viernes, 26 de octubre de 2018

E4 Días 21, 22 y 23.


21 D 

            Es increíble, me pongo a escribir en miércoles lo que pasó el domingo anterior, imposible acordarme que pasara, salvo dos cosas; y por mas que me esfuerzo, ni idea. Me preocupa. ¿Se podría hacer algo? ¿Alguien sabe?

            Vamos a lo que me acuerde. Había visto que había aquí cerca un Museo del Ejercito, que en domingo tiene entrada libre y entré libremente, muy cerca de casa. La entrada es monumental, a más de gratis, y dentro está lleno de cañones, de uniformes y de armas cortas y largas, contando las espadas, hay maquetas y muchos uniformes, hay hasta soldados de plomo. Todo está bonito y bien montado y es llamativo aunque casi todo visto. Hay un carro complicadísimo que dicen que fue para transportar las columnas del arco triunfal de la Praça do Comercio; no se entiende nada, ya me gustaría ver o saber cómo se hacían las obras monumentales en la antigüedad.

Quizá lo que más llame la atención es la colección de cañones, los tamaños y la decoración que les ponían, algo increíble, o ridículo; visto de cerca y ahora. Una bola de cañón, un bolardo, de 40 cm de calibre, que allí las había, pesaría 800 kg y de 30 cm más de 300 kg. Te imaginas cargar el cañón, o moverlo,  para luego errar el tiro. Es increíble, mucho más que increíble lo que la humanidad hemos hecho y seguimos haciendo para matarnos más y peor los unos a los otros. Me dominaba ese pensamiento de una forma obsesiva mientras recorría una sala tras otra, todos con el mismo tema, matar, matar y matar. ¿Cuánta gente se habrá quedado coja, tullida, huérfana, viuda y muerta con aquellas armas? Y me imagino que la mayoría de las veces, cuando no todas, sin saber porqué. Cuando salí del museo hacía una mañana esplendorosa y el mundo que se veía estaba en Paz.

            Algo curioso. A lo largo del Museo, aunque no era enorme, no había mas vigilante que el que guardaba la entrada y expedía el billete, sólo uno vigilaba a todo el museo; no me fijé si había cámaras, lo que si recuerdo es que en Madrid en cualquier museo o cosa parecida, suele haber uno o dos vigilantes por sala, siempre me fijo y pienso cuánto se aburrirán. Pero es que en las calles aún no he visto policía de uniforme ni en coche ni a caballo, ni uno, y yo ya he recorrido calles. Me cuesta creer que la gente sea más mala en Madrid que en Lisboa. Aquí pasa algo

            El Alzheimer incipiente hace que este domingo que empezó por la mañana se acabe a medio día. Y que esta bitácora corra un poco más.





22  L
.  Día de las Santas benditas Alodía y Nunilón

            [A quien le guste Juan Rulfo, novela de Pedro Páramo, puede que sea al revés, cita a nuestras Santa Patronas, al hilo de su onomástica. Lo que no me acuerdo es si explica porqué, creo que no. De cualquier modo que vivan ellas y que vivan sus santos devotos]

            Después de muchas vueltas esta mañana he decidido abrir esta bitácora y al principio de ella he explicado mis cuitas. Me he quedado tranquilo y me he puesto a la tarea.
            Hacía un día tan bueno, todos son así. Que estaba deseando irme a la calle y he pensado irme a ver A casa dos Picos.

            Para hacernos una idea del barrio mío. La calle Sao Joao do Praça, que es como mía, es la principal, transcurre casi horizontal  pero para nada rectilínea, se bifurca en Sao Miguel y Sao Pedro y casi llega a Santa Apolonia por abajo y a Ladra por arriba, Santa Apolonia es estación de tren, metro , etc. En el lado Norte de la calle se empieza a escalar intrincadamente la colina y llega a al Castelo de Sao Jorge pasando por Os Miradouros y más sitios. Hacia el Sur, 10 ó 15 m en altura vertical más abajo y muy cerca en horizontal está el nivel del Tejo y casi del mar. Entre el llano y el mar otro lío de callejones estrechos y retorcidos, por los que siempre vas al azar, pero segur. Y todo esto como un poco viejo y a veces algo cutre, abandonado, lleno de tiendacillas, barecilloss, restaurantillos y  sitios de Fado, siempre pequeños. Parece ser que casi todas las casas, que sean la mitad, transformadas en pisos turísticos, AirB&B y propiedad de los franceses, por dentro deben estar muy cambiadas, pero el exterior y las entradas apenas si se nota nada. ¿Tenemos ya una idea?

            El llano, lo llamo yo, es otra cosa, aunque se mezclan, es lo moderno, nos encontramos como tres o cuatro líneas paralelas, las ruas Bacalhoeiros y Alfandenga, la av. del Infante Dom Enrique, el que se inventó Portugal, y Terreiro do Trigo; con unos pasos más nos caeríamos al agua, si no nos hemos caído o tropezado con una terminal de Cruceros o alguna de las varias dársenas (en Portugal docas). Si al llegar al río nos vamos a la derecha en   200 m estaríamos en la famosa Plaza do Comercio y si a la izquierda en 8 km estaríamos en el Parque das Naçoes o Expo del 98. Todo lo que describe este párrafo es bonito y moderno, plano, casi recto y despejado, parece que estamos el siglo 21. y en la acera de Alfandenga (control de aduanas) esta por fin La Casa dos Bicos, que es donde vengo hoy.

