lunes, 29 de octubre de 2018

E7 Días 27 y 28


27 Sábado y Cristo Rei      

El día amaneció bonito con algo de viento, bonito quiere decir con Sol y sin frío y yo me fui a cruzar el Tajo. Desde el mismísimo centro de Lisboa hay dos o tres muelles (cais) desde donde continuamente salen barcos enormes para cruzar el río con diferentes destinos de la margen contraria, yo elegí Cazilhas que está como en un Cabo que cierra el Mar de la Paja y estrecha la salida para poder haber hecho el Puente 25 de Abril, ocho o diez kilómetros al Oeste el Tajo ya es el Atlántico. El Tajo estaba lleno de olas muy desordenadas y el barco se bamboleaba suavemente, calculé que un barco puede transportar unas mil personas en asientos si fuese a tope y en dos pisos.
           
            Al bajar hacia un viento apreciable, casi terrible. Y yo me fui a la izquierda. Di con un submarino en dique seco que parecía en exposición, pero no visitable. Tiene que ser terrible la vida en un submarino, que me imagino mucho más estrecho por dentro que por fuera que ya lo es. Una lástima que no se visitara, oportunidad perdida.

Al lado, había una fragata llena de cañones que si podía verse por dentro. Se llamaba “D. Fernando II e Gloria”, había sido construida a mediados del siglo XIX y tras muchos avatares se recuperó y se expuso en la Expo del 98. Está preciosa, casi dispuesta para zarpar, si no fuese porque las vergas las tiene quitadas, y están tendidas en el muelle, uno las ve en el suelo y no se cree que dos o tres de ellas estuviesen atravesadas en cada uno de los tres palos que tiene el barco para colgar las velas. ¿Cómo podrían mover y sujetar aquello?, la fragata tiene más de 50 cañones, más pequeños que los del otro día, pero también imposibles de entender, cómo los movieran, cómo apuntaran y cómo controlaban el retroceso. También tenían lujo en los comedores de oficiales y en sus camarotes, algo incomprensible. La marinería dormía en unas hamacas encima de las mesas de comer, y en la cocina no se entiende como se hacia para comer 600 personas a diario y en cualquier mar. Había muchas cosas interesantes. Aquello estaba espacioso de recorrer y bonito, pero no sé qué sitio quedaría, después de cargar, las balas para tanto cañón, la munición, los aparejos de repuesto, la comida, el agua, y todas esas cosas. Tan horrible como en el submarino.

            Comí en un Club Náutico, que había allí al lado y comí estupendo, un entrecote con langostinos , que aquí llaman camaroes y ponen mucho, con salsa y patatas fritas, todo rico y con postre (sobremesa) 15 €, y medio litro de vino para mi solo que me sentó de lujo.

            En Cazilhas y para mi, aparte de la Fragata, geométrica y turisticamente lo que sobresale de verdad es un monumento muy alto al Sagrado Corazón, que aquí llaman Cristo Rei, que hay en en un montículo muy cerca de uno de los extremos del repetido puente. Se va por una especie de cornisa o muelle sobre el Tajo hasta que llega a un ascensor (elevador dicen aquí) que te sube 90 metros y luego sigues subiendo por la ladera que da al Tajo hasta el Monumento que está con mucha gente que han subido en coche o autocarro por otro lado.  Como en todas las torres gusta estar y ver desde allí tantas cosas; además aquí te vuelven a subir en elevador.

            Por ver, se ve hasta el océano y el campo que hace tiempo que no veía, también se ve Lisboa pero sin las siete colinas famosas, Yo ya pienso que eso de las colinas es mentira. Una ciudad que quiere ser conocida como las de las siete colinas, qué menos que tuvieran nombres, señalización y un mirador en cada una. Aunque tampoco en Roma se notan mucho, salvo el Capitolio.

            Cuando volví, el río seguía movido y el aire más ventoso todavía. Me habían dicho que para el finde cambiaría el tiempo. Luego, una vez en casa, empezó a llover suave y poco sobre la Alfama portuguesa.



28  Domingo y Sintra

            En esto de la bitácora estoy a punto de alcanzarme a mi mismo, estoy escribiendo hoy lunes lo de ayer domingo. Pensé que no lo conseguiría. Perseverancia. Me resulta extraño escribir tan recién.

            Por fin ayer salí de Lisboa. No es que tuviese ansia por salir, pero ya me apetecía. Moverse en el extranjero y con navegador y gps, resulta cómodo y fácil, y luego todo está tan señalizado y es tan lógico que cualquiera llegaría a cualquier parte. A mi antes de emprender, me parece que va ser difícil, que me perderé o atrancaré, pero no. Como es natural a veces te equivocas o te confundes un poco, pero la verdad es que al ir solo te comprendes muy bien a ti mismo, y a nadie tienes que dar explicaciones, es una ventajilla, tampoco puedes echarle la culpa a nadie, que es un inconveniente.

