Marzo
20.X Sierra de Sintra
La mitad, por
cuantificar un poco, de las cosas que yo pienso durante el día, o la noche, que
quiero poner en la bitácora cuando me ponga en ella, se me olvida ponerlas luego;
lo bueno es que así es más breve y lo malo que a lo peor se queda lo mejor sin
decir; de todos modos no tiene la cuestión enmienda, ni la merece.
Viene lo
anterior a propósito de que uno que la lee me dice que está intrigado con Oporto, con que si me voy o no. Yo creía
haberlo dicho, pero puede que no. Por fin se solucionó el problema, primero lo acorté
de tres meses a uno por cuestión de precios, después lo reduje a ninguno por
cuestiones logísticas-informáticas, y después mi hijo Jose, que es un sol, se
puso y, me encontró un piso para un mes en la rua de La Alegría. Así pues allí estaré, habrá que vivir con menos relajo que en Lisboa y
aprovechar mejor el tiempo. Parece que
Porto, u Oporto, que no sé como hay que decirlo, tiene muchas cosas, es muy
bonito y con más y mejores alrededores que Lisboa; también dicen que todavía es
mejor gente que aquí; difícil. Total, que el día 30 sábado, que hay fiesta allí
dice mi patrona, me voy en tren con todas mis cosas, a pasar allí un mes y dos
días.
Ayer tarde
buscando en Wikiloc senderos, trilhos, por aquí cerca, di con uno por la Sierra de Sintra que a la
fuerza tenía que ser bonito y además era por sitios nuevos. La verdad es que me
estoy quedando, me he quedado, sin ideas de que hacer estos días; mis
pensamientos vagan por O Porto.
He
recorrido 20 km
por monte y trilhos, ha hecho un día fenomenal, he visto cosas interesantes
y estoy cansadillo, cansado. Me apetece más descansar que escribir, seguiré
mañana.
Hoy no es
ya mañana, es todavía ayer. Desde la cama sentía que el anticiclón se había
ido, algo lo decía en la poca luz que se filtraba, pero como es de las Açores y las Azores son portuguesas,
todavía sigue aquí. El Sol reluce en un cielo azul entero y una cola de
tirantes y calzones cortos siguen subiendo por mi calle camino de los Miradores
de la Alfama. Además
anoche mientras dormíamos llegó la Primavera , astronómica
por supuesto, que no siempre es el mismo día ni hora, debe ser cuando el Sol pasa
por un cierto punto de la Eclíptica
que Google no sabe decirme o yo no sé preguntarle.
Y ya que estamos pedantes, equinoccio significa
eso, que es igual la noche que el día, 12 horas para cada uno, y Solsticio, también significa eso, Sol
quieto, o que la Eclíptica
alcanza su máxima altura (en el de verano) y su mínima (en el de Invierno), y corre
menos, los días son casi igual de largos. Más pedanterías, el que quiera que
esté atento al próximo plenilunio, el último fue hace unos días, o uno, el
domingo siguiente será el de Pascua Florida, por eso la Semana Santa cae
siempre en Luna Plena y en Primavera. Todo esto me suena a mi por mi amigo del
alma, Fidel Argudo, que me lo
explicaba muy bien.
Yo, de mi
amigo Fidel que se lo llevó en Cangrejo,
como él lo llamaba, me acuerdo muchas veces; con él pasé muy buenos ratos y
aprendí cosas difíciles de aprender sin él. También me acuerdo mucho de Manuel Velázquez, por otras cosas también
buenas. Ayer en mi excursión magnífica los recordé más de una vez, y estando en
ellos y casi anocheciendo llegué a las afueras de Sintra, Google Map me dice al
oído que a la izquierda tome las escadinhas
de Alba Longa. Di un brinco y miré a mi alrededor asustado; yo supe que era
Alba Longa estando con ellos en la inauguración del Instituto de Armilla; véase
Wikipedia.
Yo me he
levantado hoy para contar mi excursión de ayer, y alguien me lleva por otros
vericuetos, que no están en la
Sierra de Sintra; o si.
