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de Enero de 2019 VUEL[V]O a LISBOA
Aquí de nuevo,
parece que fue ayer. Las Navidades, estupendas; quizá breves. La familia, los
amigos, los sitios y las comidas, fantásticas. Pero tocaba Lisboa, tocaba
volver, y aquí estoy de nuevo, o de segundas, ya casi nada es tan nuevo como
aquel primer día, pero sigue teniendo muy buen aspecto.
Me tuve que quitar el
abrigo, las chaqueta, la correa, las llaves, la cartera billetera, las llaves,
el reloj y algo mas. Yo siempre pienso que una vez puede que no aparezcan al
otro lado, allí hay mucha gente y muchos revueltos, además algunos de ellos
tienen rayos X en los ojos.
Al pasar por el arco
detectó que tenía las manos, probablemente, impregnadas de substancias
probablemente explosivas. Me apartaron de mi fila y de mis cosas, me pasaron un
papelillo, como de fumar, por las manos, lo metieron luego en una máquina, y dijo
ella, la máquina, que era un falso positivo, que recientemente no habían pasado
explosivos por mis manos. Yo les dije que a lo mejor los indicios que detectó
el arco estaban en mi ropa u otras partes de mi cuerpo. Me explicaron que era
improbable con mi aspecto, que lo que pasa es que el arco tiene un ‘algoritmo’
y pita de vez en cuando para dar trabajo, que además un terrorista profesional
se lavaría las manos y se habría cambiado de ropa; que prosiguiera.
Ahora
resulta que el de los Rayos X ha visto algo sospechoso en mi bolsa de viaje, una señorita me
esperaba para que le abriera la cremallera de la bolsa y pudiese meter sus
manos a toquetear mis cosas, y haciéndolo sacó un paquete don tres latillas de
aceitunas, que yo uso como tapas en los bares que no ponen, dijo que no eran
peligrosos y los devolvió a su sitio, había otro paquete igual, pero ella no
los ‘vio’. Le pregunté que si las aceitunas eran potencialmente peligrosas, me
dijo que no y por eso me las dejaban, pero que si llegan a ser de tomate frito
(sic) se las habría tenido que quedar. Aguanté mi risa como pude, y proseguí,
no sin pensar que el otro paquete de latas podría haber contenido tomate frito y explosivo. En el viaje de ida llevaba
dos botellas una de vino y otra de Ginginha, licor de cereza, y me quitaron la
de Ginginha. Otro año viajé seis veces en avión con dos navajas en la mochila
y nunca me dijeron nada, no sé si por ceguera o por ser pequeñas.
Creo que me
repito, pero me gusta contarlo aunque sea dos veces. Don Carlos SanPedro vivía,
quería vivir, sus últimos años en Lanzarote, pero se hubo de cambiar a algún
sitio de la Costa
del Sol. Según él, porque no resistía tanta humillación: descálzate, sujétate
los pantalones anchos, vacía tu bolsa de aseo o vuelve tus bolsillos, déjate
cachear, tira la botella de agua, compra una bolsa de plástico para meter
dentro un bote de perfume que llevas de regalo y es un poco grande, etc.
etc Sí, a mi tambien me indigna este sistema.
Además sé
que todo se debe a cuando Bush hijo, quiso implantar el estado de terror, el
odio al musulmán, otra vez los dos bloques, y justificar sus guerras. Tengo
algún amigo, mas bien conocido, que le gustan esos controles porque así dicen
que viven más seguros. Yo les pregunto si creen que esos controles o mejores,
hubiesen evitado aquello de las Torres Gemelas; y ellos no contestan.
Hace ya tiempo descubrieron que ni el agua ni el perfume explotan con facilidad, que se puede perforar el cuello con los cubierto de la comida del avión, etc., e iban a quitar o suavizar los controles, pero ... 'los intereses creados' ... ; habría que leer de vez en ciando a Benavente
La cosa
sigue, pero ya no es culpa de Bush. En la hora que estuve esperando para
embarcar, dijeron más de diez veces que tuviéramos vigiladas nuestras
pertenencias, y que no llamaban para embarcar. Quizá lo dijeran mas de diez veces.
