viernes, 18 de enero de 2019

E39 Gregorio Morillas

Bitacorea hoy  GREGORIO MORILLAS

Dia 17 Jueves
Manolo se empeña en que escriba yo, Gregorio, lo que hemos hecho hoy y, me atrevo, no sin advertirle que de ningún modo, puede salir con el estilo que él le imprime.
Como el día amaneció soleado pensó Manolo con buen criterio, que era el momento de probar las bicicletas de la red pública de la que se había hecho socio.
A tal fin nos encaminamos hacia la estación de Santa Apolonia, cerca de casa y donde estaban las bicis mas próximas. Después de entrar en la aplicación que se había descargado en el móvil, ni con la ayuda de un joven que, muy amable, intentó ayudarnos, pudimos desbloquear la dichosa bicicleta. Llamó por teléfono y después de un rato de explicaciones no conseguimos nuestro objetivo. Así que nos quedamos chafados y sin planes. Yo creo que fue mejor porque se había levantado un aire helado  poco agradable para ir en bici.
Manolo, un poco frustrado, decidió que tenia cosas que hacer  en la casa y yo pensé que era la ocasión de visitar unos cuantos monumentos que estaban cerca. Así que, saliendo de la estación de Santa Apolonia me dirigí por las calles de la Alfama baja que me aconsejó Manolo, procurando evitar las escaleras y cuestas muy empinadas , hacia la iglesia de Santa Engracia o Panteón Nacional. Esta se ve desde lejos por su magnífica cúpula blanca . Edificio barroco  del siglo XVII, famoso por lo que se tardó en hacerlo , doscientos y pico años. Al ser panteón nacional alberga los cenotafios o catafalcos de personajes importantes portugueses (no sabemos si es lo mismo, pero sí que dentro no tienen restos). Entre ellos están Enrique el Navegante , Vasco de Gama, Alfonso de Albuquerque , Nuno Pereira (el que nos dio para el pelo en Aljubarrota) y hasta la cantante de fados Amalia Rodrigues y el futbolista que tanto nos hizo disfrutar en el mundial de 1966, Eusebio. Renuncié a subir las escaleras  a la terraza y callejeando con la ayuda de un plano me dirigí hacia la igreja de Sao Vicente da Fora.
San Vicente es copatrón de Lisboa y sus reliquias fueron traídas desde el Algarve hasta esta iglesia fora de la ciudad. Es de 1600 y tiene una fachada para mí muy bonita, sobria, de estilo renacentista italiano con mucha simetría, unas cuantas esculturas en la fachada y con dos torres de mediana altura. En su interior me llamó la atención un baldaquino barroco flanqueado por esculturas de madera de tamaño natural.
Adjunto tiene un monasterio de los agustinos donde me impresionó la sacristía , muy vistosa con mármoles de muchos colores y que me recordó la del monasterio de la cartuja de Granada.
En los claustros hay muchos azulejos con escenas históricas, dignos de verse. Y por un pasadizo se llega hasta el panteón de los Braganza. Aquí están los sepulcros de casi todos los reyes y reinas de esta casa.
Aquí si me animé a subir las escaleras, pues con el día luminoso que hacia, me imaginé que las vistas serian estupendas. El esfuerzo mereció la pena y pude hacer unas magníficas fotos del este de con Lisboa con la cúpula del Panteón sobresaliendo y hasta del puente Vasco de Gama que se veía claramente en la distancia.
Como ya era hora de comer me fui callejeando cuesta abajo hasta la puerta de la iglesia de Sao Estebao, donde habia quedado con Manolo para ir a comer.
El sitio donde me llevó Manolo era el sitio mas barato que conoce. Menú completo con  bebida y sobremesa incluida por 6 euros.

Por la noche teníamos concierto en la fundación Calouste Gulbekian, a una hora inusual en Portugal, las nueve de la noche. Nos fuimos temprano con objeto de visitar los jardines, aunque fuese de noche, pero era tal el frio que hacia que nos metimos directamente en el auditorio. Este es muy g ande y lujoso. Me dijo Manolo que era el único auditorio que el hubiera visto que tenia una pared dibujada con un paisaje de fondo, pero enseguida me dí cuenta que no era un paisaje sino que era una pared transparente y detrás estaba el jardín. Además nos llamaron la atención unos asientos muy estrechos e incómodos que habia en la última fila y que no se correspondian con el lujoso auditorio. Intrigados, Manolo se dedicó a investigar y averiguó que era para los que llegaban tarde. En otros auditorios no se permite entrar hasta que no se acabe la obra. El programa era muy bueno. Una obra del alemán Hindemist, música para una ópera, que el nazi Goebbels consideró degenerada y la prohibió. Nosotros no vimos la degeneración por ninguna parte. Era música densa, compleja y hermosa. También oímos el único concierto ,para violín de Beethoven con una solista alemana que dominaba el instrumento a la perfección. Salimos satisfechos

1 comentario:

  1. Que alegría tener dos amigos tan versados en el arte de la escritura. Me alegro de que lo paséis bien y gracias por vuestras enseñanzas sobre la capital lusa.

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