lunes, 18 de marzo de 2019

E58 Verano y Japonesas


Mar_18  Verano y japonesas

                Aquí sigue el tiempo de verano y aunque las páginas meteorológicas anuncian su final, él ha pillado el camino y sigue. A mi la verdad es que me encanta el cielo azul y la temperatura llevadera; y que llueva de noche. El sábado la Ribera das Naus, que es igualito que un paseo marítimo, pero fluvial, aunque el fluvium es tan ancho que parece el mar, mas que paseo marítimo parecía una playa, la gente se arremangaba mangas, perniles y camisas y tomaba el sol como en la costa, aquello estaba a reventar. La marea estaba baja y el borde del río enseñaba a trozos arena de playa, las olas eran suaves y el agua, cosa rara, parecía limpia. No había ni mesa libre en las terrazas. Hice lo que me enseñó mi amigo Antolino, Homo Viator, en un super me compré una cerveza fría y unos frutos secos y encontré un banco con sitio en la ribera.

            La verdad es que por mas que estrujo mi mollera no puedo recordar que más pasó ese sábado, seguro que ocurrió poco, pero algo ocurría. Luego a la noche me dí cuenta que me había perdido ‘Los Cañones de Navarone’, que es una película de culto, familiar. Me acuerdo perfectamente cuando con muy pocos años, quizá 10 ó 12, me la contaba mi primo Jose Luis en la Plaza de Huéscar que había tenido la suerte de verla en Murcia, ¡qué envidia!. La ponían en La Cinemateca, creo que la reponen, estaré más atento.

            Para ayer domingo planeé irme a veranear por las playas de Caparica. Amaneció con más nubes que claros, pero yo ya tenía mi intención hecha Trecho andando hasta Cais de Sodré, comboio hasta Belém, barco hasta Trafaria, trecho hasta la playa y Paseo por la Muralha do mar, y vuelta. 10 +10 km. No tener nada que hacer equivale a ser el dueño del tiempo, que más da lo que tardes, casi mejor cuanto más dure. En cuanto sales de Trafaria, un pueblecillo al otro lado del río, empieza la arena, hay pinos y palmeras, y sobretodo hay acacias mimosas. Yo pensé que en Portugal no hubiera, y resulta, cosa extraña, que florecen en Marzo. Yo juraría que en Parque de Almunia se ponían a rabiar de amarillas en Enero/Febrero, para mi era el primer símbolo de que ese año también vendría la Primavera.

            Caparica empieza donde el Tejo se hace mar y la tierra gira a la izquierda, hacia el Sur, y sigue de playas hasta Cabo Espichel, que se ve al fondo, diez o doce kilómetros al Sur. Si luego doblásemos el Cabo estaríamos dando la vuelta a la Península de Setúbal y en Setúbal ciudad. Nos volvemos al principio de Caparica.

La parte de tierra es de arena formando dunas debidamente protegidas y sembradas de una especie de lastón para fijarlas y que no se muevan y se vayan, que yo creo que es perturbar su naturaleza, pero. Queda salvaje y bonito, pero algo más antropizado de la cuenta, entre letreros, vallas, pasadizos de madera para no pisar las dunas y espigones de rocas, o de gaviones. Lo que si es bueno es que las casas no se acercan a menos de quinientos metros del agua, parece que tuvieran hidrofobia, no sería invento malo.

            La parte del agua está llena de espigones, de arena de playa del color del oro y de agua del color del cielo y de la espuma. Y el agua propiamente dicha, el mar, esta lleno de gente forrada de neopreno y con una tabla de colores atada a los tobillos, esperando que llegue la ola que los lleve en volandas hasta caerse, pero la ola no llega, y ellos y yo venga a esperar.

            Entre la playa y Portugal corre un malecón, que llaman La Muralha do mar”, tiene un gran paseo por cima y a un lado uno tras otro, casi, chiringuitos muy bien puestos. Yo diría que que el lado donde quedaba Portugal continental estaba más bajo que el agua del otro lado, es decir que era terreno ganado al mar, y que si el mar se cabreara mucho y las olas cruzaran el malecón por encima o lo rompieran, la tierra volvería a ser mar. Me imagino que los ingenieros oceánicos habrán calculado bien, si es que tal se puede calcular.

            Como el día era bueno aunque con más nubes que claros, aquello estaba lleno, aunque cabían más, de familias con niños, abuelas, patinetas, bicis y todos esos arreos; en verdad que el ambiente era estupendo y yo me encontré algo solo. Y solo comí estupendamente en un chiringuito que se llama “Sentido do mar” que no sé como se podría traducir en bonito.

            Mucho después, tras mi andar, mi barco y mi tren llegaba a la plaza de Comercio, aquí todo empieza o acaba en ella, parece. Oscurecía, empezaba el fresco pero la gente seguía allí, menos en el Café Central, en la esquina, que es el mejor y el más vacío de la Plaza y por lo tanto de Lisboa. Por la mañana también estaba todo lleno, se celebraba una especie de Marathon urbana, yo vi la parte final por la avenida de la India e iba la avenida apretada y de gente que ya no corría, que andaban. Todos de amarillo. Parecía que fuese a venir Puigdemont.

            Empecé pensado que escribiría poco y todavía me queda lo de las japonesas. Ya en casa suena el timbre, aunque yo no tengo quien me llame sucede con frecuencia y siempre es nadie, pero yo salgo a ver si es un milagro. Esta vez subían por la escalera dos japonesas pequeñitas que arrastraban dos maletas tan grandes como ellas de chicas, y les ayudé a subir hasta el cuarto piso, entre sonrisas de agradecimiento pero sin palabras, ni inglesas siquiera.
            No habría pasado media hora. Tocaron tan suavemente unos nudillos en la puerta que tenían que ser las geishas. En efecto, sin palabras entendí que no podían abrir la puerta del piso al que venían (de AirBnB), entendí también que si tenía yo teléfono, intentamos llamar a la gestora de su piso, pero los teléfonos no se comunicaban. Inventé subir al piso a ver qué pasaba con la puerta. Ella se puso a manipular no sé qué en su teléfono y finalmente me mostró la pantalla, había escrito: “obrigado” entre caracteres japoneses. La cerradura era normal y se veía desarmado un cajetín electrónico que había donde el timbre. Manipulé un poco la llave, descubrí para qué lado era abrir y al segundo o tercer intento la puerta abrióse.
            Que lástima no poder hacer fotos con los ojos, hubiese retratado la Felicidad Absoluta, ¡¡ cuántas cosas puede decir una sonrisa; en este caso dos !! Primero atraviesan continentes y océanos, después y de noche las calles y escaleras de la Alfama, y por fin se atrancan por una cerradura de las más corrientes. Algún día cuando vuelvan a sus vidas normales, contarán más de una vez que un día un señor mayor y portugués primero les subió las maletas y luego les ‘salvó’ la vida, o por lo menos la noche. Y todo ello sin ninguno pronunciar palabra.


NB  Felicidades a los que se llamen Pepe. Ayer me enteré de donde viene lo de Pepe por José

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