domingo, 18 de noviembre de 2018

E17 Días de Visita 1b


15 Jueves

            De paso por el Campo de Cebolas, Alfandenga, Bacolhoeiros o el Llano, ya nosé como llamar a ese sitio, para ir a Pilar 7, entramos a ver La Casa de  los Bicos, donde D. José Saramago, vemos la parte de abajo que va de ruinas romanas muy bien recuperadas y nos informan que doña Pilar del Rio estará allí al día siguiente porque hay un concierto en Homenaje por un aniversario de Saramago y Pessoa, que aquí van muy unidos. Por fin.

            Pilar 7, es el séptimo pilar del renombrado puente de 25 de Abril y hace de Centro de Interpretación de dicho puente; desde hace unos años hay centros de interpretación de todo, yo estoy por llamar a mi casa “CdI de la Minha casa”. El caso es que allí te interpretan el puente, otra vez un espacio grande, muy moderno, y bastante personal empleado, para casi nadie. Todo el puente principal, 2400 m, con seis vías para coches y dos vías para trenes, cuelga de cuatro cables, dos muy gordos y otros dos menos, que se apoyan en dos ‘pilares’ de hormigón en el agua y armadura de acero en el aire. Pues bien allí hay un trozo de cable del fino, salvaje, medirá 50 cm de diámetro y esta formado por otros cables que están formado por otros cables, y por otros, y estos por otros que al final son hilos, con lo que ese pedazo de cable es más flexible, más fuerte y más seguro, Del cable gordo no debió sobrarles ningún trozo, o no lo enseñan. Lo mejor es subir en un ascensor hasta el nivel de los tableros y ver todo aquello en su verdadera dimensión, y ver cuanto rodea a vista de pájaro, o de constructor de puentes altos ¡Y qué altura! Luego, ya en el suelo de la Tierra hay en el suelo unas placas enormes de acero corten con muchos números del puente y las fórmulas matemáticas para su construcción: el teorema de Pitágoras, la ecuación de segundo grado, el cálculo del momento de inercia y poco más. Para mí que han simplificado un poco, que hacen falta más fórmulas

            Cerca del Puente había una zona antigua de pequeñas industrias y almacenes abandonadas que han transformado en tiendas y bares y le han puesto de nombre LX Factory, está bonito si gusta lo alternativo, parece que estás en otro mundo, por decirlo de alguna manera.

            Otro amigo portugués: Paolo de Pigarça. En aquella Finca de vinos que estuve hace una semana, Joao ,el dueño y facedor del vino de tinaja, me presentó a un tal Paolo que tenía un restaurante en Alfama, y que me podría venir bien.
            En efecto, hemos ido a su restaurante estos días, y ha resultado buenísimo, tiene un restaurante pequeño pero muy agradable, se llama La Muralla porque la Muralla de Lisboa hace de pared en el comedor. Está muy cerca de casa, pero no es tan turístico como los demás, parece más para portugueses, Paolo se preocupa mucho por sus clientes y a nosotros nos trató como si fuésemos especiales. En dos días hemos ido más de tres veces y siempre magnífico; a más del restaurante, al lado tiene una tasca demasiado parecido a lo que podía ser en España, pero el servicio y el trato especial. El que venga por aquí acabará más de una vez allí.

            Hoy hemos comido allí, y en efecto vale la pena. Y para la noche nos invitó a una sesión de fados que había en su restaurante.

            A mí el Fado no acaba de gustarme, los oigo al paso por los muchos locales que aquí hay en la Alfama, me parecen demasiado sentidos, desgarradores y repetidos, salvo en algún tramo. Me gusta más María la Portuguesa de Carlos Cano o un fado lindo que no sé si canta Pastora Vega, o así. Pero la noche de Fados en el restaurante La Muralla de Paolo era otra cosa, nos contó y entendimos que aquello era una reunión de gente de una especie de Academia y de gente importante en ese mundillo. Estaríamos allí unos cincuenta y la gente se veía de otra manera, abundaban las corbatas y parecían portugueses. A las guitarras había cinco músicos que dominaban lo suyo y de los que estábamos allí muchos salieron en su turno y cantaban dos fados cada uno, que por las guitarras y el ambiente nos parecía distintos y mejor de lo que se oye en los sitios de la calle.


16 Viernes

            Hoy tocaba separarse de la Ribera del Tejo, que Lisboa es más grande de  lo que parece. De la Plaza de Comercio y perpendicular al río y mas o menos casi recto se recorre la calle Augusta, se llega al Rossío, se pasa por Restauradores y comienza la av de las Liberdades, se llega al Monumento a Pombal y empiezan a subir los Jardines de Eduardo VII hasta llegar al Los Jardines de Amalia Rodríguez en lo alto, y de allí se baja al Corte Inglés.

            Nosotros en taxi que es como nos gusta movernos fuimos hasta la Fundación Gubelkian que no sé qué es pero tiene unos jardines preciosos, hasta ahora los mejores de Lisboa, y entre ellos un edificio enorme de oficinas (¡), dos museos estupendos y algo más. Nosotros empezamos por los jardines, que repito son especiales, acabamos mezclados con un curso de algo que allí había cuando estaban desayunando y nos tomamos, como si fuéramos de ellos, nuestro café con un pastel de nata. Y como somos los que prefieren lo real a lo pintado seguimos jardineando y dejamos las exposiciones, que algún día tendré que ver, y nos cambiamos al lago que hay en los Jardines de Amalia Rodrigues, donde echamos un descanso para seguir bajando luego por más jardines.

