lunes, 25 de marzo de 2019

E62 Sábado y Domingo


Marzo 24 y Lunes

            Me doy cuenta que voy a empezar hoy como terminé ayer, pero es que estoy sorprendido, aquí llevamos más de un mes, a lo mejor dos, de Primavera y estas últimas semanas un poco más. De vez en cuando oigo que vuelve el frío y la lluvia, pero por Lisboa no pasan. Es estupendo, pero parece como si a mi cuerpo lo extrañara, sólo cierro los balcones a la noche. ¡ Mira que si es verdad y está empezando ahora el calentamiento global que tanto prevenían !

            No llevo la cuenta, pero puede que Belém y la Fundación Gulbenkian hayan sido dos de los sitios más visitados por mi parte en Lisboa. Por algo será.

            Repasando, el otro día me redí cuenta que allí, en Belém, siguen el Museo de la Marina y la Sede de la Presidencia de la República, y que para una nación que fue de los Imperios más anchos de la Tierra y ahora es republicana, merecían una visita. Aparte de que ya casi no sé dónde ir.

            En parte del Monasterio de los Jerónimos, que siempre me parecía más grande por fuera que por dentro está montado el Museo de la Marina Portuguesa, hay mapas y algunos aparatos para la navegación, pero sobre todo hay maquetas de navíos, desde una canoa individual  a portahelicópteros. En verdad que a mi las maquetas creo que me gustan de lo que sean, pero las de barcos a vela quedan especialmente lucidas; son increíbles y parecen perfectas. Pude estar allí dos horas y más hubiese estado. Y otra vez la consideración del esfuerzo y la energía gastadas en matar y en no morir. A veces me pregunto si la vida es tan buena, si nos va tan bien que somos capaces de hacer tanto para no perderla. Dejando aparte cuestiones tan difíciles, el Museo de la Marina es una maravilla de ver y de pasear; Yo volvería.

            A la salida estaba el Planetario de Lisboa, Me parecía estar en la línea del horizonte, donde decía la canción que el Mar y el Cielo parece que se unen. Aquí en todos los museos hay cafetería-restaurante, que además suelen estar muy bien y allí me tocó comer. A través de los ventanales se veía la Praça do Imperio Portugués.

           
            El Presidente de la República se llama Marcelo Rebelo de Sousa, y la Sede está a 100 metros de los Jerónimos, en la misma acera. Data del siglo XVI, aunque no lo parece, y fue particular hasta que lo compró un rey y fue residencia Real príncipesca. Allí estaba el Rey cuando el terremoto y por eso se libró. Siguió viviendo allí pero en una gran tienda que montaron donde los jardines, mientras hacían, nuevo, el Palacio Real en Ajuda, de madera para que no se cayese en el próximo temblor, que no llegó, pero mientras tanto si llegó el fuego y ardió enteretico. Ahora es sede de la Presidencia, pero la mayoría de los Presidentes lo utilizan sólo para la recepción del Primer Ministros, embajadores y visitantes institucionales. Está bien, sencillo, poco impresionante, buenos jardines y muy cerca del Tajo. Antes estaba bastante más cerca, pero para hacer la línea de tren a Cascais le ganaron unos 100 m al río, y lo alejaron un poco de palacio. Aquí un domingo al mes se realiza un cambio de guardia espectacular, que me he perdido. También me enteré que el Presidente vive a diario en Cascais y no me enteré de qué hace a diario ni en donde. Se me olvidaba la residencia se llama Palacio Nacional de Belém.

            Ya de vuelta, a Ribera das Naus era otra fiesta, parecía la exaltación de la Primavera. Y al ladito, na Praqça Comercio, cientos de profesores con las manos llenas de pancartas y una tribuna llena de oradores reivindicaban a gritos que les hagan mejor las cuentas de los trienios y servicios, me pareció a mi. También me pareció asunto de otro mundo lejano, antiguo y triste. En verdad que fue un choque. Ahora pienso que el que estaba en otro mundo era yo.

            Todo lo anterior sucedió el sábado 24, me lío con los tiempos en que suceden las cosas y el tiempo en el que escribo, mas el título de la entrega.

            Pues en la noche del mismo sábado, tuve cine. En la Cinemateca proyectaban a las 9.30 de la noche la película de Zorba el Griego de 1964, 54 años hace ya. Me fui con pereza, cené allí en un patio de verano magnifico que tienen, y me vi un peliculón, verdad es que le tenía ganas, y es también verdad que me gustó mucho. No me acordaba absolutamente de nada, ni siquiera conforme pasaban las cosas; para nada. Sólo de la última escena, el Sirtaki en la playa y que era de Antony Quinn. Muy fuerte, muy dura. ¡Qué diferencia en la forma de filmar la violencia  hace 54 años y ahora ! Antes bastaba un plano, o menos.


            Ayer domingo y 24, por este asunto de querer despedirme de las calles, de los árboles y de los sitios, como hice a los pocos días de llegar a Lisboa, me fui a la última estación de una línea de Metro, la misma que la otra vez, a Telleiras, y me fui viniendo, parando y despidiéndome a lo largo de 14 km. Como diría Eloy, atravesé muchas Lisboas. No dejan de sorprenderme y de gustarme. Hacia un día fenomenal y Luz de domingo. El Gulbenkian estaba hasta los topes, era casi todo gratis, y las colas y el césped estaban a reventar. Yo pasé por allí, aparte de por otras cosas para ver una exposición sobre el Cerebro y otra sobre Don Calouste G, no pudo ser; demasiada cola. Comí y sesteé allí de casualidad. También disfruté mucho la zona de Saldanha y ví bastantes cosas y casas nuevas a lo largo del camino. Cerveceé, merendé y me anocheció.



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