viernes, 22 de marzo de 2019

E61


V22  Lisboa se me acaba

            Ya llevo días viendo y pensando que esta temporada se me acaba, que ya mismo Lisboa será un recuerdo, que lo que no haya visto o hecho se quedará sin  hacer y sin ver; yo siempre pienso que dejar cosas sin hacer es dejar motivos para querer volver, pero tampoco quisiera dejar muchos. El caso es que pienso muchos ratos en que Lisboa se me termina. Mañana será el último sábado, y pasado el último domingo, y así ya, cuesta abajo.,

            Pensando en cosas que quería y que me quedan, volví a ojear, u hojear, nunca sé, pero pienso que las dos formas deben ser buenas según pasemos los ojos o las hojas, la guía de Fernando Pessoa escrita hace cien años y que me regaló Pedro G para venirme. Vi que me quedaba ni más ni menos que la Sociedad Geográfica de Lisboa. Ya sabía para donde tenía que andar, para el Rossio. La SGL está bien haberla visto, tiene más años que la guía de Pessoa y se conserva como el primer año, subes en un ascensor del s XIX y parece un viaje en el tiempo, conservan y muestran un montón de piezas pequeñas de las mil colonias que Portugal tuvo. La Sala Portugal es una sala muy grande, enorme, preparada para dar conferencias desde el siglo XIX y que siguen dando, rodeada de tres pisos de vitrinas llenas de más piezas imperiales. Una chica muy agradable me iba guiando y contando; parecía que me iba guiando Pessoa, don Fernando. Luego, el mismo ascensor que lleva 140 años de sube que baja, me volvió al siglo 21. Me dio la impresión que allí tenía que haber más cosas, pero no serían para el público no geógrafo. Si me dijeron que hay un restaurante donde sirven a medio día y me enseñaron la sala de esperar, también del XIX. Quisiera ir a comer un día, quizá me venga bien el último lunes.

            Desde el mirador de Alcántara siempre llama la atención una cubierta que parece metálica, de dos colores, como un casquete esférico y que recuerda a un circo, que no puede ser, pero al volver de Alcántara se me olvida siempre su existencia.  Otra vez Pessoa; cuenta del Coliseo dos Recreios que por allí había, en esa zona. Y en efecto allí está, pero con el nombre escondido. No se visita pero hay espectáculos. Hoy cantaba un tal Paulo Gonzo, a las 9.30 y con entradas que iban de 60 a 18 euros. Cuando he ido a sacar billete por la Red solo quedaban unos, muy pocos, de a 42. He oído un poco de ese tal Gonzo en LaRed, y 42 euros solo por ver el teatro y soportarlo a él, más el paseo nocturno, me han quitado las ansias. Pero me flipa la actualidad de una guía de hace 100 años; y es que cien años son nada.

            La chica de la GSL, que debió verme curioso, sugirióme entrar en “A Casa do Alentejo”, que estaba próxima y que yo había visto varias veces por fuera sin ocurrírseme ni entrar. Y entré. También tenía 120 años, pero peor llevados. Tiene un patio espectacular repleto de arcos árabes con el intradós angrelado (arquillos dentro del arco), aquello era arabizante y agobiante por todos los lados menos un comedor enorme y precioso, a mas de barroco y dorado, que parecía traído del Palacio Foz. Había también otro comedor más normal y una cantina feilla, a mas de algunas salas o habitaciones para que los del Alentejo jugasen a las cartas, al billar y esas cosas mientras estuviesen por Lisboa.

            Luego le pasó algo al teléfono y al reencenderlo me pidió el pook que yo no tengo y no lo pude conseguir en laRed porque no era hora de oficina. Pasé un mal rato, 24 horas.


            Hoy
Me quedaba por ver un espacio que se llama Cordaría, que está por Belém, y donde he visto varias veces anunciadas cosas. Además Cordaria, es un conjunto de cuatro naves de 200 m de largas, según GoogleMap, de la Marina ocupadas en hacer cuerdas, cabos, para la marina, de ahí su nombre.

            Antes que eso, y por no poder bajarme del autocarro, de gente que llevaba los Gerónimos, he visto y entrado a ver el Museo de la Presidencia de la República. Discreto, elegante y sencillo, con retratos de los Presidentes de desde 1910, la colección con los regalos de Estado, algunas cosas más y una maqueta del Palacio de la Presidencia, que de chiripa me van a enseñar mañana.

             La Cordaria. Una metida, solo una exposición de fotografías muy buenas, todas o casi todas hechas en zoológicos,  y por un fotógrafo convencido de que todas la especies, millares, están en peligro de extinción inmediata. Lo que debe sufrir ese hombre.


            Aquí en Lisboa, y más yo, se anda mucho. Y andando me he venido, 3 ó 4 km más a comer en el Museo de Arte Antiga, como el Prado pero menos, que tiene un restaurante en unos jardines preciosos donde luego me he echado una siesta en el césped que ha sido de lo mejor del día. Luego he seguido andando, y en Lisboa y su costa sobre el Tajo era verano verano.

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