            Cuando nos cansamos de jardines y paseo, en coche fuimos al Chiado, que es un barrio poco citado por mí, pero muy citado en Lisboa, buenas casas y muchas cuestas, mucha gente y muchos sitios, aquí, hay mucha vida y mucho movimiento, si es que no es lo mismo. Y allí entre todo aquello y las estatuas de Camoens, lo más grande de las letras portuguesas, s. XVI,  la de Chiado, tabernero y fraile a mas de poeta muy antiguo que da nombre al barrio y la estatua de Fernando Antonio Nogueira Pessoa, poeta de la primera parte del S. XX que sale con frecuencia en esta bitácora; su estatua lo representa en bronce y sentado en un velador con una silla vacía que permite que la gente se le siente y se fotografíe como si con él estuviese. Hay una cervecería muy bonita, muy de guías, que se llama Brasileira y allí hicimos lo propio, mientras llegaban las gana de comer.
            Comimos en un Palacio, el del Chiado, que yo había visto y me quedado con ganas. El sitio está palaciego y la cocina al menos por mi parte muy bien. Vale la pena ir.

            A la tarde teníamos casi cita con Pilar del Río, viuda de José Saramago y natural de Castril como la familia de mi madre. Y nos fuimos a por ella a La Casa de los Bicos, donde había un concierto y la presentación de un libro, en conmemoración de algo de Pessoa/Saramago, que ahora que ninguno está son muy amigos. Entre concierto y libro conocimos Pilar, la saludé me presenté como casi paisano, y aunque estaba ocupada nos enseñó un poco La Fundación, nos contó detalles y la dejamos porque sabíamos que tenía deberes y cosas que atender. Quedamos en que a lo mejor nos veíamos otro día. 


           El concierto fue una cosa rara: dos guitarras y una batería que tocaban muy bien pero muy fuerte para una chica joven de pelo corto y gesto duro, muy duro,  que cantaba casi siempre en español, canciones protesta gritándole a cada uno del público como si fuésemos los responsables del mundo malo que ella veía no sé dónde, la chica parecía que viniese de los años sesenta sin saberlo ella, aun así la gente, que éramos de años y de corbata aplaudía con gusto. Hasta la canción aquella de Amanda que cantaba Víctor Jara, la cantó desagradable. Una cosa rara, allí.

            Como La Muralla de Paolo está en la misma acera y nos había gustado no pudimos evitar irnos hacia ella a picar algo mientras se hacía la hora del Hot Club. Dicho club se considera como uno de los mejores clubs de Jazz de Europa, pero no era así, el local no tiene ninguna gracia, el escenario no tiene sitio, apenas para el piano. Y para colmo el grupo de esa noche, que eran dos, hacían un Jazz, si es que lo era, muy raro y coñazo. Se lo dijimos al dueño y nos salimos. Con un gran paseo por el Centro y en la noche tibia de Lisboa volvimos donde siempre.




17 Sábado

            Séptimo día de visita, y muy bien. La verdad es que como ya he dicho en varias ocasiones, me ha cambiado la vida, y para bien. Mis amigos son fáciles de ‘llevar’, enseguida consensuamos qué hacer, todo gusta y de todo disfrutamos. Hoy hemos recorrido el Mercado de Ladra, una especie de Rastro, con un día sin Sol y sin frío. Hemos visto muchas cosas y hemos comprado nada.

            En el tranvía 28 hemos pillado asiento y nos ha llevado hasta La Asamblea Nacional, atravesando barrios clásicos y subiendo y bajando cuestas increíbles para un tranvía, que es como las Cortes de aquí, la Asamblea Nacional digo, un palacio neoclásico, muy grande y también con leones en las escaleras que acceden.

            Hemos comido como les gusta a los turistas comer, en un sitio donde no hay otros turistas que ellos. Se llama “OTaxi” y en verdad que donde está, poco turistas pasan; yo había pasado pero sin saberlo. Nos lo enseñó un día un taxista de los muchos que hemos conocido esta semana, y en verdad que ha sido bueno, algo lejano y algo cutre, pero allí todos eran paisanos, mucho pescado para elegir y algo de carne y todo servido de forma rápida, amable, barata y buenísima.

            Un taxista nos había dicho que a la noche encendían la Navidad en Lisboa, pero no era verdad, hay muchas iluminaciones puestas pero estaban apagadas. Fue motivo para dar un paseo y despedirnos de Lisboa, que debía saber que mis amigos se iban y se había puesto triste, fría y vacía. Dimos con un bar donde hacían música y cenas, y allí acabamos nuestros días de visita, conversación y compañía en Lisboa. Mañana otra vez callado y solo, que tampoco está mal. 



18 Domingo

         Toda la noche ha estado lloviendo, o llorando. A las 6.15 mientras yo dormía los recogió el taxi y se fueron para España. Yo en señal de luto e impedido, o impelido,  por la lluvia que está cayendo todo el día, no salgo de casa, Si el día se me hace enorme daré una vuelta como sea pero creo que no.









1 comentario:

  1. Sigo viendo y sintiendo Lisboa desde mi sillón, sin cansancio y sin prisas, gracias manolo

    ResponderEliminar