viernes, 25 de enero de 2019

E43 Gregorio escribe el día 25 de Enero


            Mi amigo Gregorio escribe

25     Enero : Mi despedida de Lisboa

Se empeña Manolo en que me despida de Lisboa bitacoreando el día de hoy:
Amaneció el día radiante de sol, sin nubes en el cielo y con una temperatura agradable.
En vista de ello nos decidimos por hacer el paseo en bici que teníamos gana y que por razones climatológicas unas veces y por no aclararnos con el sistema de bicis públicas otras, no habíamos podido realizar.

Nos dirigimos a la calle de Corpo Santo donde habíamos visto que había una empresa que las alquilaba. La chica que hablaba perfecto español nos informó de los precios y las distintas clases de bicis que tenían. Como el recorrido era llano optamos por la mas barata y por cuatro horas. Manolo intentó regatear el precio haciéndole ver que costaba tres veces lo que un coche, pero la chica se encogió de hombros y no cedió ni un euro. Las bicis eran algo incómodas porque eran muy distintas a las que estamos acostumbrados pero no fue obstáculo para que saliéramos tan contentos subidos en nuestras bicis dispuestos a conquistar el Tajo.

Enfilamos hacia la orilla del río que estaba cerca y sorteando coches y peatones nos fuimos en busca del carril bici que empezaba cerca de la Praza da Comercio. Pedaleamos sin prisa, parándonos para hacer fotos. Después de un trozo agradable cerca del río por la estación de Santa Apolonia, nos adentramos en una zona industrial con naves, contenedores algo más feilla pero en seguida llegamos al Parque de las Naciones, donde se celebró la Expo 98.
Dimos muchas vueltas entre edificios modernos, algunos con forma de barco, otros con forma esférica que serian los pabellones de las distintas naciones y que ahora algunos tienen uso para hacer exposiciones, ferias o distintos espectáculos. Llegamos a la Torre Vasco da Gama, edificio emblemático de la Expo ahora convertido en lujoso hotel. Estaba animadillo de gente paseando o tomando el sol o haciendo deporte. También algunos grupos escolares que sin duda habían ido a visitar un Oceanario que allí hay.

Seguimos nuestro pedaleo junto al río y enseguida llegamos al impresionante puente Vasco de Gama de 17 km de largo y con tres carriles de circulación en cada sentido.
Era la hora de una buena cerveza tomando el sol y disfrutando de la vista del puente. Después de un rato emprendimos la vuelta por el mismo camino y ya sin pararnos llegamos a dejar las bicis media hora antes de lo contratado. Manolo quería llegar hasta el otro puente por eso de puente a puente, pero no había tiempo para llegar a él, así que lo vimos desde la distancia.
Comimos en un autoservicio en la calle Nova do Carvalho que parecía primavera por la cantidad de gente joven bullanguera y con ropas primaverales que circulaba por alli.

Después de comer, Manolo dice que está cansado y que se quiere ir para casa  pero que si yo no tengo gana que podía ir a ver   un museo que a él le gustó y que estaba cerca. Como en este viaje he desertado de la siesta para mejor aprovechamiento de las horas de luz, pues allí me encaminé. Era  el Museo de Arte Contemporáneo. No es muy grande y tiene pinturas de artistas portugueses de los siglos XIX y XX. Algunos cuadros abstractos y otros que no se sabe lo que representan, pero muchos impresionistas con paisajes y retratos. Me gustó, sobre todo la sala del XIX.

A la salida me llama Manolo diciéndome que estaba en una verde pradería cerca de la casa. A mí se me había pasado el bajón y como estaba por el Chiado, me fui a dar una vuelta para despedirme de Camoens, Eça de Queiroz,y, siguiendo por el Rossio, de Pedro IV y de Joao II en la Praza Figueira. Volví a casa cansado pero satisfecho.

Un día magnífico para terminar mi estancia en Lisboa, donde he pasado unos días muy a gusto y que he disfrutado a tope. Estoy muy agradecido a Manolo por haberme invitado. Ha sido un gran acierto este viaje pues lo he pasado muy bien con una estupenda compañía y en el que parece que la rodilla se me ha mejorado.

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