jueves, 25 de octubre de 2018

Días 19 y 20 de Octubre


19.10  V   La Expo

            A mi siempre me llamaron la atención las Exposiciones Mundiales desde que supe la de 1929, luego vi la del 92 y después me perdí la del 98 en Lisboa, entonces lejos. Ahora 20 años más tarde está más cerca y hoy había decidido ir a ella, pero no sabía en que ir, Metro, autocarro, Bici, al final ganó ir andando, que siempre estamos buscando andar, y además serían 6 o 7 km entre Lisboa y el Tajo.

            Me encontré sin pensarlo con las Estación de Santa Apolonia, en Lisboa hay 4 ó 5 estaciones de trenes, que a mi también me gustan, pero lo que más me gustó fue descubrir en ella un Supermercado de nombre Pingo Doce, que yo traduzco como Una Pizca Dulce, no puede ser. No sé si he hablado antes de las tiendas de alimentación de La Alfama. Son algo arcanas, en un portal hay unos cuantos productos en banastas, sin repetirse nada y sin elección posible, aparte de haber de pocas cosas, nuca se necesita más de una persona para atender y nunca te gusta lo que compras, parecen de hace muchos años y además aunque yo me sé pocos precios o ninguno, todos me parecen caros; un día compararé. Al ver un super casi de verdad, me quedé extasiado, no era mejor que el Covirán, ni parecido, pero tenía estantes, pasillos, empleados, varias cajas, una gozada. Ya había buscado si había Mercadona (Innombrable) en Portugal, pero los quieren empezar en 2019.

            Yo vi aquello y seguí a lo mío. La aventura unas veces sale peor que otras, al final fueron 8 ó 9 km cansinos, feos, desérticos, entre una alambrada y una vía de coches, total feo. Me tomé una cerveza en un sitio bonito en mitad de la nada, que no sé quien la pondría y comí en un bar pequeño que daban comidas en una especie de pueblo o exterior de un polígono, empecé a vislumbrar el Puente Vasco de Gama que sabía estaba junto al la Expo, que se llama Parque das Naçoes,, pero siempre estaba igual de lejos. No desfallecí, seguí y llegue, sin muchas  ganas ya de ver aquello.

            Cuando descansé un poco, me gustó más. Buenos jardines, paseos, asientos, el Tajo sin alambrada entre él y yo y gente suelta. Hay un Oceanario al que no entré, un funicular al que no subí, un pabellón del Conocimiento tan grande que no supe entrar, algunos edificios muy llamativos, un centro Comercial y Salvaje en el que ni compré ni entré y una estación de transporte espectacular que vi y usé. La verdad que yo buscaba el sitio, el significado y la arquitectura. Pienso que cuando empiecen a llegar visitas, es un pensar, a lo mejor le gustan esas cosas que no hice por dentro, y entonces será buena ocasión de entrar.

            La estación que diseñara Calatrava es la leche. Dicen que quería hacer un bosque de palmeras de hormigón armado para los trenes, y la verdad que lo consigue, aunque son más bonitas las palmeras del desierto. Yo tengo que volver a ver aquello, aunque no vaya andando, aquello es un lío horrible y un gentío bestial, que no entiendo yo como allí, a diez kilómetros de Lisboa se puede juntar tanta gente, tanto metro y tanto tren.

            En Metro, con dos o tres transbordos volví  a Santa Apolonia. El Metro de Lisboa es estupendo, lo poco que vi, comparable al de Madrid, que ya es decir; a lo mejor es que el de Madrid no es tanto. A mi me gusta mucho el sistema del Metro, y me admira. Y en Santa Apolonia ¿qué hice?, está claro: comprar en el magnifico supermercado que descubriera esa mañana

            Traje mis pocas compras, me daba miedo el peso la distancia. Descansé un rato y como era viernes noche había que salir y salí, mientras en Huéscar pregonaba Gregorio y se desataba la Feria, Por cierto que aquí en Portugal hay seis ferias (feiras) por semana.  Mis calles estaban más llenas que nunca de gente y de fados, si me lo cuentan no me lo creo. Voy a contar un día cuantos fados se cantan a la vez en la calle Sao Joao da Praça que es casi mía. Me senté en La Madroñera, que es de mi amiga Raquel, y me tomé unas cervezas mientras oía con dificultad los sentimientos encontrados de una pareja argentina que los peleaban a mi vera y los de una Señora del Fado y dos guitarras portuguesas que los cantaban en el Bar del al lado




20 de Octubre   S   Feria de Ladra

            Yo me vengo a levantar sobre las nueve. Para cuando acabé de hacer las cosas que hay que hacer ya entraba el Sol por el balcón, y me puse al Sol a escribir y repasar un poco, terminé de decidir que volvería a esta bitácora y escribí un poco. En un descuido y cuando fui a buscar unas páginas que ya había escrito, no me explico cómo, habían desaparecido y mis intentos de recuperar no dieron resultado. ¡Cuánto habré perdido así en mi vida!  ¡ Demasiadas computadas ¡

