Mar_18 Verano
y japonesas
Aquí sigue
el tiempo de verano y aunque las páginas meteorológicas anuncian su final, él
ha pillado el camino y sigue. A mi la verdad es que me encanta el cielo azul y
la temperatura llevadera; y que llueva de noche. El sábado la Ribera das
Naus, que es igualito que un paseo marítimo, pero fluvial, aunque el fluvium es tan ancho que parece el mar, mas
que paseo marítimo parecía una playa, la gente se arremangaba mangas, perniles
y camisas y tomaba el sol como en la costa, aquello estaba a reventar. La marea
estaba baja y el borde del río enseñaba a trozos arena de playa, las olas eran suaves
y el agua, cosa rara, parecía limpia. No había ni mesa libre en las terrazas.
Hice lo que me enseñó mi amigo Antolino, Homo Viator, en un super me compré una
cerveza fría y unos frutos secos y encontré un banco con sitio en la ribera.
La verdad
es que por mas que estrujo mi mollera no puedo recordar que más pasó ese sábado,
seguro que ocurrió poco, pero algo ocurría. Luego a la noche me dí cuenta que
me había perdido ‘Los Cañones de
Navarone’, que es una película de
culto, familiar. Me acuerdo perfectamente cuando con muy pocos años, quizá
10 ó 12, me la contaba mi primo Jose Luis en la Plaza de Huéscar que había
tenido la suerte de verla en Murcia, ¡qué envidia!. La ponían en La Cinemateca , creo que la
reponen, estaré más atento.
Para ayer
domingo planeé irme a veranear por las
playas de Caparica. Amaneció con
más nubes que claros, pero yo ya tenía mi intención hecha Trecho andando hasta Cais
de Sodré, comboio hasta Belém, barco hasta Trafaria,
trecho hasta la playa y Paseo por la
Muralha do mar, y vuelta. 10 +10 km . No tener nada que
hacer equivale a ser el dueño del tiempo, que más da lo que tardes, casi mejor
cuanto más dure. En cuanto sales de Trafaria, un pueblecillo al otro lado del río,
empieza la arena, hay pinos y palmeras, y sobretodo hay acacias mimosas. Yo pensé que en Portugal no hubiera, y resulta,
cosa extraña, que florecen en Marzo. Yo juraría que en Parque de Almunia se ponían
a rabiar de amarillas en Enero/Febrero, para mi era el primer símbolo de que ese
año también vendría la
Primavera.
Caparica
empieza donde el Tejo se hace mar y
la tierra gira a la izquierda, hacia el Sur, y sigue de playas hasta Cabo
Espichel, que se ve al fondo, diez o doce kilómetros al Sur. Si luego
doblásemos el Cabo estaríamos dando la vuelta a la Península de Setúbal y
en Setúbal ciudad. Nos volvemos al principio de Caparica.
La parte de tierra es
de arena formando dunas debidamente protegidas y sembradas de una especie de lastón para fijarlas y que no se muevan
y se vayan, que yo creo que es perturbar su naturaleza, pero. Queda salvaje y bonito,
pero algo más antropizado de la cuenta, entre letreros, vallas, pasadizos de
madera para no pisar las dunas y espigones de rocas, o de gaviones. Lo que si
es bueno es que las casas no se acercan a menos de quinientos metros del agua,
parece que tuvieran hidrofobia, no
sería invento malo.
La parte
del agua está llena de espigones, de arena de playa del color del oro y de agua
del color del cielo y de la espuma. Y el agua propiamente dicha, el mar, esta
lleno de gente forrada de neopreno y con una tabla de colores atada a los
tobillos, esperando que llegue la ola que los lleve en volandas hasta caerse,
pero la ola no llega, y ellos y yo venga a esperar.
Entre la
playa y Portugal corre un malecón, que llaman “La Muralha do mar”,
tiene un gran paseo por cima y a un lado uno tras otro, casi, chiringuitos muy
bien puestos. Yo diría que que el lado donde quedaba Portugal continental
estaba más bajo que el agua del otro lado, es decir que era terreno ganado al
mar, y que si el mar se cabreara mucho y las olas cruzaran el malecón por
encima o lo rompieran, la tierra volvería a ser mar. Me imagino que los
ingenieros oceánicos habrán calculado bien, si es que tal se puede calcular.
Como el día
era bueno aunque con más nubes que claros, aquello estaba lleno, aunque cabían
más, de familias con niños, abuelas, patinetas, bicis y todos esos arreos; en
verdad que el ambiente era estupendo y yo me encontré algo solo. Y solo comí
estupendamente en un chiringuito que se llama “Sentido do mar” que no sé como se podría traducir en bonito.
Mucho después,
tras mi andar, mi barco y mi tren llegaba a la plaza de Comercio, aquí todo
empieza o acaba en ella, parece. Oscurecía, empezaba el fresco pero la gente
seguía allí, menos en el Café Central,
en la esquina, que es el mejor y el más vacío de la Plaza y por lo tanto de
Lisboa. Por la mañana también estaba todo lleno, se celebraba una especie de Marathon urbana, yo vi la parte final
por la avenida de la India
e iba la avenida apretada y de gente que ya no corría, que andaban. Todos de
amarillo. Parecía que fuese a venir Puigdemont.
Empecé pensado
que escribiría poco y todavía me queda lo
de las japonesas. Ya en casa suena el timbre, aunque yo no tengo quien me
llame sucede con frecuencia y siempre es nadie, pero yo salgo a ver si es un
milagro. Esta vez subían por la escalera dos japonesas pequeñitas que
arrastraban dos maletas tan grandes como ellas de chicas, y les ayudé a subir
hasta el cuarto piso, entre sonrisas de agradecimiento pero sin palabras, ni
inglesas siquiera.
No habría
pasado media hora. Tocaron tan suavemente unos nudillos en la puerta que tenían
que ser las geishas. En efecto, sin
palabras entendí que no podían abrir la puerta del piso al que venían (de AirBnB),
entendí también que si tenía yo teléfono, intentamos llamar a la gestora de su
piso, pero los teléfonos no se comunicaban. Inventé subir al piso a ver qué
pasaba con la puerta. Ella se puso a manipular no sé qué en su teléfono y
finalmente me mostró la pantalla, había escrito: “obrigado” entre caracteres
japoneses. La cerradura era normal y se veía desarmado un cajetín electrónico
que había donde el timbre. Manipulé un poco la llave, descubrí para qué lado
era abrir y al segundo o tercer intento la puerta abrióse.
Que lástima
no poder hacer fotos con los ojos, hubiese retratado la Felicidad Absoluta ,
¡¡ cuántas cosas puede decir una sonrisa; en este caso dos !! Primero
atraviesan continentes y océanos, después y de noche las calles y escaleras de la Alfama , y por fin se atrancan
por una cerradura de las más corrientes. Algún día cuando vuelvan a sus vidas
normales, contarán más de una vez que un día un señor mayor y portugués primero
les subió las maletas y luego les ‘salvó’ la vida, o por lo menos la noche. Y
todo ello sin ninguno pronunciar palabra.
NB Felicidades a los que se llamen Pepe. Ayer me enteré de donde viene lo de Pepe por José
No hay comentarios:
Publicar un comentario