martes, 30 de octubre de 2018

E8 Día 29


29  Lunes    En casa.

            Decidí quedarme en casa. Yo soy un hombre casero y cuando no salgo lo paso bien, siempre hay cosas que hacer y si no, se encuentran. Total que  me quedé arreglando papeles turísticos, tomando notas de cosas que quiero hacer, poniéndome al día en llamadas telefónicas, ordenando un poco una habitación nueva que le ha salido a la casa, borrando fotos del teléfono que siempre hago de más, y de menos, viendo el Periódico y mas cosas. Y así llego la hora de comer y comí aquí, luego haría mi sietecilla y seguí aquí, con la lectura y otras zarandajas.

            Cuando anocheció, había empezado a llover, mas que lluvia era orbayu o chirimiri, aquí no se como le dirán a ese llover tan poco que no se nota que llueve pero al cabo de un rato estás mojado de más. Total que me fui a pasear un rato entre la lluvia y por calles solitarias, y como pasa en una ciudad  nueva, aunque no me alejé de casa  descubrí calles y escaleras que no había visto, y repasé algunas viejas. Por descubrir, resulta que a nada de mi casa están las ruinas de un teatro romano, que tengo que ir a visitar y un Museo de Lisboa. Esto es una caja de sorpresas.

            También encontré un elevador, en este caso descendedor, desde una terraza restaurante de hermosas vistas; me subí, bajé 6 pisos y reencontré en el supermercado donde yo suelo ir a comprar, no me lo esperaba, y estando tan cerca, algo me traje.

            Como la compra fue chica, seguí paseando por el orbayo, y como en Lisboa todas, absolutamente todas, las calles son de adoquines de granito y las aceras de adoquines de mármol más pequeños y blancos, como los del Cantón de Castril, las calles estaban preciosas, además de solitarias y limpias, y la luz de las farolas se reflejaba en ambos adoquines, confiriéndoles un aspecto especial. Los restaurantes de la Alfama seguían casi llenos de gente y las terrazas habían desaparecido, unas veces ellas y otras sus gentes.  Las calles también solas, o conmigo.

            Yo acabé en Ginginha da Sé, y allí estaban mis amigas, anoche: Stephany, Lucía y Raquel y unos 10 ó 15 clientes, no sé como caben. Hablamos un buen rato entre cervezas, yo, ellas como son del gremio, beben muy despacio. Está bien hablar de vez en cuando. El otro día empecé a hablar y noté que no me salía la voz, un esfuerzo enorme para articular palabra; me preocupé, pensé que por falta de uso se me estarían atrofiando las cuerdas vocales. Luego pensé que era faringitis, luego no ha vuelto el problema, debió de ser una faringitis súper breve. Le pregunté al Stephany, la dueña, cuantos de los que allí estábamos eran portugueses o extranjeros; todos extranjeros menos Raquel, incluso yo.

            También hacia fresco como la noche anterior. No era todavía el frío del invierno, era llevadero, sin comparar con lo que parece que está haciendo en España Norte y Sur. Pero si era el anuncio de que el otoño tan benigno, se ha ido. Ojalá me equivoque. Cuando me recogía seguía la lluvia y en crescendo.

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