27 Sábado y Cristo Rei
El
día amaneció bonito con algo de viento, bonito quiere decir con Sol y sin frío
y yo me fui a cruzar el Tajo. Desde el mismísimo centro de Lisboa hay dos o tres
muelles (cais) desde donde
continuamente salen barcos enormes para cruzar el río con diferentes destinos de la margen contraria,
yo elegí Cazilhas que está como en un Cabo que cierra el Mar de la Paja y estrecha la salida
para poder haber hecho el Puente 25 de Abril, ocho o diez kilómetros al Oeste
el Tajo ya es el Atlántico. El Tajo estaba lleno de olas muy desordenadas y el
barco se bamboleaba suavemente, calculé que un barco puede transportar unas mil
personas en asientos si fuese a tope y en dos pisos.
Al bajar hacia un viento apreciable,
casi terrible. Y yo me fui a la izquierda. Di con un submarino en dique seco que parecía en exposición, pero no
visitable. Tiene que ser terrible la vida en un submarino, que me imagino mucho
más estrecho por dentro que por fuera que ya lo es. Una lástima que no se
visitara, oportunidad perdida.
Al
lado, había una fragata llena de cañones
que si podía verse por dentro. Se llamaba “D.
Fernando II e Gloria”, había sido construida a mediados del siglo XIX y tras
muchos avatares se recuperó y se expuso en la Expo del 98. Está preciosa, casi dispuesta para zarpar, si no fuese porque las vergas las tiene quitadas, y están tendidas en el
muelle, uno las ve en el suelo y no se cree que dos o tres de ellas estuviesen
atravesadas en cada uno de los tres palos que tiene el barco para colgar las velas. ¿Cómo
podrían mover y sujetar aquello?, la fragata tiene más de 50 cañones, más
pequeños que los del otro día, pero también imposibles de entender, cómo los
movieran, cómo apuntaran y cómo controlaban el retroceso. También tenían lujo
en los comedores de oficiales y en sus camarotes, algo incomprensible. La
marinería dormía en unas hamacas encima de las mesas de comer, y en la cocina no
se entiende como se hacia para comer 600 personas a diario y en cualquier mar. Había muchas cosas
interesantes. Aquello estaba espacioso de recorrer y bonito, pero no sé qué
sitio quedaría, después de cargar, las balas para tanto cañón, la munición, los
aparejos de repuesto, la comida, el agua, y todas esas cosas. Tan horrible como
en el submarino.
Comí en un Club Náutico, que había allí al lado y comí estupendo, un entrecote con langostinos , que aquí
llaman camaroes y ponen mucho, con
salsa y patatas fritas, todo rico y con postre (sobremesa) 15 €, y medio litro de vino para mi solo que me sentó de
lujo.
En Cazilhas y para mi,
aparte de la Fragata ,
geométrica y turisticamente lo que sobresale de verdad es un monumento muy alto al
Sagrado Corazón, que aquí llaman Cristo Rei, que hay en en un montículo
muy cerca de uno de los extremos del repetido puente. Se va por una especie de
cornisa o muelle sobre el Tajo hasta que llega a un ascensor (elevador dicen aquí) que te sube 90 metros y luego sigues
subiendo por la ladera que da al Tajo hasta el Monumento que está con
mucha gente que han subido en coche o autocarro
por otro lado. Como en todas las torres
gusta estar y ver desde allí tantas cosas; además aquí te vuelven a subir en
elevador.
Por ver, se ve hasta el océano y el
campo que hace tiempo que no veía, también se ve Lisboa pero sin las siete
colinas famosas, Yo ya pienso que eso de las colinas es mentira. Una ciudad que
quiere ser conocida como las de las siete colinas, qué menos que tuvieran
nombres, señalización y un mirador en cada una. Aunque tampoco en Roma se notan
mucho, salvo el Capitolio.
Cuando volví, el río seguía movido y
el aire más ventoso todavía. Me habían dicho que para el finde cambiaría el tiempo. Luego,
una vez en casa, empezó a llover suave y poco sobre la Alfama portuguesa.
28 Domingo y Sintra
En esto de la bitácora estoy a punto
de alcanzarme a mi
mismo, estoy escribiendo hoy lunes lo de ayer domingo. Pensé que no lo conseguiría.
