Mi amigo
Gregorio escribe
25 Enero
: Mi despedida de Lisboa
Se empeña Manolo en que me despida de Lisboa bitacoreando el
día de hoy:
Amaneció el día radiante de sol, sin nubes en el cielo y con
una temperatura agradable.
En vista de ello nos decidimos por hacer el paseo en bici
que teníamos gana y que por razones climatológicas unas veces y por no
aclararnos con el sistema de bicis públicas otras, no habíamos podido realizar.
Nos dirigimos a la calle de Corpo Santo donde habíamos visto
que había una empresa que las alquilaba. La chica que hablaba perfecto español
nos informó de los precios y las distintas clases de bicis que tenían. Como el
recorrido era llano optamos por la mas barata y por cuatro horas. Manolo intentó
regatear el precio haciéndole ver que costaba tres veces lo que un coche, pero
la chica se encogió de hombros y no cedió ni un euro. Las bicis eran algo incómodas
porque eran muy distintas a las que estamos acostumbrados pero no fue obstáculo
para que saliéramos tan contentos subidos en nuestras bicis dispuestos a
conquistar el Tajo.
Enfilamos hacia la orilla del río que estaba cerca y
sorteando coches y peatones nos fuimos en busca del carril bici que empezaba
cerca de la Praza
da Comercio. Pedaleamos sin prisa, parándonos para hacer fotos. Después de un
trozo agradable cerca del río por la estación de Santa Apolonia, nos adentramos
en una zona industrial con naves, contenedores algo más feilla pero en seguida
llegamos al Parque de las Naciones, donde se celebró la Expo 98.
Dimos muchas vueltas entre edificios modernos, algunos con
forma de barco, otros con forma esférica que serian los pabellones de las
distintas naciones y que ahora algunos tienen uso para hacer exposiciones,
ferias o distintos espectáculos. Llegamos a la Torre Vasco da Gama, edificio
emblemático de la Expo
ahora convertido en lujoso hotel. Estaba animadillo de gente paseando o tomando
el sol o haciendo deporte. También algunos grupos escolares que sin duda habían
ido a visitar un Oceanario que allí hay.
Seguimos nuestro pedaleo junto al río y enseguida llegamos al
impresionante puente Vasco de Gama de 17 km de largo y con tres carriles de circulación
en cada sentido.
Era la hora de una buena cerveza tomando el sol y
disfrutando de la vista del puente. Después de un rato emprendimos la vuelta
por el mismo camino y ya sin pararnos llegamos a dejar las bicis media hora
antes de lo contratado. Manolo quería llegar hasta el otro puente por eso de
puente a puente, pero no había tiempo para llegar a él, así que lo vimos desde
la distancia.
Comimos en un autoservicio en la calle Nova do Carvalho que
parecía primavera por la cantidad de gente joven bullanguera y con ropas
primaverales que circulaba por alli.
Después de comer, Manolo dice que está cansado y que se
quiere ir para casa pero que si yo no tengo
gana que podía ir a ver un museo que a él le gustó y que estaba cerca.
Como en este viaje he desertado de la siesta para mejor aprovechamiento de las
horas de luz, pues allí me encaminé. Era
el Museo de Arte Contemporáneo. No es muy grande y tiene pinturas de
artistas portugueses de los siglos XIX y XX. Algunos cuadros abstractos y otros
que no se sabe lo que representan, pero muchos impresionistas con paisajes y
retratos. Me gustó, sobre todo la sala del XIX.
A la salida me llama Manolo diciéndome que estaba en una
verde pradería cerca de la casa. A mí se me había pasado el bajón y como estaba
por el Chiado, me fui a dar una vuelta para despedirme de Camoens, Eça de
Queiroz,y, siguiendo por el Rossio, de Pedro IV y de Joao II en la Praza
Figueira. Volví a casa cansado pero satisfecho.
Un día magnífico para terminar mi estancia en Lisboa, donde
he pasado unos días muy a gusto y que he disfrutado a tope. Estoy muy
agradecido a Manolo por haberme invitado. Ha sido un gran acierto este viaje
pues lo he pasado muy bien con una estupenda compañía y en el que parece que la
rodilla se me ha mejorado.
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