martes, 20 de noviembre de 2018

E18 Un día completo


19.11  L   Un día completo

            El día se despertó semicubierto pero mi teléfono decía que de llover sería poco y me fui directo a mi particular conquista de MontSanto.  Mr. Google sabe mucho, es mi ejemplo de hombre sabio, pero algo no va; a mi no siempre me dice lo mismo y una vez encuentro lo que busco y otras creo buscar lo mismo y ya no está, o aparece luego. Pero no conozco nadie mejor a quien preguntarle cosas.

            Ahora me propuso otra forma de ir a MontSanto y me fui con él. Yo quería llegar al Centro de interpretación de MontSanto. Por si alguien se ha perdido, MontSanto, en Lisboa, es como la Casa de Campo en Madrid, pero plantada en los años 40 del s. XX. Debe tener muchos paseos, senderos, vías de bicis, áreas recreativas, miradouros, y muchos tesoros  y recursos naturales. Un bus me dejó sabe dios donde, y aquello era un bosque húmedo, húmedo por la lluvia, no por las especies, que ya hablaremos. Yo me puse a andar por senderos nunca vistos, de buen andar la mayoría y rodeado de una vegetación lujuriosa, se decía antes, para mí que aquello era vegetación mediterránea: alcornoques, pinus pinea, pincarrasco, majoletos, encinas, algún olivo, lentiscos y mucho arbusto y herbácea de nombre ignoto. Podías imaginarte en Cazorla, aunque con la vegetación más viva y espesa. Y digo yo que estando aquello entre el Tajo y el Atlántico, que se ven los dos, cómo es aquello tan mediterráneo; y casi lo mismo pasa con el clima. A lo peor Mediterráneo es una palabra sin tanto significado como yo quiero. También es una canción preciosa, por ejemplo.

            Mientras buscaba el C.I. debí de equivocarme unas cuantas veces, pero no me importaba siempre me volvía a encontrar, aquello puede medir 6x6 km como máximo, no puede tener mucha perdera, yo seguía andando, viendo, y preguntando a los pocos que me encontré. Y disfruté. Y por fin dí con el rebuscado Centro interpretativo.

            Allí encontré el mapa deseado, actividades programadas, el próximo sábado me apunté para participar en un plantación de árboles, me traje el calendario de actividades programadas y me indicaron por donde seguir. Además (para além, se dice en portugues) comí allí.

            Seguí por el Parque, vi una zona infantil estupendamente preparada, seguí y encontré el Palacio da Fronteira, del que pude visitar los jardines, monumentales, y después fui buscando una salida peatonal del Parque, que llevaría por un corredor verde hasta la estatua del Marqués de Pombal en pleno centro. Me costó tanto encontrarla que cuando la hallé tomé un autocarro que me llevó a lo mío.

           
            Lo mío era un concierto. El autocarro pasó por una zona que le tenía ganas: “Las Amoreiras” y bajéme. Debía de haber habido un miradouro de 360º en lo alto de un edificio de 20 ó 30 plantas, pero está cerrado hasta Diciembre. Hay allí también un enorme Centro Comercial, aquí si había gente, y me compré una pluma estilográfica preciosa (caneta amoro preciosa); Yo siempre escribí con estilográfica. Se celebraba allí una cosa que debe llamarse “Lunes Negro” que equivale a nuestras rebajas. Como serán esas cosas que por poco me compro una mochila, unos pantalones, un forro polar y una brújula, pero al final no, no me hacían falta, la pluma tampoco, pero me hizo ilusión.

            Saliendo de allí y por tirar por una calle nueva me dí de bruces con “La Madre de las Aguas Libres” que andaba buscando; estaba cerrado, volveré. Se debe tratar del sistema de distribución de las aguas para Lisboa que antes traía el Acueducto de las Agua Libres de la Sierra de Sintra y muchas fuentes. Este acueducto es muy vistoso, pero no tan romano como el de Segovia, se ve raro. no secayó cuando el terremoto, y ya estaba hecho.

            Creo que he contado que en el Palacio de Foz, todos los lunes hay un concierto; para mí que muy bueno, en una sala preciosa y gratuito. Llegué por los pelos y además con asiento. Una hora oyendo un piano en el que sonaba Debussy. Estupendo, muy descansado y relajante.

            Había quedado en la Cinemateca para ver con mi amigo Rui “El Sol del Membrillo” de Víctor Erice a la noche y aunque faltaba bastante me fui allí. La dicha Cinemateca tiene unas instalaciones bonitas y estupendas, me senté en un sillón cómodo, leí un libro que había comprado de MontSanto, cené y mi amigo no llegó. De la película de Erice me gustó mucho la primera mitad, y de la segunda solo el color y la fotografía. A veces el cine bueno es difícil.

            A las doce de la noche, había salido de casa a las diez, llevaba 14 horas en la calle y 22 kilómetros de andar en el cuerpo. A pesar de mi manía andariega tomé un Metro y llegué a casa contento del día, de un día completo;  que es lo que he contado más todo aquello que se me olvida en el momento de la escritura.

1 comentario:

  1. Te estás haciendo un auténtico lisboeta. Me gusta tu bitácora y, de vez en cuando, me hace pensar que estás cerca de aquí; tampoco estás tan lejos. Sigue disfrutando de tu “aventura”.

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