lunes, 10 de diciembre de 2018

E27 Puente Constitucional


Finde Guerrero  [6-10 de Diciembre]

            Esta entrega de esta bitácora que Lisboa nos da, puede resultar demasiado familiar, aviso, pero es que ha sido así y sería difícil hablar de otras cosas.

            Sevilla (spain) está sólo a 4 horas  de Lisboa, ¡Tan cerca y a la vez tan lejos!. Y de allí vinieron Conchi, Pedro, Celia y Eloy por el Puente Vasco Gama, 13 km sobre el Tejo que tengo ganas de recorrer yo. La Alfama esta mayormente cerrada al tráfico salvo que residas en ella y tengas una tarjeta (cartón) para que un sistema semiautomático te baje el pilón y puedas entrar, y mi amiga Stephany me dejó el suyo, que por cierto yo había lavado, el cartón no a Stephany, junto a una camisa, y sobrevivió (¡!!¡); también son lavables los pinchos de memoria (pendraives), al fin y al cabo no son más que imanes.

            Total, que a mediodía estábamos subiendo las escaleras hacia mis miradores y desde allí veíamos la Alfama, el Tejo y la península de Setúbal casi enteras, con un día de cielo azul rabioso y el Sol amarillo, amarello. En Lisboa no manejan las tapas aunque si el nombre y también le llaman Petiscos, pero no son las nuestras y además son de pago, y como lo sabíamos, íbamos preparado, como si fuésemos al Pedreño. En el Belvedere de As Portas do Sol nos quedamos un rato mirando y bebiendo  con la cerveza de aquí, Sagres, y el jamón, las secas, los pistachos y las aceitunas de Huéscar que traía Eloy.

            Nos acercamos para ver el Castello de Sao Jorge por fuera y nos fuimos a comer a un sitio llamado Solar dos Mouros, desde una terraza que mira casi lo mismo que antes pero más mirando hacia Brasil. Después de comer bien y beber de más lo que más apetece ya se sabe, pero alguien dijo que ‘el que gana la siesta pierde la tarde’, y nadie se atrevió a quererla. En el tranvía 28E descendimos de la Colina de San Jorge, cruzamos la Baixa y ascendimos a la colina de Santa Caterina, que tiene uno de los mejores miradores de Lisboa. Pedro quería ver el Sol ponerse por el Atlántico de aquí; pero el Sol corre más que cinco hermanos en un tranvía, y además tienen ver todo lo que hay en el camino, y comentarlo. El Sol había traspuesto antes de llegar nosotros. Aún así el Mirador valía haber ido.

            Como parte de la colina y su ladera este la ocupa el Chiado o Barrio Alto, por allí anduvimos, vimos y compramos. Camoens, Chiado  Pessoa, tres poetas para un barrio, que están allí juntos; con Eça de Queiroz todavía no me he metido, pero el anduvo por el Chiado también., y  junto a miles de turistas, que como todos quieren ir para el sitio del que los otros vienen, tropiezan y se enredan, pero no se lían, El Carmo, la Iglesia, lo vimos por fuera, no era hora, la Estación del Rossio por dentro, la plaza del Rossio por encima, y las calles de la Baixa, llenas de restaurantes reclamando clientes, pastelarías y más tiendas, las recorrimos a los largo cambiando de una a otra. Oyendo español como si fuese Huéscar. Otra vez en la Iglesia de San Nicolao un obispo y seis sacerdotes concelebraban con mucha liturgia, como pasa siempre allí.

En el elevador do Catello nos subimos a la Alfama. Y allí en “Ginginha de Sé” nos bebimos dos garrafas (botellas) de Viño Verde y una tabua (tabla) de muchas cosas de comer. Allí seguimos hablando, desde que eran las ocho de la mañana y estaban a punto de ser las doce, sin parar.

