Terreiro
do Paço 17 de Oct Miércoles
Mi primer
día entero en Lisboa. Parece que todos los días empezarán y terminarán en mi casa, será la referencia . Si subimos llegamos a los Miradores, a la Alfama alta y al Catello de Sao Jorge, y si bajamos por donde la máxima pendiente, o no
tanto, nos caeríamos al Tajo. El Tajo (Tejo)
es como el mar, enorme, azul, con olas, con mareas y con barcos chicos como un optimist
o tan grandes como un crucero de 15 cubiertas, si, es como el mar, pero
con otra orilla a lo lejos; y también tiene puentes, y menudos puentes,
categoría máxima. Un día los veremos de cerca.
Total que yo este
primer día entero, me bajé al Mar, y vi la Alfama desde él, me pasee casi por la orilla, es difícil acercarse al agua, todo está lleno de dársenas, alambradas o embarcaderos, de aquí salen barcos para la otra orilla, pero todo urbanizado y de buen ver .
Después me fui para lo que aquí
llaman Terreiro do Paço, junto o en el mismo sitio que la Praça do Comercio, que es la
entrada soberbia a Lisboa desde el Mar. A
mi , a veces, me preocupan las palabras, y la mayoría de las
veces me quedo con la preocupación, yo no entendía ese nombre: Terreriro do Paço, pero creo que lo he
descubierto, Terreiro, es lo que dice
un terrero, un bancal, un solar, no exactamente un terreno, y Paço, no es paso, como yo creía, sino
Pazo, que significa palacio como el de Meirás. Hay que recordar que por ahí
estaba el Palacio Real cuando se cayó Lisboa el día de Todos Los Santos de
1755.
Yo me quedé
en la Praça de
Comercio, me senté en una de sus cien terrazas, y me pedí un café, la chica
me ofreció un pastel de nata y le dije que si. Era como una tartaleta de
hojaldre, muy fino, lleno de crema quemada por arriba. El pastel se notaba
caliente, pero la crema, o nata, debía estar en ebullición, me quemé como si
hubiese sido chocolate ardiendo. Y pienso que este pastel es el famoso pastel
de Belén, tan famoso como el tranvía 28, lo veremos. Las terrazas llenas y la
plaza atravesada de turistas, hacia Sol de Otoño y daban ganas de quedarse buen
rato; me quedé.
A esta Plaza yo le he sacado una utilidad especial. En los mapas modernos no ponen escala de ningún tipo, será por que la gente no las usa o no las entiende, yo al revés, no entiendo un mapa sin su escala. Así es que el ancho de la plaza de comercio, que son 100 m , me sirve para en un mapa de Lisboa además del nombre de las calles y su orientación, saber lo que miden.
En Información
Turística me dieron folletos y me explicaron algo, en una estación de Metro me
vendieron una tarjeta que me servirá para montarme casi en cualquier medio público
durante diez euros. La
Praça do Rossio, que yo recuerde, era el
sitio más nombrado de cuando la
Revolución de los Claveles, 25 de abril de 1974. A mi me afectó mucho
aquella revolución y leía todo con fruición, mi sensación y mi recuerdo es que
todo sucedía en esta plaza, debió ser el centro neurálgico de aquellos
acontecimientos; la Plaza es hermosa, pero
sobretodo resonante.
Mi sobrina
Cristina me había hablado el lunes de un sitio de comer “El Entrecote” y como quedaba cerca de mi,
para allá me fui, oído y hecho; en otro rato hablaremos de Los Navegadores,
¡qué maravilla!. Subiendo para el Largo do
Carmo, otro día también hablaremos de que es un Largo, un letrero me dijo
que allí tenían un Menú diario, y a
mi que esos menús me van, me fui a él. Un sitio como alguien diría
para los portugueses, ni cutre ni fino, recogido con sus manteles a cuadros, como
muy de barrio, muy bien. El camarero me ofreció Bacalao a la parrilla o carne
noséqué, cuando dije que carne puso tal cara, que antes de que acabara de ponerla
cambié de elección, cambió de cara y dijo: “Melhor”.
