miércoles, 16 de enero de 2019

E37 13 y 14 de Janeiro


Trece Domingo

            Tardé muchos muchos años en cambiarme del WordPerfect al Word de MS, Nunca me gustó el Word. Me tuve que cambiar por un problema de soledad e incompatibilidad, llevo ya muchos años con él, y todavía me da tiricia usarlo, raro que no haga lo que el quiere en lugar de lo que yo lo digo, y raro no me aparezcan todavía cosas sencillas que no logro hacer con él. No me gusta usar estos verbos, pero entre nosotros: lo odio, lo detesto.  V. gr., para que no haga cosas rarísimas he tenido que escribir trece en lugar de 13, supongo que es culpa mía, pero no lo entiendo, ni lo resuelvo. También sé que no estoy solo.

            El Domingo llevé a Gregorio a ver la Sé, a visitar la Catedral, pero aquí son muy serios con la misa, y no hay visitas mientras tanto. Y la misa era tan solemne que no acababa, ni acabó.  Nuestro destino era un Concierto de Música clásica en una Academia Militar; en Lisboa hay de todo.

            Mi amigo Gregorio tiene la rodilla izquierda regular por culpa de una prótesis, pero anda muy bien, y largo. También le gusta sentarse si no anda, pero eso les pasa a muchos, aunque él tiene más motivos. Lo digo por que a la chita callando andamos bastante, o mucho. Buscando el Concierto seguimos a lo largo de la Baixa y desde Martin Monitz,  cuenta un azulejo que este era un hombre destemido, que es como en Portugal llaman a los valientes, que en las guerras con los moros murió consiguiendo que los cristianos entrasen al castillo de la morisma y les venciesen. Bueno, pues desde su plaza subimos andando a una colina cuyo nombre no hallo, pero encima esta “O Campo dos Mártires da Patria”, una plaza ajardinada con dos estanques y sin más, para tanto nombre.

            Si hay allí una escultura en una columna alta y delante de una Facultad de medicina; en Lisboa las Universidades y facultades son muchas y dispersas. El de la estatua era un médico que murió al final del siglo XIX, el Doctor Sousa Martins, y el entorno del pie de la estatua está lleno de lápidas de mármol, tamaño A4 o A3, que dicen que tal o cual agradece la sanación propia o de su hijo o de su padre, cosas así; y la fecha que las más de las veces es reciente. No cuentan más, da la sensación que el tal Sousa haga milagros después de muerto y la gente lo hace constar de esa manera, a fuerza de lápidas. No hay más escritos, ni explicaciones, ni cruces, ni signos de religión ninguna; pero allí siguen acumulándose los milagros.

            Hablando de muertos seguimos para el Concierto y vemos a un señor bregando con un pesado ataúd a medio sacar de un coche fúnebre. Al verlo solo en semejante tarea Gregorio y yo no tuvimos más remedio ni más idea que ofrecerle nuestra ayuda. Qué menos. Pero hubo suerte dijo que estaba esperando a un compañero y adelantando la tarea. Le pregunté que cómo no había familiares por allí, se encogió de hombros y, mirando al féretro, dijo que era un húngaro y que la casa que allí había era la Morgue (¡). Seguimos nuestro camino. DEP.

            A muchos turistas lo que más les gusta es estar donde no haya, lo que no es fácil para un turista empeñado en no perderse lo que dicen las guías e Internet. Como tantas veces, hay que elegir. Sin darnos cuenta estábamos en un barrio extraño, era bonito, ordenado, de casas bien, arbolado, pero vacío, no se veía a nadie, no había tiendas y menos abiertas, y lo más chocante en Lisboa: no había bares_restaurante a la vista, ni uno, nos quedaríamos sin comer, es la primera vez que me pasa esto que no sea en Monsanto.
            La única explicación plausible es que era domingo, eran casi las tres y allí no tiene nada que hacer un turista, ni siquiera un viajero. Como siempre le pasa al que se pierde, nos acompañó la suerte buena. Apareció una chica, buena también, y nos dijo de un sitio donde a lo mejor, pero que tan tarde. Volvió la suerte y en un bar-restaurante que estaba muy bien a la par que sencillo, se iban los últimos clientes, en Portugal Portugal se come más temprano, y comimos a la vez que los dueños y el servicio, aunque no revueltos, además de comer de lujo.