Los senderos
de excursión están lejos de la
Alfama por que Lisboa es muy grande. Fui andando al Rossio, tomé un comboio que me llevó a Sintra y desde allí un autocarro que me llevó
a Monserrate, que recorrí despacio, después
andando hasta Os Capuchos y por
camino y Monte hasta las escaleras de Alba
Longa y cansado, al comboio después
de reponer fuerzas con un café con leite y un pastel riquísimo.
En Sintra
hay demasiadas cosas para entenderlas uno solo sobre un plano, además es un terreno
con una ‘geografía’ más que retorcida. Montserrate, que yo no había considerado
nunca es una finca residencial que por 1850 un aristócrata decidió convertir en
un sueño. En una sierra desarbolada creó un jardín romántico y enorme lleno de
especies exóticas muchas de ellas y una casa palacio que intenta parece
desgajada de la Alhambra. El
Jardín es un montón de senderos, casi laberíntico, con una vegetación
lujuriante, donde destaca un jardín japonés, otro mejicano, alguno normal, un valle de helechos arbóreos, fuentes ‘naturales’
y cascadas artificiales, rosaledas, ruinas inventadas para mayor romanticismo, un
puente que llaman romano, un arco que llaman del Japón, un cromlech artificial,
y así ad infinitum.
Para ir a Os Capuchos,
la excursión se puso montaraz, me curé del jaleo que los viajes de niños metían
en Montserrate. Cuatro kilómetros de
monte solo, solo el monte y solo yo, allí solo relieve, vegetación y pájaros, y
todo a su mayor potencia; ni me acordé que era la hora de la siesta; si me
acordé de aquello de ‘las tres tiendas’, me hubiera gustado hacerlas y quedarme
fuera. Y pensaba si Jose Antonio LM, ahora que está mejor, distinguiría entre
tanto trino.
Los Capuchos, o Convento de la Santa Cruz ,
fue fundado por un tal Álvaro de Castro a mediado del siglo XVI, por no sé qué
promesa. Es un sitio extrañísimo y difícil, pero tiene todo lo que ha de tener
un convento: iglesia, capilla, refectorio, sala de capitulo, cocina, sala de
aguas, farmacia o herbolario y claustro, pero todo como si fuese una gruta de
techos más bajos todavía, de celdas de puertas imposibles, todo amontonado,
todo de piedra y tierra, y muy estrecho, todo muy chico. Dicen que Felipe II, que también era Felipe I de
Portugal, decía que había dos sitios que estimaba mucho: El Escorial por ser
tan rico y Los Capuchos por ser tan pobres. Otra vez Wikipedia.
Ahora
tocaba volver, y volví. Al principio parecía que todo iba a ser camino
alquitranado pero en dos o tres kilómetros se convirtieron tierra. Gregorio y Antonio:
pasé por debajo de la Cruz
alta, no pude verla pero lo decía el mapa. El
Gps me llevó por caminos imposibles y completamente solos, ni siquiera pasé
por Sintra, por Alba Longa al comboio.
En resumen,
una delicia. Fue el último día del Invierno con un tiempo de verano y manga
corta, un monte delicioso y solo, vegetación con primavera incluida, música de
pajarillos, y desniveles subideros. Perfecto. Como siento, periurbanos, que os estéis perdiendo tanto.
Finalmente
llegué a Medrosa, mi bar de Alfama. Las cervezas parecía del cielo y mis
amigas oyeron mis historias
NB No sé si lo he dicho más de una vez, pero debería
haberlo dicho más de cien. En estos tiempos de laicismo que nos invade, habría
que adorar a alguien para no perder costumbres. Yo propongo adorar al móvil un rato cada día, yo a veces lo hago, a
la hora de Maitines y de Completas. Yo no sé de nada, persona,
animal o cosa que haga tanto por y para nosotros a diario, me faltaría página
para contar las cosas que ahora puedo hacer y que antes ni soñaba.
Por ejemplo: yo ayer caminé por sitios que ni sabía que
estaban en los mapas, iba y estaba solo, y en cada momento sabía por donde y a donde
iba, qué me faltaba y cuándo llegaría. Quedaba poca tarde y no me importaba que
se hiciera de noche en medio del monte, que no se hizo. Si un Gps y un
Navegador, son para adorarlos; y si no para no dejar de maravillarnos.
Y de Wikipedia?
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