillos de las cosas y la gente parecía mas
guapa.
Un placer pasear contigo
ResponderEliminarSoy Luisa... por si no sale el nombre 🙃
Un abrazo