Finde
Guerrero [6-10 de Diciembre]
Esta
entrega de esta bitácora que Lisboa nos da, puede resultar demasiado familiar, aviso,
pero es que ha sido así y sería difícil hablar de otras cosas.
Sevilla
(spain) está sólo a 4 horas de Lisboa,
¡Tan cerca y a la vez tan lejos!. Y de allí vinieron Conchi, Pedro, Celia y
Eloy por el Puente Vasco Gama, 13 km sobre el Tejo que tengo
ganas de recorrer yo. La Alfama
esta mayormente cerrada al tráfico salvo que residas en ella y tengas una
tarjeta (cartón) para que un sistema semiautomático te baje el pilón y puedas entrar, y mi amiga Stephany me dejó el suyo, que por
cierto yo había lavado, el cartón no a Stephany, junto a una camisa, y
sobrevivió (¡!!¡); también son lavables los pinchos de memoria (pendraives), al fin y al cabo no son más que imanes.
Total, que
a mediodía estábamos subiendo las escaleras hacia mis miradores y desde allí
veíamos la Alfama ,
el Tejo y la península de Setúbal casi enteras, con un día de cielo azul rabioso
y el Sol amarillo, amarello. En Lisboa no manejan las tapas aunque si el nombre y también
le llaman Petiscos, pero no son las nuestras y además son de pago, y como lo sabíamos, íbamos preparado, como si fuésemos
al Pedreño. En el Belvedere de As Portas do Sol nos quedamos un
rato mirando y bebiendo con la cerveza
de aquí, Sagres, y el jamón, las secas, los pistachos y las aceitunas de
Huéscar que traía Eloy.
Nos
acercamos para ver el Castello de Sao Jorge por fuera y
nos fuimos a comer a un sitio llamado Solar dos Mouros, desde una terraza
que mira casi lo mismo que antes pero más mirando hacia Brasil. Después de
comer bien y beber de más lo que más apetece ya se sabe, pero alguien dijo que ‘el
que gana la siesta pierde la tarde’, y nadie se atrevió a quererla. En el tranvía 28E descendimos de la Colina de San Jorge,
cruzamos la Baixa
y ascendimos a la colina de Santa
Caterina, que tiene uno de los mejores miradores de Lisboa. Pedro quería
ver el Sol ponerse por el Atlántico de aquí; pero el Sol corre más que cinco hermanos en un tranvía, y además tienen ver todo lo que hay en el camino, y comentarlo. El Sol había
traspuesto antes de llegar nosotros. Aún así el Mirador valía haber ido.
Como parte
de la colina y su ladera este la ocupa el
Chiado o Barrio Alto, por allí anduvimos, vimos y compramos. Camoens,
Chiado Pessoa, tres poetas para un
barrio, que están allí juntos; con Eça de Queiroz todavía no me he metido, pero el anduvo por el Chiado también., y junto a miles de turistas, que como todos
quieren ir para el sitio del que los otros vienen, tropiezan y se enredan, pero
no se lían, El Carmo, la Iglesia, lo vimos por
fuera, no era hora, la Estación del Rossio por dentro, la plaza del
Rossio por encima, y las calles de la
Baixa , llenas de restaurantes reclamando clientes, pastelarías y más tiendas, las recorrimos a los largo cambiando de una a otra. Oyendo
español como si fuese Huéscar. Otra vez en la Iglesia de San Nicolao un obispo y seis sacerdotes
concelebraban con mucha liturgia, como pasa siempre allí.
En el elevador do Catello nos subimos a la Alfama. Y allí en “Ginginha
de Sé” nos bebimos dos garrafas (botellas) de Viño Verde y una tabua (tabla) de muchas cosas de comer.
Allí seguimos hablando, desde que eran las ocho de la mañana y estaban a punto
de ser las doce, sin parar.
Cuando
íbamos a subir a casa, alguien propuso una vueltecilla por la Alfama tranquila y apagada,
y a nadie le pareció mucho. Por aquí casi todas las calles parecen la misma,
hay que haberles dado varios repasos para darse cuenta que no hay dos iguales.
Fuimos dando una vuelta por la
Iglesia de San Miguel hasta la de los Remedios, viendo
rincones, bares ínfimos, restaurantes pegados, reclamadores de Fados, y puestos
de Ginginha. Hasta algo que parecía una pequeña iglesia y entraron, resulto que
lo era pero con un cadáver en el centro; la Iglesita estaba reciclada en tanatorio. El Chafariz
(fuente) de Dentro seguía con el agua más limpia posible y por la calle de
San Pedro fuimos buscando la nuestra, que seguro que nunca sería llegar a casa
y acostarnos, siempre hay más cosas que decir. Aunque las Constitución no
pudiésemos arreglarla a esas horas.
Un muy buen día para ser el primero.
A mis hermanos parece que les gustaba la cosa, e incluso mi casa; que para mi
está muy bien, pero que …. El caso es que también les gustó y le vieron su
gracia. Y por supuesto Lisboa, pero es que Lisboa le gusta a cualquiera, aunque
no la vea. Lisboa tiene esa gracia, como también pasara con Luarca. Lisboa,
Luarca, Granada, y algunas ciudades más tienen nombres de fortuna.