Un
descansillo en casa y me volví a las calles. Sao Joao de Praça, va a
ser mía, aparte de la calle Addiça, está llena de tiendezuchas, bares, baretos,
restaurantillos y sitios de Fado. Justo al lado de casa; en Largo
de San Rafael cantaba una señora, mas bien gruesa y ya mayor, junto a
dos guitarras portuguesas, Ruano me lo había cómo eran y cómo se tocan, cantaba Fados, yo
cría creía que los fados no me gustaban, pero cantaba de tal modo y se entendía tan bien la letra,
me miraba, la miraba y se me formó tal nudo en la Garganta , con aquella
música y aquella letra, que tuve que cambiarme de cerveza. Luego ya más tarde
por el balcón abierto del dormitorio donde habito, entraba todavía (ainda), la intensidad del Fado.
18.09
Jueves
Descubro que el mejor
sitio de mi casa va a ser el delante del balcón del dormitorio, por las mañana
entra el Sol y se oye y se siente la calle, hay una mesa redonda y pequeña con
dos sillas y se le puede arrimar un sillón raro. La mesa aunque pequeña da para
desayunar, y si se quita el desayuno da para poner el ordenador, sin ratón, si
el ordenador es grande. Total que eché tal rato que cuando me di cuenta era ya
media mañana.
Volví a
subir a Miradores. Magníficos también
por la mañana, una chica preciosa tocaba la guitarra y cantaba portugués que
era una delicia; no sé porqué no le compré un disco y sólo le dejé un euro,
volverá a estar algún día.
Me bajé por
calle nueva a rodear y ver la
Catedral o Se,
que aquí le dicen de las dos formas, lo de Se
suena a las seos catalanas. La
Catedral es rara, por fuera parece mas bien un castillo o
fortaleza vieja, si no fuera por un rosetón hermoso y enorme y las ventanas
que no son troneras, por dentro se ve románica, se ve un triforio falso y no me
acuerdo que más se le ve, pero es oscura e invita poco a rezar.
Junto a la Catedral viene una calle
para mi casa y una acera está a rebosar de tascas,
mas bonitas y menos cutres que las más próximas a mi casa. Tengo que estudiar ese
terreno. Había pensado comer en casa y comprar un buen filete de vacuno que
había visto en una carnicería (tallo)
junto a casa. No di con ella, Y entonces para comer me preparé unos huevos
fritos con patatas, sin la carne, una ensalada de tomate y lechuga, y de postre
uva y queso. Voy a ver si como en casa siempre que esté cerquilla
En la Se , me había enterado que en
una Iglesia próxima había un concierto de guitarra y canto a la tarde, y fui,
pero la entrada eran 20 eurazos y sin saber de qué iba y acostumbrado a los precios
de Huéscar, seguí paseando. Atravesé La Baixa , busque la Praça de Municipio y volvía al mar. La tarde
estaba terminando y el Tajo seguía bonito. Se veía a lo lejos el puente del 25
de Abril, que es como el de San Francisco, y creo que construido y mantenido
por los mismos. En esta parte del Tajo, la próxima al Ayuntamiento es también
muy moderna y está digna de más paseos, hay una estación: Cais de Sodre donde se toman y se
cruzan tranvías, autocarros, bicicletas, trenes y
barcos para casi todos los destinos de Lisboa y Portugal. Por la mañana no había encontrado la Carnicería porque cerraba a medio día.
Por ahora
casi todo camino es camino nuevo, puedo volver a casa por donde no haya vuelto
nunca y siempre por nombres que, a menos a mí me suenan bien, Rua dos Bacalaheiros, Casa dos Picos, Campo do Cebolas, Arco
de Jesús, y San Joao do Praça. Las calles están transitadas y los bares y
restaurantes casi llenos, aquí hay mucho turismo, o mucha gente a casi todas horas, aquí está el
ambientazo que los miércoles y jueves por la noche echa de menos mi hermano
Eloy en Huéscar.
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