Trece
Domingo
Tardé
muchos muchos años en cambiarme del WordPerfect al Word de MS, Nunca me gustó el Word. Me tuve que cambiar por un
problema de soledad e incompatibilidad, llevo ya muchos años con él, y todavía
me da tiricia usarlo, raro que no haga lo que el quiere en lugar de lo que yo
lo digo, y raro no me aparezcan todavía cosas sencillas que no logro hacer con él.
No me gusta usar estos verbos, pero entre nosotros: lo odio, lo detesto. V. gr., para que no haga cosas rarísimas he
tenido que escribir trece en lugar de 13, supongo que es culpa mía, pero no lo
entiendo, ni lo resuelvo. También sé que no estoy solo.
El Domingo
llevé a Gregorio a ver la Sé , a visitar la Catedral , pero aquí son
muy serios con la misa, y no hay visitas mientras tanto. Y la misa era tan
solemne que no acababa, ni acabó.
Nuestro destino era un Concierto de Música clásica en una Academia
Militar; en Lisboa hay de todo.
Mi amigo
Gregorio tiene la rodilla izquierda regular por culpa de una prótesis, pero
anda muy bien, y largo. También le gusta sentarse si no anda, pero eso les pasa
a muchos, aunque él tiene más motivos. Lo digo por que a la chita callando
andamos bastante, o mucho. Buscando el Concierto seguimos a lo largo de la Baixa y desde Martin Monitz, cuenta un azulejo que este era un hombre destemido, que es como en Portugal llaman a los
valientes, que en las guerras con los moros murió consiguiendo que los
cristianos entrasen al castillo de la morisma y les venciesen. Bueno, pues
desde su plaza subimos andando a una colina cuyo nombre no hallo, pero encima
esta “O
Campo dos Mártires da Patria”, una plaza ajardinada con dos estanques y
sin más, para tanto nombre.
Si hay allí
una escultura en una columna alta y delante de una Facultad de medicina; en
Lisboa las Universidades y facultades son muchas y dispersas. El de la estatua
era un médico que murió al final del siglo XIX, el Doctor Sousa Martins, y el entorno del pie de la estatua está lleno
de lápidas de mármol, tamaño A4 o A3, que dicen que tal o cual agradece la
sanación propia o de su hijo o de su padre, cosas así; y la fecha que las más
de las veces es reciente. No cuentan más, da la sensación que el tal Sousa haga
milagros después de muerto y la gente lo hace constar de esa manera, a fuerza
de lápidas. No hay más escritos, ni explicaciones, ni cruces, ni signos de
religión ninguna; pero allí siguen acumulándose los milagros.
Hablando de
muertos seguimos para el Concierto y vemos a un señor bregando con un pesado ataúd a medio sacar de un
coche fúnebre. Al verlo solo en semejante tarea Gregorio y yo no tuvimos más
remedio ni más idea que ofrecerle nuestra ayuda. Qué menos. Pero hubo suerte
dijo que estaba esperando a un compañero y adelantando la tarea. Le pregunté
que cómo no había familiares por allí, se encogió de hombros y, mirando al
féretro, dijo que era un húngaro y que la casa que allí había era la Morgue (¡). Seguimos
nuestro camino. DEP.
A muchos
turistas lo que más les gusta es estar donde no haya, lo que no es fácil para
un turista empeñado en no perderse lo que dicen las guías e Internet. Como
tantas veces, hay que elegir. Sin darnos cuenta estábamos en un barrio extraño,
era bonito, ordenado, de casas bien, arbolado, pero vacío, no se veía a nadie,
no había tiendas y menos abiertas, y lo más chocante en Lisboa: no había bares_restaurante a la vista,
ni uno, nos quedaríamos sin comer, es la primera vez que me pasa esto que no sea en Monsanto.
La única
explicación plausible es que era domingo, eran casi las tres y allí no tiene
nada que hacer un turista, ni siquiera un viajero. Como siempre le pasa al que
se pierde, nos acompañó la suerte buena. Apareció una chica, buena también, y
nos dijo de un sitio donde a lo mejor, pero que tan tarde. Volvió la suerte y
en un bar-restaurante que estaba muy bien a la par que sencillo, se iban los
últimos clientes, en Portugal Portugal se come más temprano, y comimos a la vez
que los dueños y el servicio, aunque no revueltos, además de comer de lujo.