Perseverancia. Me resulta extraño escribir tan recién.
Por fin ayer salí de Lisboa. No es que tuviese ansia por salir, pero ya me
apetecía. Moverse en el extranjero y con navegador y gps, resulta cómodo y fácil,
y luego todo está tan señalizado y es tan lógico que cualquiera llegaría a
cualquier parte. A mi
antes de emprender, me parece que va ser difícil, que me perderé o atrancaré,
pero no. Como es natural a veces te equivocas o te confundes un poco, pero la
verdad es que al ir solo te comprendes muy bien a ti mismo, y a nadie tienes
que dar explicaciones, es una ventajilla, tampoco puedes echarle la culpa a
nadie, que es un inconveniente.
Primero a pie, luego en Metro y
finalmente en tren llegué casi al centro de Sintra. Sintra además de ser Patrimonio de la Humanidad o de la Unesco o algo así, es un lío.
Hay siete u ocho cosas dignas de ver, pero muy lejos las unas de las otras,
además aquello está en la
Sierra de Sintra y es un terreno muy quebrado, todo es cuesta
y cualquier cosa esta tapada por otra. Hay que moverse en bus o en coche, pero
en coche no hay donde aparcar y andando se te va un montón de rato. Yo no
pretendía ver nada por dentro sino orientarme un poco y saber dónde cada cosa,
de todas maneras todo en un día es una quimera.
Aquello es todo una montaña feraz y
quebrada, allí han plantado de todas las especies, y no vi sistemas de riego,
pero si sé que hay agua, total que aquello de aspecto muy bien, y tiene que
haber mucho sendero y mucho que andar, temas que me interesan. El pueblo nunca
se ve entero, pero seguro es grande; en el centro la arquitectura es divertida,
hay muchas casas bonitas, y de uniforme nada. Yo vi por fuera el Palacio Nacional,
que parece un agregado de edificios como casas y con dos chimeneas cónico_curvas, no sé el nombre de esas formas, muy
llamativas; dicen los papeles que allí había banquetes para mil personas y que
faltaba cocina, aunque no creo que chimeneas; serán curiosas por dentro.
El sitio de comer fue
un acierto, era una casita preciosa, pequeña y como de cuento en medio del bosque; eran distintas habitaciones,
preciosamente amuebladas, de lujo. Creo que se llamaba “As Minas”, de agua, volveré
allí. Un chico muy amable y en español me explicó qué comer: se trataba de unas
especie de cocido que tenía garbanzos, patatas, huevo duro y bacalao cocido, era
el plato del día; con eso, cerveza y vino seguí mi camino, Y además me había
dado mapas y orientaciones valiosas. El Palacio da Pena y el Castillo de Mouros
había que dejarlos para otro día.
Pero si podía alargarme a ver por
fuera La Quinta de la Regaleira , está próxima
al casco de la ciudad y parece ser una obra de locos, pero de ver necesario,
parece ser una finca con muchas edificaciones y curiosidades a cual más rara
que hizo a principios del XX alguien que debía estar loco. Dicen que es lo mas
imprescindible en Sintra
Total que no vi nada, pero aprendí algo
y casi diseñe mi próxima visita, que me gustaría con alguien. En el Bus 454 a lo de la Pena que es el
punto más alto y visita, de allí por bosque bajando y subiendo a lo de los
Moros, visita, y bajando a la casita de comer, después a la casa del loco de la colina
y si queda tiempo al Palacio Nacional, el de la chimeneas. A continuación en el
bus 403 al Cabo da Roca, otra vez el
más occidental de Europa, y en el mismo bus a Cascais. Quizá sea
demasiado para un día; se quita lo que no quepa. En Sintra todavía quedarían sitios por ver, pero no tan señalados, y también
mucho bosque y montaña por andar. Acabo e darme cuenta que mi coche se
llamaba Cascais, pero con Q`s y con H`s y era, me dijeron, el nombre de una
tribu indómita de los desiertos de Irán.
En tren volvía de Cascais a Lisboa;
al entrar al vagón de dio un gusto inesperado, tenía la calefacción en
funcionamiento, y fuera había pasado frío. Llegué a la Alfama con ganas de una
cerveza y contar mi día, pero Ginginha
de Sé estaba cerrada y la Alfama
con ese aire triste y vacío de los domingos por la tarde.
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