miércoles, 24 de octubre de 2018

E2 2º y 3er día


Terreiro do Paço         17 de Oct   Miércoles   

            Mi primer día entero en Lisboa. Parece que todos los días empezarán y terminarán en mi casa, será la referencia . Si subimos llegamos a los Miradores, a la Alfama alta y al Catello de Sao Jorge, y si bajamos por donde la máxima pendiente, o no tanto, nos caeríamos al Tajo. El Tajo (Tejo) es como el mar, enorme, azul, con olas, con mareas y con barcos chicos como un optimist  o tan grandes como un crucero de 15 cubiertas, si, es como el mar, pero con otra orilla a lo lejos; y también tiene puentes, y menudos puentes, categoría máxima. Un día los veremos de cerca.

Total que yo este primer día entero, me bajé al Mar, y vi la Alfama desde él, me pasee casi por la orilla, es difícil acercarse al agua, todo está lleno de dársenas, alambradas o embarcaderos, de aquí salen barcos para la otra orilla, pero todo urbanizado y de buen ver .
   Después me fui para lo que aquí llaman Terreiro do Paço, junto o en el mismo sitio que la Praça do Comercio, que es la entrada soberbia a Lisboa desde el Mar. A mi, a veces, me preocupan las palabras, y la mayoría de las veces me quedo con la preocupación, yo no entendía ese nombre: Terreriro do Paço, pero creo que lo he descubierto, Terreiro, es lo que dice un terrero, un bancal, un solar, no exactamente un terreno, y Paço, no es paso, como yo creía, sino Pazo, que significa palacio como el de Meirás. Hay que recordar que por ahí estaba el Palacio Real cuando se cayó Lisboa el día de Todos Los Santos de 1755.

            La Praça do Comercio, también es soberbia. Cuentan que cuando el Terremoto, el Rey, asustado y paralizado, le pregunto a uno de los suyos, el que luego sería Marqués de Pombal: ¿qué hacemos?, y le contestó. “Enterrar a los muertos y ayudar a los vivos, majestad”. Y a Pombal le encargó reconstruir la ciudad. Empezaría por esta plaza, casi cuadrada de unos 100 m de lado, tres lados de soportales y en el cuarto lado el Mar, casi la mar océana. En el centro una estatua ecuestre de un rey sobre un plinto enorme, para dominar la situación. Y en el lado central un arco magnífico, triunfal, enorme, lleno de alegorías y de héroes, entre ellos Viriato y el Marqués. En el Arco empieza la Vía Augusta y en paralelo otras tres calles que en leve ascenso suben formando La Baixa Pombalina, atraviesan el Rossio, Figueira, y Restauradores, forman luego la Av. da Liverdade y sigue mucho, mucho hasta la Praça de España y el Corte Inglés, que para mi que están muy lejos.

            Yo me quedé en la Praça de Comercio, me senté en una de sus cien terrazas, y me pedí un café, la chica me ofreció un pastel de nata y le dije que si. Era como una tartaleta de hojaldre, muy fino, lleno de crema quemada por arriba. El pastel se notaba caliente, pero la crema, o nata, debía estar en ebullición, me quemé como si hubiese sido chocolate ardiendo. Y pienso que este pastel es el famoso pastel de Belén, tan famoso como el tranvía 28, lo veremos. Las terrazas llenas y la plaza atravesada de turistas, hacia Sol de Otoño y daban ganas de quedarse buen rato; me quedé.

          A esta Plaza yo le he sacado una utilidad especial. En los mapas modernos no ponen escala de ningún tipo, será por que la gente no las usa o no las entiende, yo al revés, no entiendo un mapa sin su escala. Así es que el ancho de la plaza de comercio, que son 100 m , me sirve para en un mapa de Lisboa además del nombre de las calles y su orientación, saber lo que miden. 

            En Información Turística me dieron folletos y me explicaron algo, en una estación de Metro me vendieron una tarjeta que me servirá para montarme casi en cualquier medio público durante diez euros. La Praça do Rossio, que yo recuerde, era el sitio más nombrado de cuando la Revolución de los Claveles, 25 de abril de 1974. A mi me afectó mucho aquella revolución y leía todo con fruición, mi sensación y mi recuerdo es que todo sucedía en esta plaza, debió ser el centro neurálgico de aquellos acontecimientos; la  Plaza es hermosa, pero sobretodo resonante.

            Mi sobrina Cristina me había hablado el lunes de un sitio de comer  El Entrecote” y como quedaba cerca de mi, para allá me fui, oído y hecho; en otro rato hablaremos de Los Navegadores, ¡qué maravilla!. Subiendo para el Largo do Carmo, otro día también hablaremos de que es un Largo, un letrero me dijo que allí tenían un Menú diario, y a mi que esos menús me van, me fui a él. Un sitio como alguien diría para los portugueses, ni cutre ni fino, recogido con sus manteles a cuadros, como muy de barrio, muy bien. El camarero me ofreció Bacalao a la parrilla o carne noséqué, cuando dije que carne puso tal cara, que antes de que acabara de ponerla cambié de elección, cambió de cara y dijo: “Melhor”.

