lunes, 14 de enero de 2019

E36 10, 11 y 12 de Janeiro




Por fin después de todo el día con la impaciencia de las esperas llega Gregorio, sin más novedad que con la impresión de volar en un avión pequeño y a hélice y de haber visto cuanto grande es Lisboa de noche desde el aire. Viene dispuesto a pasar aquí unos buenos días y volver a disfrutar Lisboa donde ya estuviera hace unos años. Y yo dispuesto también a pasar unos días acompañado, enseñando lo que he aprendido y dispuesto para descubrir en compañía. Aunque a veces convendrá dejar que circule el aire. Creo que nos apañaremos bien.

            Yo pienso que estos días la bitácora deberá de escribirla él, él va a ser el que descubra, conozca y sienta. Veremos. Me parece que no está bien dispuesto, insistiréle, pero no sé. Me temo que aunque estos días sea yo un simple acompañante sea también yo el escribiente.


11         Viernes

Mucho me temo que todas las visitas que vengan por Alfama, empiecen con parecido programa. Ya van tres, y lo primero es subir a los Miradouros de cerca: Santa Luzía y Portas do Sol. Tampoco es mal principio, la visión del Tajo azul que parece un mar, la orilla opuesta y lejana que parece África, los tejados de la Alfama que parecen el mar rojo y un montón de torres que parecen Roma, son una buena forma de empezar Lisboa. A mi me gustaría empezar por un mirador más alto desde donde se distinguiesen las equis colinas de Lisboa y hacer un plan sobre ese plano 1:1 que se vería, pero parece que ese Belvedere falta. Podría ser uno que no he ido y las Amoreiras, en la azotea de una especie de rascacielos, pero tengo mis dudas. 

            Para no repetirme mucho, mejor enumeraré en un párrafo nuestros recorridos, sin más descripciones, que ya habré hecho en otro lado otra vez
            Miradores de Santa Lucía y Postas do Sol. Eléctrico E12 y E28. Mirador de Santa Caterina, con café, sobre el Tejo y el 25 de abril. Camoens, (Pessoa, Chiado) y Eça de Queiroz, en el Barrio Alto. Calle de Alecrín, Nova do Carvalo, Marqués de Terceira. Cerveza con tapas en Ribera das Naus, junto al Tejo. Comida en el restaurante del Museo del Dineiro. Muralla de Don Dinis. Fachada  y escalera de la Municipalidad. Por fin la Praça de Comercio y siestecilla al Sol del Cais das Colunas. Y como el sol, con esto de los días tan cortos de aquí, nos volvimos para casa pasando por El Llano, Chafariz do Rey y Chafariz do Dentro, a Medrosa y a la calle Adiça, que es nuestra casa y tiene calefacción.
En total dice mi teléfono que Gregorio con su rodilla averiada se anduvo ayer 7.841 pasos que el mismo teléfono, que es listísimo y hace de todo, traduce a 6 km. No está mal para un cojo que no quiere andar. Pero es que Lisboa tiene algo que.

            La verdad es que estos días Lisboa está estupenda, con este anticiclón que nos invade el cielo está a reventar de azul y de sencillo. Y aunque lo recorrido hoy está lleno de guiris, como Lisboa a mas de larga es también ancha, se cabe bien, y en algunos momentos casi estamos solos.

            En el Museo del Dineiro, donde comimos, cuentan y enseñan unas cuantas historias, y deben guardar cosas de gran valor, pues a la entrada hay un control igualito que en los aeropuertos. El arco seguía pitando cuando ya apenas me faltaba acabar desnudarme, el guarda fue bueno dijo que debía ser el talón del zapato, que algunos llevan clavos, y como debió de ver mi sufrimiento me dejo pasar sin descalzarme; yo le dí las gracias y le dije que evitaría volver.