También llegamos
a tiempo y pillando sitio al concierto deseado, Era en una capilla pequeña y de
lujo a la que llegamos atravesando tanques y jardines de la Academia Militar ,
luego resultó que la capilla daba a la calle por otro lado. El menú era Shostakovich de primero y Ravel de segundo; el segundo me
gustó más que el primero, que me resultó rarillo. Hablando de música, la suerte
no siempre es favorable, el sábado nos perdimos oír la música de la Guerra de las Galaxias
interpretada por la Orquesta Gulbenkian
en su fundación, por acudir tarde a sacar las entradas.
Los
miradores de Nossa Senhora do Monte y de Sophia de Melo Breyner Andressen,
he mirado y copiado el nombre, estaban a rebosar, a reventar, esperando que se
quitara uno para mirar otro, y son muy largos. No sé si por que era domingo o
por que era la hora.
14
Lunes
Hoy Gregorio
se ha ido por libre y yo estoy echando una mañana más casera. Contaré por él,
porque él no se pone a la tarea. Cogió su tranvía eléctrico, que a pesar de
serlo a veces hacen ruido como si llevasen motor de explosión, y se fue a la Estrela. También
llama la atención de los tranvías que no vuelquen ni se levanten los extremos,
llevando sólo cuatro ruedas tan juntas en el centro.
El caso es
que con el tranvía llegó al Cementerio
de Praceres, final de línea, y volviendo sobre la vía visitó la Basilica de Estrela, que le gustó mucho y los
jardines de la misma que quedan enfrente y tienen bonitos y grandes árboles en
floridos y variados parterres. También vio el Palacio de La Asamblea Nacional , como si fuese el Parlamento. Y
luego paseo por el Barrio Alto,
incluyendo la Iglesia del Carmo, que todavía no he visitado
yo; me ha adelantado ya.
Con eso de
quedarme en casa, he preparado para comer en ella y hemos comido, una ensalada
que tenía hasta gambas y unos escalopines con patatiñas al cabrales, regándolo
todo con vino bermelho de Lijarta. Estupenda comida.
A veces
uno, yo, voy a los conciertos sin preocuparme de qué van, y eso es como el que
va al cine sin preocuparse de qué película, o lee el libro que se encuentra. Nosotros
fuimos al Concierto de los lunes en el Salón Dorado del Palacio Foz. ¿a qué
suena bien?. Pues el concierto sonaba fatal, eran 6 u 8 instrumentistas buenos
interpretando unas piezas supercontemporáneas,
que como pasa con esa pintura, pensamos que la ha hecho cualquiera o la han
hecho a mala leche. Yo resistí por que me parecía mal irme, siendo gratis el
concierto, pero la gente aplaudía a rabiar y sin terminar nunca los aplausos. Yo
no me puedo creer que aquel auditorio de jubilados aburridos de clase media
pudiesen emocionarse de tal manera con ese ruido, no me lo creo; algunos serían
parientes, pero la mayoría no, yo ya los voy conociendo.
Pero la
suerte volvió a nosotros, en La
Baixa , en una calle sin tráfico había tres tíos tocando el
saxo, tres saxos, y uno a la batería. Tocaban Swing, ese jazz que suena a callejero y dan ganas de bailarlo hasta
a mi. ¡Que marcha!. Nos reconciliamos con la música; menos mal. A los músicos y
atracciones callejeras, a veces ni les miran, y otras veces alguien echa alguna
moneda, que cuando vas tu a echar la tuya ves que muy pocas son de euro; la
gente se desprende del cobre. Pues con estos del saxo y el swing, era llamativa
la lluvia de monedas. ¡ Qué marcha ¡
Cuando
llegamos a la Alfama ,
todo, o casi, estaba desierto o cerrado. Enero y Febrero deben ser duros para
el turismo, y más de noche. Además llevamos unos días, y más las noches, de un frío,
que no está bien.
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