V22 Lisboa se me acaba
Ya llevo
días viendo y pensando que esta temporada se me acaba, que ya mismo Lisboa será
un recuerdo, que lo que no haya visto o hecho se quedará sin hacer y sin ver; yo siempre pienso que dejar
cosas sin hacer es dejar motivos para querer volver, pero tampoco quisiera
dejar muchos. El caso es que pienso muchos ratos en que Lisboa se me termina.
Mañana será el último sábado, y pasado el último domingo, y así ya, cuesta
abajo.,
Pensando en
cosas que quería y que me quedan, volví a ojear, u hojear, nunca sé, pero
pienso que las dos formas deben ser buenas según pasemos los ojos o las hojas,
la guía de Fernando Pessoa escrita hace cien años y que me regaló Pedro G para
venirme. Vi que me quedaba ni más ni menos que la Sociedad Geográfica de Lisboa. Ya sabía para donde tenía
que andar, para el Rossio. La SGL
está bien haberla visto, tiene más años que la guía de Pessoa y se conserva
como el primer año, subes en un ascensor del s XIX y parece un viaje en el
tiempo, conservan y muestran un montón de piezas pequeñas de las mil colonias
que Portugal tuvo. La Sala Portugal es una
sala muy grande, enorme, preparada para dar conferencias desde el siglo XIX y
que siguen dando, rodeada de tres pisos de vitrinas llenas de más piezas
imperiales. Una chica muy agradable me iba guiando y contando; parecía que me
iba guiando Pessoa, don Fernando. Luego, el mismo ascensor que lleva 140 años
de sube que baja, me volvió al siglo 21. Me dio la impresión que allí tenía que
haber más cosas, pero no serían para el público no geógrafo. Si me dijeron que
hay un restaurante donde sirven a medio día y me enseñaron la sala de esperar,
también del XIX. Quisiera ir a comer un día, quizá me venga bien el último
lunes.
Desde el
mirador de Alcántara siempre llama la atención una cubierta que parece
metálica, de dos colores, como un casquete esférico y que recuerda a un circo,
que no puede ser, pero al volver de Alcántara se me olvida siempre su
existencia. Otra vez Pessoa; cuenta del Coliseo
dos Recreios que por allí había, en esa zona. Y en efecto allí está,
pero con el nombre escondido. No se visita pero hay espectáculos. Hoy cantaba
un tal Paulo Gonzo, a las 9.30 y con
entradas que iban de 60 a
18 euros. Cuando he ido a sacar billete por la Red solo quedaban unos, muy pocos, de a 42. He
oído un poco de ese tal Gonzo en LaRed, y 42 euros solo por ver el teatro y
soportarlo a él, más el paseo nocturno, me han quitado las ansias. Pero me
flipa la actualidad de una guía de hace 100 años; y es que cien años son nada.
La chica de
la GSL , que debió
verme curioso, sugirióme entrar en “A Casa do Alentejo”, que estaba
próxima y que yo había visto varias veces por fuera sin ocurrírseme ni entrar.
Y entré. También tenía 120 años, pero peor llevados. Tiene un patio espectacular
repleto de arcos árabes con el intradós angrelado (arquillos dentro del arco),
aquello era arabizante y agobiante por todos los lados menos un comedor enorme
y precioso, a mas de barroco y dorado, que parecía traído del Palacio Foz. Había
también otro comedor más normal y una cantina feilla, a mas de algunas salas o
habitaciones para que los del Alentejo jugasen a las cartas, al billar y esas
cosas mientras estuviesen por Lisboa.
Luego le
pasó algo al teléfono y al reencenderlo me pidió el pook que yo no tengo y no lo pude conseguir en laRed porque no era
hora de oficina. Pasé un mal rato, 24 horas.
Hoy
Me quedaba por ver un
espacio que se llama Cordaría, que
está por Belém, y donde he visto varias veces anunciadas cosas. Además
Cordaria, es un conjunto de cuatro naves de 200 m de largas, según
GoogleMap, de la Marina
ocupadas en hacer cuerdas, cabos, para la marina, de ahí su nombre.
Antes que
eso, y por no poder bajarme del autocarro, de gente que llevaba los Gerónimos,
he visto y entrado a ver el Museo de la Presidencia de la República. Discreto , elegante y sencillo, con retratos de los Presidentes
de desde 1910, la colección con los regalos de Estado, algunas cosas más y una
maqueta del Palacio de la
Presidencia , que de chiripa me van a enseñar mañana.
Aquí en
Lisboa, y más yo, se anda mucho. Y andando me he venido, 3 ó 4 km más a comer en el Museo de Arte Antiga, como el Prado
pero menos, que tiene un restaurante en unos jardines preciosos donde luego me he
echado una siesta en el césped que ha sido de lo mejor del día. Luego he
seguido andando, y en Lisboa y su costa sobre el Tajo era verano verano.
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