            Cuando íbamos a subir a casa, alguien propuso una vueltecilla por la Alfama tranquila y apagada, y a nadie le pareció mucho. Por aquí casi todas las calles parecen la misma, hay que haberles dado varios repasos para darse cuenta que no hay dos iguales. Fuimos dando una vuelta por la Iglesia de San Miguel hasta la de los Remedios, viendo rincones, bares ínfimos, restaurantes pegados, reclamadores de Fados, y puestos de Ginginha. Hasta algo que parecía una pequeña iglesia y entraron, resulto que lo era pero con un cadáver en el centro; la Iglesita estaba reciclada en tanatorio. El Chafariz (fuente) de Dentro seguía con el agua más limpia posible y por la calle de San Pedro fuimos buscando la nuestra, que seguro que nunca sería llegar a casa y acostarnos, siempre hay más cosas que decir. Aunque las Constitución no pudiésemos arreglarla a esas horas.

                        Un muy buen día para ser el primero. A mis hermanos parece que les gustaba la cosa, e incluso mi casa; que para mi está muy bien, pero que …. El caso es que también les gustó y le vieron su gracia. Y por supuesto Lisboa, pero es que Lisboa le gusta a cualquiera, aunque no la vea. Lisboa tiene esa gracia, como también pasara con Luarca. Lisboa, Luarca, Granada, y algunas ciudades más tienen nombres de fortuna.


Viernes 7 y postConstitucional

            Nos tocó ir a Belém. Pero Los Jerónimos, un palacio e iglesia supermanuelinos, seguían con la cola larga del otro día y nosotros con las ganas cortas. Así es que desde el taxi que era para 5+1 vimos la cola, la fachada, la Torre de Belém y el Padrao dos Descubrimientos, que en otras entregas se cuenta, y nos bajamos en en el MAAT , Museo de Arquitectura, Arte y Tecnología. Tiene forma de, digamos bivalvo abierto y por encima se pasea uno y se va viendo el Tajo. A la hora de entrar en tal museo, pensamos que cinco personas son una multitud para tan complejo museo, a los museos hay que ir casi solo, o con el clónico de uno mismo.

            Decidimos seguir paseando junto al río y su puente, que no cansan, por mucho que se miren. Íbamos a subir al Pilar’7, pero debió olvidársenos, acabamos en LX Factory, una antigua y vieja fábrica de papel, reconvertida en un conglomerado de tiendas y de  bares de colores, como hippies y toda la infraestructura supervieja, sin el mínimo retoque o cuidado desde hace 100 años. Vimos muchas tiendas y cosas curiosas y dimos para comer con un restaurante que nos encantó a todos a la vez, grande, menos viejo, con muchas cosas que mirar y que copiar. Un buen sitio, pero no me aprendí el nombre, si sé que estaba en la calle de dentro y en el extremos más próximo a la entrada; por si alguien quiere ir.

            A mi debió gustar la Fundación Gulbenkian e iba ir por tercera vez, la rodea unos de los mejores jardines de Lisboa, el mejor, tiene todo el arte que coleccionó el señor Calouste Gulbenkian, un museo de pintura contemporánea , dos auditorium, y lo que sea más. Nosotros vimos los jardines, y la Colección, que aunque era museo, era corto y diferente y sobretodo había que esperar.

            Esperar por que nos habíamos enterado que había un concierto muy atractivo de la Orquesta Sinfónica Gulbenkian algo más tarde. El auditorium era de primera y la pared del fondo del escenario era un cristal inmenso, al otro lado se veía el jardín_bosque iluminado de forma extraordinaria que formaba un cuadro increíble, casi tan bonito como el concierto, en el que en la segunda parte interpretaron la Quinta Sinfonía de  Tchaikovsky;  para flotar, y con aquel fondo del bosque que parecía encantado.

