sábado, 27 de octubre de 2018

E5 Día 25


24 Miércoles

            Hoy voy a conocer a Stephany, parece mal escrito pero no sé como debe hacerse. Stephany es la dueña del piso donde habito, y algo, no sé si conocida o amiga de mis hija Lucia Pardo, es francesa, pero lleva mucho tiempo en Portugal, ha venido para conocernos hoy después de comer. Cuando llegué yo a Portugal ella no estaba, pero ya sí. Es una chica que andará en la cuarentena, agradable y arrolladora, habla portuñol y se entiende bien uno con ella. Va a ser buena casera. Además tiene un pequeño bar de copas que se ve desde casa y abre tarde y noche, lo cual ayudará a la vida y a no estar siempre bebiendo solo. La casa tenía una habitación cerrada, no hacia falta, pero la ha abierto para que la casa tenga más luz, y también tendrá una cama más. Ya cabe quién venga.

            Como ayer la lluvia no dejó ver la Luna y hoy estaba despejado me informé de cuando aparecía la Luna, aunque ya un poco en menguante, ayer era creciente, y me subí para verla desde el Castelo de Sao Jorge, tenía yo mi ilusión. El Castillo queda aquí mismo, colina arriba aunque también hay un bus que llega. El Castillo es muy grande, tiene alrededores y jardines y hasta un restaurante de lujo dentro. Pero lo mejor son las vistas y la Luna. Y lo peor son las horas, entre hora local, hora oficial, hora astronómica y la hora del reloj, la Luna salió casi media hora antes de que yo llegara. Pero todavía era grande de color naranja y rielaba sobre el río. Muy bonito. El Castillo lleno de murallas y jardines, ténuamente iluminados, en los alto de la colina tenía un encanto especial y por allí en el silencio y las soledad de la hora y del castillo paseé y disfruté hasta que a la nueve y media me dijeron que lo tenían que cerrar.

            Yo cuando paseo, y apenas si sé hacer otra cosa ni tengo otra que hacer, cuando me encuentro una bifurcación la tomo, y procuro tomarla por el lado que no conozca. Así descubrí el barrio que yo llamaré de Sao Cristovao. Es como la Alfama, si es que no es la Alfama misma, pero más ordenado, urbanizado y cuidado que mi Alfama, los bares y restaurantes mas modernillos y las escalarinhas  y calçadinhas trazadas y construidas a lo moderno, lisas, rectas, horizontales, etc, y quizá la población más portuguesa y de gente más joven. También descubrí unos lavaderos antiguos, un supermercado nuevo y varios sitios curiosos. Lo que se puede descubrir en un rato, al lado de tu casa; si tu casa es nueva.

            En el Bar de Stephany, que se llama  Ginginha da Se, me tomé un par de cervezas, a las me invitó ella, entre música francesa e italiana; descanso de fado. El bar es chiquitísimo, Un metro de barra, que aquí se usa poco, tres mesitas dentro, y cinco ò seis fuera, como de noche no hay tráfico, de día apenas, toda la calle es bar. Curioso el barecillo.

            La Ginginña, por si alguien no lo sabe, es un licor de cereza y azúcar, que aquí en la Alfama muchas señoras venden de noche en las aceras. Sacan de sus casas una mesa, como una mesita de noche, dos o tres botellas y una bandeja de vasos pequeñines. Un vasito, un euro, ¡que menos!. Por si alguien considera que la ginginha a secas no está dulce, se puede beber en unos vasitos de chocolate, que después de beberselo se come. Se va uno tan dulce a la cama que por fuerza han de llegar dulces sueños.

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