Viernes
7 y postConstitucional
Nos tocó ir
a Belém. Pero Los Jerónimos, un
palacio e iglesia supermanuelinos, seguían con la cola larga del otro día y nosotros con las
ganas cortas. Así es que desde el taxi que era para 5+1 vimos la cola, la
fachada, la Torre
de Belém y el Padrao dos Descubrimientos, que en otras entregas se cuenta, y
nos bajamos en en el MAAT , Museo de
Arquitectura, Arte y Tecnología. Tiene forma de, digamos bivalvo abierto y por
encima se pasea uno y se va viendo el Tajo. A la hora de entrar en tal museo,
pensamos que cinco personas son una multitud para tan complejo museo, a los
museos hay que ir casi solo, o con el clónico de uno mismo.
Decidimos
seguir paseando junto al río y su puente, que no cansan, por mucho que se
miren. Íbamos a subir al Pilar’7,
pero debió olvidársenos, acabamos en LX Factory, una antigua y vieja
fábrica de papel, reconvertida en un conglomerado de tiendas y de bares de colores, como hippies y toda la
infraestructura supervieja, sin el mínimo retoque o cuidado desde hace 100 años.
Vimos muchas tiendas y cosas curiosas y dimos
para comer con un restaurante que nos encantó a todos a la vez, grande, menos
viejo, con muchas cosas que mirar y que copiar. Un buen sitio, pero no me
aprendí el nombre, si sé que estaba en la calle de dentro y en el extremos más próximo
a la entrada; por si alguien quiere ir.
Esperar por
que nos habíamos enterado que había un concierto muy atractivo de la Orquesta Sinfónica Gulbenkian algo más tarde. El auditorium era de primera y la pared del fondo del escenario era un cristal inmenso, al otro lado se veía el jardín_bosque
iluminado de forma extraordinaria que formaba un cuadro increíble, casi tan bonito como el
concierto, en el que en la segunda parte interpretaron la Quinta Sinfonía
de Tchaikovsky; para flotar, y con aquel fondo del bosque que
parecía encantado.
Calouste
Gulbenkian vivió de la mitad del XIX a la mitad del XX, nació armenio y
luego fue británico, era ingeniero y buen negociador,e hizo gran fortuna inmensa con el
petróleo, fue coleccionista y mecenas y por no se qué razón su Fundación está
en Portugal. Había un bloque de oficinas inmenso, lo que no sé es que hacen
allí a más del mecenazgo.
Después de
la música siguió la marcha y bajamos por los Jardines de Amalia Rodríguez y los de Eduardo VII hasta el Marqués
de Pombal y de allí seguimos por la
Avenida das Liberdades,
que es la más ancha de todo Portugal, creo yo, y en ella están las mejores
marcas de tiendas, la mejores casas y los mejores hoteles, aunque quede muy
lejos, en kilómetros, de la Plaza do Comercio. Aquí en Lisboa no sé donde está el Centro.
Y mucho más
tarde estábamos en casa.
8 Sábado Y día de
Concha
Habíamos
decidido ir a ver El Memorial del
Convento en Mafra a 25 ó 30 km
de Lisboa, pero todavía no habíamos visto la Plaza do Comercio, ni a Pilar del Castillo y de
Saramago. Así que primero un paseo por la Ribera del Tajo o Ribera das Nauss. Bajamos al Llano, pero la Casa dos Bicos estaba cerrada por Santa
Inmaculada, entonces nos conformamos con recorrer el Campo das Cebolas que con
el Sol que hacía ofrece unas vistas fenomenales de Alfama, recorrimos su
aparcamiento soterrado que es de lujo y vistamos el muelle (cais) de donde salen los transbordadores
para Barreiros,la otra orilla.
Al otro
lado del Tajo se ve la otra orilla que debe formar parte de la Península de
Setubal, y allí debe vivir mucha gente que vienen y van todos los días de
orilla a orilla; para eso hay transbordadores que cubren 3 ó 4 líneas, que van y
vienen cada media hora u hora entera, y que vale como un viaje en autocarro o
en tranvía, y para eso hay hay 3 ó 4 muelles Cais) separados y enormes, sin miseria.
Cruzar el Tajo en barco gusta más pensarlo que hacerlo, Los transbordadores son
enormes, cerrados, con los cristales sucios y filas y filas de asientos.
Vimos
también: una estación de Metro, tan
lujosa como en España o quizá que más y más grandes; la Plaza do Comercio desde el Tajo, enorme y
fenomenal; el Tajo desde la Plaza Comercio. Recorrimos un trozo La Ribera das
Nauss, que está muy chula, por la Plaza del Marqués de Terceira cogimos la Rua del
Arsenal y llegamos a la
Plaza de la Municipalidad
con su picota y su Ayuntamiento, para salir a la Plaza Comercio otra vez, pero
por donde el Arco de Triunfo, y de
allí por Alfandenga fuimos volviendo otra vez por la casa de Pilar del
Castillo, a nuestro barrio a por el coche. Estuvo bien el paseillo, se ve mucho,
más de lo que he dicho.