            Así que metí el cabreo en su sitio (ataraxia en estado puro) y me fui a ver La Feria de Ladra, se trata de un rastro, rastro muy famoso de Lisboa, como el Portobello en Londres o en Madrid el Rastro, o el Mercadillo de los Ingleses de Baza. Está aquí en la Alfama y a diez minutos de casa o menos. Hacía un día espléndido de verano, mientras llovía en Sevilla. El mercado era como se puede imaginar uno: una parte de puestos de ‘negros’ llenos de colgantes, estampas, azulejillos, imanes y mas colgantes, y otra parte que era casi igual que el Mercadillo de los Ingleses, libros, vajillas, herramientas y candelabros entre muchas más cosas, también había en los bajos de un edificio unos locales donde había muebles, lámparas y más que ya eran otra cosa. Había mucha gente, pero sin aglomerarse, y en un día espectacular de bueno y de vistas; yo lo recorrí pronto. Una vez con Antonio recorrí el de Baza en diez minutos sin que nada nos llamara la atención, y al poco tiempo volví al mismo con Jesús Pedro y Angustias, se nos fue allí la mañana y tuvimos que sujetarnos para no comprar más. Jesús P esta mañana, habría comprado todo lo que no hubiese podido evitar y yo no he tenido que evitar nada.
           
En la zona hay dos puntos interesantes la Iglesia de San Vicente de Fora, que al contrario que la , por fuera parece un palacio y por dentro iglesia, yo diría que neoclásica y por tanto en muy buen estado, me ha llamado mucho la atención la inmensa bóveda de cañón y de casetones, la enorme cúpula del Crucero, y un baldaquino casi más enorme, eran tres naves, y no de salón y la planta de cruz latina; todas estas cosas las sé por mis amigos Pepe y Aurora. Un sábado al mes hay concierto de Órgano, iré. De cualquier  forma la Iglesia es un pedazo de Iglesia, yo diría que demasiado y en un barrio que podríamos decir secundario.

            El otro punto me ha llamado aún mas la atención, casi al lado, ha sido el Panteón Nacional, donde se simula que están enterrados los hombres mas ilustres de Portugal. Es como un templo, enorme, de cruz griega, que es menos frecuente, y una cúpula impresionante. Se visita, se disfruta y se puede subir a la cubierta, se ven un montón de cosas, pero unas colinas tapan a las otras, no hay forma de ver Lisboa entera por ahora, se ve mucho, y por supuesto el Tajo. Pensaba si en España seríamos capaces de coincidir, más o menos, en los hombres que nos parecieran suficientemente ilustres como para crearle un Panteón así.

Yo tenía una lista de palabras que yo llamo enantiamórficas, son esas palabras tan iguales o tan parecidas en su forma o en su significado que nos liamos con ellas, como babor/estribor, estalagmita/estalactita, ánodo/cátodo, hay muchas, son como las manos derecha/izquierda, o los guantes, iguales pero no. Pues en este Panteón he vuelto a recordar y a confundir cenotafio/catafalco, ambos son túmulos mortuorios según contengan o no el cadáver.

            Después me he venido tranquilo y disfrutando de La Alfama y del día, todo está lleno de turistas, pero cabrían más. Los restaurantes y terrazas, que son decenas y decenas, por esa regla difícil de saber, estaban a tope unos y solos los otros, los más, llenos. Y hoy no había cruceros en el río.

            He llegado a casa y a una hora casi antieuropea me he preparado mi comida: Jamón al Horno con patatas fritas, ensalada de tomate, y de postre (de sobremesa) uvas y queso.

            Después de la siesta y el periódico, he proseguido con mi tarea de conocer a los vecinos de la escalera, cuestión difícil, hasta ahora. El otro día conocí en el 4º Izda a una señora mayor y sola que se llama Natalina de parecer amable y que lleva 48 años subiendo andando a su piso. Hoy he conocido al del 3º dcha. Se llama Rui, digamos de 40 años, que con sus hermanos tiene ese piso en AirB&B, pero él vive mientras tanto. Sabe mucho de España y de Victor Erice, habla español como si tal, hemos estado un buen ratillo de charla, mi primera en Lisboa, y espero que se repita. Me temo que el resto de los pisos estén también dedicados al AirB&B. Conocí también otra pareja, 1º dcha., con mas problemas de comunicación, y con un niño muy chico, entendí que eslavos a la vez que rubios y amables, ella se lama Erica.

            Ahora son las ocho y voy a dar una vueltecita por aquí cerca y conocer un sitio que me ha indicado Rui, ya contaré.
            Magnífico. El paso por el Miradouro do Portas do Sol había una música y una tarde buenísimas, y la recomendación de Rui es el Hotel Memmo. Desde mis balcones puede quedar a tiro de piedra y sobre la Muralla Moura, pero se tarda un rato en llegar, La Alfama es muy retorcida en las tres dimensiones del espacio, muy retuerta que diría D. Quijote. Es un hotel magnífico con una más magnífica terraza y con parte de La Alfama, el Tajo y lo que vamos a llamar La Costa de África (la margen sur del Tajo) debajo; una vista insuperable. Me he tomado un vino que me ha sabido a Gloria, y lo mejor: he reconocido y nombrado sin dudar las cinco iglesias brillantes y blancas que sobresalían en la noche de La Alfama mora.


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