            Calouste Gulbenkian vivió de la mitad del XIX a la mitad del XX, nació armenio y luego fue británico, era ingeniero y buen negociador,e hizo gran fortuna inmensa con el petróleo, fue coleccionista y mecenas y por no se qué razón su Fundación está en Portugal. Había un bloque de oficinas inmenso, lo que no sé es que hacen allí a más del mecenazgo.

            Después de la música siguió la marcha y bajamos por los Jardines de Amalia Rodríguez y los de Eduardo VII hasta el Marqués de Pombal y de allí seguimos por la Avenida das Liberdades, que es la más ancha de todo Portugal, creo yo, y en ella están las mejores marcas de tiendas, la mejores casas y los mejores hoteles, aunque quede muy lejos, en kilómetros, de la Plaza do Comercio. Aquí en Lisboa no sé donde está el Centro.

            Y mucho más tarde estábamos en casa.


8 Sábado  Y día de Concha

            Habíamos decidido ir a ver El Memorial del Convento en Mafra a 25 ó 30 km de Lisboa, pero todavía no habíamos visto la Plaza do Comercio, ni a Pilar del Castillo y de Saramago. Así que primero un paseo por la Ribera del Tajo o Ribera das Nauss. Bajamos al Llano, pero la Casa dos Bicos estaba cerrada por Santa Inmaculada, entonces nos conformamos con recorrer el Campo das Cebolas que con el Sol que hacía ofrece unas vistas fenomenales de Alfama, recorrimos su aparcamiento soterrado que es de lujo y vistamos el muelle (cais) de donde salen los transbordadores para Barreiros,la otra orilla.

            Al otro lado del Tajo se ve la otra orilla que debe formar parte de la Península de Setubal, y allí debe vivir mucha gente que vienen y van todos los días de orilla a orilla; para eso hay transbordadores que cubren 3 ó 4 líneas, que van y vienen cada media hora u hora entera, y que vale como un viaje en autocarro o en tranvía, y para eso hay hay 3 ó 4 muelles Cais) separados y enormes, sin miseria. Cruzar el Tajo en barco gusta más pensarlo que hacerlo, Los transbordadores son enormes, cerrados, con los cristales sucios y filas y filas de asientos.

            Vimos también: una estación de Metro, tan lujosa como en España o quizá que más y más grandes; la Plaza do Comercio desde el Tajo, enorme y fenomenal; el Tajo desde la Plaza Comercio.  Recorrimos un trozo La Ribera das Nauss, que está muy chula, por la Plaza del Marqués de Terceira cogimos la Rua del Arsenal y llegamos a la Plaza de la Municipalidad con su picota y su Ayuntamiento, para salir a la Plaza Comercio otra vez, pero por donde el Arco de Triunfo, y de allí por Alfandenga fuimos volviendo otra vez por la casa de Pilar del Castillo, a nuestro barrio a por el coche. Estuvo bien el paseillo, se ve mucho, más de lo que he dicho.

            De aquí a Mafra es casi todo Lisboa, o la gran Lisboa, se acaban las casas empieza un pueblo muy grande,Lureiro, que todo don edificios enormes, que deben de estar llenos de dormitorios  y enseguida es Mafra, que es pueblo pero como si solo fuese el Palacio_monasterio. Creo que lo contaba el otro día, según el mapa puede medir 150 X 150 m, y 5 ó 6 plantas, se lo hizo un rey como pabellón de caza y monasterio para frailes que rezaran por si el cazado era él. Las ventanas y puertas se cuentan por millares, los huecos de escaleras por decenas, las habitaciones por centenares, y encima por dentro es feo. Lo mejor del palacio: lo enorme, la fachada y sobretodo la historia de Sete Sois Sete Luas y el constructor de aviones en la novela de don José: Memorial del Convento

            Pero nosotros estuvimos a gusto, Y comimos enfrente en un bar-restaurante que era tan bueno que tenía tanta gente que no nos hubieran atendido, así que entrábamos a por cervezas y en la terraza comíamos de lo nuestro, otra vez elvirita. Estupendo. Nos cambiamos de sitio y en otro más tranquilo: café y postre. Y hoy si quisimos descansar un poco, así es que al coche y a casa, que a la noche teníamos concierto.