            Primero a pie, luego en Metro y finalmente en tren llegué casi al centro de Sintra. Sintra además de ser Patrimonio de la Humanidad o de la Unesco o algo así, es un lío. Hay siete u ocho cosas dignas de ver, pero muy lejos las unas de las otras, además aquello está en la Sierra de Sintra y es un terreno muy quebrado, todo es cuesta y cualquier cosa esta tapada por otra. Hay que moverse en bus o en coche, pero en coche no hay donde aparcar y andando se te va un montón de rato. Yo no pretendía ver nada por dentro sino orientarme un poco y saber dónde cada cosa, de todas maneras todo en un día es una quimera.

            Aquello es todo una montaña feraz y quebrada, allí han plantado de todas las especies, y no vi sistemas de riego, pero si sé que hay agua, total que aquello de aspecto muy bien, y tiene que haber mucho sendero y mucho que andar, temas que me interesan. El pueblo nunca se ve entero, pero seguro es grande; en el centro la arquitectura es divertida, hay muchas casas bonitas, y de uniforme nada. Yo vi por fuera el Palacio Nacional, que parece un agregado de edificios como casas y con dos chimeneas cónico_curvas, no sé el nombre de esas formas, muy llamativas; dicen los papeles que allí había banquetes para mil personas y que faltaba cocina, aunque no creo que chimeneas; serán curiosas por dentro.
           
            Luego me metí por un parque selvático y todo en cuestas, donde no había ni turistas ni gente y si, plantas muy curiosas unas y repetidas otras. Salí del parque, que se llamaba Parque de las Liberdades, aquí esto de la libertad es el topónimo mas frecuente,. Me metí por un sendero que descubrí, resultó que iba al Castillo de Mouros, y al Palacio da Pena, pena en español es peña, que suena mucho mejor, imaginaos Castril de la Pena. Yo ya había visto de lejos el castillo de los  moros, y estaba altísimo, y él mismo, en cuesta, también, indicaban que se llegaba al de la Pena, pero aquello era tanto andar y para arriba que cuando me cansé, como no soy río, me volví a ir a comer a una casa que había visto al inicio del sendero.


           El sitio de comer fue un acierto, era una casita preciosa, pequeña y como de cuento en  medio del bosque; eran distintas habitaciones, preciosamente amuebladas, de lujo. Creo que se llamaba “As Minas”, de agua, volveré allí. Un chico muy amable y en español me explicó qué comer: se trataba de unas especie de cocido que tenía garbanzos, patatas, huevo duro y bacalao cocido, era el plato del día; con eso, cerveza y vino seguí mi camino, Y además me había dado mapas y orientaciones valiosas. El Palacio da Pena y el Castillo de Mouros había que dejarlos para otro día.

            Pero si podía alargarme a ver por fuera La Quinta de la Regaleira, está próxima al casco de la ciudad y parece ser una obra de locos, pero de ver necesario, parece ser una finca con muchas edificaciones y curiosidades a cual más rara que hizo a principios del XX alguien que debía estar loco. Dicen que es lo mas imprescindible en Sintra

            Total que no vi nada, pero aprendí algo y casi diseñe mi próxima visita, que me gustaría con alguien. En el Bus 454 a lo de la Pena que es el punto más alto y visita, de allí por bosque bajando y subiendo a lo de los Moros, visita, y bajando a la casita de comer, después a la casa del loco de la colina y si queda tiempo al Palacio Nacional, el de la chimeneas. A continuación en el bus 403 al Cabo da Roca, otra vez el más occidental de Europa, y en el mismo bus a Cascais. Quizá sea demasiado para un día; se quita lo que no quepa. En Sintra todavía quedarían sitios por ver, pero no tan señalados, y también mucho bosque y montaña por andar. Acabo e darme cuenta que mi coche se llamaba Cascais, pero con Q`s y con H`s y era, me dijeron, el nombre de una tribu indómita de los desiertos de Irán.

            En tren volvía de Cascais a Lisboa; al entrar al vagón de dio un gusto inesperado, tenía la calefacción en funcionamiento, y fuera había pasado frío. Llegué a la Alfama con ganas de una cerveza y contar mi día, pero Ginginha de Sé estaba cerrada y la Alfama con ese aire triste y vacío de los domingos por la tarde.

No hay comentarios:

Publicar un comentario