martes, 5 de febrero de 2019

E47 Sigue Febreiro, 4 y 5


4 y 5 de Febreiro

            La bitácora acaba siendo como aquel amigo de Marcelino Pan y Vino, yo echo mis ratos con ella como si fuese alguien, y a veces hasta la echo de menos; así que me cuesta estar mas de algún día sin hablar un poco, aunque tenga poco que contarle.

            Ayer cuando me levanté, los de la Volteruela ya no estaban aquí, todos me abandonan. Dicen que están a gusto, pero nadie se queda más allá de unos días. Yo quiero pensar que tengan compromisos que la razón, o el corazón, no entienden; y que eso sea.

            Y como después de la tempestad viene la calma, tras el fin de semana movidillo, ayer y hoy como si nada. Ayer, como era Lunes había Concierto, pero en vez de música fue una obrilla de Teatro, llamada Auto de Feira. Un grupo de mayores, idosos les llaman aquí, interpretaban una obras de Gil de Vicente, dramaturgo del s. XV-XVI que escribía sus farsas, sus obras moralizantes y parece que muchas cosas mas. A nosotros nos tocó una de las moralizantes, y como apenas si entendía algunas palabras, puedo contar poco, nada, se llamaba “Auto da Feria” y debía tratarse de prevenir contra los adivinos y pronosticadores de desgracias, ¡ya entonces! Como dice Paco V., que dijo alguien, ‘Hacer previsiones es muy difícil y sobretodo si se refieren al futuro’, después nos fuimos a comentar la Feria a la Cinemateca, que es un sitio superagradable para charlar, beber, estarse, e incluso ver cine.

            Y hoy como Martes periUrbano que es, he vuelto a pasear por Montsanto. Alguien puede pensar que si no he ido ya muchas veces a ese sitio; he ido cuatro, pero muchas más veces fui a Continente, a Galerías Preciados e incluso a Misa, y no sé de nadie que le pareciera que era mucho ir. La verdad es que por aquí conozco poco campo por el que andar, MontSanto (4), la Sierra de Sintra (3) y la de la Arrábida (2), tengo que buscar más. Pero es que MontSanto es muy cómodo, muy bonito y muy grande, y siempre hay algún sitio nuevo.

            Hoy hacía un día fantástico, y se notaba; hasta he visto gente por allí. Había un sitio para el pequeño almorço y otro para el almorço grande. He llegado andando hasta las calles y cuando el podómetro me ha dicho que ya llevaba 16 km y pico, he cogido el autocarro y me ha acercado al barrio.

            Un detalle simpático, al menos para mí: viniendo para casa había una chica negra, joven y maja, sentada en un tranco, y se le veía tal cara de alegría y tal sonrisa, que me ha llamado la atención, casi preocupado, y no sé que ha visto en mi cara o en mi actitud de acercarme a ver si le pasaba algo, que la chiquilla, que lo ha entendido, se ha apartado el pelo y me ha enseñado un auricular inalámbrico, por el que debía de estar teniendo una de las mejores conversaciones de esta vida. ¡Qué envidias!

            Mañana tengo visita nueva, mi amiga Amparo, así que frente a una amiga humana, la Bitácora, que no sé de qué naturaleza es, se resentirá un poco; o no.

1 comentario:

  1. Que agradable leer los relatos que haces de los lugares y las cosas. Es fácil imaginárselos . Sigue escribiendo para nuestro disfrute.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar