17
Enero
En la Ribera del Tajo y en Lisboa
hay dos sitios importantes que ya han salido alguna vez en esta bitácora y que
volverán a aparecer. Río abajo Belem y río arriba el Parque das Naçoes, y en
los dos con eso de la distancia siempre quedan cosas que ver.
Antes de:
Usar las bicis de alquiler que hay
dispuestas en las calles de Lisboa, se está convirtiendo en algo horrible, de difícil.
Estoy queriendo gozar del sistema desde que lo vi, y todavía estoy sin
estrenar. Ahora resulta que ¡me han retenido 302 €! en mi cuenta y sigo sin
poder usarlo. Será la brecha digital, que dicen, y ya he aceptado que es mucha
brecha para mi, a tomar por el C la bicicleta esa. Hay otras. Y lo del dinero
habrá que arreglarlo, ¡Faltaría más!
Volvemos al
río. En Belén hay muchos sitios para
ver. Gregorio se fue a los Jerónimos,
una monasterio y una Iglesia en gótico manuelino, que son muy interesantes de
ver. El gótico manuelino o gótico brillante es un gótico final que llama la
atención por su abundante decoración, en columnas, arcos y ventanas, se repite
los motivos vegetales, alquímicos e ininteligibles, también abundan como
elementos en la decoración las sogas, las esferas armilares y la Cruz de Cristo. En resumen se
le reconoce de inmediato y de lejos, es muy bonito y en Portugal se ve mucho. A
Gregorio le gustaron ambos y echo la mañana en ellos.
También hay
en Belem, pero más lejos, un Acuario
del siglo XIX, llamado Vasco de gama, capricho y realización del último rey de Portugal,
Carlos I. Si gustan esas cosas es una preciosidad de ver y a mi me gustó. Pequeño, antiguo y
de capricho. En un piso está dedicado a bichos disecados y maquetas de otros,
todos marinos y con algunos dioramas muy bien hechos. El otro piso está lleno
de pequeños acuarios desde medio metro a dos metros de envergadura llenos de
toda clase de peces y bichos del mar. Increíble el gusto que ha tenido la
naturaleza en crear esas clase de formas, inimaginables si te las dicen e increíbles
si las ves.
Soy de la
opinión de que Lisboa vive de espaldas al río, me anduve más de tres kilómetros
desde el Acuárium hasta La Torre
de Belém, pues entre el mar y yo había dos líneas de tren y una especie de
autovía. En tres km no hubo ocasión de cruzar para ir junto al mar que es lo
que gusta. Pues nada, dos vallas bien altas más el peligro no te dejaban cruzar,
tampoco se veía gente al otro lado; que no les gusta el mar; parece.
En un
autocarro superlleno no senos ocurrió ni mas ni menos que seguir hasta la Parque das Naçoes, un viaje horrible, luego llovía
y se hizo de noche. Ese sitio hay que visitarlo en bici y de día. Y no sé si
habrá algo interesante o vistoso allí; se me resiste. Bueno, la estación de
Calatrava, el Puente Vasco de Gama y muchos edificios son interesantes, pero
debe haber más.
19 Sábado
Hoy ha tocado lluvia en Lisboa, y ya ayer llovió un
poco. Las ciudades con lluvia a veces tienen imágenes bonitas, pero a mi me emperezan, me quitan un poco
las ganas de hacer cosas. Así es que hoy un día de casi casa. Corta se queda
esta entrega.
Alarguémosla:
Yo no sé casi nada
del Imperio Portugués; voy a ver si me
lo estudio. Si sé, y sabe cualquiera, que fue muy grande, África, Sudamérica y
Asia, también sé que los portugueses tenían que ser muy pocos, y me parece que
a Portugal le interesaban poco la colonización y evangelización. Instalaban sus
puertos y se trataría de negociar, muy a su favor claro, expoliar, engañar, y
parece que no sería fácil mantener ese imperio sin ser muy duros y sin terror,
me imagino yo
Viendo ayer
una exposición sobre arquitectura colonial portuguesa recuperadas por la fundación
Gulbenkian decía una cartela que “lo mas importante de la aventura marítima
portuguesa había sido el encuentro con otras culturas y el dialogo”, aventura
marítima, encuentro, diálogo. ¡El poder de las palabras bonitas! Ni oro, ni dolor ninguno.
Aunque aquí se habla
poco de gastronomía, el viajero que escribe entiende poco de eso, anoche
recalaron por Lacalle Adica Lucia compañera de mi hijo Jóse y Emi, inglesa residente en Barcelona,
que venían de Cabo Verde camino a Europa. Aparte de la novedad y el encuentro,
nos llevó mi hija a cenar a un restáurate goes, de Goa, hablando del imperio, y
cenamos la mar de bien y la mar de cosas raras; tengo que reconocer que
estupendamente.
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