Marzo
28. Lisboa se acaba.
Hoy y mañana
será Lisboa pasado mañana, sábado y 30, me cambiaré a Porto..
Pero mientras,
como aquí se ha tratado de contar algunas de las cosas que pasaban o pensaba,
seguiremos hoy con la tarea, pero no se me va de la cabeza.
Ayer y
antes de ayer alquilé un coche y me fui a recorrer unos sitios que tenía ganas
y que se han ido quedando para su momento, que ha sido ahora. El primer coche
que alquilé en Portugal costó la irrisoria cantidad de 7, siete, euros diarios;
estos días ha costado cuatro veces más. Dicen que depende de un algoritmo y de
la demanda. Después de parar a tomar café, cada vez me hace más falta el café
de media mañana, paré en Entremoz, a 30 ó 40 km de Badajoz, lo primero
que llama la atención es que aquello parece de mármol, tiene un castillo lindo
y es de mármol entero hasta donde se ve, igual pasa en las iglesias y en las
puertas, ventanas y zócalos de las casas. Resulta que desde siempre pasa por
allí una veta de eso, y ya desde el tiempo de los romanos sacaban mármol para
todo. La veta mide 80 km
x 20 km
y no sé cuanto de hondo. Al Castillo no se podía subir por sobra de viento
(sic), pero si pude tomarme una cerveza en la cárcel, bonitamente transformada
en bar-restaurante y dar una vuelta por calles y plazas.
Mi
siguiente destino era Borba, capital del mármol decía mi guía,
pero di dos vueltas con el coche y allí no se veía un sitio bonito para estar
un rato, así que seguí a Vila Viçosa que estaba al lado y que es la capital de
muchas cosas; allí dormiría.
Vila
Viçosa enseguida se ve que es un pueblo especial, todo ordenado,
limpio, todo casas bonitas y normales, iglesias que sobresalen y sobre todo
sobresale un pedazo de Palacio espectacular, Palacio Ducal le llaman. Era palacio desde primeros del s. XVI y es
la cuna y casa de la dinastía de Braganza, Casa de reyes desde entonces hasta
que se acabó la monarquía. Comí estupendamente en un sitio recién abierto, pero
bonito y de madera que se llamaba ni más ni menos “CraftBBS” ni más ni
menos. El Palacio es enorme, 100
m de fachada, de mármol por supuesto, y por dentro salas
y salones con muebles, pinturas, cerámicas y cosas; bonito como todos los
palacios. Lo más interesante fue la
cocina, enorme y sin un hueco en la pared que no estuviese ocupada por un
cacharro de cobre de todas formas, tamaños y funciones, brillantes como si les
estuviese dando el sol, increíble; salvo las asas de cacerolas y rabos de
sarteners todo era color y brillar gitano. Tonto de mi, por hacer caso de los
letreros, que indicaban no hacer fotos; me quedé sin una de las fotos mas
espectaculares de Vila Viçosa.
Viví en un
la “Casa
do Colegio Velho”, antiguamente iba a ser un colegio jesuítico, pero
ahora es de una familia que lo ha convertido en sitio de vivir y dormir, ocho habitaciones
y muchas más llenas de encanto. Estupendo el sitio, y la señora.
El pueblo
tiene una Pousada, como los paradores de aquí, un Hotel-Spa de 5 estrellas, otros normales,
galerías de arte, tiendas de antigüedades, tiendas de cosas bonitas, un
castillo estupendo, una ciudadela amurallada, y plazas grandes y espacios
estupendos, aparte de muchos bares y restaurantes abiertos y cerrados. Y todo
eso para 8.000 habitantes más visitantes, pero estando yo, entre las siete y
las diez y media de la tarde y de la noche, no había nadie, 12 ó 15 personas
entre todos los bares y dos coches por la calle. No sé si saldrían después.
Por la
mañana siguiente pude visitar la ciudadela y castillo con luz del Sol, un museo
del mármol, y un mirador en un altillo para ver un poco del Alentejo, todo
hermoso y lleno de encinas y alcornoques.
En el museo
muchas fotos y trozos y piezas de mármol, aparte de alguna cosa más, pero allí
me enteré de que la “Pedrera del Rey”
era visitable y espectacular, y allí me fui; y lo era. Era tan grande que se
perdían la dimensiones, y los que trabajaban a 120 m del fondo de un hoyo
apenas si se veían. La zona, todo aquello es todo como muchos estercoleros de
piedras de mármol sin pulir por todos lados.
Después del
poco interés de Borba, cambié la visita a una serie de pueblecillos que decía
mi guía, la de Anaya, cambié el plan por irme a Elvas. Elvas también es bonito y grande, está al lado y muy
hermanado con Badajoz, está lleno de fuertes
y fortines, extraños; como si aquello fuese un campo de entrenamiento de
guerras artilleras. Tiene también un acueducto enorme de grande y de feo, pero
curioso.
Luego de
vuelta, me vine por la autovía y me aburría. Así es que vi un letrero que decía
Évora, y fuime para ella. Sigue tan
bonita y bulliciosa como la última vez. A las ocho y pico entraba mi coche
alquilado sin novedad.
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