Ni se veían muchos chorizos o quinquis, ni casi nadie recuerda cuando
anunciaban la salida del avión. ‘Demasie’
De vez en cuando llaman a alguien para embarcar; hay un problema: si alguien factura la maleta y luego no embarca, por que se ha perdido por el aeropuerto, piensan que es un enviado de Alá que ha facturado una bomba y se ha ido, en ese caso hay que descargar la bodega del avión, localizar la maleta,..., un lío. No saben que hay enviados de Alá que no les importa tanto morir
Sigo. En el
avión para cada asiento hay un anuncio luminoso que prohíbe fumar, cuando esa
prohibición ya no se exhibe ni en los bares, ni la de no escupir o no
blasfemar, pero las compañias de aviación sigue, hay aviones con 700 anuncios luminosos
recordando que no se puede fumar.
Avisan que
hay que apagar los dispositivos electrónicos, por las posibles interferencias
con los sistemas de dirección del avión, incluso dicen que revisemos si están
apagados los que llevemos en el equipaje de mano, pero nadie controla tamaño
peligro. Eso si, una azafata cuida de uno en uno que todos llevemos el cinturón
sujeto que no apretado, aunque tenga que despertarte y esa seguridad sea una
opción mas personal.
Podría
seguir, pero corto. Aunque no cambie.
El mejor
vuelo y embarque de mi vida: nuestro coche nos lleva al aeropuerto, por una
puertecilla sin importancia, entramos directamente a las pistas y sin control de
pasaportes siquiera ni de rayos X, donde un avión parecido al de Casablanca
nos espera. En el avión vamos 9 y 9, mas un piloto y una azafata guía, tantos
como ventanillas, nos dan una copa de Champagne al subir y nos llevan a ver de cerca las
cumbres de la cordillera del Himalaya. El único fallo de aquel vuelo fue que yo
soñé que veríamos las ‘reatas’ de los que estuviesen subiendo aquellas cumbres,
pero no se acercó tanto tanto. Por si alguno se anima, o le gusta un aeropuerto
así, fue en Katmandú.
También la
aviación tiene cosas buenas, a veces, además de la anterior que fue
extraordinaria. Esta vez me tocó ventanilla, no me tocó encima del ala, tampoco me tocó
hablar con compañero alguno y apenas si hubo nubes que taparan el suelo. Falló,
que en este avión no se recibía señal de GPS, en otros si, y no sabia por dónde
iba. Desorientación total. Sólo reconocí una Central Solar de Concentración que
Abengoa instaló cerca de Sevilla. Desde el aire es fantástico, al principio se
ve algo raro un punto muy brillante y una luz rara, hasta que piensas lo que
es. Es como cuando jugábamos con las lupas a quemar papeles. Aquí son cientos
de espejos parabólicos enormes que concentran la luz en un punto, el horno,
donde se funde sodio o algo parecido, que luego vaporizará agua, que moverá una
turbina o un imán, que inducirá una corriente eléctrica que nos mejorará la
vida, pura magia Faradayana. Y desde el avión se ve la luz concentrándose.
Paco V. y yo razonábamos un día viendo una central termosolar, también de
espejos, desde Sierra Nevada, que las centrales solares deberían 'verse' negras, no
verse, si se ven es que la Luz
se escapa, y no debería.
También
adiviné la Península
de Setuval entre el río Sado y el Tejo y después todo era Lisboa, aunque desde
arriba tenía mucho de nuevo.
Otra vez en
Lisboa, ya mas amiga, pero todavía con sitios que conocer y disfrutar.
Seguimos. Encantado de estar otra vez con vosotros.
Pues a ver si tengo suerte y el álgoritmo hace que no me toque a mí el cacheo. Lo peor de todo lo que cuentas de los cacheos del aeropuerto es que te lo digan en Inglés.
ResponderEliminarManuel, gajes del oficio de viajar