            También llegamos a tiempo y pillando sitio al concierto deseado, Era en una capilla pequeña y de lujo a la que llegamos atravesando tanques y jardines de la Academia Militar, luego resultó que la capilla daba a la calle por otro lado. El menú era Shostakovich de primero y Ravel de segundo; el segundo me gustó más que el primero, que me resultó rarillo. Hablando de música, la suerte no siempre es favorable, el sábado nos perdimos oír la música de la Guerra de las Galaxias interpretada por la Orquesta Gulbenkian en su fundación, por acudir tarde a sacar las entradas.


            Los miradores de Nossa Senhora do Monte y de Sophia de Melo Breyner Andressen, he mirado y copiado el nombre, estaban a rebosar, a reventar, esperando que se quitara uno para mirar otro, y son muy largos. No sé si por que era domingo o por que era la hora.




14 Lunes

            Hoy Gregorio se ha ido por libre y yo estoy echando una mañana más casera. Contaré por él, porque él no se pone a la tarea. Cogió su tranvía eléctrico, que a pesar de serlo a veces hacen ruido como si llevasen motor de explosión, y se fue a la Estrela. También llama la atención de los tranvías que no vuelquen ni se levanten los extremos, llevando sólo cuatro ruedas tan juntas en el centro.

            El caso es que con el tranvía llegó al Cementerio de Praceres, final de línea, y volviendo sobre la vía visitó la Basilica de Estrela, que le gustó mucho y los jardines de la misma que quedan enfrente y tienen bonitos y grandes árboles en floridos y variados parterres. También vio el Palacio de La Asamblea Nacional, como si fuese el Parlamento. Y luego paseo por el Barrio Alto, incluyendo la Iglesia del Carmo, que todavía no he visitado yo; me ha adelantado ya.

            Con eso de quedarme en casa, he preparado para comer en ella y hemos comido, una ensalada que tenía hasta gambas y unos escalopines con patatiñas al cabrales, regándolo todo con vino bermelho de Lijarta. Estupenda comida.

            A veces uno, yo, voy a los conciertos sin preocuparme de qué van, y eso es como el que va al cine sin preocuparse de qué película, o lee el libro que se encuentra. Nosotros fuimos al Concierto de los lunes en el Salón Dorado del Palacio Foz. ¿a qué suena bien?. Pues el concierto sonaba fatal, eran 6 u 8 instrumentistas buenos interpretando unas piezas supercontemporáneas, que como pasa con esa pintura, pensamos que la ha hecho cualquiera o la han hecho a mala leche. Yo resistí por que me parecía mal irme, siendo gratis el concierto, pero la gente aplaudía a rabiar y sin terminar nunca los aplausos. Yo no me puedo creer que aquel auditorio de jubilados aburridos de clase media pudiesen emocionarse de tal manera con ese ruido, no me lo creo; algunos serían parientes, pero la mayoría no, yo ya los voy conociendo.

            Pero la suerte volvió a nosotros, en La Baixa, en una calle sin tráfico había tres tíos tocando el saxo, tres saxos, y uno a la batería. Tocaban Swing, ese jazz que suena a callejero y dan ganas de bailarlo hasta a mi. ¡Que marcha!. Nos reconciliamos con la música; menos mal. A los músicos y atracciones callejeras, a veces ni les miran, y otras veces alguien echa alguna moneda, que cuando vas tu a echar la tuya ves que muy pocas son de euro; la gente se desprende del cobre. Pues con estos del saxo y el swing, era llamativa la lluvia de monedas. ¡ Qué marcha ¡

            Cuando llegamos a la Alfama, todo, o casi, estaba desierto o cerrado. Enero y Febrero deben ser duros para el turismo, y más de noche. Además llevamos unos días, y más las noches, de un frío, que no está bien.

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