sábado, 26 de enero de 2019

E44 Y Gregorio no estaba aquí


26 Janeiro    … 

          Acabo de volver a casa, y Gregorio no estaba aquí.

          Lo presentía, hoy después de comer dijo que se volvía a Granada, preparó su maleta, hicimos resumen de su estancia y se fue en coche al aeropuerto. Yo me fui a pasearme por Lisboa, casi sin rumbo, con la esperanza de que al volver él estaría aquí, ¿por qué iba a irse? Pues (se) iba en serio, Ya no está aquí.
        Hemos pasado unos buenos días, hemos hecho cosas nuevas y repetido algunas viejas, hemos hablado mucho de Portugal y de la vida, se ha curado un poco de sus males y ha reconocido Lisboa; pero se ha querido ir y  ya no esta aquí.

            Yo he recuperado mis andares:

En el Parlamento de Lisboa, hoy había visita guiada, que había que concertar. Yo no había logrado conectar, pero he ido a ver si podía ser. Y no ha podido. Un grupo de unas treinta personas, tenían concertada su visita desde el mes de Julio; y no se ha producido ni una baja por olvido, enfermedad, algo técnico, nada ni una baja. Ni tampoco en un grupo de treinta cabían treinta y uno. Deduzco que debe ser un Parlamento muy estrecho; aunque por fuera se ve tan grande como el nuestro. Serán gordos los muros.

            Paseando sin rumbo por su barrio, he dado con El Museo de Amalia Rodrígues, y entrado a ver y oír. Era su casa y estaba como si ella se hubiese ido ayer, dejándolo todo perfectamente ordenado y limpio; había que calzarse unas bolsas de plástico azul quirúrgico. No estaba mal, para ser forofo, pero ya casi la he conocido aquí en Portugal. Había varias alusiones a España, fue donde por primera vez actuó fuera de Portugal, en Madrid con 22 años, le dieron entre otras la medalla de Isabel la Católica, cantó ‘con Lorca’, con Carlos Cano, lo hizo en el Manuel de Falla, etc., etc.

            Siguiendo sin rumbo he merendado en una Panaria Portuguesa, que es de una franquicia, que siempre tiene el mismo aspecto y las mismas camareras negrillas, jóvenes, muy delgadas y muy bonitas. Yo cuando me viene bien aprovecho.

            Metidos en bares, he buscado el Café Martinho, Yo se lo había leído a Pessoa, cuenta que iba, hace cien años. El otro día, o noche, en una novela de Eça de Queirós, para mi tonta sin haberla terminado, pero para Portugal importante, Teodoro, el personaje, se pasaba mucho tiempo en el Café Martinho, por la mitad del XIX século. Para más inri, también Ricardo Reis recalaba en sus paseos por el citado Café, y me imagino que Saramago, también iría por allí si el famoso café estuviera en pie.

            No tenía más remedio que intentarlo. Y allí en la esquina NE de la Praça do Comercio, el Café Martinho estaba esperándome, y quizá que muy parecido a como estuviera en sus principios. Hablando, con digamos el cheff, le he contado que yo conocía el Café por Queirós, Pessoa y Ricardo Reis, me miraba como a un bicho raro, pero me ha entrado, me han dejado fotografiarlo, me ha enseñado la mesa donde se sentaba y escribía Pessoa, que está allí como reliquia y quería, él, hacerme una foto sentado en ella; yo le he dicho que no me atrevía, que se me podría aparecer luego.

            También he aprendido que además de muchas poesías, rarillas, y mi guía de Lisboa, Fernando Pessoa escribió también el primer anuncio de Coca Cola para Portugal, allá por los años 20. Traducido por mi y de memoria, venía a decir: “Bebida que al principio extraña, y después entraña”. Nunca se utilizó como anuncio. Ni se bebió Coca Cola en Portugal hasta después del golpe del 25 de Abril. No explican porqué; ciertos regímenes políticos tienen tendencia a prohibir, como les pasa a los de adelgazar.

            ¡Vaya tarde de bares que he echado hoy!  En un sitio importante y al paso, en la Plaza del Comercio, vi. el otro día un café grande y bonito que nunca había visto antes. Y esta tarde he ido, es café y es restaurante, esto pasa casi siempre, esta estupendo y tengo que volver. Una chica joven y guapa, de nombre ruso pero sangre portuguesa me ha explicado que es muy nuevo y que vuelva, que están muy bien. Volveré. Se llama Café Central.

            Esta tarde he vuelto a ver como dos o tres veces otros días, un grupo de gente que pone música en algún sitio, esta tarde en un quiosco de música, y echan la tarde bailando. Me da la sensación de que es gente que le gusta más bailar que conocerse, mientras bailan parecen muy amigos, más que amigos, pero cuando cesa la pieza, cada uno se va para un lado y encuentran pareja nueva, y así, seguido. Bailan bien, queda bonito y parece que se lo pasan a modo. A mi me hubiese gustado saber bailar esta tarde; pero como estoy operado.

            También esta tarde me he paseado por la famosa Plaza como se paseaban los señoritos, con las manos atrás, en la Plaza de Huéscar. Se tarda siete minutos en una vuelta. Y finalmente ya casi en casa he recalado en  Medrosa, no estaba mi amiga Raquel, pero ya me conocen.

            Cuando he subido a casa…  Gregorio ya no estaba aquí. Y en Spotify Amalia Rodrígues suena sin cansancio.

1 comentario:

  1. Si has hecho un buen recorrido de bares,si. Es lo bueno de que te hayas quedado solo, que no tienes que consensuar a que bares vas y además ya mismo tienes de nuevo compañía. Yo voy a tener saudade una
    larga temporada

    ResponderEliminar