Marzo 24 y Lunes
Me doy cuenta
que voy a empezar hoy como terminé ayer, pero es que estoy sorprendido, aquí
llevamos más de un mes, a lo mejor dos, de Primavera y estas últimas semanas un
poco más. De vez en cuando oigo que vuelve el frío y la lluvia, pero por Lisboa
no pasan. Es estupendo, pero parece como si a mi cuerpo lo extrañara, sólo cierro
los balcones a la noche. ¡ Mira que si es verdad y está empezando ahora el
calentamiento global que tanto prevenían !
No llevo la
cuenta, pero puede que Belém y la Fundación Gulbenkian
hayan sido dos de los sitios más visitados por mi parte en Lisboa. Por algo será.
Repasando, el otro día me redí cuenta que allí, en Belém, siguen el Museo de la Marina y la Sede de la Presidencia
de la República ,
y que para una nación que fue de los Imperios más anchos de la Tierra y ahora es
republicana, merecían una visita. Aparte de que ya casi no sé dónde ir.
En parte
del Monasterio de los Jerónimos, que siempre me parecía más grande por fuera
que por dentro está montado el Museo de la Marina Portuguesa ,
hay mapas y algunos aparatos para la navegación, pero sobre todo hay maquetas
de navíos, desde una canoa individual a
portahelicópteros. En verdad que a mi las maquetas creo que me gustan de lo que
sean, pero las de barcos a vela quedan especialmente lucidas; son increíbles y
parecen perfectas. Pude estar allí dos horas y más hubiese estado. Y otra vez
la consideración del esfuerzo y la energía gastadas en matar y en no morir. A
veces me pregunto si la vida es tan buena, si nos va tan bien que somos capaces
de hacer tanto para no perderla. Dejando aparte cuestiones tan difíciles, el
Museo de la Marina
es una maravilla de ver y de pasear; Yo volvería.
A la salida
estaba el Planetario de Lisboa, Me
parecía estar en la línea del horizonte, donde decía la canción que el Mar y el
Cielo parece que se unen. Aquí en todos los museos hay cafetería-restaurante,
que además suelen estar muy bien y allí me tocó comer. A través de los
ventanales se veía la Praça do Imperio Portugués.
El Presidente
de la República
se llama Marcelo Rebelo de Sousa, y la Sede está a 100 metros de los Jerónimos,
en la misma acera. Data del siglo XVI, aunque no lo parece, y fue particular
hasta que lo compró un rey y fue residencia Real príncipesca. Allí estaba el
Rey cuando el terremoto y por eso se libró. Siguió viviendo allí pero en una
gran tienda que montaron donde los jardines, mientras hacían, nuevo, el Palacio Real en Ajuda, de madera para
que no se cayese en el próximo temblor, que no llegó, pero mientras tanto si llegó
el fuego y ardió enteretico. Ahora es sede de la Presidencia, pero la mayoría
de los Presidentes lo utilizan sólo para la recepción del Primer Ministros,
embajadores y visitantes institucionales. Está bien, sencillo, poco
impresionante, buenos jardines y muy cerca del Tajo. Antes estaba bastante más
cerca, pero para hacer la línea de tren a Cascais
le ganaron unos 100 m
al río, y lo alejaron un poco de palacio. Aquí un domingo al mes se realiza un
cambio de guardia espectacular, que me he perdido. También me enteré que el
Presidente vive a diario en Cascais y no me enteré de qué hace a diario ni en
donde. Se me olvidaba la residencia se llama Palacio Nacional de Belém.
Ya de
vuelta, a Ribera das Naus era otra
fiesta, parecía la exaltación de la Primavera.
Y al ladito, na Praqça
Comercio, cientos de profesores con las manos llenas de pancartas y una
tribuna llena de oradores reivindicaban a gritos que les hagan mejor las
cuentas de los trienios y servicios, me pareció a mi. También me pareció asunto
de otro mundo lejano, antiguo y triste. En verdad que fue un choque. Ahora pienso
que el que estaba en otro mundo era yo.
Todo lo
anterior sucedió el sábado 24, me lío con los tiempos en que suceden las cosas
y el tiempo en el que escribo, mas el título de la entrega.
Pues en la
noche del mismo sábado, tuve cine. En la Cinemateca proyectaban a las 9.30 de la noche la película
de Zorba el Griego de 1964, 54 años
hace ya. Me fui con pereza, cené allí en un patio de verano magnifico que
tienen, y me vi un peliculón, verdad es que le tenía ganas, y es también verdad que
me gustó mucho. No me acordaba absolutamente de nada, ni siquiera conforme
pasaban las cosas; para nada. Sólo de la última escena, el Sirtaki en la playa
y que era de Antony Quinn. Muy fuerte, muy dura. ¡Qué diferencia en la forma de
filmar la violencia hace 54 años y ahora
! Antes bastaba un plano, o menos.
Ayer
domingo y 24, por este asunto de querer despedirme de las calles, de los árboles
y de los sitios, como hice a los pocos días de llegar a Lisboa, me fui a la última
estación de una línea de Metro, la misma que la otra vez, a Telleiras, y me fui viniendo, parando y
despidiéndome a lo largo de 14 km. Como diría Eloy, atravesé muchas Lisboas. No
dejan de sorprenderme y de gustarme. Hacia un día fenomenal y Luz de domingo. El Gulbenkian estaba hasta los topes,
era casi todo gratis, y las colas y el césped estaban a reventar. Yo pasé por
allí, aparte de por otras cosas para ver una exposición sobre el Cerebro y
otra sobre Don Calouste G, no pudo ser; demasiada cola. Comí y sesteé allí de
casualidad. También disfruté mucho la zona de Saldanha y ví bastantes cosas y casas nuevas a lo largo del camino. Cerveceé, merendé y
me anocheció.
No hay comentarios:
Publicar un comentario