De aquí a Mafra
es casi todo Lisboa, o la gran Lisboa, se acaban las casas empieza un pueblo
muy grande,Lureiro, que todo don edificios enormes, que deben de estar llenos de
dormitorios y enseguida es Mafra, que es pueblo pero como si solo
fuese el Palacio_monasterio. Creo
que lo contaba el otro día, según el mapa puede medir 150 X 150 m , y 5 ó 6 plantas, se lo
hizo un rey como pabellón de caza y monasterio para frailes que rezaran por si
el cazado era él. Las ventanas y puertas se cuentan por millares, los huecos de
escaleras por decenas, las habitaciones por centenares, y encima por dentro es
feo. Lo mejor del palacio: lo enorme, la fachada y sobretodo la historia de Sete
Sois Sete Luas y el constructor de aviones en la novela de don José: Memorial del Convento
Pero
nosotros estuvimos a gusto, Y comimos enfrente en un bar-restaurante que era
tan bueno que tenía tanta gente que no nos hubieran atendido, así que
entrábamos a por cervezas y en la terraza comíamos de lo nuestro, otra vez elvirita. Estupendo.
Nos cambiamos de sitio y en otro más tranquilo: café y postre. Y hoy si
quisimos descansar un poco, así es que al coche y a casa, que a la noche
teníamos concierto.
Antes del
concierto nos fuimos a la tasca la
Muralla y nuestro amigo Paolo, tan cariñoso y atento como
siempre, nos sirvió unos petiscos y
una buena botella de vinho do Douro. Y de allí a la Iglesia de Santo Domingo, al lado de la Praça del Rossio. Allí
mientras unos guardaban cola otras compraban cosas. El concierto resultó ser de
una orquesta juvenil y un coro infantil juvenil y resultó formidable y eso que
nosotros no éramos familiares. La
Iglesia era muy rara, estaba como hecha polvo, las columnas
de piedra estaban como descascarilladas, las partes altas como quemadas, el
suelo a dos niveles; sí,una Iglesia extraña. Cosa curiosa, aparte de ser gratis
el concierto, al entrar te daban una mantita para las piernas. Se agradeció.
Al salir,
las once de la noche, muy tarde para Portugal. El Rossio y la Baixa estaban
abarrotadas, a reventar, en un Mac Donald había pelotera para entrar, en un
puertucha había cola para beber Ginginha, las tiendas abiertas y con gente comprando y mirando,
algunos restaurantes abarrotados y casi todos con comensales. Y no eran todos españoles.
Yo nunca había visto por aquí esas multitudes, no se supo si era por la Navidad próxima, por la Inmaculada o por la Constitución.
Ya
embalados con tanto concierto buscamos un sitio donde sabíamos tocaban música
negra, pero estaba a tope y de casualidad dimos con otro donde tomar una copa
larga y oír más música viva y también negra, de Cabo Verde, aunque parezca raro. Cuando llegamos a nuestras calles, la Alfama estaba morteciña,
pero a pesar de ello le dimos una vuelta a ver qué tal. Apacible, bonita y
cerrada.
9
Domingo
y fin
Volvimos a subir al piso de Pedro y Celia,
donde todas las mañanas nos preparaban el desayuno y nos daban las primeras
conversaciones del día. Su piso es más bonito que el nuestro, más moderno, muy
luminoso y desde los balcones se ven más mundos, entre ellos el Tajo, los
Cruceros y hasta “África”. A parte de muchos más tejados de tejas rojas.
Con el alma
encogidilla por el lado del regreso visitamos la
Catedral (la
Sé ) entre románica y gótica que hoy me gustó más que otras
veces, Conchita explicaba, y luego nos acercamos al Teatro Romano, junto a casa, donde anunciaban para hoy algo en latín,
que no entendimos, con motivo de la
Navidad (Natal,
llaman aquí), que luego no fue nada, pero vimos el Teatro y leímos, que ya es algo.
Y para terminar:
café en el Hotel Memmo, que un día
conté, escondido en un rincón de la
Alfama , pero súper moderno a más de súper bonito y con una
terraza al aire espectacular, encima mismo de la Muralla de la Alfama. Pero como
estaban con sus desayunos no servían café a los de la calle. Unas vista
espectaculares, que las guías turísticas no saben, pero ideales para llevárselas
metidas cada uno en su imaginario del viaje de Lisboa.
Y así acabó
esto. Teníamos la sensación de haber hecho muchas cosas. Eloy ya no sabía
cuantas Lisboas había conocido. Aquí se me han olvidado algunas, pero si hemos
hecho mucho. Y hablado, pero las conversaciones son mas difíciles de meter en
estas letras. Y a mí no me importa repetir algo; más veces fui a la misma misa, a la
misma Galerías Preciados e incluso a la misma Sagra. Lisboa es así, cuatro veces más que vinieran
cuatro días, que ojalá, rellenaríamos las dieciséis jornadas, sin tener que
repetir lo visto de estos días. Hasta pronto. Venid más.
Muy bien contado, y un magnifico, puente recomiendo viaje, gracias Manuel
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