domingo, 10 de marzo de 2019

E Cazes de Altea


D10      No es fácil escribir …

            … si se tiene poco tiempo para hacerlo. Y yo llevo ahora tiempo de visitas, y encima como con visitas hablo mucho, quizá demasiado, pues escribo poco. Es la vida.

            El día 3 domingo vinieron mis amigos Antonio y Lola desde Altea, visita largo tiempo esperada y deseada. Las visitas, me parece siempre que van a ser repetición de la anterior y, luego resulta que no se parecen. Lisboa es siempre casi la misma, e incluso los lugares que se recorren a la fuerza se repiten, pero sin embargo nada es igual. La verdad está en Heráclito, siempre los clásicos. Panta rei, o ‘no te bañarás dos veces en el mismo río’; la segunda vez habrás cambiado tú, el agua y el día; por lo menos. Lo cual está muy bien, menos mal.

            Intentando recordar aguas diferentes, el viaje a mas de literario, ha sido arquitectónico, como Antonio fue arquitecto, los edificios, los puentes, las estructuras se ven y se hablan de otra manera. Hemos echado  buenos ratos disfrutando la cubierta increíble y formidable que D. Álvaro Siza extendió para el Pabellón portugués en la del 98, o la filigrana, el laberinto y las fuerzas en las estación de Calatrava, o la estabilidad de la Torre de Vasco de Gama. No había estado nunca y estuvimos en la Fundación Champalimaud, en el extremo de la zona de Belem, es un centro de estudios y terapias oncológicas, pero mas parece una exhibición de arquitectura y de equilibrio para el espíritu. Los edificios de la Av de las Liberdades aunque vistos desde la misma calle parece que se ven bajo distinto ángulo.

            Si. Panta Rei. En el Gulbenkian también sonaba otra música a pesar de ser el mismo sitio y quizá la misma banda; esta vez sonaba a Malher y a Shostacovich. Sin embargo en Cais do Vinhos el tío cantaba tan fuerte que no sólo se le oía a él. Y en el Palacio Foz, el mismo piano sonaba de otro tono que otros lunes. No sé si era Machado quien decía del Duero, recién nacido, antes de llegar a Soria, que nadie bajaba a oír su eterna estrofa de algo, siempre con la misma música, pero con distinta agua. Y por seguir con música también tuvimos la suerte de volver (yo) a oír fados en la Tasca de Paolo, mi amigo de la Finca y Bodega de Picarse, ¿os acordáis?. Los fados si que me parecieron los mismos, son muy repetidos, sin embargo hubo mucho vino y mucha sociedad; quizá por el vino.

            El mundo esta lleno de gente curiosa y distinta, lo malo es que pasan por nuestro lado sin darnos cuenta. Hemos estado dos días con dos señoras de vascongadas, María Jesús e Isabel, amigas de amigos. Un encanto, y eso que eran vascas; aunque la verdad es que los vascos ya no son malos, los malos de ahora, y de verdad, son los de Cataluña. Panta Rei. Saben de vinos, más que los tertulianos especializados que haya en teles y radios, son viajeras natas y al rato de estar con ellas parece que lo has estado siempre, Podría contar mucho y bueno de ellas, pero con esto de la protección de datos da miedo hablar.

            Hemos comido y casi cenado a diario, me cuesta acordarme, pero recuerdo haberlo hecho en Casa de Paolo bajo una parra, en el Palacio Chiado en plan de lujo, en UMA un arroz con bogavante, en una taberna portuguesa, sola y rara, cosas raritas y buenas, en la cervecería Trindade también, etc. etc.

            De las conversaciones no puedo acordarme, pero me gustaría, y no me importara repetirlas otra vez, si es que Heráclito nos dejase. Esta pareja habla bien y además tienen buena conversación.

            El día seis llegó Gregorio P, y se unió a la conversación, a las comidas, a los fados y a las vascas; uno más del grupo.

            El día 8, aunque éramos tres los hombres y solo una las mujeres, celebramos el MeTuMe debidamente, y ni más ni menos que entre las sierras y palacios de Sintra. Se nos olvidó que antes de lo de las mujeres y su MeTuMe era el día de San Juan de Dios. Panta Rei; es muy difícil llevar dos santos a la vez.

            ¡Cómo se alarga y se trabuca el tiempo!, ayer por la mañana se volvieron a casa los de Altea, y yo ahora mismo no sabía si se habían ido hace días , o mañana. La vida desordenada a veces nos lía. Se fueron y se dejaron muchas cosas por hacer, como yo me he dejado muchas por contar. Ellos tuvieron que irse y yo tengo que acabar. Ni las cosas ni Heráclito vienen siempre como nos conviene.

No hay comentarios:

Publicar un comentario