14 de Marzo Otra
vez abandonado.
Hoy, cuando la
siesta, Gregorio P ya no estaba aquí.
Mi sino es ser
abandonado. Hoy otra vez me he quedado tirado, y ya van siete u ocho veces
en Lisboa, unos y otras siempre se van, de aquí y de donde esté. Pero bueno, me
apañaré con la Lisboa
que pronto abandonaré yo.
Con
Gregorio, estos días han sido como se acostumbra por aquí, callejear y ver, mientras
se mira, se habla, se bebe se come y se disfruta.
Recorrimos
otras calles del Barrio Alto hasta
llegar al de Amoreiras volviendo por la de las Liberdades y la Baixa , hemos
paseado las Ribera das Naus en los dos sentidos y por sus dos lados, y
recorridas las calles escondidas, retorcidas y bonitas de la Alfama. Hemos vuelto a
comer en UMA, Una Marisquería Acojonante,
sólo hacen arroz con mariscos, pero a Gregorio y a mi nos gustó la vez
anterior, a los demás también les gustó, pero ellos no han podido repetir. Dicen
que una ciudad empieza a conocerse cuando empieza a repetirse, las marisquerías
también.
El domingo
hizo un día de tiempo fabuloso, en realidad todos los días hemos tenido esa
suerte, y nos fuimos a MontSanto con la merienda en la
mochila, entramos por los Jardines de Amalia R y salimos por Ajuda, 12 o más
kilómetros de monte y Primavera, aunque Gregorio que venía en plan más urbano
no le gustó tanto. Otro día, el Lunes, nos fuimos en barco hasta la orilla
opuesta, el Alemtejo, la que parece África,
y buscamos comer en Montijo, un pueblo no tan chico y no tan bonito ni de mérito,
se trataba de cambiar de orilla y navegar para ello. Y si encontramos un sitio
para comer muy bueno; Gregorio es un lince en eso de buscar y encontrar buenos
sitios para comer; es un especialista. Volvimos a tiempo del Concierto de los Lunes, y luego
subiendo la misma pendiente que el Elevador
de Gloria, que no a la Gloria , subimos hasta Alcántara
para buscar la Cervecería de
Trindade, que ya es un clásico.
El martes
toco ir en comboio, tren, al Parque das Naçoes, y vimos un Oceanario, lleno de peces grises y de
colores, rodeados de diez colegios desbocados. Y nos dio tiempo en el camino de
vuelta, ahora en autocarro, a parar en el Museo
do Azulejo, que yo vi al principio de estar aquí; sigue igual de bonito e
interesante.
El Miércoles
por la mañana la empleamos en recorrer Belém y visitar Los Jerónimos y la famosa
Torre. Volvimos andando y viendo para comer a mitad de camino en “Último
Porto”, un restaurante estupendo de comer peixes grelados, a la
parrilla; no sé si era el último puerto o el penúltimo, pero si debía ser de
los más escondidos y muy bueno. Por supuesto lo investigó y descubrió Gregorio.
Y hoy, la última
mañana, hemos hecho visitas cercana: el Hotel
Memmo, o de Eloy, el Teatro Romano,
una tienda de Pasminas de Pasión y
el Museo de la Liberdad o del 25 A . La exposición de Frases de Saramago y 20 Noveles más, la
acababan de quitar. Y nos hemos tomado la cerveza en el Café Central despidiéndonos de la Praça do Comercio, que siempre acaba siendo
el trozo de Lisboa más visitado y agradecido. Después Gregorio ha hecho una magnifica
Vitela , ternera, con Patatas a Su Estilo
y hemos comido tan bien como en la calle, y con una relación calidad/precio
inalcanzable.
Y estas han
sido, mal contadas, algunas de las cosas que pasaron en la última visita de
este Erasmus
en Lisboa. Ha habido más cosas y muchos buenos ratos de casa y de
calle, muchas conversas y sitio visitados, pero en mi memoria no cabe tanto.
Hablando de
otros temas. Lo de Porto se me puso difícil,
ni con ayuda de empeñados buscadores e informáticos encontrábamos piso en
Porto, primero caros y luego complicados. Finalmente gracias a mi hijo Jose
tengo un piso para pasar un mes allí, en la Plaza de La Alegría. Lo que significa
que en Mayo estaré de vuelta. Me he hecho a la idea y hasta me apetece volver a
la vida de las cosas normales.
No es que
esté yo con el Síndrome (SCP) exactamente, pero si es verdad que llevo días
pensando en Huéscar y en Granada más que antes. No me resisto a transcribir aquí
dicho síndrome hecho soneto por Paco Vida; y de paso esta bitácora no queda tan
prosaica.
Adolezco de un síndrome
viajero
por la Cuerda del Pozo conocido,
que surge a la mitad
de un recorrido
y vuelve atrás al más
aventurero.
En medio de un viaje placentero
te vienen ganas de volver al nido;
inviertes de tus
pasos el sentido
y tornas otra vez al
agujero.
El síndrome fatal te
da coraje,
ya que parte por dos
cualquier viaje
y cuando falta quizá
el mejor trozo.
Por eso hay que
llevar en el hatillo
unas buenas tijeras o
un cuchillo
para cortar la cuerda
de aquel pozo.
Del libro: Quizás volver al Sur
https://issuu.com/pacovida/docs/quizas_volver_al_sur
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
ResponderEliminarEl río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado, como los muelles en el alba,
es la hora de partir ¡oh abandonado!
( ... )
Paco V. (no, no soy el autor)