            La Iglesia do Carmo parece que es lo poco que se mantiene como lo dejó el terremoto. Dejé de verlo por dentro, mejor en otra ocasión, cuando venga alguna visita, si es que alguien viene, que a este paso, no sé, y seguí paseando hasta Camoens, El tranvía 28, o 28E, es visita obligada para el turista. Estaba cansadillo, vi pasar uno y me subí al siguiente, al principio de pie y después sentado, una maravilla, para más inri al cabo de un buen rato me dejó casi en casa, en los Miradores de que hablábamos ayer. Me bajé y volví a mirar. Reconocí el camino correcto y llegué a casa escaleras abajo. Un buen día, mas bien magnífico.

            Un descansillo en casa y me volví a las calles. Sao Joao de Praça, va a ser mía, aparte de la calle Addiça, está llena de tiendezuchas, bares, baretos, restaurantillos y sitios de Fado. Justo al lado de casa; en Largo de San Rafael cantaba una señora, mas bien gruesa y ya mayor, junto a dos guitarras portuguesas, Ruano me lo había cómo eran y cómo se tocan, cantaba Fados, yo cría creía que los fados no me gustaban, pero cantaba de tal modo y se entendía tan bien la letra, me miraba, la miraba y se me formó tal nudo en la Garganta, con aquella música y aquella letra, que tuve que cambiarme de cerveza. Luego ya más tarde por el balcón abierto del dormitorio donde habito,  entraba todavía (ainda), la intensidad del Fado.



18.09    Jueves  

Descubro que el mejor sitio de mi casa va a ser el delante del balcón del dormitorio, por las mañana entra el Sol y se oye y se siente la calle, hay una mesa redonda y pequeña con dos sillas y se le puede arrimar un sillón raro. La mesa aunque pequeña da para desayunar, y si se quita el desayuno da para poner el ordenador, sin ratón, si el ordenador es grande. Total que eché tal rato que cuando me di cuenta era ya media mañana.

            Volví a subir a Miradores. Magníficos también por la mañana, una chica preciosa tocaba la guitarra y cantaba portugués que era una delicia; no sé porqué no le compré un disco y sólo le dejé un euro, volverá a estar algún día.

            Me bajé por calle nueva a rodear y ver la Catedral o Se, que aquí le dicen de las dos formas, lo de Se suena a las seos catalanas. La Catedral es rara, por fuera parece mas bien un castillo o fortaleza vieja, si no fuera por un rosetón hermoso y enorme y las ventanas que no son troneras, por dentro se ve románica, se ve un triforio falso y no me acuerdo que más se le ve, pero es oscura e invita poco a rezar.

            Junto a la Catedral viene una calle para mi casa y una acera está a rebosar de tascas, mas bonitas y menos cutres que las más próximas a mi casa. Tengo que estudiar ese terreno. Había pensado comer en casa y comprar un buen filete de vacuno que había visto en una carnicería (tallo) junto a casa. No di con ella, Y entonces para comer me preparé unos huevos fritos con patatas, sin la carne, una ensalada de tomate y lechuga, y de postre uva y queso. Voy a ver si como en casa siempre que esté cerquilla

            En la Se, me había enterado que en una Iglesia próxima había un concierto de guitarra y canto a la tarde, y fui, pero la entrada eran 20 eurazos y sin saber de qué iba y acostumbrado a los precios de Huéscar, seguí paseando. Atravesé La Baixa, busque la Praça de Municipio y volvía al mar. La tarde estaba terminando y el Tajo seguía bonito. Se veía a lo lejos el puente del 25 de Abril, que es como el de San Francisco, y creo que construido y mantenido por los mismos. En esta parte del Tajo, la próxima al Ayuntamiento es también muy moderna y está digna de más paseos, hay una estación:  Cais de Sodre donde se toman y se cruzan  tranvías, autocarros, bicicletas, trenes y barcos para casi todos los destinos de Lisboa y Portugal. Por la mañana no había encontrado la Carnicería porque cerraba a medio día.

            Por ahora casi todo camino es camino nuevo, puedo volver a casa por donde no haya vuelto nunca y siempre por nombres que, a menos a mí me suenan bien, Rua dos Bacalaheiros, Casa dos Picos, Campo do Cebolas, Arco de Jesús, y San Joao do Praça. Las calles están transitadas y los bares y restaurantes casi llenos, aquí hay mucho turismo, o mucha gente a casi todas horas, aquí está el ambientazo que los miércoles y jueves por la noche echa de menos mi hermano Eloy en Huéscar.

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