Comentarios de Gregorio:
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13 Sábado       Alentejo y Fiesta portuguesa

            Recorrido de hoy: Casa dos Bicos y de Da. Pilar del Río. Desde Cais de Sodré a Cacilhas en el Ferry que cruza el Tajo. Visita a la Fragata Fernando II y Gloria. Comida en el Club Náutico de Almada. En Bus y ascensor subida al monumento a Cristo Rey. Vuelta a casa en barco y taxi para descansar e irnos a la Fiesta de nuestras amigas portuguesas, y que ahora trataré de contar, si puedo.  Obsérvese que Gregorio ya no necesita siesta para seguir viviendo. No obstante esta noche teníamos jarana, había que dar la talla y conseguimos descansar una hora larga antes de irnos a la juerga.

            En la Fundación Saramago pasamos un rato bonito. Yo hace muchos años leí en la primera pagina de un libro de Saramago una frase, como pasa en muchos libros, frase que no se como se llaman este tipo de frasecillas, decía: “No hay cuestión que más agradezca el peregrino que conocer la razón del nombre de las cosas”. A mi la frase me gustó, se me quedó e incluso la he utilizado varias veces en beneficio propio, pero nunca supe, aunque lo busqué, en que novela de Saramago había dado con tal frase. Pensé yo, que qué mejor sitio que en su Fundación para aclarar el tema. Así que busqué a una especie de bibliotecario y experto en Don José y le conté mis cuitas. Se interesó, le llamó la atención, no conocía la frase, pero le pareció bien, buscó en unos cuantos libros, llamó por teléfono a uno, después a Pilar, a otro, pero no se aclaraba el asunto. Quedamos en que él trabajaría el problema y que yo volvería a ver qué. De paso habíamos echado un buen rato y me contó y me enteré de cosas interesantes. Seguiré informando.

            Una Fiesta Portuguesa. Mis amigas de Lisboa, me habían propuesto ir el sábado por la noche a una fiesta, que no entendía bien, y donde habría cena, tangos, fados y más música en no sé que sitio de un barrio que se llama Moraria, aquí cerca en la ladera de la colina del Castello. Allí fuimos Gregorio y yo, bien vestidos y bien dispuestos, era una palacete con  buena estructura y techos decorados, aunque no lo vimos muy bien y en un salón grande había como unas ochenta o cien personas, principalmente mujeres, en mesas de varios tamaños y con manteles dispuestas, en dos o tres mesas a modo de buffet había comidas y bebidas para servirse. Como llegamos un poco tarde ya estaba todo ocupado, pero alguien nos apareció una mesa y allí nos situamos los dos últimos, casi mejor fue así, menos compromiso. Un grupo de dos italianos y un francés tocaban un acordeón, una enorme tuba y un violín a ritmo de tango, eran italianos, y cantaban en español tangos en una fiesta portuguesa de Lisboa; todo muy mezclado. Sonaba muy bien, el que cantaba lo hacía de forma desgarrada y exagerada, pero muy bien y muy divertido. La gente se levantaba mucho, sobretodo para ir aq fumar, se podía hablar con cualquiera que te tropezaras o te mirara, y allí estuvimos hasta las once, que callaron los músicos y ya faltaba mucha gente. Sí, demasiado temprano se fue el personal, nosotros nos dejaríamos allí algo menos de la mitad, ya sin grupo musical y sin comida, pero con las copas largas preparadas, a cuatro euros cada una. Aquello eran amigos y amigos de amigos de 30 a 50 años, menos nosotros, que acudían a la convocatoria, con el objetivo aparente de juntarse y cenar, no mucho rato y no sé si con carácter benéfico o lucrativo, quizá lo último, por que la cena no era para los veinte euros que costaba y las copas a cuatro no era precio para una fiesta particular y popular. Estuvimos a gusto y al fin y al cabo era una oportunidad.

1 comentario:

  1. Manuel, muy bien contado, imposible que yo lo haga mejor. Yo te ayudo a recordar.

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