Días 12-15 de Navidad
Tengo
cuerpo de Navidad. Tantas Iluminaciones y belenes. Polvorones que me trajo Eloy,
el dulzón vino de Porto y los pocos día que faltan para el Sorteo del 22, me han
puesto el cuerpo a tono, el Síndrome del Almendro, que siempre vuelve a casa por
Navidad. Mientras tanto seguiré escribiendo las cosas que me vengan a las
teclas.
No sé si es
Lisboa o la forma de vida que llevo aquí, pero parece que que siempre hay
cosas que hacer, que ver o que ir. Ahora mismo vengo de un Concierto de Fados que anunciaban como cosa de Navidad en el
Museo de Santo Antonio, al lado de casa; luego contaré del Santo. Antes del concierto
un señor casi joven, con pinta de profesor de Mecánica Analítica, nos ha contado la vida del Santo como si hubiesen sido compañeros de
curso, a un grupo de 20 ò 30. Después hemos entrado más adentro en el Museo con
otros 20 ò 30 que no entiendo por qué se han librado de la vida del Santo y en
una sala bonita del Museo nos han estado cantando fados mientras nosotros estábamos
sentados alrededor de unas mesas servidas de vino do Porto y unos cestos con
cascaruja e higos secos.
Es la tercera
vez que me gustan los fados de las
ochenta que los habré oído, para mi que eran fados diferentes, variados, con
ritmo y con alegría, a veces la chica que cantaba invitaba a cantar al publico
y este se sabía las letras y la música, otras veces eran instrumentales, otras
mas serios, pero siempre bonitos de oír. Pienso ahora que puede ser que influya el ambiente, la
intimidad o el vino. Las otras veces también fueron ocasiones singulares
Santo Antonio de Lisboa, es el patrono
o copatrono de aquí, y lo quieren tanto que por las calles no dejan de verse en
las paredes, azulejos u hornacinas con su figura. También de San Vicente, pero
menos. Hasta aquí bien, pero es que resulta que al que ellos llaman así, los
demás llamamos San Antonio de Padua, porque allí vivió más tiempo, se hizo santo y se
murió. Para más lío de nombre tampoco se llamaba Antonio, sino Fernando, y se
cambió de nombre cuando se cambió de agustino a franciscano. En la iconografía aparece con su hábito franciscano,
un libro, un niño pequeño, y a veces un lirio; tiene su explicación pero no la
sé. Aquí lo quieren tanto que en la mayoría de los regimientos sentó plaza de soldado,
y aún sigue cobrando su parte por ello. También son famosos sus milagros, tengo
que buscar cuáles fueron. Creo que uno de ellos lo pintó Goya en una ermita
preciosa, junto al Manzanares de Madrid, aunque allí se llame San Antonio de la Florida ; ya liados con los
nombres. Si uno va a Madrid vale la pena verla; la pintura, no el milagro.
Yo aquí voy
a muchos museos, unos a caso hecho, y otros me los encuentro,y entro. Suelen
costar lo que un vaso de vino corriente, bibior,
pero tienen más persistencia; que es importante propiedad del vino, como nos
enseñaron en Jerez. Hoy he tropezado con uno que podría llamarse Museo de Palabras, y he entrado. ¡Que
bonitas son a veces las palabras!, y si se hilvanan bien y para colmo dicen algo, ya, te mueres. En verdad no era museo de palabras, sino que a propósito
de hacer 20 años que a Saramago le dieron el Nobel, había una Exposición de Fotografías
y Frases de 23 Premios Nóbeles de Literatura. ¡Qué Pensamientos y Frases más bonitas! El Don de la Palabra puede ser mejor,
casi, que el Don de Lenguas.
Siguiendo
con museos en estos días recorrí el de Arte Contemporáneo, por que me lo tropecé; y bien. Y el de Historia Natural, por que me gustan esas cosas. Las pinturas contemporáneas
bien, pero los fósiles y los minerales, mucho mejor, ¡qué maravilla! Había tal
soledad y silencio en aquellas salas que parecía que aquellos minerales
siguieran creciendo, que estaban haciéndose todavía, y los fósiles todavía mineralizábanse.
También había unos dioramas de grande mamíferos, esos que nunca ve uno en el
campo por más callado que vaya, pues allí estaban, demasiado quietos, casi
muertos, pero parecían vivos.
Hoy me he
enterado, en la exposición de las palabras, que Saramago empezó a escribir con 50 años, y cómo lo explicaba: ¡que es
que no tenía nada que decir'. En un chiste salía un perro que hablaba francés y
cuando lo ponían a prueba, el perro ni lo intentaba; el dueño se excusaba
diciendo: no tendrá nada que decir ahora. Uno de mis nietos está tan crecido como que
entiende lo que le digas o le mandes, pero tampoco tiene nada que decir nunca. Y
yo, me contaban que no pronuncié palabra hasta los cuatro años cumplidos, que dije: ‘mierda’.
Ni mi nieto ni yo causamos inquietud, por que mi abuelo sabía que no existen
niños mudos, aunque si sordos.
Viene lo
anterior a propósito de que yo casi siempre callo, yo soy más escuchatán que
charlatán; como decía Don Miguel O. pero sin embargo estoy convencido de que en
poquísimas ocasiones hablando pierdes. La otra noche coincidí con un matrimonio
de muy buen aspecto en la cola de San Roque, “Boa Noite”, ‘Boa noite’ , ‘Español, que bien’ y poco más. A la
salida tropecé de nuevo con ellos, alguno dijimos: ‘¡qué buen concierto!’ Y seguimos hablando
media hora en la plaza de la Iglesia ,
un matrimonio y familia muy interesantes, y mejor, la conversación; que yo ando falto. Sí, hablando
con extraños, o no, casi nunca se pierde; también hay que saber callarse.
Aquí callejear,
comer bien, ver interesantes museos, etc, es muy fácil; hasta yo lo hago. Pero
comprar, dificilísimo. Quería comprar un felpudo de pisar, que por cierto en Portugal
dicen capacho o tapete (¡), una batería para
el telefonillo, una maceta para un regalo y una sartén (frigideira)
para mí; días, horas, paseos, entradas a, muy difícil. Por fin tras varios días lo conseguí, no fue fácil.
En estos días,
se me han juntado muchos, han pasado más cosas y descubierto otras, pero
tampoco esto es un diario. Se trataba de hablar un rato, mientras mi gente de
Huéscar termina la matanza.
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