            Como todos sabemos D. José Saramago, nacido en Azhinaga de Portugal y casado en Castril de España, tenía allí, en Castril, una Fundación para guardar sus cosas y su memoria, que por motivos complejos cambiaron a Lisboa. La verdad es que en Castril no habría lucido tanto. A mi me dejó impresionado el edificio, el montaje y el contenido. Como está al lado de casa y sólo cuesta 1 € si somos mayores, iremos cuando vengáis y me ahorro yo la  descripción, que con lo de las calles ya  ha estado bien. Cosa curiosa que me llenó de orgullo tonto: entre otras muchas cosas había en la Fundación una mesa vitrina con diez o doce libros de D. José, elegidos con no sé que criterio entre los 50 ó 60 que tendrá escritos, los había leído todos menos “El año de la muerte de Ricardo Reis”, que he de buscar y leer. Antonio: ¿te atreves a encontramelo, bajamelo y mandamelo?

            La acera que se cita está llena de tiendas mejores que las de la Alfama y pequeños restaurantes muy majos y atractivos con pequeñas terrazas en la puerta y algún que otro músico amenizando aquello y ganándose la vida. Un sitio para pasearse. La mañana era tan buena y la hora tan oportuna que acabé sentándome a comer en “Canto Saudade” de primero un “Porco alentejano” increíblemente bueno, se trataba de trozos de cerdo medio fritos, revueltos con patatas también fritas y almejas, con un poquito de salsa y varias especias que no identificaría; de postre algo parecido al Volcán de la Sagra que ponen en Los Collados, y cerveza. Buenísima comida. 15 €. No hablo casi nunca de comidas, pero aquí se come bien y fácil y la verdad que hay mil sitios para elegir, otra cosa es elegir bien. Para mi el comer no es un disfrute especial, como no sea por la conversación, además como poco y muchas veces en casa. Por eso hablo menos de comidas a pesar de que mucha gente viaja para comer, o con fines gastronómicos que queda mejor

            A la tarde me vendría a casa, descansaría de nada un poco, escribiría algo en esta bitácora y lo demás que contase sería inventado; me imagino que leería lago y pasearía más.

           
23 y martes  

            Hoy he publicado la primera entrega de la Bitácora. Y he mandado la noticia y las instrucciones para entrar. Menudo lío. Unos entran como si tal, otros después de varios intentos acaban entrando sin saber qué pasaba, otros no lo consiguen y otros ni lo intentan. No soy capaz de descubrir el problema de fondo ni la solución, yo le hecho la culpa a los buscadores, pero tampoco lo entiendo bien. Esperemos que el que quiera verla acabe consiguiéndolo.

            Lo que ayer llamaba El Llano, entre la Alfama y el Mar, pare que se llama Campo de Cebolas (cebollas) y allí he tomado el café de media mañana hoy. Que a veces cuesta un euro y en algún sitio lo he visto por 0.6, ¡Cómo se entere Rajoy!

            Si Lisboa yo tuviese que referenciarla, le pondría dos ejes mas o menos curvilíneos, y perpendiculares, uno sería la orilla norte del Tejo desde la Torre de Belén hasta el Parque de las Naçoes y otro de la Praca do Comercio hacia el Norte pasando por el Rossio, Marqués de Pombal, Praça de España y Jardim Zoologico; los ejes se acaban y Lisboa sigue.

Pues hoy he elegido recorrer mas o menos ese eje Sur Norte que dibujo. Subí en Metro después de mucho esperar autocarro que no llegaba, y luego bajé viendo y zigzagueando. El Zoológico por fuera muy bien y allí  me tomé un menú vegetariano, qué menos. Después como en el extranjero uno se vuelve más patriota busqué la Plaza de España, que me costó mucho pateo, y es que no es tal plaza, sino un enorme cruce de calles y avenidas con muchos árboles y ni se ve ni se siente, ni en los planos está claro. La que si ve inconfundible es la Praça de Touros, que mas se parece a una mezquita y he decidido ir a la primera corrida que vea en los carteles. También descubrí el Corte Inglés, por el plano yo me lo imaginé mas allá de la nada, lejísimos, mas allá de las afueras, pero no, está en un barrio casi antiguo y lleno de bulevares, Lisboa es muy grande.

            Junto a la Plaza de España está la Fundación Calouste Gubelkian, que tengo que estudiarla parece que se dedican a la Cultura y el Conocimiento, tienen un gran Museo de Arte Moderno y muchas actividades, en medio de un Jardín superprecioso. Acordaos. El portugués y el español se parecen un disparate, hay frases largas que son iguales, pero a veces no se separan, vgr. acordaos significa despertaros.

            Descubrí los Jardines de Amalia Rodríguez, preciosos y perdidos en lo alto de un montículo. Fue la primera vez que he tenido la sensación de no estar rodeado de turistas. Había un estanque bonito con flores de loto, una cafetería con terraza en torno del estanque redondo, y lástima, no sonaba ninguna música de ella. Estarán hartos. Y un poco de sorpresa me vi de pronto en lo alto de la Alta Pombalina y debajo de mi unos jardines preciosos y Lisboa. Bueno un trozo de Lisboa, que hoy hemos visto que es muy grande.

            En los jardines anteriores acordéme de pronto que la Luna sadría muy grande esta noche y pensé verla salir probablemente como por el mar desde el Castelo de Sao Jorge, investigué a que  hora y planeé volver para llegar a tiempo. Cuando salía del Metro llovía cariñosamente sobre Lisboa. Se acabó la Luna.

1 comentario:

  1. Manolo,cuánto sabes ya de Lisboa!! Se ve que la rodilla la tienes fenómena porque le das buenos trotes. Ala, a seguir contándonos cosas

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