lunes, 21 de enero de 2019

E41 20 y 21


Domingo 20 de Enero    Turismo en Domingo


Para celebrar de alguna manera el buen día de Sol que hacía, nos fuimos a Ajuda. Ajuda es una zona de Lisboa, hacia el Oeste, donde hay muchas cosas que llevan su nombre: Tapada, Universidad, Barrio, Palacio, Calzada, Botánico, etc, y no sé si tiene algo que ver con ‘a lo que suena’ o es un topónimo sin significado de auxilio.

            Gregorio se recorrió el Palacio Real, Neoclásico y casi solo, y le gustó. Yo me fui al Botánico de Ajuda y me lo recorrí en una mañana estupenda, por allí corrían dos críos de una familia visitante y había muchas especies de herbáceas, arbustos y árboles, muchos normales y algunos llamativos, también llamaban la atención unos setos de boj muy bien recortados formando como laberintos enormes, que en realidad eran cuadrados inscritos sucesivamente sin paso por ellos.

            Aquello queda muy cerca del Tejo y a la altura de Belem, donde hay todavía más cosas que en Ajuda, entre otras el MAAT, museo de arquitectura, arte y tecnología, y allí nos encontramos Gregorio y yo. El museo dicho es una especie de mejillón abierto y dentro sus cosas, decir como un mejillón es por decir algo, pero es mucho más y no se parece a un mejillón, aunque si es a lo me que más se parece. Tendría que esforzarme y aprender a meter fotos en esta bitácora sin tanto trabajo.

            Cuento lo que había y pasó dentro. Un atrio enorme que ocupaba casi todo el ‘mejillón’ estaba ocupado con una red enorme en forma ondulada estaba atestada de toda clase de objetos que simulaban, muy bien, basura y desechables, era una especie denuncia de la basura que se arroja al mar y como advirtiendo que si seguimos así en los mares no va a caber el agua ni con el cambio climático. La verdad es que quedaba digno de verse. Después y ocupando varias habitaciones pequeñas había vídeos, un libro, fotillos y una maqueta de  la ”Hauss Wittgenstein” que pudo resultar muy interesante en su momento, pero ya está.  Cuando le preguntamos a una empleada mona que por dónde seguía la exposición, tardamos un rato en entendernos. Resulta que todo el MAAT era lo que habíamos visto que no había más. No me lo podía creer, no podía ser, ni dejar de decirle que le dijera a sus jefes que aquello era un insulto a la Inteligencia y a todos los que allí íbamos, que no podía ser ese pedazo de continente para esa mierda de contenido, que  no todos los museos de Arquitectura pueden ser como el de Pérgamo en Berlín, pero que aquello que allí tenían con ese nombre, …. La chiquilla parecía comprender nuestro cabreo y nos decía que al lado había un Museo de la Electricidad que si nos iba a gustar.

            Y en verdad nos gustó, era una antigua central eléctrica a carbón que había dejado de funcionar a medio siglo XX. Estaba perfectamente cuidada y mantenida y muy interesante de ver. Me llamó la atención lo fácil que es y el poco tiempo que se lleva explicar una Central así en una clase de Bachillerato, y cuando llega la realidad, lo complicado qué se vuelve todo; sí, la Ciencia es mucho más simple y más fácil que la Ingeniería.

            Para que el domingo resultase variado y completo, tras comer al Sol del Tajo y mirando ‘la costa de África’ nos fuimos a un concierto que teníamos ya comprado en el Auditorium grande del Centro Cultural Belém y allí pasamos dos horas magníficas y comodísimas, en la última fila de los más alto, oyendo a Mozart; un lujo.



21     Lunes

Hoy ha salido un día regular, en lo que a planificación se refiere.

            Planeamos irnos en coche alquilado a recorrer la península de Setúbal, al otro lado de del Tajo, las costas de Caparica, Cabo Espichel, sierra de la Arrábida, y otros sitios. Cuando llegamos al sitio del alquiler, nos encontramos con que el precio en vez de 20 eran 48 €, si nos lo rebajaban. Yo no sé si es Internet, si es eso que llaman falsas verdades o si es la brecha digital, total, que nos hemos cabreado y hemos cambiado de plan.

            Hemos ido a la Fundación Gulbemkian, creo que es donde más veces he ido, pero vale la pena. Los Jardines que la rodean son los mejores de Lisboa. La colección Gulbemkian, las obras de arte que este hombre coleccionó en su vida, da gusto verla, y de paso hemos visto más cosas por el camino.

            Hemos querido ir a comer al otro lado del río, pero el horario del Ferry nos ha venido fatal, así que hemos comido y paseado otra vez al Sol del Tajo. Y además y por fin Gregorio ha llegado a la Torre de Belém, que es un emblema de Lisboa, y yo tampoco había llegado tan cerca.

            Y ya en Lisboa, hemos pasado por el Mercado de Ribera, con mucha gente, pero eran las cinco en punto de la tarde y cabían todavía muchos más, acabará lleno.

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