            Antes del concierto nos fuimos a la tasca la Muralla y nuestro amigo Paolo, tan cariñoso y atento como siempre, nos sirvió unos petiscos y una buena botella de vinho do Douro. Y de allí a la Iglesia de Santo Domingo, al lado de la Praça del Rossio. Allí mientras unos guardaban cola otras compraban cosas. El concierto resultó ser de una orquesta juvenil y un coro infantil juvenil y resultó formidable y eso que nosotros no éramos familiares. La Iglesia era muy rara, estaba como hecha polvo, las columnas de piedra estaban como descascarilladas, las partes altas como quemadas, el suelo a dos niveles; sí,una Iglesia extraña. Cosa curiosa, aparte de ser gratis el concierto, al entrar te daban una mantita para las piernas. Se agradeció.

            Al salir, las once de la noche, muy tarde para Portugal. El Rossio y la Baixa estaban abarrotadas, a reventar, en un Mac Donald había pelotera para entrar, en un puertucha había cola para beber Ginginha, las tiendas abiertas y con gente comprando y mirando, algunos restaurantes abarrotados y casi todos con comensales. Y no eran todos españoles. Yo nunca había visto por aquí esas multitudes, no se supo si era por la Navidad próxima, por la Inmaculada o por la Constitución.

            Ya embalados con tanto concierto buscamos un sitio donde sabíamos tocaban música negra, pero estaba a tope y de casualidad dimos con otro donde tomar una copa larga y oír más música viva y también negra, de Cabo Verde, aunque parezca raro. Cuando llegamos a nuestras calles, la Alfama estaba morteciña, pero a pesar de ello le dimos una vuelta a ver qué tal. Apacible, bonita y cerrada.



9         Domingo y fin

Volvimos a subir al piso de Pedro y Celia, donde todas las mañanas nos preparaban el desayuno y nos daban las primeras conversaciones del día. Su piso es más bonito que el nuestro, más moderno, muy luminoso y desde los balcones se ven más mundos, entre ellos el Tajo, los Cruceros y hasta “África”. A parte de muchos más tejados de tejas rojas.

            Con el alma encogidilla por el lado del regreso visitamos la Catedral (la Sé) entre románica y gótica que hoy me gustó más que otras veces, Conchita explicaba, y luego nos acercamos al Teatro Romano, junto a casa, donde anunciaban para hoy algo en latín, que no entendimos, con motivo de la Navidad (Natal, llaman aquí), que luego no fue nada, pero vimos el Teatro y leímos, que ya es algo.

            Y para terminar: café en el Hotel Memmo, que un día conté, escondido en un rincón de la Alfama, pero súper moderno a más de súper bonito y con una terraza al aire espectacular, encima mismo de la Muralla de la Alfama. Pero como estaban con sus desayunos no servían café a los de la calle. Unas vista espectaculares, que las guías turísticas no saben, pero ideales para llevárselas metidas cada uno en su imaginario del viaje de Lisboa.

            Y así acabó esto. Teníamos la sensación de haber hecho muchas cosas. Eloy ya no sabía cuantas Lisboas había conocido. Aquí se me han olvidado algunas, pero si hemos hecho mucho. Y hablado, pero las conversaciones son mas difíciles de meter en estas letras. Y a mí no me importa repetir algo; más veces fui a la misma misa, a la misma Galerías Preciados e incluso a la misma Sagra.  Lisboa es así, cuatro veces más que vinieran cuatro días, que ojalá, rellenaríamos las dieciséis jornadas, sin tener que repetir lo visto de estos días. Hasta pronto. Venid más.

1 comentario:

  1. Muy bien contado, y un magnifico, puente recomiendo viaje, gracias Manuel

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